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Gobierno del PRM y Abinader sumergen al país en crisis de credibilidad que no luce que pueda ser superada en décadas.

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Por Elba García

Las improvisaciones y la falta de una visión estratégica del Gobierno del PRM y Luis Abinader ha llevado al país a una profundización sin precedentes de la falta de credibilidad de la democracia y su recuperación no luce que sea tan fácil.

La incapacidad oficial ha sido tanta y tan profunda que no hay un sólo proyecto gubernamental que termine de buena manera y la situación mantiene a la población en un rechazo e incertidumbre total de todo lo que dice que hará el presente gobierno.

La incapacidad del Gobierno es tan notable que el problema se observa en pequeñas y en las grandes obras públicas, ya que hasta cualquier asfaltado simple de calles adolece de deficiencias que se observan a simple vista y ni qué decir de aquellas de mayor envergadura como el monorriel que conecta a Los Alcarrizos con el centro de la capital dominicana.

Pero el asunto toma mayor dimensión cuando se trata de los servicios públicos, los cuales después de la llegada al poder de Abinader están todos colapsados, como el de agua potable, energía eléctrica, salud y educación.

En los actuales momentos la preocupación por la incapacidad de las autoridades para resolver los problemas principales de la nación, toman tanto cuerpo que la gente percibe que no tiene garantía de nada por la falta de visión de los funcionarios públicos.

El PRM y Luis Abinader representan, sino el principal, por lo menos uno de los más grandes fiascos que ha tenido la vida nacional, cuya deficiencia también se expresa en la designación de personas para manejar altos presupuestos de instituciones públicas sin estar formadas para ello.

La incapacidad y los niveles de improvisación del Gobierno de Luis Abinader, que ha legitimado todo lo malo de todos los que han tenido el control del Estado, como por ejemplo el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), cuya sustracción del dinero del patrimonio público tomó tanto cuerpo que las sumas involucradas son realmente astronómicas.

Una expresión que, aunque lamentable, es aquella que la gente esgrime ante el fracaso de la gestión de Luis Abinader y su PRM, que es preferible la corrupción con algún nivel de eficiencia que el fracaso total que constituye la actual gestión de la administración pública.

Los errores son tantos y variados  que unos sobresalen frente a prácticamente todos los demás, como son el alto endeudamiento público y los déficits fiscales que ponen en peligro la estabilidad de la nación, cuya justificación de la inversión oficial resulta insuficiente.

El colapso de la economía y en consecuencia de todos los servicios públicos vitales como el de agua potable, energía eléctrica, educación y salud, deja la impresión de una difícil recuperación nacional, máxime que para que finalice la presente administración todavía faltan alrededor de tres años.

A este problema debe incluirse, aunque el Gobierno dice lo contrario, el alto costo de la vida, el cual se ha vuelto asfixiante en razón de que los precios de los artículos de la dieta diaria han subido en una proporción que no se corresponde con el poder adquisitivo de la mal llamada clase media y de la trabajadora.

Sin embargo, pese a los grandes problemas nacionales el presidente Abinader sigue focalizado en preocuparse más por la situación haitiana que por la nacional, lo que lo ha llevado a esgrimir un discurso que da la impresión de que es el jefe de Estado de la vecina nación, no de la República Dominicana.

Sin embargo, dos cuestiones que desmienten la sinceridad de su preocupación por el problema haitiano, es el hecho de designar amigos suyos como cónsules en Haití, que sólo han tenido como meta enriquecerse con la venta de visas a quinientos dólares, cuyo buen ejemplo al respecto es el  enllave de Abinader  Margarito de León, quien fue colocado en esa posición en la ciudad fronteriza de Juana Méndez.

Pero el comportamiento de Abinader se repite en otros lugares del mundo, donde usa los consulados como un mecanismo, igual que las pasadas autoridades, para enriquecer a miembros de la cúpula de su partido, como ocurre en plazas como Nueva York y Miami, cuyas tarifas por los servicios ahogan la economía de los criollos que han tenido que huir del país porque no soportan sobrevivir por el desempleo y el alto de la vida en las tierras que les vio nacer.

Lo más preocupante de todo es que los que hacen turno para sustituir a las actuales autoridades no están lejos ni apartado de la cultura de la depredación del patrimonio público, cuya confirmación de esa conducta es comprobable cuando unos suben al poder en sustitución de los que han tenido el control del Estado en cuyas administraciones también se ha producido la sustracción multimillonaria de los dineros del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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R. D. ante un nuevo año cargado de incertidumbres y de poca certeza de lo que le viene al país a corto, mediano y largo plazo.

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Por Elba García

La entrada del nuevo año advierte circunstancias políticas y económicas e incluso sociales de no muy buenos augurios para  la nación, porque se proyecta una acentuación del endeudamiento económico y de posiciones ultraconservadoras del gobierno de Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM), en su afán de ser un aliado fiel de los planes expansionistas de Donald Trump,  que podría complicar el ambiente local.

Por lo que se puede observar el gobierno ultraconservador de los Estados Unidos aumenta su cerco contra los países latinoamericanos, sobre todo de aquellos con políticas liberales y democráticas con el patrocinio de los aspirantes presidenciales latinoamericanos que promueven, sino el mismo comportamiento o visión, por lo menos que observan una cierta tolerancia con la forma de ver el poder del mandatario estadounidense.

Lo que le espera al país es una tendencia hacia posiciones ultraconservadoras que lesionan la imagen en la comunidad internacional de R.D. que ha tenido una visión moderada y, podría decirse, respetuosa del derecho a la autodeterminación de los pueblos, máxime de los colocados en el llamado tercer mundo.

El gobierno dominicano hizo su entrada en su política de poco respeto de los demás pueblos de su entorno hemisférico con su interés de promover una invasión armada en Haití, sin sopesar si ese paso es del agrado del ciudadano de la vecina nación.

Pero el asunto no se detiene ahí, sino que el gobierno dominicano acompaña al presidente Trump en sus travesuras de rechazar todas aquellas disidencias de países aliados con la imposición de aranceles y de intromisiones en los asuntos internos, incluidas en las elecciones para escoger sus autoridades nacionales con el auspicio de candidatos presidenciales con una concepción igual o parecida a la de Trump.

Los niveles de colonización económica, financiera, política y social toman cuerpo en el país con el agresivo endeudamiento externo que supera ya el 58 por ciento del Producto Interno Bruto, amén de un aumento preocupante de un neoliberalismo salvaje y de una corrupción que amenaza toda la vida nacional.

El año 2026 parece traer consigo también una profundización de una falta de legitimidad de los partidos políticos porque apuestan e insisten en un comportamiento que los deja muy mal parados frente a los diferentes sectores que conforman la vida nacional.

De antemano se sabe que la inclinación del gobierno dominicano por el conservadurismo y agresividad de Trump busca una cierta tolerancia con la conducta del mandatario estadounidense para evitar una persecución irracional en su contra en razón de que la economía de importación dominicana se sustenta en el mercado de la potencia del norte, además  de haber razones de hegemonía política.

El gobierno de Luis Abinader es llevado cotidianamente a desarrollar políticas, sobre todo exterior, que no han sido las que han caracterizado al país ni siquiera durante las administraciones ultraconservadores como las encabezadas por Joaquín Balaguer.

Este panorama no parece traer alguna posibilidad de que el manejo de la nación bajo ese criterio implique buenas nuevas para el dominicano que por lo menos ha sabido jugar mucho con una percepción que no tiene nada que ver con la realidad, pero que ha permitido sobrellevar la crisis institucional y de liderazgo que ha sufrido en los últimos lustros o décadas.

Sin embargo, el 2026, que ya hace su entrada, podría ser de grandes explosiones sociales cuando la deuda se vuelva insostenible y la inflación, esta última producto de factores muy variados, exploten e impacten severamente a las grandes mayorías nacionales como resultado también de una agudización de la deficiencia en los servicios sociales, principalmente de agua potable y de energía eléctrica.

Las turbulencias que se aproximan en el nuevo año no parecen que puedan ser resistidas o manejadas por la aeronave que sobrevuela la democracia nacional, la cual no tiene la fortaleza que demandan las circunstancias económicas, políticas y sociales y que podrían impactar muy negativamente a la Republica Dominicana.

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