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Proceso Destitución Trump deja a Luis Abinader sin ficha importante para plan de seguridad.

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El “Impeachment” o proceso de destitución que se ha iniciado en la Cámara de Representantes  de los Estados Unidos tiene su impacto en  el proceso electoral dominicano en virtud de que el abogado de Donald Trump, Rudolph Giuliani, es una ficha importante en la presión ilegal que se le ha hecho al presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski.

La cuestión es para destacarse en razón de que el exalcalde de Nueva York ha estado en la República Dominicana como asesor del pre-candidato presidencial Luís Abinader en asuntos de seguridad, tal y como lo hizo durante el proceso electoral del año 2016.

Desde hace algunos años que esa relación podría ser una causa en vez de positiva,  negativa, ya que habría que recordarse que Giuliani a pesar de que ahora se desenvuelve como abogado del presidente Trump, hubo un momento en que fue afueriado del círculo que tenía cercanía con el mandatario norteamericano.

El distanciamiento se produjo porque Giuliani cabildeó ser nombrado como secretario de Estado de los Estados Unidos, pero Trump se molestó con las filtraciones que hizo el exalcalde de Nueva York de que era un hecho de que ocuparía esa posición.

El distanciamiento vino antes de que Trump tomara posesión del cargo, pero cuando el acto  estaba programada, Luís Abinader, anunció en el país de que había sido invitado de manera muy especial por las autoridades de la potencia de norte a la juramentación que tendría lugar en el Capitolio y en la Casa Blanca.

La información no dejó de sorprender, pero parece que se trató de una maniobra del ahora abogado de Trump para vender la idea en la República Dominicana de que el aspirante presidencial es el preferido de los Estados Unidos, lo cual tiene un gran peso en una sociedad como la dominicana donde hay una condición de hecho de ser una colonia de la potencia del norte, pero causó dudas porque el aspirante presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no ostenta ningún cargo público, condición indispensable para ser invitado especial de la toma de posesión de un presidente de los Estados Unidos.

Sin embargo, por una serie de razones  parece que fue un invento del propio pre-candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y de Giuluani, quienes buscaban con eso ganar capital político frente al proceso electoral que tendrá lugar en el país en el año 2020.

Hubo quienes dijeron que Abinader nunca estuvo en el interior del Capitolio ni de la Casa Blanca como invitado especial como se difundió en el país, pero ahora se devela que Giuliani es una persona que está involucrado en la presión que se le ha puesto al presidente de Ucrania para que investigue al exvicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden y su hijo, lo cual lo coloca en una posición difícil para utilizarlo en la campaña electoral dominicana.

Se ha comprobado que Giuliani ha sido parte de una acción que va más allá de lo anti-ético, sino también que tiene un alcance de  ilegalidad y que por esa causa  tendrá que ser sometido a una serie de cuestionamientos e investigaciones  para comprobar si la acusación de los demócratas tiene fundamento para que se concrete el «impeachment» en contra de Donald Trump.

Esta acción ilegal elimina la posibilidad de que el aspirante presidencial dominicano siga con sus planes de usar como asesor a Giuliani, ya que una persona que tenga esas andanzas no puede ser jamás un buen ejemplo para desarrollar o asesorar un programa de seguridad en la República Dominicana o de  cualquier otro Estado.

Todo parece indicar que este proceso de destitución de Donald Trump ha dejado a Abinader  sin una arma tan poderosa para su campaña electoral como Rudolph Giuliani, porque el abogado de Trump estará muy ocupado con las respuestas que necesita dar para salir del embrollo en que está metido, amén del descrédito que trae consigo después de este caso.

Entonces, habría que concluir que Luís Abinader como aspirante presidencial que se somete a una competencia interna y después a otra que abarca todo el país tendrá que desistir de mencionar a Giuliani para el plan de seguridad que contempla desarrollar de llegar al poder.

De hecho, en una entrevista que concedió Abinader este domingo al programa Líderes, que difunde por Color Visión Orlando Jorge Mera,  el aspirante presidencial al abordar el tema de la seguridad no hizo mención de Giuliani como siempre lo ha hecho anteriormente cuando era preguntado al respecto por los medios de comunicación.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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