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La corrupción no da tregua ni deja una brecha para que los que menos tienen disfruten de sus derechos humanos

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A cada instante se producen rebrotes de la corrupción administrativa como si los mismos fueran partes de un fenómeno consustancial a la dominicanidad o a la raza humana.

El que se ventila en los actuales momentos es otra versión de la Operación Falcón, la cual ahora tiene el apellido de G 5 en alusión a la tecnología más avanzada de estos tiempos, cuyos protagonistas son militares de los más altos rangos del país.

La República Dominicana es golpeada por este flagelo desde los días de su nacimiento como nación en el año 1844 y desde los tiempos de la colonia, cuyos resultados han sido verdaderamente catastróficos pese a la lucha por una mejor distribución de las riquezas nacionales.

La diferencia que se observa de como ocurren estos hechos es la forma y las cantidades involucradas en las acciones deshonestas de sus protagonistas   que debilitan las economías de los países pobres, pero principalmente de los que no han podido tener avances importantes en términos del combate de sus bajos niveles institucionales.

Los gobiernos que se han sucedido en la República Dominicana en las últimas décadas no han tenido ningún miramiento en promover una corrupción que prácticamente se traga una parte muy importante del Producto Interno Bruto y consecuentemente del presupuesto nacional.

La ambición de tomar lo que no he suyo ahora aumenta en cantidades astronómicas, a miles de millones de pesos, cuya recuperación ha quedado demostrado que no es tarea fácil, porque incluso los propios tribunales exhiben una conducta de tolerancia con estas inconductas.

La corrupción es un monstruo de mil cabezas que se pasea por los pasillos de todas y cada una de las instituciones públicas y entra como pedro por su casa a las empresas privadas, cuyos propietarios se asocian con los principales protagonistas del mal para tener ganancias ilícitas a través del lavado de activos, el contrabando y de otras vertientes como el narcotráfico.

El Gobierno de Luis Abinader no ha podido sobreponerse al flagelo y en los actuales momentos son numerosos los perremeístas que están involucrados en hechos bochornosos que comprometen su responsabilidad civil y penal.

Para sólo mencionar algunos que están en la actualidad en palestra pública y que tienen que ver con el fenómeno de la corrupción, el Instituto Postal Dominicano (IMPOSDON), Ministerio de la Juventud, el Instituto del Almuerzo Escolar, dependencia del Ministerio de Educación (MINERD) y la Policía Nacional con el caso del involucramiento de más de once agentes de esa institución en un tumbe de drogas ocurrido en Barahona.

Otro escándalo ha sido el del senador del PRM, Alexis Victoria Yeb, quien ha recibido una serie de contratas al margen de la ley que llegan a cantidades extraordinarias de miles de millones de pesos y por cuya conducta todavía no se ha producido ninguna sanción en su contra.

Todos estos de actos de corrupción ocurren mientras el país mantiene una política de endeudamiento que prácticamente lo inhabilita para emprender una serie de obras de interés social que beneficiarían a muchos pueblos del país.

Es una batalla en contra de la corrupción administrativa que genera una gran cantidad de preguntas sin respuestas, sobre todo porque el pueblo dominicano luce cansado, aunque no vencido, por un flagelo que amenaza incluso sus propios cimientos.

Todavía falta ver el resultado que dejará en el país la existencia de un Ministerio Público independiente y cuyo órgano lleva una serie de procesos penales en contra de depredadores del patrimonio nacional y que por esa razón hay varios exfuncionarios que guardan prisión preventiva en cárceles del país.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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