Editorial
El Sometimiento en Contra de Leonel.
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13 años agoon
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LA REDACCIÓN
El doctor Guillermo Moreno ha retornado a la fiscalía del Distrito Nacional ahora con un sometimiento en contra de Leonel Fernández por lavado de activos.
La realidad es que Leonel se ha movido en el escenario político nacional con un nivel de impunidad que molesta, que mancilla la poca decencia que aún mantiene la justicia.
Y ciertamente Leonel Fernández es de lo peor que hemos tenido como político en la República Dominicana.
Nunca nadie imaginó que ese muchacho de Villa Juana que se movía por la mayoría de los medios de comunicación social del país en busca de algún espacio para difundir sus ideas terminaría como uno de los peores protagonistas de la perversidad y la bellaquería de la política vernácula.
Por estas razones y muchas más, como por ejemplo el corrompimiento de toda una generación de jóvenes que se enrolaron en las filas peledeístas con el sueño de construir una sociedad diferente, más decente y digna.
Pero esos sueños, realmente desaparecieron con la llagada al poder de Leonel Fernández en el año 1996, cuyo primer equivocado mensaje a los jóvenes de su partido fue que es “millonario en los devaluados pesitos dominicanos”, lo que al fin de cuenta fue una exhortación para que en el PLD se iniciara un proceso de renuncia a los sueños de cambio para entrar en un afán permanente por acumular fortunas sobre la base de la depredación del patrimonio público.
Al momento de sacar balance de los gobiernos de Leonel Fernández, necesariamente hay que concluir que han sido los que más han corrompido la llamada clase política nacional, la cual a través del PLD se ha visto envuelta en los más escandalosos casos de corrupción en la administración pública.
Desde la ocurrencia del terremoto que destruyó Haití, advertimos lo que significaria para ese pobre pueblo la simulada solidaridad del Gobierno peledeísta, encabezado por Fernández, y hoy los allegados de este corrupto ex-presidente son los más favorecidos con contratas en ese hermano país que sólo tienen explicación por la forma inescrupulosa de éste manejarse.
El cuerpo del delito está ahí,en todos los escenarios en que se mueven los leonelistas y peledeistas e incluso en la propia Fonglobe, la cual es un instrumento para camuflar la corrupción de Fernández, quien tarde o temprano tendrá que terminar en el banquillo de los acusados.
Sin embargo, también es importante que todo el que inicie una acción legal en contra de Leonel y su grupo tenga la suficiente credibilidad y transparencia que le dé legitimidad a sus querellas o denuncias, dos figuras jurídicas consignadas en el Código Procesal Penal.
Tenemos que estar en capacidad de ver la paja, no sólo en el ojo ajeno, sino también en el nuestro, para que los resultados sean satisfactorios y sobre todo saludables para toda la Nación.
No tenemos dudas hasta ahora de la honestidad de Guillermo Moreno, pero también es importante que quede claro el capítulo que tiene que ver con la pensión de su esposa en la Junta Central Electoral y el nombramiento de un hijo suyo en un cargo diplomático.
Planteamos este asunto, porque el doctor Moreno ha sido un defensor de ambas cosas, ese decir, de la pensión de su esposa y el nombramiento de su hijo.
Es importante que el dominicano entienda que no podemos entrar en una lucha política que sólo tenga como fin el “quítates tú pa ponerme yo”.
Jamás igualamos a Guillermo con Leonel, pero confesamos que nos preocupa el culto a la personalidad y la defensa de lo que se considera dañino para la Nación, como son las pensiones en el sector público, el barrilito y el cofrecito, todos instrumentos de corrupción que avergüenza al más despreocupado de los dominicanos.
Reiteramos que es procedente el sometimiento en contra de Leonel y de otros corruptos peledeístas, los cuales han hecho grandes daños a la sociedad, pero también es importante que los querellantes no defiendan elementos preocupantes de la forma equivocada de manejar el Estado por los políticos y por otros sectores de la vida nacional.
Aunque el título de este editorial no busca sobreponer los huracanes a otro fenómeno natural como son los terremotos, pero el mismo sólo persigue darle la trascendencia que tiene el problema de la falta de prevención que caracteriza al país.
Sin lugar a dudas que lo ocurrido en Venezuela debe servir de voz de alarma para el país, máxime que los terremotos están asociados a una falla tectónica que también abarca a la República Dominicana.
La cuestión es que cada vez que hay un evento de esta naturaleza resurgen las advertencias sobre el peligro que amenaza a la República Dominicana, cuya deficiencia es parte de un todo que no hay forma de superar por razones profundamente culturales.
Pero es que en esta materia como en ninguna otra el país no ha desarrollado políticas públicas dirigidas a construir una cultura de prevención que por lo menos evite que cualquier tragedia como resultado de un fenómeno natural como los terremotos se pueda llevar de paro medio país.
Hace décadas que se repiten las mismas advertencias y alertas e incluso se han creado leyes para disminuir el impacto de un terremoto de alta potencia como el de más de siete grados ocurrido en Venezuela, pero las mismas, como prácticamente todas las del sistema jurídico nacional, son letra muerta.
De manera, que con el discurrir de los años las construcciones a troche y moche han seguido su curso como si ese comportamiento no tuviera ninguna importancia y sólo se esperan los daños como resultado de un terremoto de alta magnitud como se espera en algún momento en el territorio nacional.
Un buen ejemplo del descuido o negligencia de las autoridades edilicias y del gobierno central son las torres construidos en urbanizaciones como “La Trinitaria de Santiago”, pese a que ya los expertos han advertido de que las mismas se levantan sin tomar en cuenta en su diseño el tipo de suelo que hay en la zona.
Ya ha habido hechos que deben servir de escarmiento a las autoridades para que pare la imprudencia de construir sin miramiento, como fue el desplome de la construcción de un hotel en la calle Del Sol de Santiago por la misma causa del tipo de suelo, pero lo ocurrido sirvió de poco.
El problema está nuevamente sobre el tapete por la gran tragedia que se ha producido en Venezuela, pero la preocupación durará muy poco tiempo, ya que al cabo de los días ya se retorna a la normalidad acostumbrada y se olvidan las construcciones que amenazan la vida de mucha gente por tratarse de una imprudencia que no valora la advertencia de los expertos en la materia.
Sólo falta que la verdad, que ojalá Dios no quiera que así sea, le dé en la cara muy duro a las autoridades nacionales que no hacen el menor esfuerzo para evitarle un gran dolor de cabeza a la sociedad dominicana.
La República Dominicana atraviesa por un trance muy peligroso porque el que tiene que velar por el respeto del orden jurídico nacional es el primero que lo viola.
Son numerosos las veces que Luis Abinader incurre en el mismo problema, lo cual implica o que no tiene claras sus funciones y responsabilidades o sencillamente de que se está frente a un gobierno irresponsable.
El país lleva años montado en el mismo caballo, ya que los niveles de ignorancia y de improvisación del presidente Abinader dejan la sensación de que el orden legal es lo que menos importa.
La gravedad de este problema tiene un impacto en la comunidad internacional en razón de que las normas del derecho interno tienen una conexión determinante con aquellas provienen del derecho externo.
Este comportamiento del presidente Abinader no sólo compromete la responsabilidad civil y penal del Estado, sino que la imagen del país se deteriora y que deja en una situación difícil la seguridad jurídica y en consecuencia renglones de la economía nacional como el turismo.
De manera, que la conducta del presidente no sólo representa una amenaza en contra de la imagen del país, sino también que atenta en contra del progreso económico y social.
El presidente debe detener en lo inmediato la violación de la jerarquía jurídica, cuyo lugar cimero ocupa la Constitución de la República, la cual es permanentemente violada por decretos emitidos por el jefe del Poder Ejecutivo.
Lo planteado en este editorial puede parecer una irreverencia en contra del presidente Luis Abinader, pero es que su comportamiento no es para menos.
En lo que respecta a este caso no queda otra expresión que se ajuste más al comportamiento indicado que aquel que dice que el presidente tiene más miedo que vergüenza, porque su proceder indica que le importa poco lo que la gente pueda pensar de él.
Es un caso tras otro.
Editorial
Las leyes en un Estado colapsado son generalmente letra muerta.
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2 semanas agoon
junio 17, 2026
La no ejecución de las leyes y la violación de las mismas son, sin lugar a dudas, el principal perfil de un Estado no viable, como ocurre en los países del tercer mundo, incluida la República Dominicana.
En el país se activa la acción del Estado después de ocurrida la tragedia, tanto a nivel público como privado, cuyos buenos ejemplos al respecto son la tragedia del Jet Set y los feminicidios, entre otros delitos y crimines que no tienen un régimen de consecuencia.
Todo como resultado de una cultura que tiene una explicación histórica que ha sido concretada con la expresión popular de que el dominicano le ponga candidato a la casa después que le roban.
Por esta razón el fenómeno se repite permanentemente sin que se produzca la capacidad y la fuerza institucional de ponerle coto a la impunidad que abraza a toda la sociedad dominicana.
El asunto se complica porque quien debe velar por la aplicación de la ley es el primero que la viola, es decir, que el Estado en vez de promover el valor del cumplimiento del orden legal es el primero que no lo respeta.
Esta realidad no es exclusiva para la aplicación de las leyes adjetivas, las llamadas organicas y ordinarias, sino que tampoco se respeta la Constitución de la República, la cual es violada regularmente hasta por propio presidente de la República.
De manera, que se trata de una cultura, de un problema integral que erosiona la credibilidad de la democracia, lo que la lleva a perder su legitimidad, cuyos funcionarios electos carecen del nivel de aprobación que valida el sistema.
Por esta razón no hay nada que funcione, porque todo el que va al poder piensa que llegó ahí para toda la vida y se preocupa muy poco porque las leyes se ejecutan como mandan sus textos.
La cuestión es que el partido del sistema que llega al poder se incorpora a una cadena de complicidad que necesariamente tiene que fortalecer para evitar su enjuiciamiento por la comisión de graves violaciones a la ley, lo cual involucra a los tres poderes del Estado, como ocurre en la actualidad.
Ahí está la razón de que en las encuestas de medición electoral esté prácticamente empatado el ninguno en aceptación popular con el partido oficial, lo que está explicada en que en el país prevalece a nivel político el clientelismo y el que tiene el control del Estado puede manejar los recursos públicos para promover ese antivalor que daña tanto a la democracia, lo cual, naturalmente, es transitorio y circunstancial.
La impunidad es lo que provoca que la autoridad no tenga mucho interés en la ejecución de la ley, lo que estimula fenómenos como los feminicidios y la relación sentimental entre hombres mayores y mujeres adolescentes o niñas menores de 16 años, cuyo impacto social es demoledor para cualquier sociedad que busque su desarrollo humano.
