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El individualismo es la principal retranca en la República Dominicana para el progreso político, social y democrático.

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Por Elba García

El país ha sido invadido por el fenómeno del individualismo en los diferentes estratos de la sociedad y el referido antivalor ya impera  en todos los niveles de la organización social.

Ahí está la explicación de que ya no haya ningún segmento de la sociedad que no se apoye en esta desgracia nacional, la cual parece ser el resultado del predominio del neoliberalismo salvaje como corriente de la economía y de la política.

Muchos observadores han llegado a comparar el individualismo dominicano con el que predomina en Inglaterra, donde todo parte del yo de cada uno de los individuos.

Pero este fenómeno ha causado daños insuperables en la sociedad dominicana, sobre todo a partir del criterio de que la unión hace la fuerza y exactamente es así.

Sin embargo, en la práctica entre los dominicanos tiene cabida esa forma de vida en la que predomina el individualismo, lo cual podría dar un giro si se produjera  una revolución de cambios en la cultura criolla.

Han sido muchos los análisis que se han hecho sobre la vida en sociedad que prevalecía en el país durante el llamado capitalismo primitivo, el cual permitía que con los niveles de solidaridad que existían una familia comiera de la comida que le pasaba su vecino.

Los cambios han sido tan bruscos que en cualquier escenario que la genta se mueva se impone el criterio de “cómo me beneficia personalmente tu proyecto”.

Este antivalor se encuentra en todas y cada una de las organizaciones que se articulan en la vida dominicana, lo cual sirve de contrapeso a los que pretenden retornar a los años en que el trabajo voluntario era el arma más poderosa frente las necesidades sociales.

El individualismo hoy rige la vida en República Dominicana e incluso en sus comunidades en el exterior, donde todo tiene un dueño que utiliza en su favor los recursos de todos.

Un buen ejemplo de lo positivo del trabajo colectivo pudieran ser las cooperativas de ahorros y créditos y los partidos políticos, los cuales han sido asaltados por aquellos que piensan primero en los suyos que en el problema ajeno.

En el país se observa como la gente procura armar un proyecto individual para sobrevivir o acumular fortuna, aunque sea a cambio de tomar lo ajeno que se crea sobre la base del aporte de todos.

El individualismo ha tomado tanto cuerpo que no queda ningún espacio social que no tenga un dueño, pese a que se trate de una cuestión con un espíritu colectivo, lo que ha arruinado lo poco que se puede encontrar en la vida social nacional.

Este fenómeno constituye hoy por hoy el principal problema para que en el país se restablezca una cultura de servicio voluntario con un espíritu colectivo, por lo que se puede asegurar que cambiar esa visión de vida no será tan fácil y cualquier intento al respecto podría llevarse décadas.

El problema luce tan complejo que en la actualidad ya no existen espacios para, por ejemplo, incursionar en la vida política nacional, porque los partidos son instrumentos al servicio del fenómeno del individualismo, cuyo criterio prevaleciente es a partir de que los mismos tienen un dueño como si se tratara de una sociedad comercial cuando en realidad se habla de una institución que cuando menos pertenece al servicio público.

En esto consiste el hecho de que tantas personas se preocupen por crear un partido político para lucrarse personalmente sobre la base de mal usar los recursos económicos que se les entrega para que trabaje en la mejoría de la democracia.

Pero las cosas paran ahí, porque se ha construido un sistema en el que todas las instituciones del Estado son impactadas por la llamada partidocracia, incluidos los tribunales nacionales, como el Constitucional y el Superior Electoral, los cuales no hay forma de que emitan una sentencia en contra de los ilícitos que cometen estas organizaciones en perjuicio de los valores y los principios constitucionales.

No parece extraño que a partir del alcance que tiene el individualismo en la sociedad dominicana que el Estado promueva otros tipos de valores, lo cual representan el principal escollo para mejorar los niveles de institucionalidad y cuya acción serviría para atacar la corrupción y la impunidad.

El individualismo tiene tanto peso social que cuando un vehículo está averiado es mucho más fácil con el esfuerzo de varias personas empujarlo para sacarlo de una zona de peligro que con la fuerza de uno solo, cuyo propósito resulta prácticamente imposible.

El montaje de cualquier actividad que implique ofrecer algo de comer, resulta más fácil y económico pedir una picadera entre todos los participantes, que cada uno inclinarse por un plato individual, naturalmente, esto tiene sentido cuando son actividades donde no abunda el dinero, como ocurre regularmente en los estratos más bajos de la sociedad, pero igual pasa con aquellos que han tomado las calles del país para solicitar un precio por el derecho al parqueo en un espacio público que es propiedad de todos.

Son innumerables los ejemplos que se podrían citar y que revelan cómo el individualismo se ha apropiado de toda la vida social nacional, incluidas aquellas cuestiones vitales para la existencia humana.

Podría decirse con toda seguridad que el individualismo es una de las principales desgracias nacionales, ya que constituye el principal obstáculo para lograr los propósitos de muchos de tener una sociedad donde prevalezca la igualdad de oportunidades, el bien común y una verdadera convivencia nacional, regida por valores.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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