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Editorial

El país tiene derecho

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El país tiene derecho a protestar porque le han robado sus sueños.

El país tiene derecho a levantar la voz.

El país tiene derecho a explicaciones.

El país tiene derecho a que le digan por qué andan sueltos quienes le han robado descaradamente sus recursos.

El país no es una masa sin ojos, sin sentimientos, sin razones para soñar.

El país tiene derecho a querer un destino mejor.

El país tiene derecho constitucional a la protesta, a la indignación e incluso a la rabia por la estafa de que ha sido objeto por parte de sus políticos inescrupulosos.

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Editorial

La herencia mágico-religiosa está asociada al espejismo y a la utopía.

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La herencia afroantillana, la cual consiste en una multiplicidad de creencias mágico-religiosas, es una trampa cultural de la que muy difícilmente pueda deshacerse la gente pobre y que su formación no alcanza para entender algunas situaciones y fenómenos sociales.

Hace décadas atrás y podría decirse que todavía perdura la importancia que la gente le da al llamado mago o astrólogo, aunque hace muchos años  que este tipo de personaje tenía un mayor protagonismo en la sociedad dominicana.

Hubo un momento que cuando el astrólogo se ubicaba en un parque público la gente se amontonaba a su alrededor para escuchar sus falsas predicciones y no eran pocos los que caían en sus garras y perdían sumas importantes de dinero.

Llegó un momento que los astrólogos producían largos programas radiales para supuestamente adivinar el pasado, presente y el futuro de la gente, cuya focalización de estos estafadores era en lo referente a lo económico y lo amoroso.

Porque ciertamente son los dos temas que más atraían la atención de la gente, ya que están muy asociados  al asunto de las utopías y los sueños irrealizables.

Tanto fue así que hubo muchos de estos “vivos” que instalaron centros de llamadas para dar orientación a gente con problemas y por cuya labor cobraban altas sumas de dinero, porque en esa cadena también había personas con algún poder adquisitivo.

Pero lo propio hay  que decir de mujeres que supuestamente recibían «seres» para adivinar el pasado, el presente y el futuro de la gente, las cuales iban a las viviendas de los interesados y lo primero que pedían era una botella de ron, la cual ingerían en un dos por tres sin sufrir ninguna intoxicación.

Todas estas leyendas están siempre asociadas a un difunto, quien les habla después de la vida a sus seres más queridos, lo cual  establece una relación con las personas que se dedican a estos menesteres, porque de alguna manera dice conectarlos con padres, hermanos y otros familiares fallecidos.

De manera, que lo ocurrido con la familia Rosario se fundamenta en la misma herencia mágico-religiosa del pueblo dominicano, ya que la utopía parte de un difunto que deja una multimillonaria herencia sin que haya ninguna base de sustentación de la misma.

El abogado Jhonny Portorreal ha utilizado la misma técnica de los que se dedican a la politiquería a través del clientelismo, la cual consiste en crear falsas ilusiones con cuestiones que no existen ni pueden ser posibles que se concreten y al final sólo hay una o un grupo de personas que recibe los beneficios del invento, como ha ocurrido con el profesional del derecho envuelto en la gran estafa.

Este problema tiene profundas raíces culturales y no hay que ser un mago y mucho menos un astrólogo para advertir de que este tipo de historia se repetirá más temprano que tarde, dado que forma parte de la idiosincrasia del pueblo dominicano.

Fuera una gran cosa si la gente entendiera que esas falsas ilusiones son inventos para estafarla y que ante tal realidad debían encaminar sus esfuerzos para que se hagan grandes concentraciones, así como se hicieron para reclamar una fortuna inexistente,  a fin de  exigir un Estado más responsable, eficiente e institucional y así acabar con la mayoría de los flagelos que alimentan que la gente crea en este tipo de espejismo.

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Editorial

Debe Evitarse el Pesimismo.

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La conducta de los actores de la vida política nacional proyectan cada día de que las cosas saludables para la nación no son posibles desde la perspectiva de los intereses que representan.

No es cosa de ahora la expresión que dice que los partidos tienen un discurso cuando están en la oposición y que lo cambian cuando llegan al gobierno, lo cual tiene su explicación en el hecho de que todo el que va a la administración  pública llega con un proyecto personal, individual y generalmente no ve, no oye y su entorno es sólo aquel que promueve una repartición abusiva del patrimonio público.

Este detalle es común a todos los partidos que se crean con el único fin de favorecer a sectores muy concretos de la sociedad, los cuales van desde los grupos económicos hasta individuos que tienen una visión mafiosa del Estado.

Ahí está la explicación de que cualquier proyecto que pueda servir para sanear o sanar la sociedad dominicana, se queda estancado en los intereses que representan los legisladores, quienes también llegan a su curul a través de las mismas plataformas que han creado toda una cultura de la corrupción y de la impunidad.

Nadie en su sano juicio puede pretender que la lucha en contra de los depredadores del Estado es una tarea fácil y lograble en un tiempo relativamente corto, porque es un problema profundamente cultural, que podría decirse que forma parte del ADN de los dominicanos.

Sin embargo, el ciudadano dominicano debe dotarse de mucho optimismo y convertir de esa manera esta condición para tener la fuerza necesaria para echar en el lugar más idóneo a los que promueven situaciones que sólo podrían generar un pesimismo que se traga la sociedad.

Desde esta perspectiva, el dominicano que ama su patria debe crear las herramientas que estén a su alcance para preconizar y promover los cambios que sólo son posibles a través del poder que otorga el Estado y cuyo control proviene de la  participación política con vocación de servicio.

Los dominicanos no deben llenarse de ilusiones de que del actual Congreso Nacional van a salir aprobaciones que vayan más allá del endeudamiento externo y de todos aquellos proyectos que buscan transferir el patrimonio nacional a los grupos económicos, a cuyos principales representantes muy poco les importa el sufrimiento del pueblo dominicano.

La ley de extinción de dominio y el nuevo Código Penal perdurarán por años en el Congreso Nacional, a menos que no se consense su aprobación a partir de una mutilación que en vez de hacerle bien al país, causa más daños.

El que crea en algo contrario que sea bendecido por su ingenuidad y falta de realismo, porque en la República Dominicana los intereses particulares pesan más que los colectivos y cualquier otra muestra de aparente buenas intenciones podría ser parte de la demagogia a que tienen acostumbrados a los diferentes sectores que conforman la vida nacional.

 

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Editorial

Detengamos los antivalores que amenazan nuestra vida de nación.

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Resulta contraproducente y destructivo para cualquier sociedad, no importa su nivel de desarrollo, cuando sus puntos de referencias son aquellos que se fundamentan en el engaño, la mentira, la munipulación y la estafa.

Y lamentablemente en las naciones sub-desarrolladas la gente que busca el poder usa como su principal arma la retórica, revestida de mucha demagogia, pero sin planes de desarrollo a largo plazo.

Sin planificación, metodología de trabajo, constancia, consistencia y persistencia muy difícilmente se puedan lograr las metas,  siempre a partir de saber diferenciar un proyecto personal o individual y otro de carácter colectivo.

Este último es el que debe primar en los que escogen la política como una forma de aportar a la sociedad para dejar un buen legado, pero que lamentablemente ya eso no ocurre en el país, porque esta bella actividad ha sido monopolizada por los más corrompidos y los que no creen en valores, sino en la mercancía llamada dinero.

Esto  pinta un cuadro muy peligroso para la República Dominicana, porque cuando se evalúa el discurso de los actores de la vida partidaria nacional se llega fácilmente a la conclusión de que el mismo carece de contenido y cuando no se repiten muchas mentiras como una forma de proyectarse como lo que no son.

Obsérvese que ese discurso no bien esos personajes llegan al poder cambian radicalmente y lo que estaba bien desde la posición ya no es posible o está mal desde el Gobierno, cuyo mejor ejemplo es el partido oficial.

Es un detalle que retrata de cuerpo entero el mundo de la política partidista, cuyo principal agravante tiene que ver con que ponen vieja a la gente con promesas que nunca serán cumplidas porque las mismas no forman parte de sus convicciones.

Desde esta perspectiva se hace prácticamente imposible que la gente más necesitada pueda tener la seguridad y la certeza de quién será su salvador en función de una administración pública más decente, eficiente e idónea.

Este periódico considera que los partidos políticos, sobre todo los tradicionales, son la principal causa de la desgracia nacional, porque no sólo manipulan los recursos públicos a favor de particulares, sino que también imponen falsos valores que desnaturalizan las buenas intenciones ciudadanas y en consecuencia los cambios vistos desde los intereses de todo el pueblo dominicano.

Las esperanzas no son muchas en el futuro inmediato y mediato con los referentes que existen en la actualidad, cuyo cuadro sólo podrá cambiar cuando salgan a la superficie nuevas propuestas nacionales inspiradas en lo preconizado por los prohombres nacionales  que forman parte de la historia nacional.

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