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Análisis Noticiosos

Javier Milei, una mezcla de predicador mesiánico y estrella del rock

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El presidente electo de Argentina es un economista ultraliberal que promete dolarizar la economía, niega la dictadura y el cambio climático y se ha mostrado a favor de la libre portación de armas y la venta de órganos

Buenos Aires.-El economista ultraliberal Javier Gerardo Milei ha pasado en dos años de ser un provocativo showman televisivo que rompía en vivo una maqueta del Banco Central a ser elegido presidente de Argentina. Casi 13 millones de argentinos han votado este domingo por este outsider extravagante e iracundo que ha prometido sacar a los políticos a patadas en el culo, dolarizar la economía porque el peso “no vale ni para excremento” y que planea un recorte del gasto social sin precedentes. Milei alcanzó la presidencia después de moderar su discurso en la campaña electoral para la segunda vuelta que disputó contra el peronista Sergio Massa. Durante las últimas semanas, se disfrazó de esos políticos profesionales a los que tanto odia para atraer el voto moderado. El León, como lo apodan, dejó de rugir. Mantuvo la calma incluso al ser contradicho y dio marcha atrás en sus ideas más controvertidas, como la privatización de la sanidad y de la educación y la libre portación de armas.

Su transformación reciente hace pensar en una de las frases más célebres atribuidas al expresidente Carlos Menem: “Si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie”. Pero Milei dijo y después se desdijo, como pasó con su apoyo a la venta de órganos, a la venta de niños o las denuncias de fraude electoral. Sus innumerables contradicciones obligan a los argentinos a elegir a cuál de dos versiones del candidato creer. Si gana, su verdadero rostro comenzará a desvelarse a partir del 10 de diciembre, cuando el próximo presidente tome posesión.

Milei entendió mejor que nadie el hartazgo de la sociedad argentina con las sucesivas crisis económicas y con la falta de respuestas a millones de personas. A aquellos que se desloman trabajando pero no llegan a fin de mes, a los que cuando cae el sol se encierran en sus casas porque tienen miedo de salir, a quienes evaden todos los impuestos que pueden porque dudan de su destino: están cansados de que sus hijos se queden sin clases en la escuela pública y de esperar durante meses el turno médico de un especialista.

Dio el salto a la política convencido de que tenía una misión: “Terminar con la inflación para siempre, terminar con la inseguridad para siempre, terminar con los privilegios de los políticos para siempre”. En definitiva, cambiar Argentina para siempre, desterrando al peronismo. Prometió que, si le daban tiempo, en 35 años Argentina podría ser Estados Unidos; en 40, Irlanda. Equivale a diez mandatos presidenciales, pero la Constitución argentina sólo permite dos consecutivos.

Negacionista climático

El cambio de Milei incluye combatir las ideas progresistas de un país que está a la vanguardia de América Latina en la conquista de derechos sociales. Plantea derogar el aborto, legal en Argentina desde 2020. Se ha manifestado de forma despectiva hacia el matrimonio igualitario, vigente desde 2010. Niega la brecha de género, que según las estadísticas es del 26%. Niega que el cambio climático esté producido por el hombre. Propone privatizar las empresas públicas e incluso los recursos naturales de Argentina, como el yacimiento de hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta, sus ríos y mares. El argumento es que, si los ríos tienen propietario, dejarán de estar contaminados.

El apoyo reciente de sus padres no significa que ellos estén en el círculo íntimo de un candidato al que muchos definen como solitario y desconfiado. Este se reduce a su hermana, Karina, a la que llama El Jefe por ser la máxima autoridad de su campaña, y a sus “hijitos de cuatro patas”: sus perros Murray, Milton, Robert y Lucas, bautizados así por economistas a los que admira. Son clones de Conan, el mastín que adoraba y que falleció en 2017. La muerte no cortó la comunicación entre ellos: Conan y él se hablan a través de una médium, según asegura su biógrafo no autorizado, Juan Luis González, autor de El loco.

A la exótica familia se ha sumado desde hace un par de meses su nueva pareja, Fátima Flórez, conocida por ser la imitadora televisiva de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Atrás han quedado las intimidades reveladas por Milei años atrás, cuando aseguraba que era profesor de sexo tántrico y lo llamaban “vaca mala” porque no eyaculaba más que una vez cada tres meses.

En el colegio Cardenal Copello era el loco, un apodo que también usaban sus compañeros de fútbol en los clubes en los que jugó de portero: Chacarita Juniors y San Lorenzo.

Sus excompañeros lo describen como un niño retraído, al que no le gustaba demasiado socializar. Una descripción similar hacen quienes compartieron oficina en la Corporación América, un conglomerado de empresas presidido por Eduardo Eurnekián, uno de los hombres más ricos de Argentina y quien es considerado como su primer padrino. Unos y otros coinciden en su temperamento explosivo, fuente incesante de problemas hasta la actualidad. “Vos sos una comunista de mierda, estás arruinando el país”, estalló Milei en el ascensor contra una vecina que le preguntó si en sus clases de Economía daba al británico John Maynard Keynes. “Andate, me estás maltratando”, gritó a la fotógrafa de EL PAÍS cuando le pidió que sonriera para hacerle un retrato. Periodistas y panelistas de televisión, en muchos casos mujeres, están también en la larga lista de quienes han padecido sus estallidos de rabia.

Autoritario

Ese carácter revela rasgos intransigentes y autoritarios, preocupantes para quien aspira a la Presidencia. Él y su candidata a vicepresidenta, Victoria Villarruel, niegan el terrorismo de Estado y minimizan los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura —y condenados en democracia— para considerarlos “excesos”. “Milei es profundamente antidemocrático. Se siente muy molesto cuando lo contradicen, no le gusta nada que le digan una cosa distinta de la que él piensa, aunque sea con buena onda”, cuenta el abogado liberal y experto en finanzas Carlos Maslatón. Este exmilitante de La Libertad Avanza, distanciado del candidato, pone como ejemplo lo ocurrido en su programa de radio años atrás. Expresó su desacuerdo con un instrumento financiero y Milei, furioso, se levantó y se fue del programa. Tardó tres semanas en volver a llamarle. Maslatón cree que detrás de esos desplantes hay una persona “muy insegura”.

Cuando la presidenta de la Cámara de Diputados, Cecilia Moreau, le pidió que la llamara presidenta y no presidente, él se negó a hacerlo. Al terminar su discurso abandonó el hemiciclo al grito de “casta, casta, casta”.

La alianza entre Milei y Villarruel fue ventajosa para ambos. El primero atrajo a votantes descontentos con las políticas económicas y Villarruel sumó a aquellos que se identifican con valores de extrema derecha, como antiabortistas, opositores a las demandas territoriales de las comunidades indígenas y a los derechos de las diversidades sexuales. Villarruel lo ayudó también a tejer alianzas con la ultraderecha mundial, en especial con el partido español Vox.

Sin embargo, la irrupción de Milei ha agigantado la grieta política de Argentina. Ni siquiera un espacio de la alta cultura como el Colón, el teatro lírico más importante del Colón, ha quedado a salvo de la tensión extrema que se respira en vísperas de las elecciones. La presencia del candidato no pasó desapercibida este viernes. “Milei, basura, vos sos la dictadura”, lo abucheó parte del público y de la orquesta al reconocerlo en un palco. Al término de la función, otros optaron por aplaudirlo.

Enemigo del Estado

La primera vocación de Milei fue el fútbol, pero la hiperinflación de Argentina a finales de los ochenta le llevó a cambiar los botines por los libros de economía. Se licenció en Economía en la Universidad de Belgrano, donde después fue también docente, e hizo posgrados en el Instituto de Desarrollo Económico y en la Universidad Torcuato di Tella. Estudió a fondo las ideas de Keynes para después repudiarlas una y otra vez.

Como liberal, se opone cualquier intervención del Estado en el mercado. Su rechazo ha sido escenificado ante las cámaras a través de metáforas tan violentas que su rival, el peronista Sergio Massa, se ha valido de ellas para deslegitimarlo como candidato a ocupar el sillón de Rivadavia.

— El Estado es el pedófilo en el jardín de infantes con los nenes encadenados y bañados en vaselina.

Así lo definió en 2019, cuando aún no había entrado en política. “Si yo tuviera que elegir entre el Estado y la mafia, me quedo con la mafia, porque la mafia tiene códigos, la mafia cumple, la mafia no miente y, sobre todas las cosas, la mafia compite”, dijo un año después.

Por esa época, Milei se presentó en un festival de cosplayers en Buenos Aires disfrazado de General AnCap (anarcocapitalista) con un antifaz y un tridente. “Vengo de Liberland”, anunció a los presentes, un país “donde nadie paga impuestos”. “Mi misión es cagar a patadas en el culo a keynesianos”, proclamó. Cuatro años después, ese superhéroe llegado de un país de ficción lidera las encuestas.

Milei entró y creció por los márgenes, como muchos populistas antes que él. Las redes sociales le sirvieron para conquistar a jóvenes durante la pandemia de covid-19, en especial aquellos furiosos contra un Gobierno que les impedía salir por el estricto confinamiento. Se reían con las barbaridades que escuchaban, pero también comenzaban a convencerse de la importancia de la batalla cultural con la que Milei prometía cambiar Argentina. Estos pregonaron más tarde la palabra del ultra entre sus padres y abuelos. “Mi hijo se volvió un fanático de Milei e insiste cada día para que mi marido y yo lo votemos. Pero yo no sé, es un loco, no sabemos lo que puede hacer”, admite la vendedora de una papelería de Buenos Aires que está entre ese 10% de indecisos que puede decantar la elección.

La desconfianza está extendida entre los empresarios, que recelan de la prometida dolarización de una economía sin dólares y temen el caos que puede provocar. Un centenar de prestigiosos economistas firmaron una carta en rechazo de esta y otras medidas económicas del candidato, pero su discurso se mantiene intacto en este punto. Ha cedido en las formas, pero no piensa hacerlo en el área económica. “El ministro de Economía voy a ser yo”, le respondió a alguien de su equipo cercano cuando le pidió un nombre para esa cartera central. De ser elegido, nombre habrá, pero Milei planea que sea sólo un empleado que acate sus órdenes.

Con su look postpunk adolescente —melena despeinada y chaqueta de cuero aunque el termómetro supere los 30 grados— Milei se transforma en sus mítines en una mezcla de estrella de rock y predicador mesiánico. Es su escenario predilecto. “Estar en el centro de atención de cualquier situación sin la necesidad de entablar un diálogo de ida y vuelta con los presentes sigue siendo el lugar en el que más cómodo se siente”, escribe González, el biógrafo no autorizado. Desde niño buscó ocupar ese lugar. En el patio de su escuela imitaba los bailes de su adorado Mick Jagger sin imaginar que décadas más tarde miles de personas corearían con él “Yo soy el rey de un mundo perdido”.

“Le cuesta estar en una reunión social y mantener un diálogo relajado con varias personas”, asegura el abogado liberal y experto en finanzas Carlos Maslatón. Tampoco acepta con gusto que le interrumpan. “Le gusta dar un discurso y retirarse”, continúa. La interacción puede incluir gritos y cánticos, pero no ser parte de una charla colectiva.

Milei es católico, pero hace años comenzó a acercarse al judaísmo y no descarta convertirse a este credo en un futuro. Durante la campaña presidencial contó que su máxima referencia es Moisés, al que definió como un gran líder que no tenía el don de divulgar. “Dios le mandó a Aaron para que divulgara. Kari [en referencia a su hermana Karina] es Moisés y yo soy el que divulga”, aseguró.

Ataques al papa Francisco

En el campo laboral, Milei alternó durante años la docencia universitaria con trabajos como economista. Fue asesor del general Antonio Bussi y economista jefe de la Fundación Acordar del excandidato presidencial Daniel Scioli. Pero en su currículum destaca sobre todo su trabajo durante una década a las órdenes del magnate argentino de origen armenio Eduardo Eurnekián. El multimillonario le dio el empujón mediático —a través de su televisión América TV— y los contactos que necesitaba para su carrera política. Más tarde, al menos en público, se arrepintió. “Tengo 3.700 empleados en mi empresa y uno salió fallado, ¿qué querés que haga?”, dijo días atrás. Lo que más le reprocha son sus críticas abiertas al papa Francisco, al que considera un “imbécil” que tiene “afinidad con comunistas asesinos” y al que ha llegado a calificar de “representante del maligno en la Tierra”. “No está a la altura para juzgar ni opinar sobre el Papa”, criticó Eurnekián.

“Nos acusan de haber creado al monstruo”, confiesa una fuente de este gigante empresarial. De ser cierto, no fueron los únicos. Exaliados de Milei cuentan que el entorno de Massa también le echó una mano para el armado inicial de listas con la esperanza de que Milei dividiese el voto opositor y desgastase a la derecha conservadora clásica. “Creía que sacaría un 15%, un 18% como máximo”, dicen. Cuando duplicó esa cifra y dejó en el camino a Juntos por el Cambio, quien le tendió la mano fue el expresidente Mauricio Macri. Si llega a la presidencia necesitará cerca de 5.000 amigos para ocupar los cargos de mayor confianza en el Estado. No los tiene, pero Macri está dispuesto a presentarle a muchos. El riesgo es que eso dé pie a una presidencia bicéfala, con una cara al sol y la otra en la sombra.

La unión de fuerzas entre Macri y Milei ha multiplicado y diversificado su público: los varones jóvenes ya no son una amplísima mayoría sino que hay también hombres y mujeres de mediana y avanzada edad. Mientras los primeros encontraron en Milei un dique de resistencia frente al avance del feminismo y de las minorías sexuales, los segundos ven en él al hombre que los puede salvar de otros cuatro años de peronismo. Los recién llegados corean con más timidez que los veteranos el hit La casta tiene miedo porque formaron parte de ella hasta un mes atrás. Se han perdido además el show del macho alfa subido a una camioneta con una motosierra encendida. Ese agresivo símbolo de los recortes ha sido reemplazado por el peluche de Pochita, un personaje del anime Chainsaw Man. Representa a un demonio, pero por su aspecto tierno nadie lo diría.

Su inexperiencia se hizo visible como nunca antes en el último debate contra Massa. El candidato peronista lo arrinconó y le asestó un golpe verbal tras otro en forma de preguntas. Milei intentaba responderlas como podía, pero a la vez peleaba una batalla no verbal: mantener las formas frente a las cámaras y no perder el control. Lo logró. Massa desnudó la falta de preparación de Milei para ponerse al frente del país, pero la paliza fue tan grande que muchos empatizaron con la fragilidad y las dudas del economista acorralado.

Milei llegó a la recta final de la campaña seguro de que sólo el riesgo de fraude se interponía entre él y una victoria en las urnas. Desde Córdoba, la provincia más antikirchnerista de Argentina, este hombre sin miedo pidió a los argentinos que se liberen y lo pierdan ellos también. “¿De qué riesgo me hablan, ¿De qué salto al vacío? ¡Si estamos yendo al infierno!”. Casi trece millones de argentinos decidieron este domingo darle una oportunidad.

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Análisis Noticiosos

El mensaje equivocado de la elección presidencial en Latinoamérica.

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Por José Cabral

La elección presidencial en los países latinoamericanos envía un mensaje preocupante, el cual consiste en que mientras más vínculos con el bajo mundo se tenga, mayores son las posibilidades de salir triunfante.

Este meta mensaje lo hemos vivido en Colombia, Honduras, Perú, Panamá y ahora en Brasil, lo cual quiere decir que para ser un buen candidato presidencial hay que tener vínculos con el bajo mundo, porque parece que la conducta ética no es apreciada por el votante latinoamericano.

Flavio Bonsonaro es buen ejemplo de la tendencia en este sentido, quien en las elecciones celebradas este domingo 4 de octubre en Brasil ha logrado quedar en primer lugar con una votación que llega casi al 50 por ciento.

Sin embargo, será el próximo 25 del presente mes cuando se celebre la segunda vuelta de los referidos comicios, en los que una serie de pequeños partidos han obtenido algo más del siete por ciento de la votación general, lo que de alguna manera representa lo que podría darle el triunfo a Bolsonaro, un hombre de derecha e imputado de una serie de irregularidades,

En Brasil se ha repetido la misma historia de otros lugares de Latinoamérica, donde el apoyo de Donald Trump a gente vinculada al bajo mundo logran imponerse en las elecciones presidenciales.

Este cuadro plantea si lo que ocurre en Latinoamérica significa que la lucha en contra del crimen transnacional carece de sinceridad y que se valora más al que anda en ese mundo que al hombre serio.

Son muchos los discursos en contra del crimen transnacional, pero todo parece indicar que esa narrativa no luce que sea sincera.

En consecuencia, me parece que el real mensaje que se envía es que meterse al lavado de activo y negocios ilícitos es la mejor vía para hacer política.

El triunfo de Bolsonaro y de otros elegidos en Latinoamérica no deja dudas de que el bajo mundo ha ganado la batalla e incluso entre los que dicen combatirlo.

Parece que no tiene sentido escoger el camino de la ética en la política, porque si bien hay quienes dicen combatir el problema del no respeto de la ley, pero en la práctica hacen todo lo contrario y el votante al final de la jornada también se inclina por esta tendencia.

Todo anda al revés de como lo plantea gente que busca cambios profundos en los países latinoamericanos, donde la ética parece importar muy poco.

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Análisis Noticiosos

CARTA ABIERTA A LA CLASE POLÍTICA DOMINICANA

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Por Nelson Valdez
Les hablo desde la responsabilidad ciudadana, no desde la trinchera partidaria. Les hablo porque la democracia dominicana atraviesa un umbral peligroso y pretender que todo sigue igual es una irresponsabilidad histórica.
Cuando una minoría decide en las urnas el destino de la mayoría, el sistema pierde su legitimidad moral. Una sociedad donde más de la mitad del país prefiere el silencio y la ausencia no es una sociedad apática: es una sociedad frustrada, desconectada y al borde de la ruptura. Gobernar o hacer oposición sobre la base de un electorado menguante es un espejismo de poder.
El verdadero peligro no es solo el diagnóstico de hoy —la desconfianza profunda y la falta de fe en el voto—, sino a dónde nos lleva este camino mañana: al extremismo, al colapso institucional y a la fractura irrecuperable de la paz social. Ninguna victoria electoral es sólida si se edifica sobre las ruinas de la apatía popular.
No podemos construir un país sostenible si marginamos la fuerza activa de nuestra juventud ni si mantenemos a la diáspora dominicana como una simple fuente de remesas sin voz ni participación real.
Hoy asumo el compromiso y levanto la voz de alerta para decirles que hay otra vía:
Reconciliación real con el ciudadano: Superar la división y el pragmatismo hueco para edificar un proyecto donde la mayoría vuelva a sentirse representada.
Compromisos alcanzables, no promesas vacías: Erradicar definitivamente los males estructurales que sí tienen solución mediante metas claras, medibles y sin demagogia.
Voluntad genuina de cambio: Mostrar con hechos que la política puede ser una herramienta de servicio y no de beneficio corporativo.
Para esta tarea de reencantar a nuestra juventud, de integrar a la diáspora y de devolverle la dignidad a la participación ciudadana, cuentan conmigo. Pero para que esa voz tenga eco, ustedes —oficialismo y oposición— deben demostrar que están a la altura del momento histórico.
Aún estamos a tiempo de evitar el abismo. Reconstruyamos la confianza antes de que el silencio de la mayoría se convierta en una tormenta incontrolable.

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Análisis Noticiosos

La República Dominicana entre las estadísticas y la realidad de la delincuencia en el pais.

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Las cifras oficiales presentan una supuesta tendencia descendente en los homicidios durante 2026, pero los robos, los hechos violentos de alto impacto y el temor ciudadano son el pan de cada día.

Por la redacción

La delincuencia sigue ocupando un espacio central en la conversación pública dominicana, pese a que las estadísticas oficiales hablan de avances en algunos indicadores, especialmente en la reducción de los homicidios, pero los hechos y  la percepción de inseguridad continúa presente en la mayoria de la población.

Al 11 de septiembre de 2026, la Fuerza de Tarea Conjunta reportó una tasa acumulada de 7.41 homicidios por cada 100,000 habitantes, inferior a los registros de 2025, 2024, 2023 y 2022. Además, pero lo que se se observa no parece corresponderse con esas estadisticas.

Ese dato muestra una aparente tendencia favorable en materia de violencia homicida. Sin embargo, por sí solo no permite concluir que la inseguridad haya dejado de ser un problema de primer orden en la preocupacion de la gente.

En el reporte correspondiente al corte del 31 de agosto, las autoridades contabilizaron 4,402 robos, junto con 91 homicidios y 183 personas heridas. Esto evidencia que la criminalidad no puede analizarse únicamente a través de las muertes violentas.

Una cosa es la estadística y otra la experiencia cotidiana

El ciudadano no mide la seguridad solamente por la tasa nacional de homicidios.

La mide cuando sale de su casa, cuando utiliza su teléfono en la calle, cuando deja un vehículo estacionado, cuando abre un negocio o cuando un familiar regresa tarde de trabajar.

Por eso, puede existir una aparente reducción  de algunos delitos y, al mismo tiempo, mantenerse una percepción elevada de inseguridad.

El problema se vuelve aún más visible cuando ocurren hechos violentos de gran repercusión mediática. Casos de homicidios, atracos, ataques dentro de viviendas o enfrentamientos armados generan un impacto social que va más allá de las estadísticas.

En septiembre, por ejemplo, la Policía ha informado sobre varios operativos vinculados a robos, atracos y homicidios, incluyendo casos en Boca Chica y Santo Domingo Norte.

Los robos siguen siendo parte importante del problema

Uno de los puntos que merece mayor atención es el comportamiento de los delitos contra la propiedad.

En apenas una semana, con corte al 4 de septiembre, el reporte policial registró 563 robos.

Aunque ese número necesita ser interpretado dentro del total nacional y comparado con períodos equivalentes, refleja que miles de ciudadanos continúan enfrentándose a situaciones relacionadas con sustracción de bienes, atracos y otros delitos patrimoniales.

Las propias autoridades han informado que, durante el primer semestre de 2026, los robos mostraban una reducción interanual de alrededor de 27 % frente a igual período de 2025.

La conclusión, por tanto, no es que los robos estén aumentando necesariamente, sino que siguen siendo numerosos y visibles, aun dentro de una tendencia oficial de esgrimir una narrativa de reducción del fenómeno..

El reto no es solo detener, sino prevenir

Otro elemento central del debate es la estrategia de seguridad.

La Policía ha intensificado patrullajes, operativos, allanamientos y ejecución de órdenes de arresto. A junio de 2026, las autoridades reportaban más de 1.7 millones de acciones preventivas, 3,220 órdenes de arresto ejecutadas y 845 allanamientos.

Pero una política de seguridad pública sostenible necesita ir más allá de la reacción policial.

Debe incluir prevención comunitaria, inteligencia criminal, control de armas ilegales, investigación de redes delictivas, persecución financiera del crimen organizado y fortalecimiento de la justicia.

También requiere atender factores sociales que, sin ser una causa automática de la delincuencia, pueden crear contextos de mayor vulnerabilidad: abandono escolar, falta de oportunidades laborales, consumo problemático de drogas, violencia familiar y presencia de estructuras criminales en determinados sectores.

La confianza ciudadana es parte de la seguridad

Existe otro desafío menos visible: la confianza en las instituciones.

Cuando una víctima no denuncia porque considera que “no vale la pena”, cuando teme represalias o cuando piensa que el expediente no avanzará, el sistema de seguridad pierde información esencial.

La lucha contra la delincuencia también depende de que el ciudadano confíe en la Policía, el Ministerio Público y los tribunales.

Una investigación bien realizada, un proceso judicial transparente y una sanción conforme al debido proceso pueden tener un efecto preventivo tan importante como el patrullaje.

Una realidad con dos caras

Los datos actuales permiten identificar una realidad compleja.

Por un lado, la tasa de homicidios presenta una tendencia supuestamente descendente: pasó de niveles superiores a 13 por cada 100,000 habitantes en 2022 a alrededor de 7.4 en septiembre de 2026, según las estadísticas oficiales, pero en la práctica no parece ser esa la realidad.

Por otro, los robos, los delitos violentos de alto impacto y la constante difusión de hechos criminales mantienen viva la preocupación social.

La cuestion es que eso explica por qué puede existir una diferencia entre lo que muestran las cifras y lo que siente la gente.

El desafío: que la mejoría estadística llegue a las calles

La verdadera prueba para cualquier política de seguridad no será únicamente reducir una tasa.

Será conseguir que esa reducción se traduzca en una experiencia cotidiana diferente.

Que el comerciante pueda cerrar su negocio con menos temor.

Que una persona pueda caminar por su comunidad sin sentirse permanentemente vulnerable.

Que una familia pueda confiar en que, si ocurre un delito, habrá una investigación seria y una respuesta institucional.

La República Dominicana muestra, de acuerdo a los informes oficiales, supuestos avances  en algunos indicadores, particularmente en homicidios, pero  el desafío de la seguridad ciudadana continúa siendo mucho más amplio: reducir el delito, fortalecer la justicia y lograr que la población también perciba esa mejoría en su vida diaria.

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