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Crisis Valores Transforma Vida en Sociedad y Ahora Puntos de Referencia de la Convivencia son Otros.

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Por Elba García

Lo que se conoció en la República Dominicana como la vida primitiva o pre-capitalista se caracterizó por la preminencia de un valor como la solidaridad y otros dos que van de la mano con éste, que son la reciprocidad y siempre en primer lugar la hermandad.

Los cambios que se han experimentado en la sociedad  convierten a la República Dominicana en un conglomerado social totalmente diferente a lo que pasaba en la década de los ochenta, cuya focalización de la gente era servir y que su entorno fuera agradable y convivible.

La República Dominicana sufrió el cambio en términos de los valores nacionales tras la llegada al poder del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), cuyo primer jefe de Estado, Leonel Fernández, envíó el distorsionador mensaje de que el era millonario en los devaluados pesitos dominicanos.

Ese mensaje de quien busca convertirse en presidente de la República Dominicana por cuarta ocasión, era una forma de involucrar al PLD en una lucha sobre una cuestión ficticia, pero al propio tiempo buscaba metalizar a sus miembros sin importar las consecuencias.

Esa declaración de Leonel, que todo el mundo lo conocía como un hombre pobre, muy pobre, que prácticamente nadie lo llegó a ver en esa época ni con una camisa bien planchada, constituyó un mensaje muy peligroso y dañino para aquellos que jugaban en la sociedad del momento un papel tan protagónico.

La afirmación de Leonel llamó mucho a la atención entre los peledeístas formados sobre la base de una doctrina que consistía en respetar lo ajeno, pero sobre todo todo el dinero proveniente del patrimonio público.

A partir de ahí todo el mundo conoce  la  historia cuando entra al país de forma salvaje el conocido neoliberalismo que arrasó con todas las propiedades públicas, porque su Gobierno las ofertó a precio de vaca muerta.

Pero ese neoliberalismo salvaje no sólo constituyó un terremoto de aquellas que eran propiedad del Estado, sino que se inicia en el país un proceso de transformación de los valores nacionales y es cuando el individualismo, como uno de los principales exponentes de esa corriente de pensamiento de la economía, toma cuerpo y arropa a la República Dominicana.

El dominicano se convirtió en otro, pero eso no era una casualidad, sino que formaba parte de una corriente que buscaba que la gente valorara más un peso o un dólar que su propia vida, entonces surgen una serie de antivalores como el chismo, la envidia, el egoísmo, entre otros, que sustituyen el talento.

A partir de ese giro en la sociedad, reforzado con una herencia histórico cultural fundamentada en cuestiones como el machismo, el jefismo, el patriarcado y el caudillismo, entre otros, se inicia en la República Dominicana la transformación que se sufre hoy.

Esos cambios de valores por anti-valores abren las puertas de las comunidades nacionales a flagelos tan peligrosos como la corrupción pública y privada, el narcotráfico y el consumo de drogas, así como el lavado de activos, el soborno y la impunidad, porque conseguir dinero estaba por encima de cualquier otra cosa, aunque para ello haya que cortarle la cabeza al vecino.

No es que estos fenómenos no existieran antes de la llegada al poder de Leonel Fernández, pero los mismos no eran  generalizados, sino aislados y la gente conservaba sus valores morales, los cuales comienzan su desaparición con la promoción de un neoliberalismo salvaje que ha convertido el país en un mercado más importante, pero también  en una sociedad menos humana.

Hoy vemos que cuando se produce un accidente automovilístico la gente acude no a auxiliarse los heridos, sino a llevarse todo lo que encuentra a su paso, pero principalmente las prendas de vestir de las víctimas, incluidos los zapatos, camisas, pantalones y cualquier otra cosa de valor monetario.

Ese cuadro, que constituye un espejo de los niveles de deshumanización de la sociedad, que trae consigo hasta la pérdida del miedo a los cadáveres, lo cual se contrapone con la cultura afroantillana que se apoya en creencias mágico-religiosas y que consiste, entre otras cosas, en rendir homenaje al que se ha ido a la ultima morada, de donde tiene su origen una norma como el luto, muy conocido en la sociedad dominicana.

Por esta razón los crímenes serán mucho mas horrendos, los criminales más crueles y sanguinarios y la pérdida de cualquier persona de valor no tiene mucho impacto entre la gente que le rodea.

 

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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