Por Elba García
El Pleno de la Suprema Corte de Justicia acaba de confirmar que la República Dominicana está ante un fiasco de un órgano que tiene una misión y una función tan delicada en una sociedad que carece de todo y ahora también de un sistema de justicia mínimamente creíble.
La decisión tomada frente a las recusaciones de cinco jueces, incluido el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Luis Henry Molina, luego de que se comprobara que éste fue parte de la campaña de uno de los imputados del caso Odebrecht durante el año 2016, quien recibió fondos de la multinacional para sus aspiraciones de seguir como senador por la provincia de San Cristóbal.
Ese vínculo del presidente del más alto tribunal de justicia del país tiene el agravante que los fondos usados en esa campaña, por lo menos en las aspiraciones del senador de San Cristóbal, Tommy Galán, fueron donados por la corruptora Odebrecht.
La cuestión es tan delicada que esos fondos impactaron de manera directa a todo el que estuvo involucrado en esa campaña electoral, principalmente al hoy presidente de la Suprema Corte de Justicia, quien se desempeñó como coordinador de la misma.
El argumento de los jueces es realmente risible, porque la discusión no tiene nada que ver con un asunto ideológico como dijeron, sino con una cuestión de intereses y ético-moral, pero además estos magistrados envían un mensaje muy equivocado en virtud de que los que están recusados deliberaron para liberar a sus colegas de la situación.
La SCJ estaba en un problema legal muy grave en razón de que la cantidad mínima de jueces que puede deliberar frente a la recusación en contra de algunos de ellos, no puede ser menor de 12, pero sólo habían 10 hábiles, lo cual requería recurrir a jueces de las cortes de apelación que es un grado inferior en el sistema de justicia.
En consecuencia, el razonamiento lógico ante tal irregularidad es que la decisión tomada es totalmente nula, porque ha sido evacuada por magistrados que no están hábiles para tal cosa, planteándose un serio problema técnico-jurídico y de la normativa procesal.
El caso que se ha presentado está claramente explicado en el artículo 78 del Código Procesal Penal, el cual especifica las razones de cualquier recusación
Este proceder al margen de la ley mantiene muy preocupada a la sociedad dominicana, donde los órganos del Estado que deben velar por el estado de derecho son manipulados y puestos al servicio del partidarismo político.
Con estas acciones y la indiferencia mostrada por los demás poderes del Estado se constituye en una amenaza que pone en cuestionamiento todo el ordenamiento jurídico nacional, cuyas bellaquerías son impulsadas por los propios dirigentes de los partidos políticos.
Parece servir de muy poco la Ley Orgánica de la Suprema Corte de Justicia que frente al caso que genera la situación denunciada, el juicio de fondo del caso Odebrecht, plantea que la República Dominicana no ha avanzado prácticamente nada en términos de institucionalidad, lo cual podría tener un impacto demoledor para la economía nacional.
La decisión emanada del pleno de la Suprema Corte de Justicia plantea que su presidente sólo tiene una opción como miembro de ese tribunal colegiado y es fallar con una condena en contra de los procesados, porque de lo contrario seria mucho mas profundo y de características diferentes el reclamo que puede hacer el ciudadano.
En los últimos años los gobiernos, sobre todo el del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), se muestran resistentes a los reclamos de la sociedad civil y de los poderes fácticos, algunos de los cuales, si bien son prácticamente cómplices de los atropellos y violaciones al sistema de justicia, los demás en algún momento han mostrado su preocupación por el fenómeno.
Desde hace algunos años amplios sectores de la vida nacional cuestionan el comportamiento del Ministerio Público, que depende directamente del Poder Ejecutivo, pero ahora se agrega la Suprema Corte de Justicia, lo cual pone en cuestionamiento toda la judicatura nacional.