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APD se pone a tono con política programática, ética y visionaria en contienda electoral de cara elecciones de 2020..
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7 años agoon
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LA REDACCIÓNPor Cristina Rodríguez
La Alianza por la Democracia (APD) en su coalición con el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y una serie de organizaciones políticas ha apostado a una propuesta programática para ascender al control del Estado y cambiar a la República Dominicana.
Este partido, que lidera el doctor Max Puig, ha decidido asumir con toda la seriedad posible las candidaturas que le fueron asignadas mediante un acuerdo que incluye además al Frente Amplio (FA), Dominicanos por el Cambio (DXC), Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD) y el Partido Humanista Dominicano (PHD).
La APD en su acuerdo político lleva candidaturas a alcaldes, vicealcaldes, directores, vocales, regidores y diputados en diferentes municipios, distritos municipales y circunscripciones de todo el territorio nacional, lo cual podría implicar que haya una buena representación en los diferentes espacios públicos.
En el marco de su plan programático la APD por lo menos se ha preocupado de presentar propuestas al electorado, a fin de cambiar la forma de hacer política en la República Dominicana, donde la misma se ha convertido en una verdadera chercha.
El discurso y los programas de los candidatos de la APD, aunque no se logren aprobar en el Congreso Nacional e incluso en las salas capitulares de las alcaldías del país, no deja dudas del compromiso de esta organización política con los mejores intereses del pueblo dominicano.

Manuel Primo Iglesias, candidato a regidor circunscripción No. 1
En lo que respecta al municipio de Santiago, la APD ha presentado las candidaturas a las regidurías 1 y 2, pertenecientes a las circunscripciones de los mismos números, a los señores Manuel Primo Iglesias y Rafaelina Vargas, dos personas que no dejan ninguna duda de su compromiso con las mejores causas de los dominicanos.
El plan programático de estos dos candidatos incluye, entre otras cosas, la restauración de un patrimonio de Santiago de los Caballeros, como lo es el Hotel Mercedes, el cual se desmorona ante la indiferencia de las autoridades del municipio y del Gobierno Central.
Este monumento de la hotelería nacional se proyecta como un gigante que ya no puede sostenerse por si mismo por las condiciones de abandono en que se encuentra a pesar de estar localizado en el mismo corazón del centro histórico de la segunda ciudad en importancia del país, como lo es la calle 30 de Marzo.
Otra de las propuestas de los candidatos a regidores de la APD es la construcción de canchas para la práctica de baloncesto y voleibol, así como de otras disciplinas deportivas, como una forma de sacar a los jóvenes del mundo de la exclusión, que sólo los impulsa a buscar resolver sus problemas en el mundo de las drogas o de la delincuencia a mano armada.
Los aspirantes regidores Iglesias y Vargas han lanzado la idea de crear una sinfónica infantil en Santiago para que los niños de las escuelas publicas y privadas puedan incorporarse a la misma y desarrollar su talento artístico, pero además es una forma de darle vida al alma de los munícipes de una ciudad que ha visto bajar su nivel de vida e invertir una serie de valores que sólo se podrían restablecer con el arte y la cultura.

Rafaelina Vargas, candidata regidora circunscripción 2
Los señores Iglesias y Vargas también han planteado mediante su plan programático es la restauración de monumentos históricos de Santiago, como el Centro de Recreo y el Palacio Consistorial.
Otra propuesta de gran impacto de estos aspirantes a regidores por la APD es la titulación de todos los dominicanos que viven en terrenos del ayuntamiento, donde pagan un arrendamiento, pese a que lo ideal es dotar a esta gente de sus títulos de propiedad para que se sientan más seguros del techo donde tienen su familia.
Por su parte, la candidatura a diputado por la Circunscripción 2 por la APD propone el restablecimiento de la Constitución del 1963 con la incorporación de una serie de figuras jurídicas, como el referendo revocatorio y el constitucional, entre otras.

José Cabral, candidato a diputado por la circunscripción No.2
El candidato a diputado por la APD lo es el licenciado José Cabral Salcedo, quien tiene una larga trayectoria empresarial y profesional, ya que se ha desempeñado como periodista que ha laborado para cadenas como Univisión y Telemundo de los Estados Unidos, así como para los canales de la televisión pública de la unión americana.
De igual modo, Cabral Salcedo contempla de salir electo por la Circunscripción 2 de la provincia de Santiago la modificación de la Ley 1091, que crea la Colegiación Periodística en la República Dominicana y asimismo buscará la creación de una confederación nacional de colegios profesionales.
Otra de las iniciativas legislativas de Cabral Salcedo es someter un proyecto de ley para crear el primer canal de televisión de servicio público, pero de carácter privado, educativo y cultural, parecido a los que existen en muchos países altamente desarrollados como Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, entre otros.
Esa estación de televisión, amén de que servirá para fortalecer la democracia, también será un instrumento vital para promover en el exterior, porque se busca exportarlo a los mercados donde hay asentados grandes cantidades de criollos, la dominicanidad y el turismo, lo cual estimula y fortalece la economía nacional.
Otros planes es la conversión de San José de las Matas en un municipio medioambiental, que permita la construcción de un moderno hospital de turismo de salud, así como de una universidad con el mismo concepto mediante la inversión público- privada.
Para una mejor ilustración de las candidaturas municipales y provincial de la APD en su coalición con el PRM y una serie de partidos más, se publica íntegramente los programas de los candidatos anteriormente mencionados.
Plan programático de la APD para el primer año de nuestros candidatos a las regidurías de las circunscripciones 1 y 2 del municipio de Santiago.
- Desarrollar un programa de titulación de viviendas que han sido construidas en terrenos de propiedad del ayuntamiento y que mantienen un contrato de arrendamiento con el gobierno municipal.
- Promover una alianza con el Gobierno central a través de Patrimonio Cultural para restaurar el Hotel Mercedes y las casas victorianas y republicanas, a fin de vender al municipio como un destino de turismo histórico, cultural y ecológico mediante el aprovechamiento de su entorno.
- Construir canchas para promover y estimular la práctica de baloncesto y voleibol, a fin de sacar a nuestros jóvenes de las drogas y cualquier otra desviación.
- Crear en el municipio una sinfónica infantil en la que tengan participación las escuelas públicas y privadas.
- Crear o si existe fortalecerlo y ampliar un departamento cultural en el ayuntamiento de Santiago, que procure restaurar conjuntamente con patrimonio cultural lugares como el Palacio Consistorial y el Centro de Recreo, entre otros, así como trabajar con instituciones como el Centro de la Cultura, Casa de Arte y la 37 por las Tablas a través de un consejo municipal para estos fines.
- Organizar un campeonato municipal de béisbol infantil y amateur interbarrial, en el que tengan participación equipos de barrios como Pueblo Nuevo, Los Pepines, La Joya y Baracoa, Los Salados, Buenos Aires, Gregorio Luperón y los Ciruelitos, entre otros.
- Promover la formación de clubes culturales y deportivos en los diferentes barrios, a fin de fortalecer y promover una cultura cívica en el municipio y desde ellos las artes y la cultura para atacar el fenómeno de la delincuencia y la violencia intrafamiliar.
- Crear un canal de televisión educativo y cultural del municipio de Santiago mediante una fundación o patronato, conformado por munícipes destacados y ejemplares a fin de promover los valores de los santiaguenses y cuya programación nunca debe estar al servicio de la politiquería.
- Aprovechar la experiencia de los adultos mayores con conocimientos especiales, para que sean asesores del ayuntamiento de Santiago en las diferentes disciplinas de las ciencias y para impartir conferencias en escuelas y colegios.
- En la promoción del turismo local recurrir a casas republicanas y victorianas para alojar a jóvenes de otros países mediante intercambios deportivos y culturales, cuyo pago será mínimo.
- Establecer programas de intercambios con gobiernos municipales de ciudades importantes de Europa y los Estados Unidos, como París, Nueva York y Montreal, entre otras, a fin de asimilar muchas de sus políticas que sean aprovechables para convertir a Santiago en un ejemplo de gestión municipal en el mundo.
- Distribuir por lo menos 10 becas anuales a los estudiantes más sobresalientes de las escuelas públicas y privadas a nivel de primaria, intermedia y secundaria del municipio de Santiago
POR UN GOBIERNO MUNICIPAL EFICIENTE,
HUMANO E INCLUYENTE
PLAN PROGRAMATICO AMPLIADO PARA EL PRIMER AÑO DE LA CANDIDATURA A DIPUTADO POR LA CIRCUNSCRIPCION 2 DE LA PROVINCIA DE SANTIAGO.
- Anteproyecto de ley para restablecer la Constitución del 1963 mediante la convocatoria de una constituyente con votación y elección popular para la incorporación de algunas figuras jurídicas como el referendo revocatorio y el constitucional, así como la ampliación del plebiscito, la conversión del Congreso Nacional en unicameral, el establecimiento de una nueva composición del Consejo Nacional de la Magistratura y que éste tenga la responsabilidad de escoger al Procurador General de la Republica en vez del Poder Ejecutivo para eliminar la influencia de los partidos políticos en el sistema de justicia y de ese modo lograr una mayor independencia de este poder del Estado. De igual modo, incorporar a la Constitución de la República la elección de un senador por las comunidades del exterior a partir de que las mismas tienen la categoría de una provincia de la dimensión de Santiago, la cual cuenta con tres circunscripciones que permite la elección de siete diputados. Asimismo extender la aplicación de la Ley de Mecenazgo a las comunidades en el exterior en función de lo consignado en el artículo 64 de la actual Constitución y a través del sub-ministerio de Cultura que opera en la ciudad de Nueva York.
- Anteproyecto de Ley de Colegiación de los Periodistas y de una confederación de colegios profesionales, ya que el informador público es el único profesional académico que no cuenta con ese logro a pesar de ser el primero que la propuso en la tercera etapa de la lucha por la consecución de esa reivindicación.
- Anteproyecto de ley para crear mediante una fundación o patronato del primer canal de televisión educativo y cultural de servicio público, pero de carácter privado, a fin de promover la dominicanidad y restablecer valores, así como para promover el turismo y mejorar la economía.
- Anteproyecto para crear las comisiones de desarrollo municipal, barrial y nacional como forma de evitar la malversación de los fondos destinados a la construcción de obras públicas, las cuales tendrán como misión realizar un censo en los diferentes pueblos para determinar su composición social y sus necesidades.
- Anteproyecto para que el Estado se haga garante frente a los bancos de los Estados Unidos para hacerles préstamos blandos a los comerciantes dominicanos del exterior, principalmente de los Estados Unidos.
- Anteproyecto para restablecer la educación hostosiana en el sistema educativo dominicano para que pase de memorial a racional.
- Anteproyecto de ley que obligue a la creación de empresas mixtas en los diferentes municipios con inversión del Estado, los empresarios privados residentes en los mismos y los nativos de cada uno de ellos que viven en el exterior y que reúna las condiciones para esos fines, a fin de disminuir el desempleo y sacar a los jóvenes de la exclusión social.
- Anteproyecto de ley para modificar la Ley 8701 que crea el sistema de seguridad social y que a través de esta nueva legislación haya una sola Administradora de Riesgo de Salud (ARS) y una sola Administradora de Fondos de Pensiones (AFP) de carácter públicas y de membresía universal.
- Anteproyecto de ley para eliminar la duplicidad de funciones en el Estado dominicano, como por ejemplo la existencia de dos ministerios de educación.
- Gestionar a través de las alcaldías la promoción de campeonatos de las diferentes disciplinas deportivas con la consecuente construcción de complejos deportivos a fin de contrarrestar el involucramiento de los jóvenes en el mundo de las drogas, tráfico y consumo, así como en la delincuencia con y sin violencia.
- Trabajar para la conversión de San José de las Matas en un municipio medioambiental que permita la construcción de un hospital público-privado internacional de turismo de salud, así como de un Centro de Convenciones, Congresos y Cónclaves Internacionales, cuya inversión provendría del gobierno central a través de los ministerios de Turismo y de Medioambiente.
- Gestionar la creación en la Sierra de una universidad medioambiental con inversión público-privada para atraer estudiantes nacionales y extranjeros
- Gestionar y trabajar para la conversión de las alcaldías de la Sierra, encabezada por la de San José de Las Matas, en un mecanismo para el establecimiento de alianzas estratégicas con otros municipios ejemplares del mundo.
- Gestionar la construcción mediante la misma modalidad de un centro de convenciones, congresos y cónclaves internacionales en la Sierra, el cual también serviría para el montaje en San José de las Matas de un premio internacional a la excelencia profesional en la salud.
- Gestionar y montar con los sectores públicos y privados la creación de la Feria Internacional de Inversión para el Desarrollo de la Sierra.
POR UN ESTADO PARTICIPATIVO,
INSTITUCIONAL Y EFICIENTE
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El camino tortuoso de crear una micro, pequena o mediana empresa en R.D. y cuyo principal desafio es el de sobrevivir.
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3 días agoon
octubre 4, 2026Por Elba García
En República Dominicana, abrir un pequeño negocio puede comenzar con una idea, unos cuantos ahorros y el deseo de progresar.
Mantenerlo abierto, sin embargo, es otra historia.
Detrás de cada colmado, salón de belleza, taller, cafetería, pequeña tienda, empresa de servicios, fábrica artesanal o negocio familiar existe una estructura que genera empleo, mueve dinero en los barrios y sostiene a miles de familias.
Son las micro, pequeñas y medianas empresas.
Y aunque constituyen una de las principales columnas de la economía dominicana, para muchas de ellas sobrevivir significa enfrentar todos los días una carrera contra los costos, la falta de liquidez y las dificultades para financiarse.
EL PESO DE LAS MIPYMES
Su importancia no es marginal.
La Encuesta Nacional de MIPYMES 2022-2023 contabilizó unas 404 mil unidades empresariales, generadoras de alrededor de 3 millones 52 mil empleos. El MICM señala que el sector representa aproximadamente el 61.6% del empleo total y alrededor del 32% del Producto Interno Bruto.
Por su parte, los registros tributarios muestran la magnitud de su presencia dentro del empresariado formal.
La Dirección General de Impuestos Internos registró 275,950 MIPYMES en 2024, equivalentes al 98.5% de las empresas registradas consideradas en ese boletín.
De ese total, 232,459 eran microempresas, 35,327 pequeñas y 8,164 medianas.
Esto significa que cuando una pequeña empresa atraviesa dificultades, no estamos hablando simplemente del problema particular de un comerciante.
Estamos hablando de empleo, consumo, producción, impuestos y sustento familiar.
¿CUÁNTAS LOGRAN SOBREVIVIR?
Aquí aparece una de las cifras más reveladoras.
La Oficina Nacional de Estadística establece que durante 2025 sobrevivieron 109,192 empresas formales, equivalentes al 87.4% del stock de empresas activas de ese año.
La tasa general de supervivencia fue de 91.4%.
Pero cuando se observa el tamaño de las empresas, aparece una diferencia significativa.
Por cada cien microempresas activas en 2024, aproximadamente 90 continuaron funcionando en 2025.
La tasa de supervivencia de las microempresas fue de 90.2%.
En las pequeñas empresas alcanzó 96%.
Y en las medianas llegó hasta 98%.
Es decir, mientras más pequeño es el negocio, mayor parece ser su vulnerabilidad.
Y esa diferencia importa.
Porque una microempresa dispone generalmente de menos capital de respaldo, menos capacidad para absorber pérdidas y menores posibilidades de resistir varios meses de reducción en sus ventas.
EL COSTO DE MANTENER LAS PUERTAS ABIERTAS
El empresario pequeño no solo necesita vender.
Tiene que pagar alquiler.
Electricidad.
Nómina.
Seguridad Social.
Transporte.
Combustibles.
Impuestos.
Servicios tecnológicos.
Inventarios.
Materias primas.
Mantenimiento.
Y muchas veces tiene que reponer mercancías a precios superiores antes de haber recuperado completamente el dinero invertido en las anteriores.
Cuando esos costos aumentan, una empresa grande puede contar con reservas, negociar mejores precios con proveedores o acudir al financiamiento.
Una microempresa tiene mucho menos espacio para maniobrar.
Los datos internacionales más recientes también retratan parte del problema empresarial dominicano.
La Encuesta Empresarial 2025 del Banco Mundial identificó entre los obstáculos mencionados por las empresas las tasas impositivas, la competencia del sector informal, la electricidad, la disponibilidad de trabajadores adecuadamente preparados y el acceso al financiamiento.
La propia base del estudio muestra empresas que calificaron el acceso al crédito como un obstáculo moderado, importante o muy severo. La encuesta advierte, sin embargo, que los conteos de esa base no deben interpretarse directamente como porcentajes representativos de todas las empresas dominicanas.
EL CRÉDITO: NECESARIO, PERO CARO
El financiamiento constituye otro punto crítico.
Según el Monitor de Industria del MICM, durante el último cuatrimestre de 2024 la tasa de interés promedio aplicada a las MIPYMES fue de aproximadamente 17.2%.
Pero las microempresas pagaban más.
La tasa promedio para ellas alcanzaba 18.4%, frente a 16.9% para las pequeñas y 15.3% para las medianas.
Esto plantea una paradoja:
quien tiene menor capacidad económica puede terminar enfrentando un financiamiento proporcionalmente más costoso.
Y cuando un préstamo se utiliza no para ampliar una empresa, comprar maquinaria o innovar, sino para pagar nómina, alquiler, suplidores o deudas anteriores, el crédito deja de convertirse en una herramienta de crecimiento y puede transformarse en una extensión del problema de liquidez.
¿SIGNIFICA ESTO QUE NO EXISTEN PROGRAMAS DE CRÉDITO?
No.
Y esta precisión es importante.
El Estado dispone de mecanismos dirigidos al sector, aunque necesariamente se debe examinar el criterio del manejo de los mismos, porque generalmente hay favoritismos y se privilegia no al más necesitado, sino al que mayores conexiones políticas tiene.
PROMIPYME informó que durante 2025 desembolsó más de RD$8,169 millones, impactando a 36,981 micro, pequeños y medianos empresarios.
Para junio de 2026, la institución informó que su cartera había alcanzado alrededor de RD$11,846 millones y que los desembolsos acumulados entre 2024 y junio de 2026 superaban los RD$19,800 millones.
PROMIPYME también ha ofrecido créditos alrededor del 12% anual y ha incorporado mecanismos como “Tu Firma es Tu Garantía” y nuevos modelos de evaluación crediticia.
El problema, por tanto, no puede resumirse diciendo que no existe financiamiento, pero de cualquier modo se debe determinar cómo se indica más arriba cuál es el criterio de la colocación o otorgamiento de los mismos.
Pero a la luz de los informes oficiales sobre financiamiento, la pregunta correcta es otra:
¿es suficiente, accesible, oportuno y adecuado para las necesidades de cientos de miles de pequeñas unidades productivas?
EL PROBLEMA DEL TAMAÑO
La vulnerabilidad se concentra precisamente donde está la mayoría.
De las 275,950 MIPYMES registradas por la DGII para 2024, 84.2% eran microempresas.
Y dentro de ese grupo, cerca del 59.7% estaba clasificado como microempresa de subsistencia.
Esto ayuda a explicar el fenómeno.
No estamos hablando únicamente de pequeñas compañías con oficinas estructuradas y capital acumulado.
Estamos hablando también de negocios que dependen diariamente de lo que venden para volver a comprar, pagar sus compromisos y sostener a sus propietarios.
En esos casos, una caída en las ventas, una avería, una factura elevada, una enfermedad, la pérdida de mercancía o varias semanas con poca actividad pueden convertirse en una crisis empresarial.
FORMALIDAD VERSUS SUPERVIVENCIA
Aquí surge otra contradicción.
El país necesita que los pequeños negocios se formalicen.
Pero formalizarse también significa asumir responsabilidades tributarias, laborales y administrativas.
Si el empresario formal compite al mismo tiempo contra unidades económicas que operan fuera de esos costos, aparece una desigualdad competitiva.
Por eso, formalizar no debe consistir únicamente en registrar una empresa.
Debe significar también crear las condiciones para que esa empresa pueda permanecer formal, crecer y generar empleos.
¿QUÉ NECESITAN LAS MIPYMES?
El desafío dominicano parece exigir algo más amplio que simplemente prestar dinero.
Se requiere financiamiento competitivo.
Pero también educación financiera.
Asistencia técnica.
Digitalización.
Acceso a mercados.
Compras públicas.
Innovación.
Capacitación empresarial.
Mecanismos de garantías.
Y políticas que permitan que una empresa pase de sobrevivir a crecer.
Porque prestar dinero a un negocio sin analizar su capacidad para producir, vender y pagar puede resolver una urgencia, pero no necesariamente garantiza su sostenibilidad, lo que no parece garantizar el Estado en esta materia.
Las MIPYMES dominicanas representan una paradoja económica.
Son pequeñas individualmente…
pero gigantes cuando se observa su impacto colectivo.
Generan millones de empleos y constituyen prácticamente todo el tejido empresarial del país.
Sin embargo, son precisamente las unidades más pequeñas las que presentan la menor tasa de supervivencia.
En 2025, mientras las medianas empresas, según estadísticas oficiales, alcanzaron una supervivencia de 98%, las microempresas se situaron en 90.2%.
Detrás de esa diferencia hay historias empresariales que merecen ser estudiadas.
Porque el gran desafío económico no es solamente conseguir que cada año nazcan miles de negocios.
Es lograr que puedan llegar al segundo año.
Al quinto.
Al décimo.
Que puedan contratar trabajadores.
Invertir.
Crecer.
Y transformarse algún día de micro a pequeñas, de pequeñas a medianas y, por qué no, de medianas a grandes.
Porque cuando desaparece una pequeña empresa no siempre cierra solamente un establecimiento.
Muchas veces desaparece un empleo.
Una fuente de ingresos.
Una inversión familiar.
Y quizás el proyecto económico de toda una vida, cuyo desenlace también implica un problema humano.
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Los pesticidas en los alimentos son un riesgo invisible para la salud humana y un desafío para el Estado en R. D.
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1 semana agoon
septiembre 28, 2026Es un problema que está presente todos los días sobre nuestras mesas con los productos agrícolas que consumimos como tomates, lechugas, ajíes, pepinos, plátanos, frutas, vegetales, entre otros.
Por Elba García
Estos productos son asociados con una alimentación saludable, pero detrás de cada uno de ellos existe una pregunta que pocas veces se hace el consumidor, como qué cantidad de pesticidas fue utilizada durante su producción y cuántas de esas sustancias podrían permanecer en el alimento que finalmente consumimos.
El uso de plaguicidas, insecticidas, herbicidas y fungicidas forma parte de la agricultura moderna, a los fines de combatir insectos, hongos, malezas y otras amenazas capaces de destruir plantaciones enteras.
Por tanto, el problema no está necesariamente en utilizar productos fitosanitarios autorizados, sino también en que el verdadero peligro aparece cuando se utilizan productos prohibidos en una sociedad sin controles eficientes y donde se aplican dosis superiores a las permitidas, se mezclan sustancias incorrectamente o no se respeta el periodo que debe transcurrir entre la última aplicación y la cosecha.
La Organización Mundial de la Salud advierte que los pesticidas pueden ser potencialmente tóxicos para los seres humanos y producir efectos agudos o crónicos dependiendo del producto, la dosis y la forma de exposición y ya en el país ha habido secuelas en este sentido.
El mayor riesgo comienza en el campo, donde los primeros expuestos son los propios trabajadores agrícolas, porque quien prepara el producto, quien llena una mochila de fumigación, quien aplica el químico, quien permanece dentro de la plantación y también las personas que viven cerca de áreas donde se realización las aplicaciones sufre una mayor exposición, especialmente cuando no utilizan correctamente guantes, mascarillas, ropa protectora y demás equipo de seguridad.
Según la OMS, entre sus posibles manifestaciones pueden encontrarse irritaciones de piel y ojos, mareos, náuseas, vómitos, dificultades respiratorias y alteraciones neurológicas, dependiendo de la sustancia involucrada y de la cantidad recibida, pero peor aún se corre el riesgo de padecer de enfermedades catastróficas como cáncer
La misma OMS señala que determinadas exposiciones elevadas o prolongadas a pesticidas pueden relacionarse, según la sustancia, con efectos además sobre el sistema nervioso, la reproducción y otros problemas de salud, las cuales en algún momento provocaron prácticamente una epidemia de cirrosis hepática en el país.
Sin embargo, no todos los pesticidas pueden colocarse bajo una misma categoría de riesgo, ya que cada sustancia posee características toxicológicas diferentes.
El problema abordado en este reportaje toma otra dimensión cuando los productos del campo llegan a la mesa del consumidor, lo que indica que el riesgo no termina necesariamente cuando concluye la fumigación.
Porque una parte de los productos utilizados puede permanecer como residuo en frutas, verduras, cereales y otros productos agrícolas, lo que motiva que haya los llamados límites máximos de residuos, conocidos como LMR.
Estos límites establecen cuánto residuo de una sustancia puede permanecer legalmente en determinado alimento, lo cual en la República Dominicana se dispone de una base oficial máxima de los mismos que contempla diferentes principios activos y los compara, entre otros parámetros, con estándares del CODEX Alimentarius, Estados Unidos y la Unión Europea.
La OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura evalúan periódicamente pesticidas y establecen parámetros científicos destinados a determinar niveles de exposición considerados aceptables para los consumidores.
En el informe conjunto correspondiente a 2025 fueron evaluados 38 pesticidas, incluyendo aspectos de toxicología y exposición alimentaria, lo cual permite establecer que la presencia de un residuo de pesticida en un alimento no significa automáticamente que ese producto es peligroso.
Realmente el riesgo depende de cuál sustancia está presente, y fundamentalmente, de su concentración y del nivel de exposición del consumidor, ya que el problema aparece cuando los residuos superan los límites de seguridad establecidos.
El principal desafío en esta materia ocurre cuando falla el control en muchos países agrícolas, porque no basta con establecer normas, dado que es necesario comprobar que realmente se cumplen.
Un sistema efectivo necesita vigilancia desde la importación y comercialización del pesticida hasta su utilización en la finca y además necesita de agricultores capacitados, y registros de los productos utilizados, lo cual no es tan fácil en el país por los bajos niveles de fiscalización y control del Estado.
De igual modo se imponen inspecciones, laboratorios, toma periódica de muestras, análisis de frutas y vegetales, control de los establecimientos que comercializan agroquímicos, a los fines de promover sanciones cuando se detecten prácticas que puedan poner en peligro la salud humana o el medio ambiente.
La propia Organización Mundial de la Salud sostiene que, debido a que los pesticidas son sustancias intrínsecamente tóxicas utilizadas deliberadamente en el ambiente, su producción, distribución y aplicación requieren regulación estricta, además del monitoreo periódico de residuos en alimentos y en el medio ambiente.
En República Dominicana no existe un marco de regulación y vigilancia de plaguicidas eficiente, pese a que en el 2024 el Ministerio de Agricultura dijo que actualizó disposiciones relacionadas con el registro de los mismos y reafirmó su responsabilidad de supervisar los productos que se formulan, comercializan, utilizan o aplican en territorio dominicano, procurando reducir los riesgos para la salud y el medio ambiente.
En la teoría, aunque no en la práctica, también existen programas oficiales para el monitoreo de residuos en frutas y vegetales nacionales e importados, pese a que el funcionario competente regularmente insiste en la existencia de control.
De cualquier modo, la interrogante al respecto debe versar sobre si son suficientes la vigilancia, la frecuencia de análisis, la capacidad de fiscalización y la educación de todos los productores para garantizar que cada producto agrícola que llega al consumidor cumpla con los niveles establecidos.
Pero si se profundizara la discusión sobre este particular, necesariamente habría que decir que, de acuerdo con un informe de monitoreo divulgado por el Ministerio de Agricultura fueron analizadas 1,188 muestras de frutas y vegetales, de las cuales el 97 por ciento se encuentra conforme con los parámetros técnicos utilizados, mientras que solo una proporción reducida presentó residuos que excedían los niveles establecidos.
De ser como lo plantea el órgano oficial y competente, entonces podría decirse por qué los controles son necesarios, porque cuando la mayoría de las muestras cumple, basta la existencia de productos fuera de los parámetros.
Hay otra realidad que preocupa y es cuando un producto sale del país hacia mercados internacionales, el mismo debe enfrentarse a controles establecidos por los compradores, como los Estados Unidos y la Unión Europea, quienes aplican limites específicos de residuos de pesticidas.
Otro informe que habría que determinar su efectividad es que el Ministerio de Agricultura dijo que reforzó en zonas fronterizas dominicanas medidas que incluían monitoreo de residuos de plaguicidas en productos destinados a exportación hacia Estados Unidos y Europa, lo cual plantea otra pregunta.
¿Debe existir el mismo nivel de vigilancia sobre los alimentos destinados al mercado dominicano que sobre aquellos destinados a la exportación?
La respuesta desde el punto de vista de la salud pública debería conducir a un principio fundamental:
el consumidor dominicano merece los mismos niveles de inocuidad y seguridad alimentaria.
También sería un error generar la percepción de que consumir frutas y vegetales representa automáticamente un peligro, aunque hay una gran diferencia de los productos destinados a la exportación y los que se comercializan en el mercado local.
Aunque la Organización Mundial de la Salud explica que la población general normalmente está expuesta a niveles mucho menores de pesticidas que los trabajadores que los manipulan directamente, el consumidor al final de la jornada resulta ser el más perjudicado por la existencia del elemento cuantitativo.
Además, la evaluación científica internacional busca precisamente establecer límites que permitan utilizar determinados productos agrícolas sin representar riesgos inaceptables para el consumidor.
El problema surge con el uso incorrecto.
Cuando se aplica más cantidad de la recomendada.
Cuando se fumiga demasiado cerca de la cosecha.
Cuando alguien utiliza sustancias no autorizadas.
Cuando los trabajadores manipulan productos sin protección.
Cuando se contaminan fuentes de agua.
O cuando los mecanismos de vigilancia no detectan a tiempo las irregularidades.
No obstante, también debe decirse que el consumidor también puede adoptar algunas medidas básicas, como la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de que se debe lavar adecuadamente frutas y vegetales, y, cuándo es apropiado para determinados alimentos, pelarlos.
Estas medidas pueden contribuir a disminuir ciertos residuos superficiales y otros contaminantes microbiológicos, pero algo debe quedar claro que la responsabilidad principal no puede recaer sobre quien compra los alimentos, porque debe entenderse que el consumidor no cuenta con un laboratorio en su casa, lo que imposibilita si una lechuga contiene determinado pesticida.
Es decir, que no puede determinar con mirar un tomate qué producto químico fue utilizado hace algunos días, pero esta inocuidad alimentaria depende fundamentalmente de controles anteriores a la comercialización.
El gran reto de la República Dominicana como un país con una importante actividad agrícola es que miles de familias viven de la producción de frutas, vegetales, arroz, plátanos, café, cacao, habichuelas y otros productos y que se hace necesario protegerla.
Pero también es necesario proteger a quienes trabajan la tierra y a quienes consumen sus productos, por lo que el problema debe trascender el debate del uso o no de pesticidas, sino qué productos se usan y en qué cantidades.
Además, ¿quién supervisa su aplicación?
¿y si se respetan los tiempos antes de cosechar?
¿con qué frecuencia se analizan los alimentos que llegan a nuestros mercados?
¿qué ocurre cuando un producto supera los límites permitidos?
¿se informa al consumidor?
Porque si bien es cierto que es de primer orden garantizar alimentos suficientes, también es fundamental que los mismos sean seguros, porque en una sociedad donde cada día millones de personas consumen productos provenientes directamente de la agricultura, controlar adecuadamente los pesticidas no debe ser considerado solamente un asunto del campo, sino que se trata de un asunto de salud pública.
Es una cuestión ambiental.
Es un asunto de seguridad alimentaria.
Y, sobre todo, es una responsabilidad que comienza en la finca…
pero termina en la mesa de cada familia dominicana.
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Peregunta obligada del momento ¿Qué pesa más en la sociedad dominicana: el miedo o la vergüenza?
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2 semanas agoon
septiembre 23, 2026Por Elba García
En la sociedad dominicana existen sentimientos que, aunque muchas veces permanecen ocultos, condicionan decisiones personales, familiares y hasta colectivas. Dos de ellos tienen una presencia particularmente fuerte: el miedo y la vergüenza.
Miedo a denunciar una injusticia. Miedo a perder el empleo. Miedo a enfrentar a quien tiene poder. Miedo a las consecuencias de hablar.
Pero también vergüenza: de reconocer dificultades económicas, de admitir que se sufre violencia, de pedir ayuda, de aceptar un fracaso o de revelar una realidad que no coincide con la imagen que se proyecta ante los demás.
De ahí surge una pregunta que merece una reflexión profunda: ¿qué pesa más en la sociedad dominicana, el miedo o la vergüenza?
El peso del “qué dirán”
Durante generaciones, en numerosos hogares dominicanos se ha repetido una expresión aparentemente sencilla, pero cargada de significado: “¿Qué va a decir la gente?”
La frase forma parte de una cultura en la que la valoración social puede llegar a influir considerablemente sobre las decisiones individuales. Cuando una persona comienza a organizar su vida pensando permanentemente en la opinión de los demás, la vergüenza deja de ser un sentimiento pasajero y puede convertirse en una forma de presión social.
De ahí que algunas personas aparenten una estabilidad económica que realmente no poseen, permanezcan en relaciones profundamente deterioradas para evitar comentarios o escondan conflictos familiares, adicciones, violencia, problemas financieros y otras situaciones que consideran vergonzosas.
En determinadas circunstancias, la apariencia termina ocupando un lugar más importante que la propia realidad.
No se trata únicamente de preservar la intimidad, algo legítimo y necesario, sino de analizar hasta qué punto el temor al juicio social impide reconocer problemas que requieren atención.
El miedo también impone silencio
Junto a la vergüenza aparece otra fuerza igualmente poderosa: el miedo.
Una persona puede conocer una irregularidad y decidir no denunciarla por temor a las consecuencias. Un trabajador puede considerar injusta una situación laboral y guardar silencio porque necesita conservar su empleo. Una víctima puede tardar meses o años en hablar porque teme represalias.
También puede ocurrir que un ciudadano prefiera no enfrentarse a una persona con poder político, económico o social porque entiende que hacerlo podría ocasionarle problemas.
En esos casos, el silencio no necesariamente significa indiferencia, conformidad o complicidad.
Muchas veces significa miedo.
Ese temor adquiere especial relevancia cuando comienza a limitar la participación ciudadana, la denuncia de abusos, la búsqueda de justicia o la capacidad de reclamar derechos.
Una sociedad en la que amplios sectores sienten que hablar puede tener consecuencias negativas corre el riesgo de normalizar situaciones que deberían ser cuestionadas.
Cuando miedo y vergüenza se encuentran
La situación se vuelve todavía más compleja cuando ambos sentimientos aparecen simultáneamente.
Una persona que sufre violencia puede sentir miedo de su agresor y, al mismo tiempo, vergüenza de contar lo que está viviendo.
Una familia con graves dificultades económicas puede temer perder su vivienda, pero también experimentar vergüenza de solicitar ayuda.
Una persona víctima de una estafa puede callar no solamente por temor a las consecuencias, sino porque le cuesta reconocer públicamente que fue engañada.
En esos escenarios, miedo y vergüenza dejan de competir.
Se convierten en aliados del silencio.
Ese silencio puede prolongar situaciones dolorosas, impedir la búsqueda de ayuda y mantener ocultos problemas que, con una intervención oportuna, podrían enfrentarse de otra manera.
¿Cuál pesa más?
No existe una respuesta única aplicable a toda la sociedad dominicana.
El miedo suele aparecer cuando una persona percibe que hablar, actuar o enfrentarse a determinada situación podría producirle consecuencias negativas.
La vergüenza, en cambio, guarda una relación más directa con la mirada ajena: con la posibilidad de ser juzgado, señalado, ridiculizado o rechazado.
Existe, sin embargo, una diferencia importante.
El miedo puede impedir que una persona actúe; la vergüenza puede impedir incluso que reconozca públicamente lo que le está ocurriendo.
Cuando una sociedad concede una importancia excesiva a las apariencias, al prestigio y al “qué dirán”, muchos problemas terminan escondidos detrás de una imagen de normalidad.
La dificultad no consiste en sentir miedo o vergüenza, porque ambos son sentimientos humanos. El verdadero problema aparece cuando comienzan a gobernar las decisiones de las personas.
Las redes sociales y la nueva cultura de la apariencia
Las redes sociales han añadido una dimensión distinta a este fenómeno.
Nunca como ahora había existido una exposición tan permanente de la vida privada. Fotografías de viajes, vehículos, celebraciones, relaciones aparentemente perfectas, éxitos profesionales y estilos de vida cuidadosamente seleccionados forman parte de una vitrina digital que millones de personas observan diariamente.
Sin embargo, una fotografía no siempre cuenta una historia completa.
Detrás de una sonrisa pueden existir conflictos familiares. Detrás de una imagen de prosperidad puede existir endeudamiento. Y detrás de una relación presentada como perfecta puede esconderse una realidad profundamente distinta.
Las redes sociales no son responsables por sí solas de esta conducta, pero pueden reforzar la presión por proyectar éxito, felicidad y estabilidad.
Y vuelve entonces aquella vieja pregunta que durante generaciones ha acompañado a muchas familias:
“¿Qué van a pensar de mí?”
La diferencia es que hoy esa mirada ya no proviene únicamente del vecino, del familiar o del círculo cercano. Puede provenir de cientos o miles de personas conectadas a una pantalla.
Romper la cultura del silencio
Una sociedad saludable no debería obligar a sus ciudadanos a escoger entre vivir con miedo o vivir pendientes de la vergüenza.
Resulta necesario construir espacios sociales, familiares e institucionales donde una persona pueda pedir ayuda sin sentirse inferior; denunciar sin ser estigmatizada; reconocer un fracaso sin considerarse derrotada; y expresar una situación difícil sin convertirse automáticamente en objeto de burla o condena.
Reconocer un problema no representa necesariamente una debilidad.
En muchas ocasiones constituye el primer paso para enfrentarlo.
También es importante comprender que quienes atraviesan situaciones difíciles necesitan acompañamiento, orientación y respuestas institucionales efectivas, no únicamente discursos que les pidan valentía.
Superar el miedo y la vergüenza no depende exclusivamente de decisiones individuales. También exige instituciones confiables, comunidades solidarias y una cultura menos inclinada a juzgar y más dispuesta a comprender.
Una reflexión necesaria
Quizás la pregunta no sea solamente qué pesa más en la sociedad dominicana: el miedo o la vergüenza.
Tal vez convenga formular otras preguntas.
¿Cuántas decisiones dejamos de tomar por miedo?
¿Cuántas verdades escondemos por vergüenza?
¿Cuántas personas permanecen en silencio porque consideran que hablar puede traerles problemas?
¿Y cuántas veces vivimos intentando satisfacer la mirada de los demás en lugar de enfrentar nuestra propia realidad?
El miedo nos advierte: “No lo hagas, porque algo puede ocurrir.”
La vergüenza nos recuerda: “No lo digas, porque van a hablar de ti.”
Entre ambos sentimientos puede instalarse el silencio.
Un silencio que, cuando se prolonga, puede impedir denunciar una injusticia, buscar ayuda, reconocer un problema, defender un derecho o comenzar nuevamente.
Por eso, posiblemente el verdadero desafío de la sociedad dominicana no sea determinar cuál de los dos sentimientos pesa más.
El desafío consiste en lograr que ninguno pese tanto como para impedirnos hablar, actuar y enfrentar la realidad.
Porque una sociedad también comienza a transformarse cuando sus ciudadanos dejan de preguntarse únicamente “¿qué dirán?” y comienzan a preguntarse con mayor frecuencia:
“¿Qué debemos hacer?”
