Es recurrente en los espacios de opinión pública considerar como una desgracia la división que se produjo del PLD a consecuencia de las diferencias entre sus dos principales dirigentes, Leonel Fernández y Danilo Medina, pero la verdad es que el más beneficiado de esta escisión lo fue el pueblo dominicano.
Pese a que nadie puede negar en el país que la vocación delincuencial es un fenómeno que impacta de forma generalizada al sistema de partidos, lo cierto es que esa ola de actos de corrupción que involucra cantidades incontables, fue acrecentada durante la era peledeísta, tanto en el gobierno como de Fernández y de Medina.
Si el PLD no se divide probablemente hubiera durado en el poder varias décadas, sobre todo porque en el escenario nacional no se observaba un partido preparado para tomar las riendas del Estado con un cierto nivel de eficiencia, lo cual creaba mucho escepticismo en el ciudadano dominicano.
Pero esas dudas luego de la salida del PLD del poder no han quedado despejada, porque el Partido Revolucionario Moderno (PRM) no parece tener la respuesta a la necesidad de la gente de que se mejore los niveles de institucionalidad de la nación, lo que garantizaría la disminución, sino la eliminación, de un fenómeno tan dañino como la corrupción administrativa y la impunidad.
Sin embargo, el triunfo del PRM ha traído consigo algunos niveles de optimismos en virtud de que por lo menos el presidente Luis Abinader, muy aun de la incapacidad que muestra, ha tenido la vocación de escuchar y rectificar, lo cual era un imposible durante la era Danilo-Leonel.
Lo cierto es que si el PLD no se divide por las apetencias personales de sus dos principales líderes, probablemente el país hubiera vivido una experiencia parecida a la ocurrida en México con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que duró 70 años consecutivos con el control del Estado hasta que colapsó por la comisión de graves errores en el orden de la corrupción público-privada.
En realidad, la salida del poder del PLD le ha hecho muy bien al país porque por lo menos se paró o disminuyó una corrupción generalizada que contaba con toda la protección oficial a través del control de la judicatura nacional y el manejo en función de esos intereses del Ministerio Público.
Aunque todavía no se exhiben logros consumados en esta materia, por lo menos se ha creado el temor de incurrir en los mismos errores cometidos por los peledeístas, porque los funcionarios se ven en el espejo de los personajes poderosos de los gobiernos del PLD.
No es que los perremeístas se manejen diferentes en la administración de la cosa pública, sino que temen verse sentados en el banquillo de los acusados por la comisión de cualquier indelicadeza con el patrimonio nacional, pero ellos están al acecho para buscar acumular fortunas, porque sólo están formados para eso.
De manera, que vistas las andanzas de los peledeístas necesariamente al que concluir que no es verdad que ese partido es una pata importante de la democracia como pregonan algunos, pero lo mismo habría que decir de las demás organizaciones que interactúan en el escenario nacional.
Lo ocurrido en el país, sobre todo durante la era peledeísta, es realmente bochornoso y lastimoso, porque son unos robos de un nivel que colocan al país en una situación difícil para su recuperación.
Ahora bien, el ciudadano dominicano debe prepararse para crear nuevas opciones políticas para eliminar todas las lacras que se han atrincherado en el Estado para depredarlo, acabar con él, lo cual también implica destruir la nación.
El sistema de partidos está altamente corrompido y todo parece indicar que da lo mismo cualquiera de ellos para dirigir los destinos nacionales, porque las ansias de poder y la codicia ya son parte de una cultura nacional.