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Opinión

“Ellos tenían la razón”

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UNIÓN EUROPEA.- En la década de los años 70 y 80, tras la persecución tenaz desatada por el régimen del Dr. Joaquín Balaguer contra la izquierda y cuantos sectores democráticos que existieses en cualquier área de la República Dominicana, en su mayoría estos decían que “EL PODER CORROPE” y al parecer tenían la razón.

Aquella época fue la más  floreciente de todas, pues a pesar de que gran parte de los izquierdistas y jóvenes revolucionarios perdieron sus vidas en la lucha contra la remanencia trujillista encarnada en el propio Balaguer y los sectores más recalcitrantes del país, entre ellos: civiles, militares, policías o agentes del orden público, entre otros.

Aquellos tiempos parecían ingenuos, pues no había malicia, simplemente existía una sed de lucha por el regreso del sistema democrático a toda la nación y fue como muchos jóvenes no escatimaron en el intento de poder tener democracia y sobre todo las libertades públicas.

Fue como entonces el sátrapa régimen de Joaquín Balaguer desató una casería en contra de aquellos jóvenes, en esos hechos  perdieron la vida, entre los que podemos señalar a Homero Hernández, Henry Segarra Santos, Otto Morales, Amín Abel Hasbún, Edison Stalin García Muñoz, Amelia Ricard Calventi, Sagrario Ercira Díaz Santiago, Maximiliano Gómez (El Moreno)  Myriam Pinedo, estos dos últimos fueron asesinados mientras se encontraban en el exilio en Bruselas capital de Bélgica, en un hecho hasta la fecha no esclarecido. De igual manera fueron muchos los profesionales de la pluma que perdieron la vida durante  la dictadura balaguerista, entre ellos Orlando Martínez, Gregorio García Castro, Plinio Díaz, estos tres fueron los más resonados.

De tal manera podemos señalar la caída del grupo llamado “La Resistencia o Los Palmeros” hoy más bien conocido como el “Grupo 12 de Enero” por ser la fecha en que fueron asesinados estando a la cabeza del mismo el destacado joven profesional y revolucionario Amaury Germán Aristy y sus compañeros de infortunios, Bienvenido Leal Prandy (La Chuta) Ulises Cerón Polanco y Virgilio Perdomo Pérez.

Recordamos también la persecución y muerte de Guillermo Rubirosa Fermín y sus compañeros de lucha, al igual que miles de jóvenes perdieron la vida durante esa época y los que no murieron, fueron encerrados en las diversas MAMORRAS del país, entre los más conocidos: Dr. Plinio Matos Moquete,  Roberto Santana, Evelio Hernández, Fidelio Despradel, Jorge Puello Soriano (El Men) Rafael Chaljub, Rafael (Fafa) Tavéras, Chino Bujosa Mieses, Eligio Antonio Blanco Peña, Cástulo Toussaint García, Narciso Isa Conde, Rafael Gamundi Cordero, Iván Rodríguez, El Gordo Oviedo entre otros.

Otros estuvieron desterrados entre ellos: Juan Pablo Gómez, Héctor Peña Rijos, Radhamés Méndez Vargas, Harry Jiménez (El comandante Memo) Lorenzo Vargas (El Sombrerero) Miguel Santana, Amaury Justo Duarte y cientos de jóvenes más que también son dignos de mención, muchos de los cuales a pesar de la caída del régimen balaguerista nunca más volvieron residir en la República Dominicana.

Dentro del sindicalismo, recordamos a Luís Manuel Caraballo, Barbarín Mojica, Julio de Peña Valdez, así como también a un considerado grupo del sindicato POASI que siguen en este mundo, y aún  no han tenido la misma suerte que muchos trabajadores del arte y la cultura de recibir una pensión digna para terminar los últimos días de sus vidas, quienes han corrido la misma suerte que los trabajadores del sector cañero dominicano y muchos otros más.

Quiero destacar que muchas de las personas ante mencionadas ya han muertos por enfermedad o por edad, pero con éste artículo quiero rendir homenaje a todos esos verdaderos revolucionarios.

Cuando nos referimos a que algunos de estos antiguos izquierdistas tenían la razón cuando decían  que “El Poder Corrompe” nos basamos en la forma en que muchos de ellos pudieron escalar al poder gubernamental corrompiéndose vergonzosamente de manera directa o indirecta, y embriagado del poder se han hecho millonarios olvidanses de los legados por las cuales antes lucharon, de las cuales por razones ética preferimos no mencionar ningún nombre; un poder que ha sido producto de la herencia del balaguerato, según las palabras del propio presidente de la república y que con mucho orgullo dicen servir o mejor dicho, se hacen servir como si estuvieran buscando la recompensa del tirano régimen por el que tanto sufrieron tanto ellos como sus familiares y toda la nación.

Contrario a todo ellos, admiramos grandemente  el comportamiento de aquellos que aún tomando en cuenta que no estamos en los mismos tiempos, sin embargo han mantenido una conducta intachable, como es el caso de Rafael Chaljub Mejía, Iván Rodríguez, Narciso Isa Conde, Jorge Puello Soriano y un reducido grupo que aún siguen manteniendo sus frentes en alto en la lucha revolucionaria, pero  estamos seguros de que ofertas no les han faltado, porque como dice el refrán: si te quito del medio tendré el camino limpio para yo poder hacer mis andanzas y al enemigo se mata o se compra.

Que Dios ilumine a nuestra bella tierra y a nuestra gente y, recuerden que “el poder corrompe”.

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Opinión

A Narciso Isa Conde, en sus 80 años

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Por Andrés L. Mateo

Una referencia paradigmática por su radical postura ante la injusticia, ante la impunidad y la desigualdad, ante la corrupción y la hegemonía del autoritarismo histórico del pueblo dominicano.

En mi vida, el nombre de Narciso Isa Conde es fundamental. A él debo muchas cosas. Y recuerdo los nombres de muchos otros para quienes también debería serlo.

Aprovechando su influencia y prestigio en los países del bloque socialista de entonces, impulsó un programa de becas multidisciplinaria que aprovecharon cientos de jóvenes que no contaban con la posibilidad de estudiar en universidades extranjeras. Yo fui uno de ellos. Y muchos más que tienen hoy ganados prestigios profesionales y tienen estatus económicos derivados de esos saberes aprendidos.

Pero Narciso es también una referencia paradigmática por su radical postura ante la injusticia, ante la impunidad y la desigualdad, ante la corrupción y la hegemonía del autoritarismo histórico del pueblo dominicano. Contra viento y marea. Sin contemplaciones, armando propuestas y dando la batalla en el terreno del pensamiento.

Son ya tantos los años de su existencia, como los de sus combates. Y es una suerte para el país que, al arribar a los ochenta, el pensamiento rectilíneo que le ha acompañado siga siendo tan lúcido y transparente como su vida.

!Quienes lo queremos,  apreciamos su valor, y nos regocijamos de su existencia!

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Opinión

Una pretensión Internacional Inaceptable

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Por Isaías Ramos

El pensar que un territorio, una raza, o un idioma define una nación es una grandísima aberración.

Cuando escuchamos a comunicadores, sobre todo del ámbito internacional referirse a nuestra isla, donde conviven dos culturas diametralmente opuestas, se nota un alto desconocimiento de la realidad de ambos pueblos.

Ese desconocimiento sería la única excusa posible para querer imponer a los pobladores de esta isla una camisa de fuerza que en el fondo ninguna de las partes persigue.

Este afán de unificación, de continuar, lo que hará es traer sangre, dolor y sufrimiento a ambas poblaciones.

Para verlo, solo debemos recordar cómo terminó la usurpación de nuestro territorio por los pobladores de la parte occidental de la isla.

Las pretensiones de imposición de una nación sobre otra siempre conlleva graves consecuencias.

Las poblaciones de ambos lados de la frontera siempre han actuado como el aceite y el agua; es decir, no existe posibilidad alguna de asumir una a la otra a menos que se imponga con métodos sangrientos.

De este lado somos una nación multi-raza, donde tenemos ADN nativo, Africano, Europeo, del Medio Oriente y Asiático.

Mientras, los pobladores Haitianos carecen de mezcla porque, de manera visceral, se les enseña a no aceptar ninguna otra raza.

Parte de esas enseñanzas han derivado en una renuencia hacia la población dominicana, justificada en la creencia de que los dominicanos son responsables de sus miserias, y llevando a sus pobladores a desconfiar hasta de la intención sana del pueblo dominicano.

De este lado continuamos abiertos a recibir extranjeros, siempre y cuando lleguen de manera legal y respeten nuestro territorio.

Por eso hoy en día somos una nación de los más variados cruces genéticos del mundo.

Del lado occidental eso es simplemente impensable.

Ellos se niegan a mezclar razas y culturas, por lo que debemos de respetar su forma de vida, siempre y cuando no perjudiquen a nuestra nación.

Debido a la reacción pasiva ante esta invasión silenciosa que estamos siendo víctimas, fruto de gobernantes inescrupulosos que se hicieron los graciosos con organismos internacionales y potencias extranjeras, hoy tenemos un enorme monstruo migratorio.

Este monstruo, de continuar creciendo, creará una segregación social que podría terminar en hechos violentos y sangrientos.

Esto es precisamente lo que debemos evitar, realizando un programa de desalojo ordenado, humano y acorde a cumplir con nuestras leyes y nuestra constitución.

La comunidad internacional debe recibir un mensaje claro de nuestro lado de que no permitiremos una fusión o invasión territorial bajo ningún pretexto.

Las naciones no se imponen, ni siquiera cuando exista lengua, raza, territorio y religión en común, que no es el caso en cuestión.

Para eso se requiere una voluntad de estar unidos bajo un propósito y un fin de convivencia en los valores y principios que nos definen.

No debemos permitir que nos echen en el mismo saco por el simple hecho de habitar una misma isla.

No existen intereses comunes para crear esos principios espirituales que le dan origen a una nación.

Hoy más que nunca nos toca trabajar para refundar esta patria, bajo ese legado que nos dejaron nuestros libertadores sin intrusos que perturben nuestra paz.

Es tener la voluntad por hacer realidad ese sueño inconcluso que ha sido imposible porque hemos sido a sometidos por los traidores una y otra vez.

Es unificar ese pasado con nuestro presente y esa herencia que recibimos.

Tal herencia no la podemos ignorar, desperdiciar y mucho menos abandonar, porque simplemente malos dominicanos nos hayan entregado a la merced de intereses de organismos y potencias extranjeras, que no conocen nuestro arraigo y nuestra fuerza.

No permitamos que esta nación continúe a la deriva, como un barco que no sabe dónde ir.

Buscar ese rumbo conlleva esfuerzo y sacrificio, que debemos asumir en busca de nuestra libertad y paz.

De lo contrario nos espera mucho sufrimiento, dolor y sangre.

No perdamos de vista el sacrificio y la sangre derramada de los que lograron liberar esta patria tantas veces.

No continuemos alimentando a esos traidores que han logrado casi su propósito. Rescatemos este pueblo y defendamos nuestro territorio, para preservar lo que nuestros antepasados conquistaron.

A Duarte le tocó fundar la patria, a Luperón restaurarla.

Ahora nos toca a nosotros refundarla. De lo contrario estamos condenados a perecer.

Trabajemos juntos para lograr ese país que la mayoría soñamos, con ciudadanos respetuosos a Dios, amantes de la patria y defensores de la libertad.

Una nación que sea sinónimo del orden, la justicia y la igualdad, ante la ley y las oportunidades.

RD si puede!

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Opinión

 Declaración de Paz   y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

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Por Rommel Santos Díaz

La relación de la  Declaración de Paz y Cese de Guerras (DPCW)  con el Consejo de Seguridad de las  Naciones Unidas  es bastante evidente y objetiva  en lo referente al nivel de autoridad del Consejo en la estructura de las Naciones Unidas. En ese orden  la DPCW, por sus siglas en inglés  reconoce  la capacidad sancionadora a los Estados del referido Consejo.

La Declaración de Paz y Cese de Guerras  DPCW)  pretende ser una guía para  la búsqueda de la paz  a través de las acciones de los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas  y su Consejo de Seguridad  en todo el mundo, de ahí  su gran  importancia  para los actores  de la Sociedad Civil , y las Organizaciones No Gubernamentales.

En la Carta de la Organización de las Naciones Unidas está bastante claro el mandato del Consejo de Seguridad  respecto  a la paz, quebrantamiento de esta  o un acto de agresión  por parte de algún Estado miembro de la ONU, indicando  cuáles medidas  podría tomar para  mantener  la paz y la seguridad internacionales.

La Declaración de Paz y Cese de Guerras (DPCW(  es un documento  de complementariedad directa  al  sistema de  paz y seguridad  de las Naciones Unidas  y  su Consejo de Seguridad  en la interacción  de los Estados  hacia la construcción de la paz a nivel mundial. En ese tenor  la relación estrecha  entre la DPCW  y el rol  del Consejo de Seguridad  constituyen  dos pilares  vitales  para la promoción de la  paz y la seguridad internacionales.

Según  el texto o  de la Declaración de Paz y Cese de Guerras (DPCW)  todas las medidas  tomadas  por los Estados en  cuanto  al ejercicio  de  sus  derechos a la defensa  propia  deberán  ser  reportadas de manera  inmediata  al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La Declaración de Paz y Cese de Guerras  (DPCW) , plantea  que el reporte de las medidas  tomadas  por los Estados al Consejo de Seguridad  no deben  de ninguna forma afectar  la autoridad y la responsabilidad  bajo  la Carta de las Naciones Unidas.

De acuerdo a la Declaración de Paz  y Cese de Guerras (DPCW)  , el Consejo de Seguridad  de las Naciones  Unidas  podrá  tomar en cualquier momento  las acciones  que considere necesarias  para mantener el orden  o para restaurar  la paz  y la seguridad internacionales.

La Declaración de Paz y Cese de Guerras (DPCW)  como instrumento  de prevención  de la paz  y la seguridad  internacionales, al igual que el Consejo de Seguridad , señala  que  este último, bajo la Carta  de las Naciones Unidas podrá  decidir  que medidas  que no impliquen el uso de la fuerza  armada  han de emplearse para hacer efectivas  sus decisiones , y podrá  instar  a los Miembros de las Naciones Unidas  a que apliquen dichas medidas  , que podrán comprender la interrupción total o parcial de las relaciones económicas  y de las comunicaciones  ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, radioeléctricas, y otros medios  de comunicación , asi como la ruptura  de relaciones diplomáticas.

La relevancia de la Declaración de Paz y Cese de Guerras  (DPCW)  y su relación con las atribuciones del Consejo de Seguridad , bajo la Carta de la Organización de las Naciones Unidas  hace  que  sea un documento de obligada referencia  para los Estados al momento de formular políticas publicas en materia de paz y  promoción de los derechos  humanos  como fundamento de la  democracia  y de la consolidación de un verdadero  Estado de derecho  con libertad de expresión de las creencias  religiosas  en un mundo globalizado.

rommelsantosdiaz@gmail.com

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