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Doble Moral se Impone y los Partidos Critican y Pregonan Exactamente lo Contrario de lo que hacen.

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La sociedad dominicana atraviesa por una crisis bastante delicada, porque ante la inexistencia de propuestas que puedan sustituir a los actuales partidos que ya han demostrado con sus hechos que sólo tienen como principios promover lo mal hecho, cuyo escenario proyecta mucho pesimismo y frustración del votante.

En estos días es muy común ver las criticas muy fuertes de los dirigentes de los partidos de la Liberación Dominicana (PLD) y la Fuerza del Pueblo, liderado este último por Leonel Fernández, pese a que durante sus funciones públicas cometían errores peores de los que actualmente ocupan el Gobierno del Revolucionario Moderno.

Todos juegan a la misma doble moral, sólo que el PLD y la FP la practican desde la oposición y el PRM ahora desde el Gobierno, pero con la misma conducta al final de cuentas, lo cual constituye un serio peligro para la sociedad sobreponerse a ese mal mediante soluciones mediatas e inmediatas.

Sin embargo, hay temas que la oposición buscará impedir que se discutan porque no les conviene, ya que cuentan en su seno con una serie de personajes que tienen grandes deudas económicas y morales con el pueblo dominicano.

Es el caso de prácticamente todos los partidos que están en la oposición, aunque en este trabajo vale la pena focalizarse en los que tienen una mayor incidencia como el PLD y la Fuerza del Pueblo de Leonel Fernández.

El asunto toma mayor trascendencia porque por lo menos esos dos partidos a través de sus lideres controlaron el Estado por dos décadas y los resultados no fueron otros que la sustracción de un por ciento importante del patrimonio nacional.

Sin embargo, su doble moral ahora los ubica en una posición de una supuesta defensa de los mejores intereses del país y hay mucha gente que se lo cree, pese a que sus adeptos no buscan adecentar la vida nacional, sino beneficiarse de su posible retorno a la dirección de los destinos nacionales con el fin de lograr algún interés personal o individual.

De lo que nadie tiene dudas es de que el PLD y la FP, así como todos los demás que les sirven de soporte, ya no representan ninguna garantía para la solución de los problemas nacionales y mucho menos en los referentes a las cuestiones institucionales, principal falencia de los dominicanos.

Estos partidos ahora desde la oposición pretenden ser correctos, cumplidores de la ley y enemigos del lavado de activos y de otros ilícitos que han marcado a la sociedad, pero su conducta los traiciona y en todo caso la última palabra descansa en los ciudadanos que están saturados de deficiencias en los servicios públicos, la corrupción administrativa y su consecuente impunidad, así como del alto costo de la vida y la demagogia de los supuestos lideres nacionales.

La realidad es que la sociedad dominicana tiene en la actualidad un liderazgo, no sólo agotado por sus incumplimientos y todas sus inconductas, sino también desacreditado porque generalmente tienen respuestas para todo cuando están en la oposición y entonces se convierten en tolerantes y promotores de lo mal hecho cuando llegan al Gobierno.

El descredito de los partidos no está determinado sólo porque  hayan llegado o no al poder, sino porque algunos o prácticamente todos se han formado para delinquir y aprovechar el patrimonio público para favorecer a sectores que buscan acumular fortunas y a ellos por igual sobre la base de la comisión de actos prohibidos por la ley, lo cual se observa también en aquellos que  nunca han logrado ganar una candidatura electiva, pero que  se hacen cómplices de los que triunfan en los procesos comiciales  sobre la base de manipular la miseria de la gente.

En los actuales momentos no hay hacia dónde acudir políticamente hablando, ya que el corrompimiento de los partidos llega hasta los pequeños y los grandes, que ahora desde la oposición son puritanos y que lo saben todo, lo cual es una expresión de la doble moral que les caracteriza y ya muy difícilmente puedan abandonar esa práctica por mucho que así lo quieran proyectar.

Resulta que ahora perremeístas y peledeístas mantienen una confrontación con dimes y diretes por todo lo ocurrido tanto en el Gobierno de Luis Abinader como en el de Danilo Medina, pero  si bien es cierto que los segundos no tienen moral para criticar a los primeros, éstos no pueden buscar justificar las cosas que no están claras del actual jefe de Estado y que han quedado al descubierto mediante la investigación denominada Pandora Papers, la cual trajo a la luz pública  las compañías offshore de una serie de políticos latinoamericanos y del mundo, incluido el presidente de la República Dominicana.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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