Es muy difícil entender el por qué en el país no se hacen las cosas como mandan las leyes para evitar muchos traumas que se conviertan en un tropiezo para caminar por lo que tanto nos falta como es la institucionalidad.
Esta conducta en el país es frecuente y permanente sin que nadie pueda buscarle una explicación lógica y que indique que la sociedad dominicana respeta su propia legalidad.
Es un problema recurrente y golpea a la sociedad de forma que muchas veces nos avergüenza frente a nuestros conciudadanos y a la comunidad internacional.
Que complicado resulta que un país del tercer mundo se acoja a las propias leyes que se ha dado, porque este es uno de los tantos problemas que explica nuestro nivel de desarrollo.
La Junta Central Electoral (JCE) acaba de decidir posponer las elecciones presidenciales y congresionales del 17 de mayo para el 5 de julio de este año 2020.
La decisión al respecto del órgano comicial está dentro de la circunstancia, la lógica y el sentido común, pero ha cometido el error de no hacerlo como manda la Constitución de la República.
El artículo 209, literal 3, de la Carta Magna habla muy claro en torno al procedimiento a seguir en circunstancia como la vive el país y el resto del mundo, que consiste en someter una propuesta al Congreso Nacional para que emita una ley mediante la cual se convocan las elecciones extraordinarias.
A partir del Congreso Nacional aprobar esa ley entonces la Junta Central Electoral puede en un plazo de 60 días llamar a las elecciones efectivamente como lo ha hecho y de eso modo se ajusta al mandato de la ley de leyes y le evita otros traumas a la sociedad dominicana.
No se entiende como una institución tan importante para la preservación de la democracia no cuente con una asesoría legal que le permita hacer las cosas en el marco de la legalidad y de los procedimientos constitucionales.
De la forma como lo ha hecho la Junta Central Electoral provoca un conflicto innecesario, porque cualquier organización de la sociedad civil, ciudadano o partido político puede acudir a los tribunales Superior Electoral, Superior Administrativo o al Constitucional y anular la resolución emitida que dispone la celebración de elecciones extraordinarias en el mes de julio.
La Junta Central Electoral (JCE) todavía está a tiempo de acogerse a lo consignado en el artículo 209, numeral 3, que habla sobre los procedimientos para convocar unos comicios tan vitales para la vida democrática e institucional del país.
Es importante que se haga conciencia que cualquier error es perdida de tiempo y aumenta las amenazas en contra de un país que está a sólo algunos meses para que pueda caer en un limbo jurídico.
Esto así, porque el régimen constitucional dominicano sólo otorga como fecha límite para que se proceda en el marco legal a la juramentación de nuevas autoridades el 16 de agosto, porque a partir de ahí cualquier decisión podría caer en el ámbito de la ilegalidad y la ilegitimidad.
En tal virtud, la República Dominicana podría avocarse a una situación tan caótica que ya no sólo haya una amenaza a la vida humana por coronavirus, sino también a la democrática e institucional, sobre todo si se parte del hecho de que en el país hay muchos sectores con una gran vocación tramposa y también mafiosa y que no les temblaría el pulso para buscar controlar el Estado al margen del orden constitucional y de los tratados internacionales que promueven valores cívicos y democráticos.
Se impone que se corrijan los entuertos para que retomemos el cauce constitucional e institucional y de ese modo evitamos los peligros que implica jugar con candela en los momentos tan difíciles que vive la nación.