Opinión
“Ellos tenían la razón”
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14 años agoon
UNIÓN EUROPEA.- En la década de los años 70 y 80, tras la persecución tenaz desatada por el régimen del Dr. Joaquín Balaguer contra la izquierda y cuantos sectores democráticos que existieses en cualquier área de la República Dominicana, en su mayoría estos decían que “EL PODER CORROPE” y al parecer tenían la razón.
Aquella época fue la más floreciente de todas, pues a pesar de que gran parte de los izquierdistas y jóvenes revolucionarios perdieron sus vidas en la lucha contra la remanencia trujillista encarnada en el propio Balaguer y los sectores más recalcitrantes del país, entre ellos: civiles, militares, policías o agentes del orden público, entre otros.
Aquellos tiempos parecían ingenuos, pues no había malicia, simplemente existía una sed de lucha por el regreso del sistema democrático a toda la nación y fue como muchos jóvenes no escatimaron en el intento de poder tener democracia y sobre todo las libertades públicas.
Fue como entonces el sátrapa régimen de Joaquín Balaguer desató una casería en contra de aquellos jóvenes, en esos hechos perdieron la vida, entre los que podemos señalar a Homero Hernández, Henry Segarra Santos, Otto Morales, Amín Abel Hasbún, Edison Stalin García Muñoz, Amelia Ricard Calventi, Sagrario Ercira Díaz Santiago, Maximiliano Gómez (El Moreno) Myriam Pinedo, estos dos últimos fueron asesinados mientras se encontraban en el exilio en Bruselas capital de Bélgica, en un hecho hasta la fecha no esclarecido. De igual manera fueron muchos los profesionales de la pluma que perdieron la vida durante la dictadura balaguerista, entre ellos Orlando Martínez, Gregorio García Castro, Plinio Díaz, estos tres fueron los más resonados.
De tal manera podemos señalar la caída del grupo llamado “La Resistencia o Los Palmeros” hoy más bien conocido como el “Grupo 12 de Enero” por ser la fecha en que fueron asesinados estando a la cabeza del mismo el destacado joven profesional y revolucionario Amaury Germán Aristy y sus compañeros de infortunios, Bienvenido Leal Prandy (La Chuta) Ulises Cerón Polanco y Virgilio Perdomo Pérez.
Recordamos también la persecución y muerte de Guillermo Rubirosa Fermín y sus compañeros de lucha, al igual que miles de jóvenes perdieron la vida durante esa época y los que no murieron, fueron encerrados en las diversas MAMORRAS del país, entre los más conocidos: Dr. Plinio Matos Moquete, Roberto Santana, Evelio Hernández, Fidelio Despradel, Jorge Puello Soriano (El Men) Rafael Chaljub, Rafael (Fafa) Tavéras, Chino Bujosa Mieses, Eligio Antonio Blanco Peña, Cástulo Toussaint García, Narciso Isa Conde, Rafael Gamundi Cordero, Iván Rodríguez, El Gordo Oviedo entre otros.
Otros estuvieron desterrados entre ellos: Juan Pablo Gómez, Héctor Peña Rijos, Radhamés Méndez Vargas, Harry Jiménez (El comandante Memo) Lorenzo Vargas (El Sombrerero) Miguel Santana, Amaury Justo Duarte y cientos de jóvenes más que también son dignos de mención, muchos de los cuales a pesar de la caída del régimen balaguerista nunca más volvieron residir en la República Dominicana.
Dentro del sindicalismo, recordamos a Luís Manuel Caraballo, Barbarín Mojica, Julio de Peña Valdez, así como también a un considerado grupo del sindicato POASI que siguen en este mundo, y aún no han tenido la misma suerte que muchos trabajadores del arte y la cultura de recibir una pensión digna para terminar los últimos días de sus vidas, quienes han corrido la misma suerte que los trabajadores del sector cañero dominicano y muchos otros más.
Quiero destacar que muchas de las personas ante mencionadas ya han muertos por enfermedad o por edad, pero con éste artículo quiero rendir homenaje a todos esos verdaderos revolucionarios.
Cuando nos referimos a que algunos de estos antiguos izquierdistas tenían la razón cuando decían que “El Poder Corrompe” nos basamos en la forma en que muchos de ellos pudieron escalar al poder gubernamental corrompiéndose vergonzosamente de manera directa o indirecta, y embriagado del poder se han hecho millonarios olvidanses de los legados por las cuales antes lucharon, de las cuales por razones ética preferimos no mencionar ningún nombre; un poder que ha sido producto de la herencia del balaguerato, según las palabras del propio presidente de la república y que con mucho orgullo dicen servir o mejor dicho, se hacen servir como si estuvieran buscando la recompensa del tirano régimen por el que tanto sufrieron tanto ellos como sus familiares y toda la nación.
Contrario a todo ellos, admiramos grandemente el comportamiento de aquellos que aún tomando en cuenta que no estamos en los mismos tiempos, sin embargo han mantenido una conducta intachable, como es el caso de Rafael Chaljub Mejía, Iván Rodríguez, Narciso Isa Conde, Jorge Puello Soriano y un reducido grupo que aún siguen manteniendo sus frentes en alto en la lucha revolucionaria, pero estamos seguros de que ofertas no les han faltado, porque como dice el refrán: si te quito del medio tendré el camino limpio para yo poder hacer mis andanzas y al enemigo se mata o se compra.
Que Dios ilumine a nuestra bella tierra y a nuestra gente y, recuerden que “el poder corrompe”.
Opinión
Un Estado puede ganar un enfrentamiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo la batalla contra el crimen.
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2 horas agoon
octubre 8, 2026Por Isaías Ramos
En las últimas semanas, decenas de personas han muerto durante actuaciones policiales calificadas como “intercambios de disparos”. El debate se ha concentrado, comprensiblemente, en determinar si esas actuaciones fueron legítimas, si hubo proporcionalidad en el uso de la fuerza y qué mecanismos pueden establecer con credibilidad lo ocurrido.
Son preguntas indispensables.
Pero hay otra que estamos formulando mucho menos:
¿Estamos desmontando el sistema que produce al delincuente o solamente neutralizando una de sus manifestaciones?
Esta controversia me recuerda una enseñanza que quedó especialmente presente en mí desde que tuve la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional Transformación Social y Educativa, vinculado al pensamiento del filósofo francés Edgar Morin.
Morin advertía sobre la “inteligencia ciega”: aquella que fragmenta la realidad, separa sus componentes y termina confundiendo el conocimiento de una parte con la comprensión del todo.
La criminalidad castiga severamente ese pensamiento simplificador.
El hombre armado que aparece en una esquina es apenas la expresión visible de un sistema mucho más amplio. Detrás pueden coexistir tráfico de armas, narcotráfico, microtráfico, lavado de activos, corrupción, financiamiento ilegal, reincidencia, abandono escolar, exclusión social, debilidades penitenciarias y territorios donde las instituciones han perdido capacidad preventiva.
Reducir semejante entramado al último individuo de la cadena constituye un error estratégico.
Porque si hoy cae un delincuente y mañana otro ocupa exactamente su lugar, no hemos desmontado el crimen.
Solamente hemos reemplazado una pieza.
Y mientras celebramos que una pieza cayó, la maquinaria que la incorporó, la utilizó y puede sustituirla sigue funcionando intacta.
Durante aproximadamente tres décadas, distintos gobiernos han administrado una sociedad que ha experimentado crecimiento económico y avances sociales, pero donde persisten brechas educativas, sociales, territoriales e institucionales.
El problema no es solamente cuánto se ha invertido en cada área, sino cuánto hemos sido capaces de articularlas.
Educación, protección social, seguridad, justicia, sistema penitenciario y prevención continúan funcionando demasiadas veces como compartimentos separados.
Ahí reaparece la advertencia de Morin: conocemos las partes, financiamos las partes y administramos las partes, pero perdemos de vista las relaciones que producen el fenómeno completo.
Entonces surge una contradicción preocupante: toleramos durante años condiciones que favorecen exclusión, violencia, economías ilícitas y ausencia de oportunidades y, cuando algunas de sus consecuencias finalmente aparecen armadas en nuestras calles, pretendemos enfrentarlas principalmente mediante fuerza policial.
La seguridad comienza mucho antes de que un policía tenga que sacar su arma.
Existe, además, una diferencia fundamental entre letalidad operativa y eficacia estratégica.
Una intervención policial puede neutralizar una amenaza inmediata y ser tácticamente exitosa. Pero la eficacia estratégica exige una pregunta mucho más importante:
¿Qué poder criminal perdió la sociedad después del operativo?
Un presunto delincuente capturado con vida puede convertirse, dentro del debido proceso, en una fuente de inteligencia criminal: identificar quién suministra las armas, quién financia, quién distribuye, quién recibe el dinero, quién protege la estructura y quién dirige niveles superiores.
Por eso no basta preguntar quién cayó.
Debemos preguntar:
¿Qué estructura descubrimos?
¿Qué red desmantelamos?
¿Qué información obtuvimos para impedir al próximo?
Un Estado verdaderamente fuerte no es aquel que solamente puede enfrentar a un hombre armado.
Es aquel capaz de investigar, capturar, obtener información conforme a la ley, seguir el dinero, rastrear las armas, identificar conexiones, judicializar responsables y reducir efectivamente el poder de las organizaciones criminales.
Nada de esto significa negar a los agentes policiales su derecho a defenderse ante una agresión real.
Tampoco significa asumir que toda muerte ocurrida durante una intervención policial constituye automáticamente una ejecución.
Precisamente por eso, cuando una persona muere por actuación de agentes del Estado, debe existir un procedimiento independiente y creíble capaz de establecer qué ocurrió.
Eso protege al ciudadano.
Y también protege al policía que actuó legítimamente.
Pero una política moderna de seguridad debe avanzar más.
Necesitamos inteligencia criminal integrada, capaz de conectar armas, personas, territorios, comunicaciones y organizaciones.
Necesitamos persecución financiera y judicial, porque una estructura criminal pierde verdadero poder cuando pierde su dinero, sus armas, su protección y sus mandos.
Y necesitamos prevención focalizada allí donde las redes criminales encuentran las condiciones para reclutar o sustituir continuamente a sus integrantes.
Por eso tampoco deberíamos medir la seguridad únicamente por muertos, detenidos u operativos realizados.
Debemos medirla por redes criminales desarticuladas, armas rastreadas, dinero ilícito intervenido, mandos identificados, funcionarios corruptos sometidos, reincidencia reducida y territorios recuperados.
El verdadero dilema nunca debió ser seguridad contra derechos.
Esa falsa dicotomía es, en sí misma, otra expresión de inteligencia ciega.
La República Dominicana necesita autoridad.
Necesita una Policía capaz de enfrentar el crimen.
Necesita justicia capaz de investigar y sancionar.
Necesita inteligencia capaz de anticipar las redes.
Necesita prevención capaz de reducir el reclutamiento.
Pero, sobre todo, necesita un Estado capaz de comprender que todas esas piezas forman parte del mismo sistema.
Porque neutralizar al delincuente puede resolver la amenaza de hoy.
Desmantelar las redes que reclutan y sustituyen al próximo es comenzar a resolver el problema del país.
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.Opinión
La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados
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2 horas agoon
octubre 8, 2026Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.
La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el 31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.
El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.
Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.
Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.
No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de esos crímenes por sus nacionales o en su territorio¨.
El objetivo de la disposición indicada anteriormente es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.
