Por Elba García
A medida que pasan las horas el pánico toma mas cuerpo entre la gente, porque en un país como la República Dominicana la mayoría de la población tiene que trabajar para ganarse la comida del día a día y se vuelve muy complicado someterse a una cuarentena.
Sin embargo, esta medida se hace prácticamente imprescindible para evitar la propagación del COVID 19, cuyo nivel de contagio es sumamente alto y fácil de contraer, lo cual es, sin lugar a dudas, una grave amenaza para un país que no tiene las herramientas sanitarias para dar atenciones masivas a los posibles afectados.
Otro problema muy poco manejable es el hecho de que las amplias mayorías nacionales no cuentan con recursos económicos para refugiarse en su casa sin tener que comer, porque incluso aquellos que tienen un empleo tendrán que conformarse con que las empresas donde laboran se acojan a lo propuesto por el sector oficial de que se les pague una semana sin haberla trabajado y otra que sería de vacaciones por adelantada.
Los asuntos como esta enfermedad no son tan manejables en un país como la República Dominicana, donde predomina un alto nivel de especulación y de agiotismo, lo cual ya se puede ver con la descentralización de la prueba a las personas para determinar quién está contaminado de coronavirus.
Las compañías de seguros tienen una tarifa muy alta para hacer la prueba de laboratorio, la cual supera los cinco mil pesos, cuya suma resulta relativamente cara para una población pobre que vive del chiripeo o del trabajo informal.
Lo apropiado hubiera sido que el examen fuera una responsabilidad del Estado mediante un acuerdo en lo que respecta al precio con los laboratorios que operan en el territorio nacional, ya que se observa un alto nivel de especulación, cuando se entiende que esas pruebas debían estar bajo la responsabilidad del Gobierno.
Los especialistas advierten que los casos de las personas contaminadas pueden ser mucho más de lo que se ha informado, porque el manejo de la enfermedad parece no haber sido la idónea, ya que esto se puede medir con lo ocurrido con la señora que vino de Italia y que se ubicó en su residencia sin que las autoridades tomaran las medidas pertinentes.
La pregunta frente a la pandemia es cuántas personas habrían llegado de Europa o de los Estados Unidos contaminados y que las autoridades de Salud Pública no les han dado el seguimiento requerido por el protocolo internacional y que en consecuencia en estos momentos no se sabe cuántos son los portadores del coronavirus como resultado de la ineficiencia del ministerio de Salud Pública.
En principio al Gobierno se le atribuyó un manejo muy eficiente de la enfermedad, pero en el curso de los días, sobre todo después del caso de la señora de Villa Riva, que ha creado mucha incertidumbre, no solo entre la gente común, sino en el entorno de los propios especialistas, en torno al protocolo usado por las autoridades frente a los afectados con el coronavirus, la la cual es una de las razones de la preocupación y el pánico se ha apropiado de un alto porcentaje de los dominicanos.
Este miércoles el Ministerio de Salud Pública confirmó que la cantidad de casos de contaminados ya alcanza los 34 y con tendencia a subir, porque la enfermedad está en su pico, cuyo descenso podría ser dentro de los 15 o más días.
Por el momento no existe la certeza de que las autoridades puedan superar o romper la cultura de la improvisación y la desorganización que caracteriza a los países latinoamericanos, incluida la República Dominicana, para dotarse de una disciplina y un orden que permita crear una logística propia para evitar una propagación masiva entre la población.
Ya el país está prácticamente paralizado con las medidas anunciadas por el presidente de la República, pero habría que ver en qué medida surten efecto, ya que la población no es obligada a acogerse a disposiciones que podrían impedir una mayor propagación.