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El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ratifica su carrera de la imposición de antivalores a la sociedad.

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Con apenas algunos meses fuera del poder, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) no se detiene en la promoción y hasta de la imposición de falsos valores a la sociedad dominicana, ya que después de comprobarse que es uno de los más corruptos del país pretende perpetuar en su dirección a los que han preconizado esta aberración como estilo de vida.

Pese al interés de los peledeístas de proyectar el gobierno de Danilo Medina como uno de éxito en la administración pública, lo cierto es  que ha quedado más que demostrado que la corrupción en su administración traspasó hasta la frontera de su familia, cuyos dos de sus hermanos hoy tienen medidas de coerción por su comportamiento frente al patrimonio nacional.

Danilo asumió su nuevo rol como presidente del PLD luego de la escogencia de los miembros de los comités Central y Político, cuyos seleccionados responden a los lineamientos del exmandatario, quien ha salido muy mancillado de una gestión de gobierno salpicada por una serie de escándalos de malversación de fondos públicos.

En estos momentos el escenario nacional para la mayoría de los partidos políticos, tanto de izquierda como de derecha, luce bastante feo por el comportamiento de unos y otros, cuya conducta ha dejado mucho que desear por su falta de disciplina, carencia de compromiso con el interés nacional y la ausencia de ética y de metodología de trabajo.

El futuro político de Danilo Medina parece muy incierto, sobre todo a partir del estilo del PLD de hacer política en el país, fundamentada en el clientelismo y de una corrupción que ha dejado huellas imperecederas en la sociedad con daños de una gran dimensión en lo que se podría llamar la moral social.

Sin embargo, la lucha de los partidos políticos nacionales es por promover como lógicos y naturales los comportamientos que tienen que ver con el robo del patrimonio público y el descaro de enriquecer con sumas multimillonarias a familiares y allegados.

El rol que se le ha otorgado a Danilo Medina obedece a que en el país la corrupción es parte de una cultura nacional, cuyos promotores reciben sus compensaciones con liderazgos que no se merecen y que envían un mensaje equivocado a las presentes y futuras generaciones.

De cualquier modo, el expresidente se mueve entre una serie de lisonjeros que no ven más allá de los beneficios económicos y políticos recibidos y para ellos este supuesto líder constituye un ejemplo porque permitió que se llenaran sus bolsillos de dinero ajeno.

Lo grave del asunto que caracteriza el liderazgo  asumido por Danilo Medina es que los demás altos dirigentes del resto de los  partidos también adolecen en su mayoría de los mismos defectos de éste, como ejemplo Leonel Fernández, un experto en buscarle solución a la problemática nacional sobre la base de una doble moral y de una teoría que consiste en promover el mismo comportamiento.

Igual hay que decirlo de los que presiden al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), al Partido Revolucionario Moderno (PRM) y al Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), cuyos lideres de este último se mueven en el escenario nacional para pegarse como chinchas al mejor postor.

El asunto se complica cuando se analiza la conducta de los demás pequeños partidos políticos, los cuales no son más que negocios de particulares que a través de ellos se malgastan grandes recursos del erario sobre la base de promover los mismos valores y comportamientos.

En pocas palabras, la maquinaria de la corrupción ha arropado prácticamente todo el tejido social y la lucha para erradicar este anti valor, tal vez tome muchas décadas a partir de un trabajo de adecentamiento nacional que involucre el sistema educativo, los medios de comunicación social y el liderazgo religioso .

El cambio obligado de los políticos sólo estará determinado por lo que parece tomar cuerpo en la sociedad que no es más que el empoderamiento ciudadano para que éste se convierta en un dique de contención en contra de los antivalores ya solidificados en la gente que ve como normal lo que daña a su familia, a sus hijos y a toda la colectividad.

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Una intensa lucha por convertirse en títere de una potencia que desprecia el respeto que impone la dignidad humana.

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El chantaje de visas por dignidad y un control político, económico y social a ultranza define hoy día la fuerza y el poder de una nación, donde prevalece el criterio «conmigo o con nadie».

La administración del presidente Donald Trump sólo entiende de la fuerza, de las armas y de todo mecanismo de romper con relaciones armoniosas con los demás Estados.

En ese trance está sometida Venezuela y todos los demás países del llamado primer, segundo y tercer mundo, cuyas reglas del juego es el sometimiento a la voluntad de los Estados Unidos de América.

Sin embargo, donde la prenda preciosa de la dignidad humana parece esfumarse es en Venezuela, ya que gobierno y oposición rinden pleitesías a Trump para en la competencia de ver quién resulta más gracioso o más títere a favor de los planes de dominación de la potencia del norte.

Es impresionante ver como gobierno y oposición están dispuestos a dar alma y corazón a Trump para entregarse sin límites y servir sin condicionamiento a los intereses que mancillar su dignidad como si se tratara de cualquier mercancía

El escenario escogido es la Casa Blanca, donde acuden o por lo menos comunican su disposición de entregarse a cambio de lo que sea para rendirse ante los pies de quien se expresa con aires de emperador.

Ahora quien acudió al Reynaldo de Trump fue María Corina Machado, quien es Premio Nobel de La Paz, sin haber pacificado nada, pero que busca complacer al jefe de Estado norteamericano en su afán de ser favorecida con el referido reconocimiento

Es la lucha y el vencimiento de la irracionalidad sobre los principios que se suponen deben prevalecer en un mundo que hace siglos que pasó de la barbarie a la civilización.

Machado llegó a la Casa Blanca con el premio muy bien adornado para hacerlo extensivo a Trump en su lucha sin límites por ser títere.

El asunto no tiene fronteras y lo mismo ocurre en cualquiera de los continentes que conforman el mundo, cuyo sometimiento deja muy claro lo vulnerable del planeta.

La era Trump ha impuesto la regla del más fuerte dejando atrás el supuesto respeto  del derecho internacional y constitucional.

La era Trump no sólo ha relegado a un segundo plano el derecho, sino también la razón y en consecuencia las reglas de una buena democracia.

Todo ser define la fuerza y el poder con que cuenta, mientras que el que no tiene los mismos sólo tiene la opción de plegarse y convertirse en un títere gracioso ante el imperio.

El Instituto Oslo advirtió a Machado que el premio es intransferible como forma de evitar que la política venezolana hiciera lo  que hizo con Trump.

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Pretensiones imperiales toman tanto impulso en era trumpista que borra del mapa derecho internacional

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El mundo atraviesa por grandes tensiones como resultado de las no disimuladas acciones de la administración Trump de retornar el planeta a una selva en la que no se respetan derechos, no sólo de las personas físicas, sino también de los Estados.

Hablar después de lo ocurrido en Venezuela con la incursión militar de EE.UU. para la aparente aprehensión de Maduro, cuyo real  trasfondo es apropiarse de sus riquezas naturales, principalmente del petróleo,  implica tocar un tema que se pensaba superado sin que existan argumentos válidos para justificar   esa conducta al margen de la ley y de la civilización.

En pleno siglo 21 que un Estado ocupe el territorio de otro es una medida al margen del derecho internacional contenido en tratados y convenciones y muy concretamente en la Carta de la ONU, pero lo que ha importado muy poco para la administración Trump.

Y ello crea una situación que pone en peligro los territorios soberanos que conforman el mundo y que justificarla o tolerarla mínimamente conlleva que las diferentes sociedades se rijan por la Edad de Piedra en la que el más grande se traga al más chiquito, cuya opción parece predominar en los Estados Unidos, donde luce que se impone  la irracionalidad y la falta de razonabilidad.

La vulneración de las fronteras toma tanta fuerza que ahora la administración Trump habla de que por razones de seguridad debe tomar por la fuerza a Groenlandia, isla autónoma de Dinamarca y de igual manera amenaza a  Colombia y México mediante la excusa de combatir el narcotráfico.

Lo preocupante del fenómeno es que los medios de comunicación y una serie de gobiernos justifiquen el apresamiento de Maduro y en consecuencia den luz verde a la intervención de un Estado en contra de otro que se supone que debe tener sus propios mecanismos de solución de cualquier distorsión del Estado Social Democrático  de Derecho.

Las acciones ilegales del imperio del norte toman tanta fuerza que ya el tema se aborda como si se hablara de una acción legal y legítima, lo cual lleva a la normalidad decir que ahora funcionarios estadounidenses tendrán el control de Venezuela.

Este peligro no sólo se observa en los actuales momentos en que Maduro, un presidente seriamente cuestionado por la comunidad internacional, pero cuyo apresamiento es ilegal desde cualquier perspectiva que se vea, esta recluido en una cárcel de Nueva York tras un secuestro de una Estado que no es el suyo, el cual se supone que, es en todo caso, es el que debe enjuiciarle.

De manera, que una o varias acciones ilegales no pueden generar otras de igual naturaleza las cuales no se apoyan en derechos, porque entonces se entra en una violación y contradicción con el derecho internacional.

Hay una famosa expresión muy popular que dice que se amuela cuchillo para su propia garganta, la cual es aplicable en el presente caso,  lo que pone en una situación muy difícil a los gobiernos que se prestan a ese juego como la República Dominicana y otras naciones de los hemisferios occidental y oriental, cuyas soberanías están hoy muy mancilladas.

Son  tantos los controles imperiales de la era trumpista, que la sola amenaza de violar la soberanía de los territorios de paises que se suponen libres, surten unos efectos que no disminuyen con la presión mediática o a través de organismos de concertación pública de carácter internacional.

Inexplicablemente este comportamiento hegemónico ilegal se empodera, mientras el derecho internacional muere sin que los países víctimas den una respuesta en bloques como una forma de sustentarse en la herramienta que lo salvaría de la barbarie como lo constituye el derecho internacional.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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