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Editorial

Es Saludable la Corrección del Entuerto.

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El presidente de la República Dominicana ha permitido respirar por lo menos un poco de aire puro en el contaminado ambiente social y moral que afecta a todo el país.

La rectificación del presidente Medina aporta un granito de arena para borrar de la sociedad dominicana la creencia generalizada de que lo que pertenece al Estado no es de nadie y que en consecuencia cualquiera se puede apropiar de los bienes públicos sin el menor riesgo de ser sentado en el banquillo de los acusados.

La negociación con los que cometieron el gran fraude en Bahía de las Águilas constituyó una legitimación y legalización del hurto del patrimonio público, cuyos falsos propietarios eran premiados por nada más y nada menos que el jefe del Estado dominicano, el presidente Danilo Medina.

Esa decisión ya prácticamente se convertía en el lastre más pesado para un hombre que habló durante toda la pasada campaña electoral de transparencia y de persecución de la corrupción.

Sin embargo, la presión de las organizaciones sociales y de los medios de comunicación social hicieron que el presidente Medina reconsiderara la decisión de beneficiar a falsificadores, cuyo mensaje de semejante negociación era la legalización del fraude que hoy arropa a toda la República Dominicana, convirtiéndose en una verdadera cultura.

La negociación fue una especie de institucionalización del robo, de la apropiación de lo ajeno, de lo que pertenece a todo el pueblo dominicano.

Semejante disparate nunca debió ocurrir, el cual constituyó y aún constituye el principal error del Gobierno, porque no se entiende cómo el presidente pudo incurrir en semejante contrasentido, sobre todo si se atribuye la rectificación a la presión ejercida por la sociedad civil, la oposición y los medios de comunicación social.

No sabemos como el presidente pudo cometer semejante torpeza e incluso atribuyéndole al Estado la incapacidad para buscar una solución al problema sobre la base de lo que establece el ordenamiento jurídico.

Ahora lo que se impone es la continuación del juicio penal que se les conoce a los involucrados en la apropiación ilegal de los terrenos ubicados en Bahía de las Águilas.

Sencillamente la procuraduría general de la República, instancia superior del ministerio público, debe jugar su papel de acusador y persecutor de los estafadores de la Bahía de las Águilas con el propósito de que reciban la sanción que establecen las leyes penales de la República Dominicana, a fin de sentar un saludable precedente en contra de aquellos que tienen la convicción de que apropiarse del patrimonio público no tiene ningún riesgo de recibir la sanción que manda el sistema de justicia.

Bien por el presidente Medina.

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Editorial

La vida pasa, pero el legado permanece

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La existencia humana es transitoria. El poder termina, las riquezas cambian de manos y las generaciones se suceden. Sin embargo, nuestras acciones pueden dejar huellas que trascienden el tiempo.

En una sociedad donde frecuentemente se confunde el éxito con la acumulación de bienes y el reconocimiento público, resulta necesario reflexionar sobre el verdadero sentido de nuestra existencia.

El valor de una vida no debería medirse por lo que acumulamos, sino por el bien que hacemos, los valores que transmitimos y las oportunidades que creamos para los demás.

La República Dominicana necesita comprender que construir un legado también significa fortalecer la educación, defender la justicia, actuar con honestidad y asumir responsabilidades frente a las futuras generaciones.

Porque, cuando llegue el momento de partir, lo verdaderamente importante no será cuánto tuvimos, sino cuánto contribuimos a mejorar el mundo que dejamos.

La vida pasa, pero el bien que sembramos puede permanecer.

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Editorial

El triunfo de Lula y el debilitamiento de la influencia de Trump en América Latina

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La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil constituye un acontecimiento de extraordinaria trascendencia política para América Latina, no solamente porque garantiza la continuidad de un gobierno progresista en la principal economía de la región, sino porque representa un significativo revés para el bolsonarismo y las aspiraciones de influencia regional del presidente estadounidense Donald Trump.

La derrota de Flávio Bolsonaro, heredero político del expresidente Jair Bolsonaro, estrechamente vinculado al mandatario norteamericano, demuestra que el respaldo de una potencia extranjera y las afinidades ideológicas no garantizan el triunfo electoral ni sustituyen la voluntad soberana de los pueblos.

Este resultado adquiere mayor relevancia en momentos en que varios gobiernos latinoamericanos cercanos a Washington enfrentan crecientes cuestionamientos ciudadanos. En Argentina, Javier Milei registra importantes niveles de rechazo, mientras que en Chile, José Antonio Kast, y en Ecuador, Daniel Noboa, afrontan dificultades para mantener la confianza de amplios sectores de sus respectivas poblaciones.

Aunque cada nación presenta circunstancias económicas, sociales y políticas particulares, existe una lección común: los ciudadanos no pueden alimentarse de discursos ideológicos ni resolver sus necesidades mediante alianzas internacionales que no se traducen en beneficios concretos.

La inflación, la inseguridad, el desempleo, la desigualdad y el deterioro de las condiciones de vida terminan imponiéndose sobre cualquier estrategia de propaganda o confrontación política.

Sin embargo, sería prematuro interpretar la victoria de Lula como el inicio inevitable de una derrota generalizada de la derecha latinoamericana. Tampoco significa que la izquierda tenga asegurado el respaldo popular. El propio resultado brasileño evidencia una sociedad profundamente dividida y un electorado que exige respuestas a sus problemas cotidianos.

Lo verdaderamente significativo es que Brasil ha reafirmado su capacidad para decidir su destino político, manteniendo un importante contrapeso frente a los intentos de ampliar la influencia ideológica de Washington en la región.

Donald Trump conserva un considerable poder internacional, pero su influencia tiene límites cuando se enfrenta a la voluntad democrática de sociedades que defienden sus propios intereses.

América Latina necesita gobiernos comprometidos con el desarrollo económico, la justicia social, la institucionalidad democrática y la independencia de sus decisiones. No requiere dirigentes cuya principal fortaleza política sea la cercanía con una potencia extranjera.

El triunfo de Lula deja una enseñanza que debería resonar en todo el continente: la soberanía no se negocia, la confianza ciudadana no se hereda y ningún liderazgo extranjero puede sustituir el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro.

La verdadera legitimidad de un gobierno no depende de quién lo respalde desde el exterior, sino de su capacidad para responder a las necesidades y aspiraciones de la sociedad que lo eligió.

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Editorial

LA PREVENCIÓN NO PUEDE COMENZAR DESPUÉS DE LA TRAGEDIA

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La tragedia de la discoteca Jet Set, que dejó 236 fallecidos y más de 180 heridos, debe convertirse en un punto de partida para revisar la seguridad de las edificaciones en República Dominicana. La protección de la vida humana no puede depender de la improvisación ni de que ocurra una desgracia para que las autoridades actúen.

La decisión judicial de modificar la calificación jurídica del caso hacia el homicidio voluntario sustentado en el dolo eventual abre un importante debate sobre la responsabilidad penal de quienes, conociendo riesgos estructurales graves, permiten que sus establecimientos continúen funcionando sin adoptar las medidas necesarias.

Aunque corresponde a los tribunales determinar la responsabilidad de los imputados, respetando la presunción de inocencia, el caso plantea una interrogante nacional: ¿cuántas edificaciones presentan deterioro, sobrecargas o modificaciones estructurales que podrían poner en peligro a sus ocupantes?

El Estado tiene la obligación de fortalecer la supervisión de los inmuebles, especialmente aquellos donde se concentran grandes cantidades de personas. Pero esta responsabilidad también corresponde a propietarios, administradores y comunidades de condominios, conforme a sus obligaciones legales.

No basta con aprobar planos y otorgar permisos de construcción. Se necesitan inspecciones periódicas basadas en criterios de riesgo, mantenimiento preventivo y medidas correctivas oportunas.

La seguridad estructural no debe considerarse un gasto opcional, sino una inversión indispensable para proteger vidas.

La República Dominicana no puede permitir que las advertencias técnicas sean ignoradas hasta que se produzca una tragedia. El caso Jet Set debe impulsar una verdadera cultura de prevención, fiscalización y cumplimiento de las normas.

Porque la responsabilidad de proteger vidas comienza mucho antes de que un edificio se desplome.

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