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El Empoderamiento Ciudadano sigue Siendo un Sueño en la Sociedad Dominicana.
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6 años agoon
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Elba GarcíaPor Elba García
La única garantía a nivel de políticas públicas que puede tener cualquier sociedad es a través del empoderamiento ciudadano, cuyos resultados en la República Dominicana al respecto sólo podría decirse que se han expresado a nivel de algunos movimientos cívicos como la Marcha Verde, la movilización que se produjo en el país en contra de la instalación de una cementera en un parque nacional y el caso de Loma Miranda.
Podría ser que nos falle la memoria y que haya algún otro caso que sirva de referente como respuesta ciudadana a medidas que impactan negativamente a la gente, pero no encaja en el propósito de este trabajo periodístico lo ocurrido con la movilización anti-reelección que se montó frente al Congreso Nacional.
La Marcha Verde ha sido un movimiento ciudadano, pero su mayor fortaleza proviene de una serie de partidos políticos, principalmente de izquierda, que han logrado darle vida a esa expresión de participación popular.
Sin embargo, no se puede dejar de reconocer que mucha gente sin militancia en la política partidista y solo por su condición de ciudadano ha asumido la causa de la Marcha Verde como suya, pero en algún momento se quiso distorsionar el verdadero carácter de esa estructura cívica por una mala interpretación de la misma.
Pero habría que reiterar que en términos de empoderamiento ciudadano es un ejemplo válido, aunque totalmente no signifique una acción de personas independientes que buscan empoderarse al margen de la motivación que genera la vida político-partidista.
En el caso de la lucha contra la reelección, los actores fueron otros, porque si partiéramos de todo el movimiento de presión en contra de la pretensiones de Danilo Medina y las concentraciones multitudinarias frente al Congreso Nacional, las mismas fueron montadas por una de las corrientes que interactúa a lo interno del Partido de la Liberación Dominicana y la otra por el principal organización de la oposición como lo es el Partido Revolucionario Moderno (PRM).
Qué significa que la movilización de la gente provenga de dos partidos donde se practica el clientelismo y el asistencialismo, que en realidad no se trata de un auténtico empoderamiento ciudadano, sino de una participación en esas protestas de personas que viven de la politiquería y que incluso muchos de ellos fueron pagados para que hicieran acto de presencia.
Este detalle nos dice que todavía queda mucho para que la gente por su propia convicción participe en las calles de un movimiento antirreeleccionista, a menos que haya intereses individuales que los motiven para ello.
El detalle al respecto es más que importante porque el gran cambio en la sociedad dominicana se producirá cuando la gente cree conciencia de la necesidad de empoderarse para rechazar todo lo mal hecho que se hace desde el Estado y para avalar aquellas cosas que beneficien el crecimiento y desarrollo nacionales, así como para presionar a fin de sacar de la administración pública a los que van a llevarse lo que no es suyo.
Una cosa es participar en movimientos sociales para rechazar la corrupción y la impunidad, para solo citar dos ejemplos, y otra es que la gente se involucre por paga y porque milita en un partido que tiene los mismos vicios del que está en el gobierno, pero que se busca sustituirlo en el poder para que a partir de ese cambio la falta de transparencia pase a favorecer a otra organización con otros rostros y colores, pero con la misma falta de escrúpulo y la misma vocación mafiosa.
El problema es que la sociedad dominicana, llena de una serie de limitaciones, que no solo incluye lo ético y moral, sino también lo económico, se ha constituido en una fiel expresión de lo mal hecho, donde murió la lucha de carácter colectica para entrar en lo que sociológicamente se ha dado en llamar “dónde está la mío”.
En realidad, es mucho más motivador para la gente encontrar un político que le plantee la solución de problemas personales, individuales, en vez de los colectivos, como por ejemplo mejorar las condiciones de las calles y carreteras o de un hospital o policlínica, lo cual redunda en beneficio de todos los que viven en una determinada comunidad.
Sobre esa base es que se debe construir una nueva ciudadanía, el empoderamiento ciudadano de que hablamos, lo que no se observa por el momento en el territorio nacional, porque todo el que en el país busca involucrarse en cualquier tipo de lucha es sobre la base de buscarse lo suyo.
Desde esa perspectiva se hace, sino imposible, muy difícil que puedan venir cambios importantes a la sociedad dominicana en términos de crecimiento y desarrollo humano, mientras el empoderamiento ciudadano sea tan precario y que todo se circunscriba a la despreciable expresión de donde está lo mío, lo que hace el futuro realmente incierto.
Todo es el resultado de la muerte en la República Dominicana de la política ideológica para entrar en la asistencialista y clientelar, las cuales están sustentadas en la solución de los problemas de la gente de manera individual y no de las precariedades de las grandes mayorías nacionales.
En consecuencia, la falta de empoderamiento ciudadano hace más que imposible que el país alcance los niveles que todo el mundo anhela para que llegue la prosperidad y la bonanza o por decirlo de otra manera un nivel de vida digno para todos y cada uno de los dominicanos.
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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.
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20 horas agoon
enero 8, 2026
Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro, revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.
La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.
Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.
Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.
La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.
Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.
Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional
De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.
La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.
No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.
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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump
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3 días agoon
enero 6, 2026
La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.
La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.
Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.
La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.
La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.
Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder la nación a épocas ya superadas.
La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias
El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.
La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.
El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.
Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.
La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.
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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.
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6 días agoon
enero 3, 2026Por Elba García
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.
La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.
El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.
Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.
Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.
Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.
Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.
Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.
No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.
Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.
El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.
La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.
El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.
La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.
Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.
Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.
