
Por Elba García
La Junta Central Electoral (JCE) acaba de emitir la resolución 74-2020 mediante la cual dispone que todas las personas con los doce años cumplidos sean dotados de la cedula de identidad personal y electoral si está embarazada o si ya ha tenido un hijo como resultado de una violación.
La medida de la JCE, la cual también tiene el control del registro civil en la República Dominicana, es una especie de legalización de una violación y esta disposición frente a un crimen luce descabellada desde el punto de vista institucional, pero que parece tener lógica a partir de la necesidad que tiene cualquier madre a esa edad de declarar su hijo.
En la Republica Dominicana estos casos son manejados con un criterio que consiste en que la madre, a pesar de ser una niña, es emancipada a partir del momento en que queda embarazada o que tiene un hijo, aunque el mismo haya sido el resultado de una violación con o sin violencia o de un incesto.
La disposición de la Junta Central Electoral coloca al país al margen del derecho internacional en lo que respecta a estos casos, porque aunque se debe reconocer que una niña de ocho, nueve y hasta doce años que tenga un hijo o una hija debe declararlo, pero el Estado debía procurar crear un mecanismo más idóneo para contrarrestar un problema que se ha convertido en una epidemia en la República Dominicana.
En el país cada 30 segundos se produce una violación de una niña o un niño por parte de un violador con estrechos vínculos con la familia de la víctima e incluso por parte de familiares muy cercanos, pero lo peor del problema es que el Estado no ha logrado tener una respuesta para disminuir este tipo de crimen en la sociedad dominicana.
Son muy pocos y contados los casos en que un adulto que ha abusado de una niña o un niño haya recibido el castigo que se merece, pero mucho menos el que está consignado en las leyes sobre la materia en la República Dominicana.
Convertir en adulta por parte del Estado a una niña que ha sido violada, pero que la deja totalmente desamparada frente, ya no sólo de su abusador, sino de muchos otros que se dedican a la misma infracción a las leyes penales por el nivel de impunidad que prevalece, constituye una forma de manejar irresponsablemente un problemas que deja tantos traumas en las víctimas, su familia y toda la sociedad.
Hay casos en el país de hombres que han violado a niñas de 8 años de edad y que ahora atienden a sus bebes sin tener la menor idea de qué hacer, porque todavía están en edad de que se les atienda, pero que lamentablemente el Estado exhibe un nivel de irresponsabilidad a través del sistema de justicia que estimula este tipo de crimen.
Una niña de doce años con una cédula de identidad personal y electoral qué puede hacer con ese documento, a menos que no sea declarar a su bebé fruto de una violación o un incesto, en cuyos casos no parece existir el Ministerio Público e incluso el sistema de injusticia en sentido integral.
La decisión de la Junta Central Electoral, como órgano del Estado en lo que respecta al registro civil, deja un muy mal sabor con esa resolución porque es como buscar la fiebre en la sábana y no en el enfermo, porque en todo caso las políticas públicas en este sentido deben estar dirigidas a proteger a una niña o un niño que ha sido victima de un depravado moral que se constituye en una amenaza social, que sólo con una acción eficiente del sistema de justicia se puede combatir el asunto, pero jamás buscar legalizar un crimen como este con la atribución de una responsabilidad que no puede afrontar una niña de apenas 8 o 9 años de edad.
La solución a esta problemática debe estar en la salida que se le ha dado en los países desarrollados a un fenómeno que ocurre en toda parte del mundo, pero que nunca va estar fuera del régimen punitivo de las naciones y de una política del Estado de erradicar el mal sobre la base de una mayor inversión social y de atenciones y asistencias especiales a las víctimas.
La medicina en este caso parece ser peor que la enfermedad, porque dotar a una niña de esa edad de un documento que está reservado para personas ya adultas no constituye una salida que en nada va a disminuir el impacto del crimen en todos los actores que son impactados por el mismo.