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Editorial

El gobierno tiene que tener sumo cuidado

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El polvo levantado por la reforma impositiva no se ha disipado.

El gobierno tiene que hilar muy fino para evitar una confrontación seria con el pueblo.

La gente ya comienza a dar visos de hartazgo de tantas burlas habituales de quienes mandan.

No necesitamos pecar de injustos y comenzar a culpar al presidente de la gravedad de la crisis económica y perversión social que dejaron sus hoy jerarcas compañeros de partido.

Pero tampoco podemos entender como el presidente Dañillo Medina no ha comenzado la necesaria depuración de fichas quemadas en su gobierno peledeista.

La razón que se puede argumentar es sencilla:

 Esa gente se ha hecho intocable debido a la misma corrupción que creó, estableciendo un circulo nefasto de poder que se repliega sobre si mismo. Estos vacunados contra el mismo veneno que dejaron no se van a dejar arrebatar los privilegios aunque se mueran millones de las diferentes enfermedades que su desatención deja regada por el país

Ahí el trabajo de Leonel Fernández, el hábil titiritero y ferviente manipulador, maestro de la simulación y el engaño, fue impecable.

Con una frecuencia espantosa, este país cada día parece menos la nación   que se creía.

Parece el chiquero caótico de unos grupos apandillados para el ejercicio de su provecho particular en todo momento.

Qué alejados estamos de los días en que había gente capaz de morir por el ideal de justicia, de libertad y de decoro.

Esos días parece que nunca pasaron por aquí,sino que se deslizaron por otra dimensión del tiempo.

Ya está bueno.

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Editorial

El gran peligro nacional es la precaria institucionalidad de la nación.

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La deficiencia del Ministerio Público no es un caso aislado, sino que forma parte de un problema integral y transversal en toda la sociedad dominicana.

Este importante órgano del Estado dominicano es una verdadera desgracia, porque está fuertemente impactado por la corrupción, la falta de ética y la poca formación profesional para jugar mejor su papel.

Es impresionante ver el manejo que este órgano les da a los casos que son llevados ante su personal, principalmente frente a los fiscales que los manejan.

Para sólo citar un ejemplo, hay que decir que el Ministerio Público ante la gran cantidad de casos en el marco del derecho civil, pero que han derivado en penales, este órgano no tiene un manejo idóneo al respecto.

 Los condominios fruto de la Ley 5038 son manejados por el Ministerio Público con un concepto que no permite que se vean los ilícitos que puedan ocurrir en este contexto.

Pero no hay forma de digerir que no entienda que todas las leyes del derecho civil pueden convertirse en penal, como por ejemplo, cuando un miembro de una junta directiva de los complejos habitacionales o comerciales falsifican cualquier documento o sustraen los fondos del mismo.

Pero hay muchos ejemplos, como las leyes del régimen electoral, que son del derecho civil, pero que pueden derivar en penal, cuando se compran votos o se comete cualquier acción que implica un delito, pero penosamente no hay forma de que el Ministerio Público entienda esta cuestión.

De manera, que el Ministerio Público es un ejemplo muy contundente de la debilidad institucional que afecta al país y que constituye uno de los mayores peligros para la nación.

Ojalá se puedan crear mecanismos para mejorar el nivel de profesionalidad y de apego a la ética por parte del Ministerio Público.

Es una tarea pendiente, lo cual no es exclusivo de este órgano del Estado, sino de prácticamente todo el Estado nacional, cuyas deficiencias se ven a leguas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Editorial

Neo-constitucionalismo versus institucionalidad.

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A nivel internacional e incluso en aquellos órganos de la Organización de Estados Americanos (0EA) y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) está muy en boga el concepto predominante en el constitucionalismo contemporáneo, el cual se fundamenta en valores, principios y derechos fundamentales.

Y naturalmente el fenómeno también ha impactado a la República Dominicana en dos niveles diferentes, uno el académico e intelectual y el otro en la práctica del derecho por parte del Tribunal Constitucional.

En este aspecto nadie puede dudar que en ambos contextos ha habido avances importantes, primero porque el tema está sobre la mesa en los escenarios de las universidades nacionales y de una serie de constitucionalistas que abordan la cuestión y en las sentencias que emite el Tribunal Constitucional, en las que se reflejan las teorías en esta materia que hoy se debaten en el derecho comparado.

Son muchos los entuertos corregidos por el Tribunal Constitucional en lo que respecta a derechos, principios y valores como el de igualdad en la aplicación de las salidas que se les debe a los casos en que el mismo resultaba subordinado a otros principios de menor peso.

Pero se observa que el sendero que lleva el Tribunal Constitucional no parece que deje los resultados esperados, por lo menos a corto o mediano plazo, porque ese neo-constitucionalismo fundamentado en derechos, valores y principios no ha sido lo suficientemente digerido por el juez de primera instancia y de las cortes de apelación.

Aunque, naturalmente, podría decirse que al final de la jornada una mala interpretación jurídica, de la ponderación y de la argumentación por parte de los jueces de primera instancia va a sucumbir en el camino  porque los casos tienen como   destino  que lleguen al Tribunal Constitucional, pero en realidad ante lo largo de la mora podría decirse entonces que en los casos habría denegación de justicia.

Entonces, la pregunta que se impone es si con los bajos niveles de institucionalidad será posible que en el país prevalezca con buenos resultados el neo-constitucionalismo a partir de que hasta las decisiones que se inscriben en esta corriente no tienen la garantía de que se apliquen en los tribunales inferiores, muchas de las cuales además sientan jurisprudencias y constituyen precedentes vinculantes.

En realizad, ante un sistema de justicia obsoleto, con jueces con una visión atrasada del derecho, no es fácil que la corriente del constitucionalismo contemporáneo haga efecto en el país, por lo menos en los próximos años.

En consecuencia, se impone que el Consejo del Poder Judicial y la Suprema Corte de Justicia recurran a su inspectoría para que someta a un control a los jueces ordinarios o de los tribunales inferiores para que se compruebe sin fallan en función de la nueva corriente del derecho que tiene que ver con el neo-constitucionalismo, el cual está fundamentado en valores, principios y derechos fundamentales.

Además, seria de una gran importancia que se pueda crear una mesa técnica que le dé seguimiento a este tema, la cual debe estar integrada por abogados constitucionalistas, las universidades nacionales a través de sus escuelas de derecho, el Consejo del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional, a fin de que haya una vigilancia permanente de los actores del sistema de justicia y así evaluar si se comportan en función del catálogo de derechos humanos consignados en las figuras de la interpretación, la ponderación y la argumentación.

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Editorial

R.D. en medio de disyuntiva politica entre jóvenes viejos y viejos jóvenes.

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El agotamiento del modelo que han impregnado en la sociedad dominicana los partidos históricamente viejos, comprometidos con el peor de los pasados, parece abrirle las puertas hacia la dirección del Estado a jóvenes sólo biológica o físicamente, pero viejos de ideas y con profundos compromisos con los intereses de sus padres y abuelos.

El fenómeno, aunque parece normal,  si la sociedad no le pone atención a ese detalle, podría vernos sumergidos en las mismas inconductas de políticos partidistas que se llevan hacia la eternidad su mal accionar en contra del país y de la patria.

En estos tiempos no ha quedado dudas de que se avecinan cambios en la forma de hacer política, en ponerle fin a la cadena de complicidad que ha colocado al país en su peor destino, en lo que podría ser la más grande desgracia nacional.

El nivel de abstención permite hacer un diagnóstico de la mejoría de un enfermo que parece que no se quiere dejar morir y naturalmente nos referimos a la República Dominicana, cuyos actores de la vida política nacional lo han empujado a un precipicio que si se cae en ese vacío no lo salva nadie.

Sin embargo, las elecciones recién celebradas, tanto las municipales como las presidenciales y congresuales, han dejado el mensaje de que la gente, el ciudadano, no está dispuesto a dejar que todo se pierda, porque la abstención es una alarma de los grandes riesgos que corre la democracia y que indica que el votante no se mantendrá pasivo e indiferente.

Naturalmente, ese disgusto debe ser bien canalizado para que el remedio no sea peor que la enfermedad, por lo que se impone poner atención a una camada de políticos nuevos que tienen serios compromisos con ese pasado funesto que arrastra el país.

Hay una serie de jóvenes que más que representar el verdadero cambio que se requiere, representa sumergir la nación en el peor de los legados y ante esa realidad, en muchos casos, vale más la pena fijarse en políticos biológicamente viejos, pero jóvenes desde la perspectiva de su compromiso con el futuro a través de la ética y la moral y de ideas innovadoras que conduzcan a la República Dominicana hacia el crecimiento y el desarrollo.

Las herramientas están a la mano, pero todo va a depender que tanto compromiso se tenga con el pasado, con los políticos corruptos y degenerados, o con aquellos que a pesar de ser biológicamente viejos, son jóvenes de ideas y de proyectos que insertarían a la nación en un porvenir promisorio.

Es bueno que se entienda que el quid del asunto no descansa en escoger un joven que no tenga la menor idea del poder del Estado para la transformación nacional, pero además comprometido con un pasado que lo ata, sino ciudadanos, sin importar la edad, que rechazan ese legado y que procuran vivir más allá de la muerte.

Ojos pelaos, porque todo lo que brilla no es oro.

 

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