Por Elba García
Hace algunos años atrás que existía la percepción de que algunas instituciones públicas habían tenido avances importantes en lo referente a su operatividad, pero en realidad lo que se ha producido es un retroceso que resulta más que preocupante.
La eficiencia en vez de aumentar con la tecnología lo que hace es disminuir y este fenómeno puede ser observado en instituciones como la Junta Central Electoral (JCE).
En los últimos días las personas que acuden en búsqueda de un servicio en este importante órgano, han tenido que sufrir una deficiencia que parece fuera de toda lógica.
El hecho de que la JCE maneje cuestiones tan delicadas y estratégicas de la vida nacional, como la organización de las elecciones, el registro civil y la expedición de la cédula de identidad personal y electoral, es más que preocupante el desorden y el caos jerarquizados que se pueden ver allí.
Es como si el país estuviera volviéndose loco, porque en la JCE no parece haber seguridad de nada y cuyo personal nunca tiene la certeza de la información a ofrecer.
Solicitar una información a través de la Ley 200-04 es una odisea que frustra a cualquier ciudadano, porque prácticamente no se recibe ninguna respuesta, pero peor aún si se intenta establecer alguna comunicación telefónica con su personal.
Es un cuadro que para creerlo habría que vivirlo, porque se trata de un verdadero caos institucionalizado y jerarquizado, donde todo puede ocurrir.
No hay forma de conseguir una información o documento con la celeridad que muchas veces requiere la circunstancia, ya que hasta una certificación de defunción para fines de una determinación de herederos es como una misión imposible.
Pero peor son las cosas cuando se demanda alguna constancia de cuestiones que son más delicadas, como ejemplo los documentos que depositan allí los partidos políticos, cuya mayoría, por no decir todos, se han dedicado a falsificar comprobantes de gastos que nunca han hecho y de ese modo crear mecanismos para enriquecer a determinados individuos.
La debilidad en esta materia es tan importante en la JCE que ahí no hay ningún control de los fondos que otorga el Estado a través de la Ley 33-18, lo cual lleva a muchos ciudadanos a pensar en la posibilidad de crear un partido como si fuera un ventorrillo o una sociedad comercial para beneficiarse de la corrupción que arroba la política nacional.
El problema va de lo pequeño a lo grande en la Junta Central Electoral (JCE), tanto es así que lo que se observa allí como que no ofrece la seguridad de que el país pueda tener las autoridades que legítimamente se merece.
En la Junta Central Electoral (JCE) lo más sencillo parece algo muy grande e incluso cualquiera se lleva la impresión que sus dependencias municipales ofrecen más seguridad que la sede nacional, aunque en lo referente a mucho de su personal podría asegurarse que si se mide el país por esos estándares fácilmente se llega a la conclusión de que ha colapsado totalmente.

Mostrando renovación de su cédula
Lograr una respuesta y la documentación necesaria para cualquier proceso es lo de nunca terminar y el personal de la JCE parece estar especializado para orientar a los que buscan servicios de exactamente aquellas cosas que no conocen y en consecuencia les complican la vida al ciudadano.
Debe decirse que estas deficiencias no son exclusivas de la JCE, sino que es un problema integral y transversal a todos los órganos y entes del Estado dominicano, pero lo penoso de esta realidad es que la tendencia es a empeorar en vez de mejorar porque las exigencias son cada día mayores.
La Junta Central Electoral (JCE) es un buen espejo para medir el fracaso que constituye la vida institucional del país, sobre todo en lo que respecta a la mejoría de los niveles de eficiencia que se hacen tan vitales e imprescindibles para tener una nación que en vez de que retroceda avance para que el país se ubique en el contexto de un verdadero crecimiento y desarrollo nacional.