Es consistente el presidente Luis Abinader en esgrimir la expresión de que tiene amigos, pero no cómplices, aunque el problema se complica cuando quiere dejar la impresión de que al momento de nombrar a Santiago Hazím como jefe supremo del Seguro Nacional de Salud (SENASA) no conocía sobre sus andanzas, pese a que éste representaba un conflicto de intereses porque es inversionista de una ARS privada.
Además, el monto envuelto en el desfalco es demasiado grande para que pasara desapercibido, sobre todo frente al presidente de la República, quien en algún momento salió en defensa del funcionario.
La cuestión es que no sólo se trata de este caso, sino que hay otros que arrojan dudas a las supuestas buenas intenciones del jefe de Estado.
La realidad es que la falta de credibilidad se observa en todo el accionar del Gobierno con obras muy mal terminadas a pesar de que hay envueltas altas sumas de millones de dólares, miles de millones de dólares, y que todos los servicios del país están colapsados.
De manera, que podrían existir dudas sobre lo dicho por el presidente de que tiene amigos, pero no cómplices, pero lo que no deja ninguna ni margen para evaluar a las autoridades nacionales, es que sus niveles de improvisación son los causantes del fracaso de la presente gestión.
Sin discutir si el presidente es cómplice o no de todo lo que ocurre con el manejo de fondos públicos, lo cierto es que su falta de planificación estratégica lleva al país a una verdadera debacle, pero si a eso se le agrega el nombramiento de personajes de poca reputación o comprometidos con intereses que chocan con los del Estado, entonces ahí hay otro elemento importante a tomar en cuenta.
Como bien se señala en el reportaje interpretativo publicado en la página principal de este diario, son numerosos los personajes que han sido nombrados en cargos para los que no están preparados ni formados y en consecuencia los resultados tienen que ser desastrosos, como lo que ocurre en SENASA.
El problema de la falta de credibilidad de las autoridades nacionales toma cuerpo en razón de que ya nadie cree los cuentos del presidente, quien incluso para esgrimir una frase para explicar lo que es su conducta frente a los escándalos de corrupción parte de una imitación o plagio, lo cual no es del todo malo si fuera un fenómeno aislado, pero lamentablemente se trata de una conducta general en el entorno del actual gobierno.
La realidad es que el país está lleno de pesimismo de que las cosas puedan cambiar el rumbo, porque la causa del problema no es de forma, sino de fondo, que incluso están asociados a un asunto profundamente cultural, con el agravante de que los que hacen turno para sustituir a las actuales autoridades se rigen por el mismo patrón para implementar políticas públicas y manejar el patrimonio del Estado.