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El Gobierno es mucha espuma y poco chocolate y las pocas cosas que lucen bien hechas es el resultado de la presión social.

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El presidente Luis Abinader ha dejado claro que la improvisación ha sido su mejor carta de presentación, cuyos funcionarios buscan aparentar hacer cosas que muchas veces están en contra de su filosofía de hacer política, pero que al final se fundamentan en el clientelismo y en algunas de las tantas vertientes de la corrupción administrativa.

La única razón para contener el deseo de enriquecimiento de muchos funcionarios del Gobierno es la presión de la sociedad a través de las redes sociales, las cuales se han convertido en el principal instrumento de presión y contención de aquellos que van a la administración pública a hacer lo mal hecho.

En los cinco meses y algunos días que llevan de instaladas las nuevas autoridades se han producido una serie de escándalos que manchan la gestión de un presidente, que aunque no proyecta la idea de estar dotado de un plan estratégico para dirigir la nación, hace esfuerzos para hacer cosas que le genere la confianza de la población.

Sin embargo, el talón de Aquiles del gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) es que sus dirigentes y ahora funcionarios no tienen otra formación que no sea aquella de ver el Estado como un mecanismo para promover movilidad social sobre la base de políticas públicas que aumentan el gasto  y conlleva en si misma un endeudamiento interno y externo prácticamente insostenible, que obliga a los gobernantes además a aumentar la carga impositiva que generalmente impacta negativamente a las grandes mayorías nacionales.

La mayor expresión de improvisación en el Gobierno tiene que ver con el manejo del Covid-19, cuya pandemia constituye el principal reto de unas autoridades que no han sido lo suficientemente transparentes con el manejo de la misma, cuya consecuencia ha sido poner al propio presidente a afirmar situaciones inexistentes.

Tanto es así, que la afirmación de Luis Abinader de que la pandemia estaba controlada en la República Dominicana ha sido la principal razón del aumento impresionante de la positividad, porque esta declaración provocó que la gente no se acogiera a las medidas recomendadas por organizaciones internacionales para evitar la propagación del patógeno.

Evidentemente que el presidente de la República no sabía lo que decía ni las consecuencias de semejante afirmación y hoy la pandemia parece realmente incontrolable en el país y sólo se está a la espera de que las vacunas contratadas hasta ahora hagan el papel de contener la expansión de la enfermedad.

La información discordante sobre la llegada de las vacunas ofrecida por las autoridades también ha constituido una razón para medir la falta de coherencia y de planes por parte del Gobierno, porque por un lado se dijo que las mismas estarían en el país en el mes de marzo, pero luego se comprobó que en el plan de los fabricantes de ellas  se contempla que se  reciban en el mes de agosto.

Otros factores que hacen dudar de la eficiencia y la eficacia de las medidas del Gobierno para contener los altos niveles de contagios son la falta de transparencia en torno a la cantidad de fallecidos y   de camas disponibles en los centros médicos públicos y privados.

Llama a la atención también el hecho de que funcionarios designados en la administración pública dicen no tener ningún recurso para trabajar y menos para pagar la nómina de sus empleados, muchos de los cuales llevan varios meses sin cobrar sus sueldos.

Se trata de un panorama realmente desconcertante porque el Gobierno luce sin recursos económicos para afrontar su responsabilidad sanitaria, social y de otros tipos que son propias de cualquier administración pública, cuya opción no es otra que un alto endeudamiento que constituye un lastre muy pesado para los dominicanos.

Uno de los problemas más graves del Gobierno del PRM es que la gran mayoría de sus funcionarios no tiene una visión estratégica para asumir sus responsabilidades públicas porque están formados para no ver más allá de los escritorios de los cargos que ocupan.

El manejo de las autoridades frente a todos los problemas nacionales permitiría con cierta facilidad el regreso al poder de los que sólo saben vender percepción más que realidad, cuya demagogia y mentiras los convierte en unos permanentes manipuladores de la gente para mantenerla sumergida en la peor de la corrupción y del atraso social y económico.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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