Análisis Noticiosos
Inteligencia avanzada, diseño futurista y nueva ingeniería de cámaras de smartphones
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2 años agoon
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LA REDACCIÓNLa tecnológica OPPO presenta dos nuevos modelos que destacan por impulsar vía IA la experiencia de conectividad, creatividad y productividad del usuario
México.-El pasado 27 de agosto, la compañía OPPO -tercera de mayor participación en el mercado de teléfonos inteligentes del país- presentó en la Ciudad de México dos nuevas apuestas para el segmento de gama media: OPPO Reno12 5G y OPPO Reno12 F 5G, con los cuales busca ir a la cabeza y sorprender en la carrera por el desarrollo e integración de funciones de Inteligencia Artificial (IA).
En esta ocasión, la serie OPPO Reno12 5G y OPPO Reno12 F 5G presenta diseños robustos y futuristas, a la altura de una eficiencia energética con la tecnología de carga SUPERVOOC™ (una de las más rápidas), lo que convierte a ambos móviles en atractivos modelos confiables y avanzados.
Si bien la integración de soluciones IA no es algo completamente nuevo en los teléfonos de OPPO, la mancuerna con Google, Microsoft, MediaTek, Qualcomm y otros socios para potenciar la llegada de una nueva generación de teléfonos con IA, esta vez llama la atención de forma especial debido a las funciones GenAI de la serie OPPO Reno12 5G y OPPO Reno12 F 5G, las cuales incorporan un borrador AI, el cual elimina personas y objetos no deseados de las fotografías y rellena el espacio de forma realista.

Con un enfoque en la gama media y otro en la gama media-alta, esta serie incorpora otras atractivas funciones IA, tales como notas de voz inteligentes que resumen las grabaciones de voz, escritura AI para redactar correos, publicaciones y comentarios de forma rápida, así como una automatización que detecta y extrae la parte esencial de los textos más extensos, además de una función IA de lectura para escuchar cualquier texto.
Concebido como un dispositivo insignia de sus tiempos, el diseño y estructurado de esta generación es un aspecto digno de mención. El color gris mercurio del OPPO Reno12 5G ostenta una arquitectura sólida color plateado en su exterior, con un estilo espacial y panel de vidrio y textura futurista de OPPO, lo cual da un aspecto 3D de agua cayendo en cascada sobre un estanque.
Por su parte, la pantalla curva 3D de 120Hz es OLED de 6,7 pulgadas y brinda hasta 1,07 mil millones de colores, además de incorporar una protección ocular a nivel de hardware con poca luz azul, protegida por la tecnología Corning Gorilla Glass 7i, con clasificación IP65 de resistencia al polvo y al agua, así como por la tecnología Splash Touch de OPPO, la cual permite manipular la pantalla incluso con las manos mojadas. Sus dimensiones son de 7,57 mm, 177 gramos de peso y viene en dos colores, gris mercurio y morado estelar.
En tanto, el OPPO Reno12 F 5G redimensiona su diseño de “anillo cósmico”, inspirado en los relojes de pulsera clásicos; su módulo de cámara irradia una sensación elegante y lujosa, mientras que un aro de luz rodea la cámara para dar un efecto de iluminación dinámico, el cual se sincroniza con la música y notifica la carga, llamadas y mensajes. Este modelo mide 7,76 mm en el color naranja persimón, con una atractiva textura de llamas bailarinas, y verde olivo, con una textura que irradia una luz dinámica y mide 7,69 mm, con sólo 187 gramos de peso.

Captura la belleza inteligente
Si bien la eficiencia y durabilidad energética también proyectan a la familia OPPO Reno12 5G y OPPO Reno12 F 5G como una de las más consistentes y seguras de OPPO actualmente, impulsado en ambas versiones con la plataforma MediaTek Dimensity y una batería de 5,000 mAh para disfrutar de una larga autonomía y más de cuatro años de condiciones de uso óptimas, lo que destaca sobremanera de estos teléfonos es la tecnología enfocada en la experiencia con la imagen, la cual incorpora IA desde la cámara misma hasta la edición y tratado de imagen.
Ambos modelos incorporan 50 megapixeles como principal, ocho en ultra gran angular y dos a nivel macro, con un sensor Sony LYTIA-600 con zoom 2x de calidad óptica para retratos, además de estabilización óptica para la versión OPPO Reno12 5G.
El OPPO Reno12 5G, gracias a su función de embellecimiento AI, permite optimizar la claridad de fotos grupales con la restauración de detalles como el contorno facial, el cabello y las cejas, mientras que en la sección de edición AI de rostros se puede identificar y abrir automáticamente los ojos cerrados de la gente en la imagen.
En su modo retrato profesional, el OPPO Reno12 aprovecha las cámaras principal y macro para brindar efectos bokeh de nivel profesional (dos enfoques diferentes en una misma imagen), mientras que el retoque de retratos con IA proporciona efectos de retoque más vívidos y naturales.
La función de estudio AI puede ayudarnos a crear avatares digitales o transformar imágenes en retratos con un toque artístico, para que los usuarios puedan convertirse en vaqueros, protagonistas de un manga u otros personajes de ficción al aprovechar las nuevas capacidades de GenAI.

OPPO Reno12 5G y OPPO Reno12 F 5G, a detalle
Además de la revolución IA que sugiere esta familia de teléfonos móviles, el Reno12 posee otras cualidades y prestaciones que lo vuelven un competidor sólido de la gama media también en materia de conectividad.
La serie OPPO Reno12 5G y OPPO Reno12 F 5G presenta la tecnología AI LinkBoost de OPPO, con una antena envolvente 360 grados, con la cual se puede aumentar la recepción de la señal y optimizar la selección de red al usar un modelo de IA a nivel de sistema. Además, OPPO introdujo el servicio de Internet BeaconLink en esta serie para mantener conectados a los usuarios donde la cobertura de red no está disponible (vuelos, viajes en metro o en montañas), aumentando la transmisión bluetooth, en un entorno completamente desconectado y poder hacer llamadas de voz en situaciones de emergencia.
El OPPO Reno12 5G se encuentra disponible a un precio 11.999 pesos mexicanos para su versión OPPO Reno12 5G, 12/512 GB, y en 8, 999 pesos mexicanos en su presentación OPPO Reno12 F 5G, 12/256 GB, vía distribuidores autorizados de OPPO y tiendas departamentales.
elpais.com
Por Nelson Valdez
Hay momentos en que el cansancio de un pueblo se vuelve ira y la ira se desplaza como inteligencia. Es cuando dejamos de preguntarnos quién está preparado para gobernar y empezamos a pensar contra quién votar.
República Dominicana está en uno de esos momentos.
El fenómeno de Santiago Matías (Alofoke) no es solo el ascenso de un comunicador o empresario digital; es la manifestación sociológica de un electorado cansado de los partidos tradicionales, de promesas envejecidas y discursos vacíos. La política tradicional generó esta desconfianza. Primero buscamos al empresario, luego al outsider y ahora podemos estar buscando al espectáculo.
Pero el fracaso de la política tradicional no convierte automáticamente en estadista a quien triunfa en el entretenimiento.
El algoritmo premia la indignación, la controversia y la velocidad. El Estado funciona al revés: la inflación no baja por un video viral, la deuda no se administra con carisma ni la salud mejora por tener seguidores. Las redes premian la reacción; el Estado cobra la improvisación.
La antipolítica seduce diciendo: «Ellos te fallaron, nosotros somos distintos». ¿Pero distintos en qué? ¿Con qué equipo, programa o conocimiento de la administración pública? Gobernar es la parte aburrida de la política, pero es la única que importa cuando se apagan las cámaras.
El riesgo es convertir la decepción en un «voto de castigo»: «Como todos me fallaron, votaré por quien más daño les haga». Eso no es transformación, es desahogo. El voto es un instrumento demasiado poderoso para entregárselo a la ira.
Detrás de este fenómeno hay ciudadanos hartos que deben ser escuchados, pero la indignación debe ser el comienzo de una pregunta, no el final del razonamiento: ¿Qué propone? ¿Con quién? ¿Cómo?
No se trata de elegir entre política tradicional y espectáculo, sino de recuperar el criterio: no venerar al famoso por serlo ni condenar al político por serlo.
Antes nos engañaron con la promesa del cambio; ahora podrían seducirnos con la del castigo. La rabia es un pésimo combustible para gobernar. La próxima elección exige pensar.
#republicadominicana🇩🇴 #santiagomatias #alofoke @pr1ncematias
https://www.instagram.com/p/DcRz3lRCZhz/?igsh=MXMyMnF6ZGp5Mm56NA==
Por Nelson Valdez
Hay en la sociología del espectáculo un afán dañino por confundir la celebridad con el estadismo, un deslumbramiento de mercado que pretende equiparar el ruido mediático con la solvencia del pensamiento. La política no es un plato de televisión ni un debate de utilería donde la estridencia sustituye a la doctrina. Pretender que la conducción de un Estado pueda entregarse al primer charlatán con micrófono es confundir el circo con el templo, la muchedumbre enfervorizada con el ciudadano consciente.
El resentimiento hacia la clase política es comprensible; el desgaste de las siglas tradicionales y la fatiga ante los discursos gastados son heridas abiertas en la sociedad. Sin embargo, el hastío no puede convertirse en pasaje hacia el abismo. La figura de Leonel Fernández, con todas las contradicciones que la historia pueda atribuirle, pertenece al ámbito de la formación intelectual, del manejo de la diplomacia y de la comprensión profunda de las instituciones. Medirlo en el mismo rasero que a la cultura de la chabacanería y el algoritmo no solo es un desatino conceptual, sino un insulto a la inteligencia colectiva.
La búsqueda de un cambio no se resuelve dinamitando la casa para librarse de las goteras. Entregar la responsabilidad de una nación a la frivolidad del espectáculo no es renovación: es un suicidio asistido por el aplauso fácil. El verdadero liderazgo exige lectura, sobriedad y sentido de la historia; lo demás es pura escenografía para un público distraído que confunde la pantalla con la patria.
Análisis Noticiosos
El reconocimiento de cuerpos por videollamada: duelo a distancia venezolano
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3 semanas agoon
agosto 13, 2026
Caracas.- Norellys Marrero dejó un ejemplar del libro Vida, de Paulo Coelho, en la mesa de noche de su hija Liz el día antes de abandonar Los Ángeles. Viajaba de vuelta a Venezuela luego de vivir tres años con ella y esperar la respuesta de una solicitud de asilo que le fue negada. “Te lo dejo aquí para que nunca te olvides de que, pase lo que pase, uno nunca puede perder la esperanza de vivir hasta el final”, le dijo. Dos meses después, Norellys murió junto a su otra hija y su nuero en La Guaira, durante el doblete sísmico del 24 de junio en Venezuela.
Pero, a diferencia de otras historias, Liz vivió la tragedia por videollamada. Estaba a punto de ir a dar clases a la academia de baile donde trabaja desde hace 11 años cuando su mejor amigo —que también es artista y vive en Turquía— la llamó para decirle que había habido un terremoto catastrófico y que llamara a su familia. “Aparecieron todos, excepto mi núcleo familiar. Y ahí, cuando yo veo que todo el mundo contesta, que todo el mundo escribe y no escucho a los míos y llamo, llamo, llamo… ahí yo, automáticamente, ya sabía”, dice Liz.
La bailarina contactó desde Los Ángeles a motorizados en La Guaira para que fueran a ver el estado del edificio; también a su canosa tía Maribel, que perdió carro y casa pero se fue a participar en las labores de rescate, e incluso le mostraron las manos del cadáver de su hermana para que las reconociera. “¿Pero para qué iba a reconocer unas manos? Quería ver el cuerpo completo de mi hermana, que apareció debajo de su esposo. Yo creo que ellos quedaron vivos y con la fuerza que les quedaba empujaron a su hijo para que pudiera salir, porque los encontraron impulsando los brazos hacia arriba y Samuel estaba encima de ellos”, describe Liz.

Sus sobrinos sobrevivieron. Sebastián, de 16 años, estaba en la playa de Macuto celebrando la fiesta de San Juan y vio cómo todo se desplomaba a su paso. Samuel, de 11, quedó atrapado junto a su familia, y un turista lo rescató 24 horas después tras ver cómo su cabeza sobresalía entre los escombros. Ahora Samuel tiene cuatro fracturas y una parálisis facial. “Está en el hospital, todavía muy delicado. No habla, no puede mover la cara, tiene que hacer terapia de lenguaje, terapia ocupacional, y lo atienden entre fisioterapeutas, neurocirujanos e intensivistas. Lo acompaña una enfermera las 24 horas, y no se le puede dar de alta porque, cuando lo intentaron, convulsionó”, explica Liz.
Fue ella quien organizó cómo decirle a su otro sobrino que sus padres habían muerto. De nuevo, por videollamada: “Contacté a un psiquiatra y fue mi sobrino con toda la familia a su consultorio. El abuelo le dio a Sebastián la noticia y ese fue el momento más difícil de mi vida: ver a Sebastián tirándose al piso y gritando, a través de la pantalla. Porque ese dolor también lo tengo yo, yo también perdí a mi mamá en el mismo momento que él”, recuerda Liz.
Desde entonces, sus sobrinos están bajo la custodia de su abuelo paterno, mientras Liz ha organizado una campaña en GoFundMe a beneficio de su futuro como beisbolistas profesionales, carrera de la que sueña ser manager. “Gracias a la danza he reunido más de 70 mil dólares en un mes. Ya tengo 13 ciudades confirmadas donde se van a hacer talleres de danza para donar a los niños. También en la ciudad hacen un festival que se llama Next Fest LA y, gracias a las redes, vieron lo que estoy haciendo y me llamaron para patrocinar un escenario a beneficio de mi familia”, explica.

Los vecinos al rescate de supervivientes
El caso de Crismar Chacín es similar. Su vida transcurre en Los Ángeles desde 2021, cuando consiguió una beca para The American Academy of Dramatic Arts. Desde entonces, no ha vuelto a La Guaira. Su papá se suicidó hace cuatro años, cuando ya Crismar vivía en el extranjero, y su hermano Cristian, de 19 años, murió atrapado en uno de los edificios que se derrumbó en Los Corales el día del terremoto.
“Hija, hubo un terremoto”, le dijo su mamá a través de una llamada mientras Crismar estaba en una biblioteca. “La primera persona que me contó fue mi mamá, que estaba en Caribe y me llamó para decirme que todo se había venido abajo. La llamada duró menos de cinco minutos y sentí que se estaba acabando el mundo. La escuché cuando logró llegar al edificio, gritar por Cristian y que no respondiera”, recuerda.
Al edificio no llegaron rescatistas hasta el día siguiente y, en ese momento, estaban priorizando el rescate solamente donde se escuchara vida: “Eran vecinos a mano limpia tratando de salvar gente. Mi tío se lanzó una travesía desde Catia La Mar hacia Los Corales porque la policía había dado la orden de que no se metieran a los edificios, y mi tío dijo que él sí iba a meterse. Así encontraron a Cristian y a otros vecinos el viernes 26 de junio”, explica.
Crismar estaba con su mamá en la llamada cuando identificaron a su hermano. “A pesar de estar en la distancia, algo me dijo que intentara llamarla a ver si entraba la señal, y fue justo en el momento en el que lo identificaron por su tatuaje”, dice. Sin embargo, ahí no lo pudieron extraer y tuvieron que echarle cal al cuerpo para preservarlo. “El piso tres quedó en planta baja y todo el peso del edificio estaba encima de nuestros familiares. Así que no fue posible sacarlos sin la ayuda correcta, que llegó cuatro días después gracias a los topos mexicanos”, explica.

Por eso Liz destaca el sentido de comunidad que ha vivido gracias a este momento: “Pasó lo peor en La Guaira, y la única razón por la que mis sobrinos están vivos es porque en ese momento había comunidad. El único que te puede salvar cuando no hay luz, no hay agua, no hay internet, es el que te quiere”, dice.
Crismar enfrenta una larga espera por la legalización de su estatus en Estados Unidos, lo que le impide salir del país para estar con su mamá, que ahora se quedó sola. “Lo peor ha sido estar pegada al teléfono hablando con mi mamá y sentirme completamente inútil porque no puedo ni ir para allá ni traérmela, porque ya los venezolanos venimos con ciertas limitaciones. No es la primera pérdida que vivo lejos después de haberme ido de Venezuela, y tampoco es la primera vez que no puedo ir y abrazar inmediatamente a mi mamá”, dice.
Liz, en cambio, está esperando una residencia permanente en Estados Unidos y el trámite no le permite salir del país. “Pero olvídate. En el momento en que se resuelva lo de mi green card, que debe ser en un par de meses, estaré volando a Venezuela a ver a mis sobrinos”, dice.
Liz Marrero y Crismar Chacín son ejemplo de los nueve millones de venezolanos que emigraron masivamente entre 2014 y 2024 debido a la crisis humanitaria compleja que vive el país. Ambas están tratando de entender cómo avanzar legalmente para estar más cerca de los suyos. “Tengo que validar ante Estados Unidos y Venezuela que soy una persona trabajadora de bien, que hace impacto en la comunidad, que siempre ha sido generosa, profesional y súper exitosa. Pero es muy difícil, porque uno tiene que lidiar con sus sentimientos y, a la vez, tienes que lidiar con trámites legales y frenar un poco el corazón”, dice Liz.
Ambas se hacen preguntas que las ayuden a aliviar la pena, pero las respuestas no llegan tan fácilmente. Crismar lo resume así: “No sé por qué a los venezolanos nos está tocando esto y es un sentimiento muy específico e indescriptible el que tú estés buscando un mejor futuro y trabajando por tu familia afuera pero no puedes estar ahí cuando estas cosas pasan”. Liz, por su parte, lo deja a la fe: “¿Por qué nos pasan estas cosas? Ya yo me molesté con Dios y lo perdoné. Ahora tengo que seguir”.
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