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Opinión

Hasta el comandante Fidel Castro fue engañado por el simulador Leonel Fernández, Y…a Bosch, ni se diga.

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Por Miguel Espaillat G.
*Primera parte de dos.
En marzo de 2009, el comandante Fidel Castro publicó una más de sus reflexiones, en la que hizo positivas alusiones a Leonel Fernández:
“Conmigo habló de sus primeros esfuerzos por incrementar la capacidad de generar electricidad con mucho menos consumo de fuel oíl, cuyos precios crecían rápidamente”.
“Tuvo la suerte de que su madre seguía de cerca los problemas de su patria, y le trasmitía opiniones y criterios revolucionarios que lo condicionaron para los nuevos tiempos que vivía el pueblo dominicano”.
“Por vías diferentes a las mías llegó a criterios propios, que determinaron su actitud ante situaciones que eran parecidas, y a la vez muy diferentes, a las que yo viví 23 años antes en Cuba”.
“Donde la conversación con Leonel adquiere su mayor dimensión es cuando entra en el tema del costo de la actual crisis. A partir de ese instante, su mente no cesa un minuto de elaborar razonamientos, para expresar con cifras exactas cada uno de los capítulos principales del costo de la actual crisis”.
En este caso se limita a lo que la crisis cuesta en Estados Unidos. Comienza el cálculo de lo que a su vez cuesta a los países de Europa, primero a los de la eurozona, que son apoyados por el Banco Central europeo, después los de todos los países del Este Europeo y por último Gran Bretaña y Suecia.
Sin detenerse – continua Fidel – Leonel pasa a revisar los costos en los países del resto del mundo. Hace comparaciones entre el PIB de Estados Unidos y las demás naciones. Los suma todos. Calcula los déficits planteados en cada una de ellas.
Pasa a calcular los préstamos que llevan a cabo los bancos para sostener la producción de cada una de las empresas productivas, las veces que prestan el dinero depositado en los bancos, las sumas del total de préstamos generadores de derivados tóxicos, y el ascenso a cifras que equivalen a cientos de trillones de dólares.  La especulación financiera impera por doquier, afirma Leonel.
«En la especulación actúan personas que no producen. Alguien vende un petróleo que no produce y alguien compra un petróleo que no piensa consumir. Ocurre lo mismo con los alimentos.  Así ocurre con todo.  La hipoteca se convierte en un título que se comercializa en el mercado, sin que el dueño de la casa lo sepa. Puede perder su vivienda en virtud de una operación que se realiza en un país distante. El neoliberalismo se desmorona por sí mismo. Volver a los principios del keynesianismo no resuelve la crisis actual. Eso implica la búsqueda de nuevas ideas”.
El Comandante sigue comentando la conversación.  Leonel sabe que las cifras son abrumadoras, le preocupa la necesidad de que tales sumas sean comprendidas aunque parezcan absurdas y promete seguir suministrando datos.
Yo definiría la tesis de Leonel tal como él ve las cosas: “el capitalismo es un sistema que suda toxinas venenosas por todos los poros”.
Con la pasión con que su voz se escucha, deduzco que los yanquis maldecirán la aritmética que le enseñaron a Leonel en Nueva York, cuando aprendió a leer y escribir.
Enarbola con fuerza la idea, de que en los fondos sociales de los países de América Latina, los descuentos de los salarios reales de los trabajadores constituyen una fuente de capital que, manejado por el Estado, acumula recursos que no pierden valor, por cuanto éste crece cada año que invertidos en viviendas y otros servicios decisivos de la población, descontando una parte real del trabajo vivo que se invierte cada año en ellos, el valor de tales fondos crecería continuamente.
Tal vez de este modo se comprende mejor mi interés en conversar con Leonel a la luz de los tiempos actuales.
Comprendo la angustia de Leonel cuando medita seriamente sobre el costo de la crisis – expresó Fidel- “La propia sociedad que ha impulsado al sistema capitalista desarrollado no sabe ahora cómo enfrentar el problema”.
“Nadie le regaló el cargo; llegó a él a través de una especie de selección natural en virtud de la cual ascendió políticamente a medida que los acontecimientos históricos se desarrollaban”
Como vemos, en ese encuentro Leonel impresionó al Comandante teorizándole como todo un simulador, dejando la impronta de ser un revolucionario a ojos vista.
Todas estas declaraciones del Comandante, ensalzando al político de marras, ocasionaron sorpresa e indignación, a quienes conocíamos las simulaciones y al pueblo que sufría el gobierno del  simulador,  quien, mientras su país se caía a pedazos por su mala admistracción, recorría el mundo derrochando el dinero de su pueblo, dizque dando cátedras magistrales a los demás gobernantes del planeta sobre cómo arreglar el mundo.
Hoy, 3años y 7 meses después de aquel encuentro, al dejar el Dr. Fernández la dirección del Estado, ha quedado al descubierto, todo lo que este era  en realidad: un simulador y depredador del erario, además de vulgar neoliberal, que no tuvo ningún escrúpulo, sin el mínimo patriotismo al entregar a la voracidad del capital foráneo los recursos naturales de su patria, tal como es el caso del contrato- estafa firmando con la Barrick Gold, para la extracción del oro y otros metales preciosos contenidos en la cadena de montañas de la Cordillera Central de la isla.
La falsedad del personaje en cuestión, sin lugar a dudas ha quedado demostrada, al develarse al país y al mundo  que sus gobiernos, en especial el correspondiente al cuatrienio 2008-2012 fue valorado con los peores indicadores de desarrollo humano, ubicándonos los cálculos correspondientes, como uno de los países más corrupto del globo, con más despilfarro de los recursos, con mas desvío de fondos públicos, con más deficiencia institucional, con menos credibilidad policiaca; el tercero con rango de inequidad, y el de peor calidad de los servicios públicos ofertados, con significativa deficiencia en educación y altísima reducción de la inversión en la agropecuaria, la salud, la vivienda, y en las pequeñas y medianas empresas, para darle prioridad a las megas obras no prioritarias, construidas con préstamos leoninos y sobrevaluadas.
Leonel, como ya han establecido muchos articulistas, ha dejado un país quebrado  y endeudado hasta el topete, conuna administración pública corrupta, envilecida, incompetente y soberbia, como nunca antes había ocurrido.
El  comandante ya debe tener conocimiento de todo este desmadre, porque lo sabemos un hombre bien informado, por lo que, además de lo anterior, también sabrá de  los patrimonios inmensos con que han quedado los miembros del Comité Político y Central del PLD y en especial de la fortuna  personal de Leonel Fernández, de su esposa  Margarita  y de su íntimo Felix Bautista, todos, otrora pobres de solemnidad.
 
Por la misma razón de hombre  informado, el comandante estará enterado de todas las alianzas de Leonel y su grupo, con los sectores más recalcitrantes y mafiosos del país y del mundo, ya sean estos narcotraficantes o gobernantes neoliberales  o empresarios de la misma calaña. Por igual, le habrán  llegado las noticias, de todas las diabluras implementadas por el exgobernante y su grupo, para quedarse en el poder, aunque sea para ejercerlo detrás del trono, y de todo lo que significará para el pueblo la reforma fiscal, con que se pretende  cubrir el gran déficit de más de 200 mil millones dejados por el gran simulador en sus años de gobierno.
En este espectáculo de civilización neoliberal, Leonel Fernández nos ha brindado la escena de que ha sido admirado por personalidades como Mario Vargas Llosa, Gustavo Cisneros, José Maria Aznar, Carlos Slim, profesor Ekhlief Tarawneh, presidente de la Universidad de Jordania (UJ), quien anunció la creación del Centro de Estudios Latinoamericanos en la UJ, con el nombre de Leonel Fernández; Kenneth N. Frankel gerente general de la Barrick Gold y presidente del «Consejo canadiense de las Américas», entidad que lo ha nombrado el estadista del año.  Pero además tiene respeto, admiración y amistad con Álvaro Uribe, Juan Carlos, rey de España, y con muchísimas otras personalidades del mundo del jet set internacional de la política neoliberal, de  los negocios, de la intelectualidad y hasta con miembros destacados del Club Bilderberg.
 
Además de todas estas personalidades del exterior, en la Republica Dominicana,  el Dr. Fernández tiene un ejército que lo  defiende a capa y espada, entre los cuales están todos los opulentos funcionarios y “honorables” senadores y diputados enriquecidos a vapor en los gobiernos presididos por ese exgobernante:
 
“Leonel Fernández – dicen sus acólitos – es un hombre digno, excepcional,  con la frente en alto frente al sol; no como los cobardes y resentidos que atacan a un hombre cuyos aportes al engrandecimiento de la nacionalidad dominicana, están inscritos en todos y cada uno de los rincones del país, y con los cuales su persona reivindica la generación post-Trujillo”
“Leonel Fernández – dicen sus protegidos – se identifica con los ideales de nación y de patria, que concibieron y soñaron los padres de nuestra nacionalidad; Duarte, Sánchez y Mella. Él es un abanderado contra la corrupción, de honradez probada, con gran capacidad de trabajo y liderazgo; defensor de la solidaridad y el progresos de los pueblos pequeños y pobres del mundo, contra quien, se pretende lanzar un velo de infamia” (termina la cita).
Lo extraño de este caso, en  esta sociedad de espectáculos políticos  imperialistas y neoliberales, es que el Comandante Fidel Castro Ruz, un zorro con tanto conocimiento de la conducta humana, no haya en su tiempo, descubierto que en el fondo este Leonel  era un farsante, cuando las señales para ello eran claras y precisas con rango contundentes, cuando otros con menos mundo en esas lides ya lo advertían. Es el caso de Narciso Isa Conde y de quien subscribe este artículo.
Por no estar de acuerdo con las opiniones vertidas por el Comandante en aquella  reflexión ya referida, el dirigente político Isa Conde y quien subscribe escribimos sendos artículos para refutar  esos desafortunados criterios que sobre Leonel había expresado el dirigente cubano.
Como expuse anteriormente, 3años y 7 meses después de la publicación de aquella apología del Comandante a Fernández, por la contradicción ya evidente entre lo que  él planteó,  y lo que ha devenido en ser su apologado, queda claro que el inmenso Fidel  Castro Ruz, erró en sus juicios a favor del ente que ha dejado a la Republica Dominicana en la ruina  económica y en profunda crisis social, semejante en todos sus aspectos, a la creada por Batista en la Cuba posterior a la revolución de 1959, situación que por aberrante, llevó a la sublevación del pueblo de Martí, encabezada esta sublevación, precisamente  por el líder que hoy, por ironías de la vida,  elogia al farsante y cínico hombre, autor del mayor descalabro que ha tenido la patria de los dominicanos en toda su historia.
En este momento, traigo a colación estas reflexiones, porque escribir este artículo exponiendo la contradicción aludida, paradójicamente,  responde a las enseñanzas que hemos asimilado del Comandante: aprender a pensar por nosotros mismos y tener la valentía para expresar nuestras opiniones con altura.
En esa dinámica, no creo que el Comandante tenga reparos para aceptar su yerro, respecto a la imagen de mérito que él tenía de Leonel Fernández, al contrastar lo dicho por él,  con los hechos abominables que hoy se conocen de su defendido.
Considero importante publicar  estas reflexiones, porque entiendo que pueden ayudar a enriquecer las discusiones que se dan entre los  revolucionarios en torno a los fenómenos conductuales de los llamados “lideres” que presentándose a los pueblos como sus salvadores, al final devienen en ser, no más que delincuentes comunes, con una inmensa capacidad para simular que son honorables señores.
Estas reflexiones, una vez depuradas pueden servir de enseñanzas en la comprensión  de los procesos de cambios  sociales que estamos viviendo y como referente a la práctica revolucionaria que necesariamente  tendremos que asumir para darle solución a la problemática social, económica, política y hasta ecológica, que tiene a este mundo en un abismo.
Referencia: Reflexión aludida de Fidel Castro
Mi encuentro con Leonel Fernández, Presidente de la República Dominicana.    
http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/ref-fidel/art92.html

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Opinión

Crímenes de guerra y el daño ambiental (2 de 3)

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Por Rommel Santos Diaz

El artículo 8 del Estatuto de Roma también tipifica como crimen la destrucción y la apropiación de bienes, no justificadas por necesidades militares, y efectuadas a gran escala, ilícita y arbitrariamente.

Los bienes objeto de destrucción o apropiación deben estar protegidos conforme a los Convenios de Ginebra constan de todos los bienes, con independencia de su forma , tangible o intangible, con inclusión de todos los tipos de bienes ( raíces y personales o muebles e inmuebles) y todos los tipos de propiedad.

La tipificación de los crímenes de guerra confiere una amplia protección a recursos naturales como la tierra, el agua y los alimentos y a los medios empleados para utilizar esos recursos. Además, la destrucción o apropiación prohibida de bienes puede ser tanto directa  como indirecta. Por ejemplo, los cultivos pueden ser objeto de destrucción indirecta si se impide arbitrariamente a un agricultor ocuparse de ellos.

Igualmente, el artículo 8, párrafo 2 b del Estatuto de Roma tipifica como crimen en un conflicto armado internacional destruir o apoderarse de bienes del enemigo,  a menos que la necesidades de la guerra lo hagan imperativo, mientras que el artículo 8, párrafo 2 e del Estatuto de Roma tipifica como crimen en un conflicto no internacional  destruir o apoderarse de bienes de un adversario, a menos que las necesidades del conflicto lo hagan imperativo.

Estos crímenes de guerra tienen una aplicabilidad considerable en el contexto ambiental en la medida en que se prohíbe cualquier acto de destruir o apoderarse de bienes del enemigo o un adversario, público o privado, que no esté justificado por necesidades militares; no se exige que ese acto de destrucción  o apoderamiento sea de dimensiones amplias.

El tipo de destrucción prohibida incluiría la destrucción por las fuerzas armadas de un Estado de una central nuclear de otro Estado utilizada para fines civiles con la intención de causar daño. El tipo de apropiación prohibida incluiría aquella con fines no militares, por parte de fuerzas armadas, de tierras, aguas, alimentos o cualquier otro recurso natural que pertenezca a personas indígenas afiliadas al adversario del Estado atacante.

En relación con  los tres crímenes de guerras referentes a bienes, no puede ampararse en la excepción por¨ necesidades militares ¨una  persona que actúe exclusivamente a título privado, ya sea en nombre propio o en el de una  entidad empresarial, para justificar el acto de destruir o apropiarse de bienes del enemigo o de un adversario, que tiene carácter criminal.

El Estatuto de Roma tipifica como crimen en el contexto de un conflicto armado internacional dirigir intencionalmente ataques contra bienes civiles, es decir, bienes que no son objetivos militares.

En vista de que, en general, se reconoce el carácter civil del entorno natural, atacar intencionalmente cualquier elemento de este entorno, como un campo, un bosque o una

masa de agua, constituye un crimen de guerra a no ser que el objeto atacado fuera un objetivo militar en el momento del ataque

Rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

¿Cuáles son los abogados del Diablo?

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Por Oscar López Reyes

Sin misericordia alguna ni pensar siquiera en el daño a su imagen pública, ciertos abogados –astutos practicantes del terror tribunalicio con lenguaje soez- asumen la defensa a ultranza y abusiva de perpetradores de hechos atroces y de lesa humanidad. En permanente pugna con los principios cardinales de la justicia, leguleyos o picapleitos y jurisconsultos han encasillado su carrera jurídica, por su mala fama, como la más insensible y la de más baja reputación y confianza en la miscelánea de las profesiones tradicionales.

Con togas y birretes hexagonales, legendarios letrados se sublimizan en una especie de banquete de exquisitez culinaria, con golosinas como postre, en el deleite recreativo de alegar inocencia y exigir un juicio acorde con el estado de derecho a imputados de muertes masivas simultáneas en un corto tiempo (genocidio) por el desplome de un edificio acarreado por una obstinada negligencia e inexplicable descuido.

También se explayan -menudeando con el apelar de chicanas- para liberar de culpa a causantes de auténticos homicidios voluntarios que, por ser tantos, se constituyen en un inequívoco acto genocida. Y, para colmo, en el interés de propiciar la impunidad, procuran nuevos peritajes, autopsias e investigaciones, con la pretensión de introducir la figura penal del sabotaje como tabla de salvación.

Estos abogados, carentes de conciencia acerca de su función social, concurren sistemáticamente para amparar a los que cometen asesinatos, actuaciones antijurídicas premeditadas, cometidas con alevosías, y prestan desproporcionado auxilio a vulgares y descarados depredadores de recursos del Estado; a atacantes sexuales, secuestradores, narcotraficantes y a individuos mafiosos, timadores financieros y lavadores de activos, y otros actos ilícitos de alta peligrosidad, bajo la sonante jerga: “Yo resguardo inocencias y gano con monedas y mentiras, no con el derecho”.

Desde 1587 (en el pontificado del papa Sixto V o Felice Peretti, igualmente conocido como Felice Piergentile o Felice Peretti Montalto) hasta 1983 (durante el papado de Juan Pablo II (Karol Józef Wojtyła), un oficial de la Iglesia Católica Romana, más comúnmente un presbítero doctorado en Derecho Canónico, ejercía la función de investigar exhaustivamente y exponer en audiencias públicas los méritos, milagros, las inconsistencias documentales, los defectos de carácter y otras falencias de los candidatos a beato o santo.

El objetivo de esa pesquisa y evaluación era esquivar las escogencias precipitadas o falsas beatificaciones o canonizaciones. A este examinador crítico a quienes aspiraban ascender a los altares se le llamó “El advocatus diabili”, que en latín se traduce como abogado del Diablo.

Esta frase idiomática evolucionó con un buen renombre y como un significante coloquial a la inversa de su originalidad. En el tiempo presente, los pobladores identifican a determinados abogados como Satanás, no porque anden maloliente de azufre, con cuernos, patas de cabras, una cola, pezuñas o barba de chico, sino por su comportamiento similar al puro Demonio.

Entre Lucifer y juristas temerarios y desprovistos de la más elemental ética confluyen, similarmente, en por lo menos siete rasgos perversos, a partir de la simbología bíblica del número, como los siete pecados:

1.- “Padres de la mentira”. Versados en leyes señalan precios de ventas de muebles e inmuebles muy por debajo del pagado, inventan mecanismos para embargar irregularmente casas, carros y cuentas bancarias; indican que en un desalojo detuvieron cinco objetos, cuando fueron diez, y elaboran y suscriben contratos haciendo creer que son legales.

2.- Ladrones impenitentes. Se quedan con propiedades de defendidos, confirmando el aforismo: “se roban hasta la sombra que da el sol”; sustraen un tiempo precioso en incidentes procesales para suspender audiencias y maliciosamente entorpecer procesos, desperdiciando así dinero del Estado y despojando de alegría y salud de los involucrados. La Biblia presenta el hurto como un pecado grave y una falta de amor al prójimo, que en virtud de la ley mosaico, el ladrón debía devolver con creces lo desvalijado.

3.- Cómplices mundanos. Con trucos y engaños justifican el deterioro del medio ambiente y la salud, efectúan desalojos sin la autorización de las fuerzas públicas, que son sustituidas por “tigres” y policías fuera de servicios; chantajean a clientes con anuncios de oposición a transacciones bancarias y transferencias sin autorización del juez pertinente, y con querellas o demandas.

4.- Inductores a culpabilidad. Piden a sus clientes que se escondan cuando son buscados para ser recluidos en prisión, y hasta los agachan en sus casas y a los varones les ponen vestidos y pelucas para que no sean reconocidos por las autoridades; sobornan a jueces, fiscales y operadores del sistema judicial e intimidan y amenazan a litigantes.

5.- Malévolos y evasores. A nombres de terceros reciben automóviles de lujo, como pago por servicios fuera del circuito financiero, y cuando en efectivo acogen 10 millones de pesos apenas declaran apenas 100 mil pesos (lavado de activos); violan los diez mandamientos de Dios, generando incredulidad, falta de confianza y su exclusión del reino de la Providencia, porque no confiesan sus maldades ni se arrepienten.

6.- Traidores desde el Edén. Tejen trampas y enredan para sacar provechos económicos, revelan informaciones secretas de socios y representados, y negocian con ellas; se ponen de acuerdo con el oponente sin la voluntad ni el consentimiento de sus defendidos, a cambio de recibir dinero.

7.- Chicanos y falsificadores. Profesionales del derecho maniobran con triquiñuelas e intervienen sobrepasando el alcance de la ley, presentan testigos ficticios, alteran documentos y abandonan a clientes en el pico de juicios en transacciones con los opuestos.

Salvo el defensor público (antiguo abogado de oficio), al experto en legislación le asiste la prerrogativa de decidir (libertad de elección) si toma o no acepta un expediente judicial, porque implica un conflicto de intereses, lastima el sentimiento de personas cercanas, se interpreta como de alto riesgo para su seguridad física, porque no domina la especialidad, o por conciencia ciudadana ante un hecho horroroso.

Bajo el ropaje de garantizar la presunción de inocencia y el debido proceso, provisto de apropiada valoración y un dictamen justo, abogados del Diablo se bañan de dinero, especialmente de procesados por crímenes transnacionales. Y en su teoría de amoralidad -mezclando finamente y tutelando aviesamente la defensa del delito con la legalidad- se encargan de casos de evidentes culpabilidades, moral y socialmente censurables, porque se alinean con la impunidad, y adversan y hasta acosan y acusan a las víctimas, sin reparar en el dolor ajeno.

En esa caseta, esos penalistas afrontan un dilema ético/social: abogan legalmente y sin límites –en el tendero del reproche social por la percepción de complicidad con la malignidad- o buscan la absolución del presunto autor de un hecho de lesa humanidad o un reconocido narcotraficante. ¡Oh, lucro del dinero proveniente de la sangre y estructuras criminales!

¿Dónde están la conciencia y la dignidad humana de esos que emplean retóricos tecnicismos jurídicos para justificar barbaries, encubriendo delitos, y hasta osando minimizar los graves, o transferir culpabilidades a víctima? Como sea que quiera disfrazarse, tipifica como una conducta inmoral.

¿Son o no abogados del Diablo?

En contextos de fragancias, ¿cuáles son las funciones del abogado?

Distinto a los ángeles caídos, adversarios de Dios y la humanidad, son copiosos los especializados en derecho penal que representan, asesoran y defienden a sus clientes con procederes éticos y sólidos argumentos jurídicos. En sus crecidos desempeños, honran, a toda prueba y en todo momento, su encumbrada ocupación.

Y son apreciables los que habitualmente ponen en práctica sus vastos conocimientos en la esfera privada y en el Estado (directores jurídicos, fiscales, jueces, etc.) con lealtad procesal, integridad, sacrificio, empatía y altruismo, y que troquelan como modelos de conducta ética. Ellos se guían por dos frases lapidarias: «El abogado debe amar la justicia y la honradez, tanto como las niñas de sus ojos» y «Ningún abogado debe utilizar, en el patrocinio de los casos que le sean confiados, medios ilícitos o injustos», procurando, como auxiliar por excelencia por excelencia de la justicia, el triunfo de esta en buena lid.

Volviendo a la temática medular, ¿cuáles son los abogados del Diablo? Evalúe usted su patrón de comportamiento, y compárelos con los profesionales del derecho que actúan con veracidad, probidad, buena fe, transparencia y evitando el exceso en el derecho, que los distinguen como paradigmáticos.

Los de la mafia y la corrupción administrativa lucen erudición y competencia, son penalistas, ambiciosos impecables, conflictivos, arrogantes, cobran elevados honorarios por sus servicios y alardean que manipulan las leyes y corrompen a jueces. Con razón, en los folletines blancos y negros sobre chistes se les asocia con el trampolín, el búfalo, los ovnis, el buitre, la sanguijuela, el pirata, la serpiente, el zumo de naranja y el trago amago.

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El autor: Expresidente Colegio de Periodistas y Asoc. Escuelas de Comunicación Social, y actualmente presidente Asoc. Profesionales de Relaciones públicas (Asodoprep).

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Opinión

Más deuda, menos República

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Por Isaías Ramos

La noticia de que la Cámara de Diputados tenga listo un nuevo préstamo de US$200 millones para resiliencia climática obliga al país a hacerse una pregunta más seria: ¿cuánto más va a seguir endeudándose la República Dominicana sin corregir sus fallas estructurales? La pregunta se vuelve aún más grave cuando se recuerda que cada dominicano carga ya con una deuda pública consolidada superior a US$7,300 por habitante. Esa cifra no es abstracta. Es una alarma nacional.

La deuda no cae sobre una hoja de cálculo. Cae sobre la mesa de la familia dominicana: sobre el salario que ya no alcanza, la compra que se reduce, la medicina que se pospone, el pequeño productor que paga más por transportar y sembrar, y los jóvenes que heredarán una factura que no contrajeron. Por eso el problema ya no es solo contable. Es social y político.

Durante años se nos ha pedido aplaudir el crecimiento. Pero un país serio no puede medirse solo por el tamaño de su economía; tiene que medirse también por cómo crece, a qué costo y quién paga la factura. En las últimas dos décadas, el PIB dominicano creció en promedio 6.8 %, mientras la deuda pública consolidada lo hizo a 9.7 %. Es decir, el endeudamiento ha corrido más rápido que la capacidad productiva de la nación. Eso no describe un desarrollo sólido; describe una estabilidad sostenida, en buena medida, a crédito.

La comparación histórica sigue siendo demoledora. Si se toma como referencia la deuda externa per cápita, en 1996 ésta se ubicaba en US$462.50 por habitante. Y si se toma como referencia la inversión pública, en ese mismo año el gasto de capital rondaba 6.5 % del PIB. Hoy, en cambio, la deuda por habitante supera los US$7,300 y la inversión pública ejecutada se mueve en niveles muy inferiores, alrededor de 2.6 % del PIB. En otras palabras: el país se endeuda muchísimo más, pero invierte relativamente mucho menos en las obras que sostienen productividad, agua, energía, conectividad y futuro.

No se trata de idealizar ningún pasado. Se trata de constatar una contradicción imposible de maquillar: antes, con menos deuda, el Estado invertía más en capital; hoy, con mucha más deuda, la inversión relativa cae y el país sigue arrastrando déficits estructurales en infraestructura, drenaje, agua, energía y productividad. Cuando una nación se endeuda más pero transforma menos, el problema deja de ser solo económico. Se vuelve una cuestión de dirección nacional.

A la magnitud del endeudamiento se suma otro problema todavía más delicado: la opacidad de su fotografía pública. La cifra de deuda por habitante no siempre deja ver con nitidez la totalidad de los riesgos y obligaciones que orbitan alrededor del Estado a través de fideicomisos públicos y otras estructuras. El debate sobre RD Vial y los riesgos fiscales asociados a estas figuras demuestra que la deuda visible ya es alarmante y que la zona gris que la rodea la vuelve todavía más preocupante.

Mientras tanto, el Gobierno sigue respondiendo a la crisis energética y al deterioro fiscal con más presión sobre el presupuesto y más subsidios generales. Un Estado responsable debe proteger a los más vulnerables. Pero una cosa es proteger mejor, y otra muy distinta es subvencionar de manera generalizada, opaca y poco focalizada, de modo que también termine recibiendo más beneficio quien más consume. Cuando el subsidio se distribuye por galón, quien más compra absorbe más alivio. En un país con tantas carencias, esa no es la mejor política social. Es una política cara y, muchas veces, regresiva.

Lo más delicado de este modelo es el contraste entre los sectores mejor protegidos del país y una mayoría que cada día debe resistir con menos. Mientras unos convierten el crecimiento en blindaje, para demasiados dominicanos la economía ya no significa movilidad ni progreso, sino resistencia cotidiana. Cuando la abundancia se protege arriba y la estrechez se normaliza abajo, la deuda deja de ser una cifra técnica y se convierte en una pregunta de justicia.

Ahora entramos a un mundo incierto, marcado por enormes turbulencias económicas, y la República Dominicana llega sin márgenes suficientes de protección, con servicios básicos aún no resueltos y sin una estructura productiva sostenible. La crisis encuentra al país tarde y débil, mientras una parte de los sectores más protegidos ya se ha resguardado del sacrificio que hoy recae sobre la mayoría. Porque al final, la deuda mal administrada no termina en un balance: termina en una mesa más vacía, en una medicina postergada y en un futuro más angosto para la familia dominicana.

Frente a esta realidad, desde el Foro y Frente Cívico y Social sostenemos que hay cuatro decisiones urgentes que no admiten más dilación: reforzar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una verdadera soberanía productiva; migrar hacia un modelo energético sostenible, confiable y competitivo; blindar el sistema fiscal, corregir las distorsiones de exenciones y gastos tributarios injustificados, y terminar con la cultura del déficit permanente; y sustituir los subsidios no focalizados ni auditables por protección directa, transparente y verificable para quienes realmente lo necesitan, preservando al mismo tiempo la estabilidad monetaria y cambiaria frente al nuevo contexto global.

La hora no admite más retórica vacía. Exige responsabilidad, previsión y coraje. La responsabilidad de un liderazgo serio no es administrar el deterioro, sino corregirlo antes de que se convierta en destino. La República Dominicana no necesita más deuda sin propósito nacional. Necesita verdad, disciplina, producción, auditoría y un Estado que deje de confundir endeudamiento con desarrollo. Porque la deuda que no se transforma en capacidad nacional termina transformándose en dependencia. Y ningún pueblo merece heredar, como si fuera destino, la factura de una dirigencia que, pudiendo corregir a tiempo, prefirió transferirle el costo al futuro.

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