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Crisis general de sociedad es más grave en la medida en que parece distante posibilidad de un cambio real.

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Por Elba García

A pesar de que la República Dominicana es uno de los países más politizados de Latinoamérica y el mundo, ha sido muy precario el respeto en esta nación de los valores cívicos y democráticos si se ve desde la perspectiva de la política, la economía  y del manejo  en el sentido mas amplio del Estado.

El país está atrapado en un problema de institucionalidad,  de raíces muy profundas, de carácter incluso histórico-cultural, que genera otros flagelos que ponen en un punto muy peligroso  a los dominicanos, como son la corrupción generalizada y la impunidad.

Este tipo de falencia se han consolidado en el país como consecuencia de que los que han sido los principales propulsores de una serie de valores no han tenido un seguimiento de sus postulados después de haberse ido de este mundo, por lo que los que  han pretendido asumir  su legado se han quedado corto en la interpretación y fiel cumplimiento de los principios de esos pro-hombres.

En consecuencia , el litoral de la izquierda nacional, orgánica y no orgánica, no luce con la fortaleza para impulsar una propuesta que en un futuro mediato o inmediato traiga al país un cambio que rompa con las debilidades institucionales anteriormente mencionadas.

El problema de la izquierda no solo consiste en la falta de metodología y de capacidad de trabajo, sino también de una visión prometedora, sobre todo porque hasta para la elección de sus candidatos generalmente los procesos para este propósito carecen de una sustentación esencialmente democrática.

Otro elemento es que  las candidaturas presentadas no llenan las expectativas de la sociedad, ya sea por la presentación de un discurso divorciado de la realidad o por las pocas condiciones personales del aspirante, constituyéndose en un fracaso y como vía de consecuencia una legitimación de las ofertas de la derecha.

El enfoque de que la derecha se impone porque cuenta con todo el poder económico del mundo, lo cual no está muy lejos de la realidad, pero lo cierto es también que probablemente el factor principal para que venza esa corriente política  es por la inexistencia de  una propuesta sólida de la izquierda.

Otro elemento que afecta a las propuestas de la izquierda es el hecho de que la sociedad dominicana está muy atomizada y el fenómeno impacta de una forma muy especial a la izquierda, sobre todo por el cuadro que presenta  esta corriente, cuyos dirigentes  creen saberlo todo y subestiman aquellas preocupaciones que provienen del  litoral con una amplia vocación democrática.

De manera, que parece por el momento difícil  que se pueda articular una propuesta de izquierda unitaria, ya que también están como obstáculos que algunos que se consideran presidenciables  y que han asumido la política a través de partidos políticos fundados por ellos y que nadie, ni por asomo, puede pretender desplazarlos de sus liderazgos, no respetan la tolerancia,la diversidad y el espacio ganado por otras fuerzas.

Todo ello representan unos escollos difícil de superar y por consiguiente no se vislumbra que en el país pueda surgir una propuesta unitaria de izquierda, cuya candidatura presidencial debe ser el resultado de unas primarias abiertas, pese a  los esfuerzos que se hacen al respecto.

Muchos cuadros de la izquierda muestran una arrogancia y unos vicios que distorsionan cualquier intento por lograr una verdadera unidad de esta corriente, lo cual advierte que en la República Dominicana queda mucho tiempo para que se produzca un empoderamiento político de los que por lo menos se consideran progresistas.

De cualquier modo, la principal aspiración de los amplios sectores democráticos de la sociedad, sobre todo de aquellos que no se expresan orgánicamente, es que surja una propuesta que se ajuste a los anhelos de verdaderos cambios  en el país.

Sin embargo, lo que manda el panorama que presenta la izquierda dominicana es trabajar para empoderar a un partido con un buen candidato y que al cabo del tiempo se evalúe para ver si llenas las expectativas a partir de lo programático y del perfil del aspirante para sobre la marcha hacer ajustes hasta lograr el propósito buscado y entonces generar que ante las posibilidades de éxito de la propuesta  se sumen todos aquellos que quieren el poder, pero desde una perspectiva individualista y grupal.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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