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El Panorama Electoral no Ofrece Nada Nuevo en la Sociedad donde el Estado  es Principal Corruptor.

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Por Elba García

Los aspirantes presidenciales que polarizan el escenario electoral  y a otros cargos electivos han enterrado en el descrédito y la desconfianza del votante a los principales actores de la clase política nacional, porque durante la campaña prometen de todo, pero al final sus discursos se quedan en el vacío.

Ahora los políticos de los diferentes partidos están en su mejor época de prometer mucho y luego vendrá el momento de no cumplir nada.

Sólo basta recordar lo prometido por Danilo Medina durante la campaña electoral del año 2012 cuando pregonaba por las calles y pueblos del país que le dolía la República Dominicana y aseguraba unos cambios que enamoraron  a mucha gente.

Pero lo de Danilo se quedó en una promesa e incluso no fue candidato nueva vez a la presidencia de la República para el próximo cuatrenio porque la oposición a esa pretensión fue muy vigoroso y tomó un cuerpo que pudo haber proyectado al país como una dictadura disfrazada de democracia.

Su contrincante y enemigo político Leonel  Fernández no distó mucho del comportamiento del presidente, quien desde el poder ha creado grupos de seguidores que se han enriquecido hasta más no poder.

Ambos han constituido una retranca para una sociedad que ya no debería soportar más déficits del Estado para resolver problemas vitales para que la gente pueda vivir con dignidad y con mejores condiciones de sobrevivencia.

Tanto Danilo como Leonel han querido aprovecharse de las grandes debilidades que sufre el pueblo dominicano, donde no prevalece un empoderamiento ciudadano para cambiar de raíz el modelo económico, político y social que se ha impuesto en el país, sobre todo para favorecer a grupos económicos que creen más que en el desarrollo de la Nación en el lavado de activos, el contrabando y la corrupción generalizada.

Desde ya Leonel proclama que transformará al  país en su pretendida gestión de gobierno, pero son palabras carentes de sustentos y muy poco creíbles, porque este expresidente se pasea por doquier con las mismas personas que se sabe de más que han estafado la sociedad y que hoy exhiben riquezas que no podrán justificar jamás.

El otro ya prácticamente pre-candidato que podría ser el contrincante de Leonel en las primarias del da seis de octubre dentro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) lo es Gonzálo Castillo, un aspirante que genera más dudas que encantamiento en el electorado.

Es un hombre con muchas deudas económicas, éticas y morales con la sociedad dominicana, máxime por su poco transparente manejo de unas seis obras públicas  que favorecieron a la multinacional Odebrecht, cuyas acciones han llevado a la cárcel en otros países latinoamericanos a una cantidad asombrosa de políticos corruptos.

Pero lo de Gonzálo va mucho más allá, porque este hombre exhibe una riqueza que tampoco es justificable, dado que se habla de una fortuna que supera los mil quinientos millones de dólares y podría ser hasta mayor.

Siendo así las cosas, el pueblo dominicano estará frente a dos pre-candidatos presidenciales que no ofrecen nada nuevo al país y que sus promesas son palabras huecas, porque ambos ya han pasado por la administración pública y los resultados han sido desastrosos.

Esa es la verdad, aunque en el litoral opositor tampoco los candidatos sean muy encantadores porque su compromiso es con los mismos grupos que constituyen una amenaza evidente de dañarlo todo.

Cualquiera de los candidatos de los partidos tradicionales del país que salga triunfante en la contienda electoral del 2020 no tiene ninguna garantía de que la República Dominicana pueda tomar un camino diferente al vivido hasta hora, en el que la corrupción es su mejor punto de referencia y su otro mayor aporte ha sido promover falta de institucionalidad, impunidad y todas las distorsiones propias de una sociedad que constituye una verdadera estafa en contra del ciudadano dominicano

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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