Opinión
Elecciones UASD: mensaje a la familia universitaria.
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12 años agoon
Por Narciso Isa Conde
Como me duele tanto la UASD del presente y recuerdo mi estimulante paso por sus aulas, mi participación en la fundación de la FED, en el equipo del periódico Fragua y en el formidable movimiento estudiantil de inspiración marxista que estimuló…
Como recuerdo la comunidad de ideas y acciones junto a Asdrúbal Domínguez, Amín Abel, Narciso González… los contenidos del Manifiesto de Córdoba, el pensamiento de Julio Antonio Mella, los vínculos entre Reforma Universitaria y Revolución Nacional, las rebeldías juveniles contra las raíces y los desafueros de la tiranía, los combates por el Fuero y la Autonomía de la universidad encarcelada; la pelea por una educación gratuita, científica y de calidad, los impulsos post abril del 65 al Movimiento Renovador…
Como me apena y a la vez me indigna el estado actual de degradación de los poderes establecidos… y la profunda crisis estructural que afecta a la UASD…
He decidido, en mi condición de profesor honorario-acompañando a importantes sectores profesorales, estudiantiles, empleados administrativos y organizaciones de izquierdas- impulsar la creación y desarrollo de un Nuevo Movimiento Renovador con vocación transformadora.
En la ruta hacia esa meta se nos presentan las elecciones de autoridades del 15 de febrero, sin una opción capaz de enfrentar y subvertir ese lamentable status quo.
¿Qué hacer entonces?
Pienso que no debemos ser indiferentes a las funestas implicaciones de la continuidad del grupo de poder que responde a la rectoría actual, ni tampoco a ciertas competencias en otros niveles del poder universitario.
Creo posible actuar en esta coyuntura electoral en dos direcciones: CASTIGAR al clan del actual rector con una avalancha de votos en contra y RESPALDAR puntualmente a los mejores candidatos/as a nivel de vice-rectorías, decanatos, escuelas…
Desplazar del control que ejerce sobre nuestra UASD el grupo que encabeza el actual Rector Mateo Aquino Febrillet -representada su continuidad por la candidatura de la profesora Emma Polanco y su equipo de gobierno- más que necesario, se ha tornado imperioso.
Porque hay extremos de corrupción, privilegios, abusos de poder, privatizaciones y concepción policial del manejo de esta valiosa reserva histórica-cultural del país, que además de destructivos, resultan ofensivos en alto grado e inaceptable por más tiempo.
Llegó la hora de comenzar a revertir tales aberraciones y de iniciar por lo menos un curso democrático del proceso, con otra dinámica; capaz de detener la degradación que conduce a la muerte de todos los valores y todas las potencialidades de nuestra Primada de América.
Esta UASD necesita un respiro para abrir un gran debate sobre su destino y tal propósito no tiene espacio en el continuismo de lo actual.
Requiere como objetivo mínimo que en estos comicios destronemos del poder central a esa cúpula empecinada en imponerse con todas sus mugres.
Y ese limitado, pero importante propósito -no importa las diferencias mayores o menores que podamos tener con él- solo puede lograrse ahora a través del triunfo de la candidatura a rector del maestro Iván Grullón.
Por eso es necesario respaldarla sin ningún compromiso adicional, con plena independencia crítica, sin ilusiones… con el único propósito de contener este ciclo perverso y recuperar la posibilidad de construir futuro al interior de la UASD.
Por los/as mejores candidatos/as a respaldar en otros niveles del poder universitario, entendemos a aquellos maestros/as, que aun dentro de un espectro diverso -cada quien con sus características, valores e incluso limitaciones- reúnan condiciones básicas de honestidad, capacidad, formación académica y vocación por nuevas reformas que apunten hacia la educación gratuita y de calidad, la recuperación de la Autonomía, el Fuero, el Co-gobierno, la desprivatización, la democracia interna, y la UASD crítica y comprometida con la transformación democrática y la soberanía del país.
En tal sentido, sin agotar la lista de los/as que reúnen tales condiciones, aspiramos al triunfo de maestros y maestras como Rafael Jiménez Pérez, candidato a Vice-rector de Investigación y Post-grado, Nino Félix a la Vice de Extensión, Radhamés García a la Dirección de la Escuela de Derecho y Rosa Lara a la dirección de la Escuela de Sociología.
Hacemos extensivo ese apoyo y esa aspiración a todos/a aquellos/as candidatos/a que la familia universitaria perciba con atributos parecidos.
Llamamos a castigar a los peores, apoyar a los/as mejores y a inhibirnos frente a los/as oportunistas consumados; sin afectar en lo más mínimo la necesidad de derrotar sin contemplaciones al actual rector y la candidata de su clan depredador.
Llamamos al compromiso colectivo por el reconocimiento de los derechos de FELABEL y la libertad de sus dirigentes y activistas injustamente apresados, porla eliminación de todas las sanciones abusivas, por la erradicación de los componentes policiales del Cuerpo de Seguridad de la UASD y el estado de represión impuesto por la actual Rectoría contra estudiantes, empleados y profesores, y por la plena vigencia del Fuero, la Autonomía y el Co-gobierno universitarios y el presupuesto de ley.
Exhortamos a avanzar -aun sea un poquito- para a continuación seguir creando las fuerzas del gran cambio universitario y nacional.
Opinión
El Consejo Nacional de la Magistratura y la partidocracia.
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11 horas agoon
julio 17, 2026Por José Cabral
Siempre he dicho y he reiterado, pero que no se trata de ningún descubrimiento, que el sistema está concebido para responder a los intereses de los partidos políticos.
Los diputados y senadores provienen de ese entorno, el presidente de la República y el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), en el que se escogen los jueces, explica el desempeño de cada uno de estos poderes públicos
La conformación del CNM implica que todo el sistema, incluido el de justicia, obedece a los intereses que se expresan en este órgano.
De manera, que, frente a la confrontación del derecho con la política, el primero siempre tiene todas las de ganar cualquier batalla, máxime cuando se trata de aquella que se desarrolla en el campo legal.
Todo este cuadro permite establecer que resulta prácticamente difícil, por no decir imposible, que el derecho pueda salir triunfante frente a la política.
Sin ninguna duda, que ahí descansa la gran debilidad del proceso de constitucionalización del derecho que se produce en el país a partir de la entrada en vigencia de la Constitución del 2010.
Es hermoso en los textos el proceso de constitucionalización, pero el mismo resulta decepcionante en la práctica y cuando se choca con la realidad.
Nadie, absolutamente nadie, puede negar que una herramienta vital para cualquier democracia es una buena administración de justicia, pero en una nación donde la partidocracia es la dueña del sistema esto se vuelve prácticamente difícil, por no decir imposible.
El problema descansa en un Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), cuyo órgano tiene la sagrada misión de escoger los jueces del sistema de justicia nacional, lo que quiere decir que cuando se presenta un conflicto entre el derecho y la política éstos se inclinen por emitir sentencias en favor de la partidocracia.
Los hechos hablan por sí solos y el que no lo crea que revise la mayoría de las decisiones que conllevan sentencias que impactan los intereses de los partidos para que se puedan valorar los resultados.
Sin no se cambia la conformación del CNM es muy difícil que el proceso de constitucionalización del derecho y que tiene como base el respeto de los derechos fundamentales pueda cristalizarse en una sociedad como la dominicana, donde la política está presente predominantemente en todos los escenarios.
De tal forma, que hablar de una buena administración de justicia al margen de los intereses de los partidos políticos, resulta una quimera y que sólo una persona muy ingenua lo puede creer.
Opinión
Cuando el poder desconoce la Constitución, debilita la República
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1 día agoon
julio 16, 2026Por Isaías Ramos
Ninguna democracia muere el día en que se rompe la Constitución. Muere mucho antes: cuando quienes juraron defenderla comienzan a tratarla como un obstáculo y la ciudadanía empieza a acostumbrarse a ese irrespeto.
La Constitución no fue escrita para adornar discursos ni para ser invocada cuando conviene al poder. Fue concebida para limitar a quienes gobiernan, proteger a los ciudadanos y garantizar que ningún funcionario, partido, mayoría congresual o presidente coloque su voluntad por encima de la soberanía popular.
Por eso preocupa el rumbo de diversas actuaciones del Congreso Nacional y del Poder Ejecutivo.
En los últimos años se han aprobado normas luego anuladas, corregidas o seriamente cuestionadas por su compatibilidad constitucional. La Ley de la Dirección Nacional de Inteligencia motivó la intervención del Tribunal Constitucional por objeciones relacionadas con derechos fundamentales. La Ley de Facturación Electrónica también requirió su actuación para corregir una disposición que afectaba la privacidad.
Más recientemente, el nuevo Código Penal ha dejado de ser únicamente una inquietud jurídica para provocar un rechazo creciente en amplios sectores de la sociedad. Juristas, periodistas, profesionales, organizaciones sociales y ciudadanos hemos advertido que varias disposiciones, por su amplitud, ambigüedad o desproporción, podrían amenazar la libertad de expresión, la denuncia pública, el ejercicio profesional y la protesta pacífica.
Cuando una legislación penal provoca temor entre quienes informan, denuncian o protestan, el problema deja de ser técnico: amenaza la convivencia democrática.
Pero el caso institucionalmente más delicado es la respuesta legislativa posterior a la sentencia TC/0788/24.
Las decisiones del Tribunal Constitucional son definitivas, irrevocables y vinculantes para todos los poderes públicos. Cuando una legislación posterior genera serios cuestionamientos sobre si respeta materialmente el criterio fijado por el máximo intérprete de la Constitución, no estamos ante un simple debate político. Está comprometida la supremacía constitucional, la seguridad jurídica y la confianza ciudadana.
La preocupación no gira solo alrededor de una sentencia ni de las candidaturas independientes. El problema es más profundo: ¿puede el poder político redefinir, limitar o neutralizar derechos protegidos por la Constitución?
La Constitución dominicana no creó una democracia para beneficio de los partidos. Creó un Estado social y democrático de derecho, fundado en la dignidad humana, la soberanía popular, el pluralismo político, la separación de poderes y la protección efectiva de los derechos fundamentales.
El derecho a expresarse no es una concesión del Gobierno.
El derecho a protestar pacíficamente no es un favor del Congreso.
El derecho a elegir y ser elegido no pertenece a los partidos.
Son derechos constitucionales que ningún poder temporal puede apropiarse, reducir ni administrar según su conveniencia.
No sabemos si quienes gobiernan desconocen el espíritu de la Constitución o si, conociéndolo, han decidido apartarse de él. Lo evidente es que demasiadas decisiones han obligado al Tribunal Constitucional y a la sociedad a recordar principios que debieron orientar desde el inicio a los poderes públicos.
No afirmamos que la República Dominicana sea hoy una dictadura. Pero sería irresponsable esperar a que el autoritarismo esté consumado para denunciar las decisiones que pueden abrirle camino.
Las democracias rara vez desaparecen de un día para otro. Se erosionan lentamente cuando se relativiza la supremacía constitucional, se reducen los espacios de participación, aumentan las facultades del poder sin controles suficientes y los derechos fundamentales dejan de orientar la legislación.
Está en juego la República que dejaremos a nuestros hijos: una nación donde la Constitución gobierne al poder o un país donde el poder acomode la Constitución a sus intereses.
Todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo.
El pueblo dominicano ha demostrado paciencia, madurez y vocación democrática. Ha recurrido a los tribunales, promovido el debate público y utilizado los mecanismos institucionales reconocidos por la Constitución.
Pero la paz social no puede sostenerse indefinidamente si los reclamos constitucionales no encuentran respuesta. Cuando las instituciones dejan de escuchar, aumenta la presión social. Esa realidad no debe celebrarse ni provocarse; debe prevenirse mediante el diálogo, la rectificación y el respeto a la Constitución.
Este no es un llamado a la confrontación. Es un llamado a la rectificación.
El Congreso debe legislar dentro de los límites constitucionales. El Poder Ejecutivo debe ejercer sus facultades constitucionales con el mismo compromiso que juró al asumir el cargo. Y todos los poderes públicos deben recordar que las decisiones del Tribunal Constitucional no son recomendaciones: forman parte del orden que están obligados a respetar.
Cumplir la Constitución no debilita al Estado. Lo fortalece.
Respetar los derechos fundamentales no genera desorden. Construye paz.
Abrir la democracia no amenaza la República. La hace más legítima y fuerte.
Desde el Foro Cívico y Social lo afirmamos con claridad: la Constitución no pertenece al Congreso, al Poder Ejecutivo ni a los partidos políticos.
La Constitución pertenece al pueblo dominicano.
Defenderla por las vías pacíficas, democráticas y constitucionales no es un acto de oposición. Es el deber moral, cívico y patriótico de toda generación que aspire a entregar a sus hijos una República más libre, justa y fiel al Estado social y democrático de derecho.
Una nación puede sobrevivir a una mala ley y corregir una mala decisión. Lo que no puede permitirse es acostumbrarse a que el poder deje de obedecer la Constitución.
Por Oscar López Reyes
(A la 18:00 hora local del miércoles 24 de junio de 2026, Venezuela fue sacudida por dos terremotos: el primero en la escala 7.2 (duró un minuto) y 39 segundos después otro de magnitud 7.5 (se extendió por tres minutos), concentrados especialmente en la Guaira y Caracas, con un salto -hasta el 12 de julio de 2026- de más de 50 mil desaparecidos, según la ONU; cerca de 5 mil fallecidos, 20 mil heridos y 20 mil damnificados).
(I)
¡Oh, Venezuela!
Patria inmensa.
¡Caramba!,
Hermanos en Bolívar,
¡qué dolor soberbio!
que oprime las fibras de mi alma,
En tristeza de gritos que escapan
de escombros retorcidos
por furia de un suelo rebelde.
El telúrico conmueve en miradas
de arquitecturas sin piedras ni ventanas,
y melancolías de niños vagando en penumbras,
Sin padres ni estancias.
Y pone a temblar en rememoración de amor
su épica solidaridad y sacrificio de dignidad infinita
en épocas pretéritas, que configura
una vastedad de grandeza histórica
y el patriotismo compartido.
¡Oh, Venezuela, SOS!
(II)
Cuando no haya más lágrimas que derramar,
rebosantes las porcelanas de mortandad,
esa “Tierra de Venecia” y esa “Tierra de Gracia”
dejará de llorar y se levantará en cumbre de cerros,
contemplando
marchas fúnebres y entierros colectivos,
echando la vista a la resurrección de Cristo.
(III)
Heridos que sollozan en ruinas y hospitales,
sobrevivirán en sonidos de esperanza y el susurro
que late desde los vientos que soplan
de mares y montañas, para otro comienzo
de sonrisas en barcas de adversidad.
(IV)
Los fallecidos descansarán en púrpura palmera
y ecosistemas naturales con flores coloreadas
con toques de bellezas íntimas
que evocan la fragancia
en la eternidad de jardines
con pétalos de atardeceres versátiles.
(V)
Y los muchos desaparecidos fertilizarán
los predios erosionados,
para floración de hojas, frutos y plantas aromáticas,
que germinarán emergentes criaturas en vientres
de primaveras de Luna menguante
y otoños de Luna creciente.
(VI)
En su inocencia, niños huérfanos seguirán jugando
en noches tranquilas, abrazados de madres sustitutas
y nutrientes saludables,
que brotarán renovadas energías
en llanuras, bosques y lagos estrellados,
acariciados por paisajes de jazmines
y saltos que gimen en la nostalgia de edificios desplomados.
(VII)
Sumergidos en cenizas de techos agrietados
por terrestres sacudidas bruscas,
pequeños, adultos y veteranos
alzarán vuelos con recuperados bríos,
como aquel ave mítica y pájaro de fuego.
Tendrán casas alfombradas con claveles
y rosadas cestas colgantes,
en calles sin pedruscos y con Sol,
parques con glorietas y toboganes,
escuelas y parroquias para el cambio.
(y VIII)
En brisas de trompetas, hembras y varones
abatidos en estado emocional resurgirán
de pedazos de paredes rotas,
para reconstruir territorios asolados,
en el renacer de paz y progreso,
y entonces entonar, a viva voz: ¡felicidad, felicidad!
………………………….
El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y gremialista.
