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Gobierno del PRM sumergido en peor descrédito que haya sufrido gestión alguna, en cuyo escenario Abinader se canta y se llora.

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El Gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha entrado en un nivel de falta credibilidad que tal vez ningún otro lo había sufrido en la historia de la República Dominicana, como resultado de que llegó al poder sin estar preparado para ello, amén de que la formación de sus dirigentes está fundamentada en el engaño y la mentira.

 El fenómeno ocurrido con el PRM no ha sorprendido a mucha gente, porque desde los inicios del proyecto presidencial de Luis Abinader comenzó a dejar clara su falta de lealtad y de integridad para dirigir el Estado dominicano.

El trasfondo del problema consiste en que el propio presidente es un hombre de poca palabra y cuya visión de vida lleva a los que están a su alrededor a actuar de igual manera, lo cual legitima a todos los que han pasado por el control del Estado y que su interés ha sido sustraer fondos públicos.

En el proyecto de Abinader para convertirse en presidente de la República prevaleció la consigna “entren to” no importa la deuda de sangre y económica que tenga con el pueblo dominicano, porque la idea era llegar al poder para repetir la historia que el país ha visto con Joaquín Balaguer, Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Jacobo Majluta, Hipólito Mejía, Leonel Fernández, Danilo Medina y la mayoría de los anteriores.

La improvisación, la falta de un plan estratégico y programático ha colocado al PRM en una situación parecida a la de su mentor, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el cual muere lentamente ante la indiferencia de los que antes lo consideraban el “buey que más hala”.

Luis Abinader, un hombre con muy pocas virtudes, probablemente igual que su padre, quien fue un «folklórico» de la política dominicana que, aunque ocupó algunas posiciones importantes en la administración pública, terminó su vida como una persona que nunca jugó un papel importante en la vida nacional.

El papá de Abinader ganó la senaduría de la provincia de Santiago contra otro «folklórico» de la política vernácula, Julián Serulle, también de ascendencia libanesa, igual que Rafael Abinader, porque en esos comicios murió José Francisco Pena Gámez lo que llevó a la gente a compensarlo con el voto por el partido del llamado “jacho prendío, pero que ahora lleva mucho tiempo con el mismo apagado.

De manera, que el legado heredado de Abinader no establece buenos augurios, exactamente como ocurre en estos momentos, todo como resultado de una gestión marcada por la improvisación y sin la menor idea de para qué sirve el Estado, a menos que no sea para depredarlo.

Una frase muy de moda en estos días en la boca de Luis Abinader es que él tiene amigos, pero no cómplices, cuya expresión la ha esgrimido como resultado del gran robo cometido en contra de la gente necesitada a través del Seguro Nacional de Salud (SENASA), pero resulta que quien coloca en esa posición a Santiago Hazím, director de la ARS del Estado, fue precisamente el actual presidente de la nación.

Sin embargo, la pregunta que la gente se hace ante la insistencia de Abinader de que tiene amigos, pero no cómplices, si acaso  sabia o no  que ese señor era inversionista de una ARS privada, lo cual creaba conflicto de intereses, porque incluso se habla que el banco de datos de SENASA fue extrapolado hacia la empresa del mismo género del cabecilla del desfalco del patrimonio público.

Pero Luis Abinader no sólo debe responder por lo ocurrido en SENASA con el nombramiento de una persona que no era una garantía de un manejo pulcro del patrimonio de la entidad, sino que el mandatario es responsable de una larga lista de nombramientos en la administración del Estado de personas seriamente comprometidas con la sustracción de fondos de las arcas nacionales.

Este periódico cita a continuación algunos casos que demuestran que el presidente, a diferencia de lo que dice, sí está comprometido con este tipo de personajes, entre los que se pueden mencionar a uno nombrado recientemente, Jorge Zorrila Ozuna, quien fue designado por Abinader mediante decreto como director del Consejo de Desarrollo Fronterizo, pese a que el mismo jefe de  Estado lo denunció en el 2020 de que este hombre había desfalcado al Instituto de Estabilización de Precios (INESPRE), pero lo propio ocurrió con Julio Cesar Valentín, un tránsfuga de la política vernácula que había sido dirigente del PLD y que estuvo involucrado en el caso ODEBRECT, que hoy ostenta la administración de la Superintendencia Nacional de Seguros.

De igual modo, se puede mencionar el caso de Lisandro Macarrulla, quien fue involucrado en la estafa al Estado dominicano mediante la construcción de la cárcel Las Parras, la cual busca sustituir a  La victoria,  que luce que no hay forma de que pueda ser terminada y cuyo personaje tenía vínculos de primer orden con Jean Alain Rodríguez procesado por la comisión de escandalosos actos de corrupción.

Pero el presidente Abinader para que sea aceptada su repetida expresión de que tiene amigos, pero no cómplices, la cual no es propia, sino del profesor Juan Bosch, debe explicar si a caso él no sabía de antemano que muchos de los que buscaban nombramientos en el Estado eran personajes con poca credibilidad y comprometidos con una conducta antiética.

Otros casos que deben mencionarse son los nombramientos como cónsules en Nueva York a personajes de la cúpula del Partido Revolucionario Moderno, pese a que Abinader se había comprometido a cambiar el modelo de gestión en esa institución recaudadora del Estado, ya que la mayoría de los recursos recabados terminan en los bolsillos de los que ostentan la posición.

El presidente Abinader no bien llegó al poder nombró a Eligio Jáquez y lo mantuvo en el puesto por cuatro años y en la actualidad otro dirigente del PRM, Chú Vásquez, ocupa la posición sobre la base del mismo esquema de explotación de los dominicanos del exterior para enriquecer a un individuo.

Los casos son numerosos en los que se puede deducir que el presidente Abinader no ha cumplido con la palabra empeָñada, lo cual puede ser valorado a través del nombramiento de personas sin ningún nivel para ocupar una posición en la administración pública.

Además, son diversos los nombramientos en consulados de Haití de personajes vinculados al presidente Abinader que se han dedicado a vender visas a 500 dólares.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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