Opinión
La euforia del loco “Sólo duró un par de meses”
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14 años agoon
Por Olga Capellán
UNIÓN EUROPEA. Abdalah, palabra árabe que significa servirle a Dios y precisamente con ese nombre fue bautizado un abogado, político y cantante ecuatoriano que se convirtió en una especie del “MECÌA” del país o mejor dicho la esperanza nacional en momento que esa nación pasaba por difíciles momentos, sobre todo en el aspecto económico y hasta político si se puede decir.
Abdalah Bucaram, (El Loco) como le conocen en su país, proveniente de una familia de 12 hermanos de descendencia árabe-libanesa, cuando fue bautizado con ese nombre nunca se imaginó que iba a lograr conseguir la más alta magistratura del Ecuador, a pesar de que muchos de sus parientes han tenido posiciones de altos relieves en esa nación sudamericana; desde alcaldes, congresistas y otras de no menor importancia.
Cuando Bucaram se propuso alcanzar la presidencia de la república tenía todos los índices a su favor, ya que era muy conocido como joven profesional y cantante integrante de una agrupación musical muy popular de su país, fue por ello que no tuvo que hacer muchos esfuerzos para lograrlo y lo logró, cuando un día 10 de Agosto de 1996 se invistió como el primer mandatario ecuatoriano, ese día vio su gran sueño realizado.
Abdalah Bucaram, como había prometido, de inmediato comenzó a tomar medidas, medidas éstas que fueron consideradas por su gobierno como necesarias para la estabilización económica del país, sin embargo esto no fue visto de tal forma por la clase oligarca y otros sectores y fue así como de inmediato comenzaron sus problemas de estabilidad como presidente.
Bucaram o El Loco como le hace llamar, anunció un sin números de medidas de privatización de empresas y territorios, lo que creó malestar entre los empresarios y terratenientes del país y estos no se hicieron esperar.
El día 6 de Febrero de 1997 el Congreso Nacional compuesto por 82 diputados y de forma arbitraria con una votación de 45 miembros lo expulsaron del poder, alegando incapacidad mental para gobernar los destinos del país, que a pesar de que le llaman el loco, él estaba muy bien de sus cabales y así en tan solo unos meses se le acabó la euforia con la que el pueblo lo llevó al poder.
Esto fue una especie de “Golpe de Estado”, algo parecido como lo que hicieron con José Manuel Zelaya en Honduras o Fernando Lugo en Paraguay en el pasado reciente, recuerdo a pesar de mis pocos años como sucedió el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chille en el año 1973, cuando este último anunció la privatización de la industria del cobre y otras medidas populares tendentes a las que toman los regímenes socialistas.
El gobierno se Allende fue el primer gobierno de carácter marxista elegido por el voto popular en el occidente, pero solo tuvo una duración de tres años desde el 4 de Noviembre de 1970 al 11 de Septiembre de 1973 cuando fue derrocado por las garras militares encabezadas por Augusto Pinochet, luego de que el Congreso Nacional, que de hecho se encontraba en mano de la oposición el día 10 de Agosto de 1973 lo acusara de tomar medidas temerarias, cuando este trató de establecer un sistema de carácter socialista para Chile. Pero no sólo esto hizo acabar con el gobierno de Allende, algo importante en este capítulo también lo fue la huelga general de los camioneros entre otros factores de no menos relevancias.
Desde su derrocamiento, Abdalah Bucaram, está siendo perseguido como prófugo de la justicia de su país, actualmente vive en exilio en Panamá, es decir la euforia del pueblo ecuatoriano sólo tuvo una duración tanto así como lo que dura una cucaracha en un gallinero hambriento, aunque se dice que su derrocamiento fue muy arbitrario y contrario al apego de las leyes electorales y propulsado por los sectores más recalcitrantes de su historia, aunque la República del Ecuador hoy vive con un sistema político relativamente estable en manos de su actual presidente Rafael Correa.
Estos no son malos augurios, pero de verdad debemos echarle un vistazo a la historia, ya que El Loco, comenzó de buena fe y queriendo dar lo mejor de él a su amado pueblo, pero no llego a completar ni siquiera los seis meses de prueba que se le debe dar a todos los nuevos gobernantes y su sueño fue truncado por lo que quiso hacer, servir a su país como su nombre lo dice “servidor de Dios”.
Opinión
Un Estado puede ganar un enfrentamiento y, al mismo tiempo, estar perdiendo la batalla contra el crimen.
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2 horas agoon
octubre 8, 2026Por Isaías Ramos
En las últimas semanas, decenas de personas han muerto durante actuaciones policiales calificadas como “intercambios de disparos”. El debate se ha concentrado, comprensiblemente, en determinar si esas actuaciones fueron legítimas, si hubo proporcionalidad en el uso de la fuerza y qué mecanismos pueden establecer con credibilidad lo ocurrido.
Son preguntas indispensables.
Pero hay otra que estamos formulando mucho menos:
¿Estamos desmontando el sistema que produce al delincuente o solamente neutralizando una de sus manifestaciones?
Esta controversia me recuerda una enseñanza que quedó especialmente presente en mí desde que tuve la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional Transformación Social y Educativa, vinculado al pensamiento del filósofo francés Edgar Morin.
Morin advertía sobre la “inteligencia ciega”: aquella que fragmenta la realidad, separa sus componentes y termina confundiendo el conocimiento de una parte con la comprensión del todo.
La criminalidad castiga severamente ese pensamiento simplificador.
El hombre armado que aparece en una esquina es apenas la expresión visible de un sistema mucho más amplio. Detrás pueden coexistir tráfico de armas, narcotráfico, microtráfico, lavado de activos, corrupción, financiamiento ilegal, reincidencia, abandono escolar, exclusión social, debilidades penitenciarias y territorios donde las instituciones han perdido capacidad preventiva.
Reducir semejante entramado al último individuo de la cadena constituye un error estratégico.
Porque si hoy cae un delincuente y mañana otro ocupa exactamente su lugar, no hemos desmontado el crimen.
Solamente hemos reemplazado una pieza.
Y mientras celebramos que una pieza cayó, la maquinaria que la incorporó, la utilizó y puede sustituirla sigue funcionando intacta.
Durante aproximadamente tres décadas, distintos gobiernos han administrado una sociedad que ha experimentado crecimiento económico y avances sociales, pero donde persisten brechas educativas, sociales, territoriales e institucionales.
El problema no es solamente cuánto se ha invertido en cada área, sino cuánto hemos sido capaces de articularlas.
Educación, protección social, seguridad, justicia, sistema penitenciario y prevención continúan funcionando demasiadas veces como compartimentos separados.
Ahí reaparece la advertencia de Morin: conocemos las partes, financiamos las partes y administramos las partes, pero perdemos de vista las relaciones que producen el fenómeno completo.
Entonces surge una contradicción preocupante: toleramos durante años condiciones que favorecen exclusión, violencia, economías ilícitas y ausencia de oportunidades y, cuando algunas de sus consecuencias finalmente aparecen armadas en nuestras calles, pretendemos enfrentarlas principalmente mediante fuerza policial.
La seguridad comienza mucho antes de que un policía tenga que sacar su arma.
Existe, además, una diferencia fundamental entre letalidad operativa y eficacia estratégica.
Una intervención policial puede neutralizar una amenaza inmediata y ser tácticamente exitosa. Pero la eficacia estratégica exige una pregunta mucho más importante:
¿Qué poder criminal perdió la sociedad después del operativo?
Un presunto delincuente capturado con vida puede convertirse, dentro del debido proceso, en una fuente de inteligencia criminal: identificar quién suministra las armas, quién financia, quién distribuye, quién recibe el dinero, quién protege la estructura y quién dirige niveles superiores.
Por eso no basta preguntar quién cayó.
Debemos preguntar:
¿Qué estructura descubrimos?
¿Qué red desmantelamos?
¿Qué información obtuvimos para impedir al próximo?
Un Estado verdaderamente fuerte no es aquel que solamente puede enfrentar a un hombre armado.
Es aquel capaz de investigar, capturar, obtener información conforme a la ley, seguir el dinero, rastrear las armas, identificar conexiones, judicializar responsables y reducir efectivamente el poder de las organizaciones criminales.
Nada de esto significa negar a los agentes policiales su derecho a defenderse ante una agresión real.
Tampoco significa asumir que toda muerte ocurrida durante una intervención policial constituye automáticamente una ejecución.
Precisamente por eso, cuando una persona muere por actuación de agentes del Estado, debe existir un procedimiento independiente y creíble capaz de establecer qué ocurrió.
Eso protege al ciudadano.
Y también protege al policía que actuó legítimamente.
Pero una política moderna de seguridad debe avanzar más.
Necesitamos inteligencia criminal integrada, capaz de conectar armas, personas, territorios, comunicaciones y organizaciones.
Necesitamos persecución financiera y judicial, porque una estructura criminal pierde verdadero poder cuando pierde su dinero, sus armas, su protección y sus mandos.
Y necesitamos prevención focalizada allí donde las redes criminales encuentran las condiciones para reclutar o sustituir continuamente a sus integrantes.
Por eso tampoco deberíamos medir la seguridad únicamente por muertos, detenidos u operativos realizados.
Debemos medirla por redes criminales desarticuladas, armas rastreadas, dinero ilícito intervenido, mandos identificados, funcionarios corruptos sometidos, reincidencia reducida y territorios recuperados.
El verdadero dilema nunca debió ser seguridad contra derechos.
Esa falsa dicotomía es, en sí misma, otra expresión de inteligencia ciega.
La República Dominicana necesita autoridad.
Necesita una Policía capaz de enfrentar el crimen.
Necesita justicia capaz de investigar y sancionar.
Necesita inteligencia capaz de anticipar las redes.
Necesita prevención capaz de reducir el reclutamiento.
Pero, sobre todo, necesita un Estado capaz de comprender que todas esas piezas forman parte del mismo sistema.
Porque neutralizar al delincuente puede resolver la amenaza de hoy.
Desmantelar las redes que reclutan y sustituyen al próximo es comenzar a resolver el problema del país.
Los evangelizadores de la Inteligencia Artificial (IA) cabalgan sin pausas ni paradas, a toda mecha como un lince o un cohete, confiados en sus maravillosos proyectos de inversiones financieras. Y el ritmo rasguea en una constante que no presiente ni anticipa límites ni la potencial burbuja/fin de esta expansionista tecnología, la IA, otra estafa, otra doble estafa universal.Opinión
La Relación de la Corte Penal Internacional y los Estados
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2 horas agoon
octubre 8, 2026Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma estipula que la Corte Penal Internacional entrará en vigor el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que se deposite en poder del Secretario General de las Naciones Unidas el sexagésimo instrumento de ¨ratificación, aceptación, aprobación o adhesión¨.
La firma del Estatuto de Roma estuvo abierta hasta el 31 de diciembre del año 2000, tal y como lo estipula el referido Estatuto. Para que un Estado devenga parte , este deberá ratificar, aceptar, aprobar o adherirse al tratado.
El término ¨adhesion¨normalmente significa adherirse al Tratado una vez que este haya entrado en vigor, pero también podrá referirse a un proceso específico de un Estado.
Para el Estado que ratifique, acepte, o apruebe el Estatuto posteriormente al depósito del sexagésimo instrumento, la entrada en vigor del Estatuto para dicho Estado será el primer día del mes siguiente al sexagésimo día a partir de la fecha en que haya depositado su instrumento de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión al Estatuto de Roma.
Según el Estatuto de Roma los Estados los Estados no podrán hacer reservas al Estatuto. Los Estados Partes deberán aceptar el Estatuto tal y como fue adoptado en la Conferencia de Roma.
No obstante, el Estatuto de Roma dispone que el Estado podrá declarar que ¨ durante un periodo de siete años contados a partir de la fecha en que el Estatuto entre en vigor a su respecto , no aceptará la competencia de la CPI sobre la categoría de crímenes a que se hace referencia en el artículo 8 cuando se denuncie la comisión de uno de esos crímenes por sus nacionales o en su territorio¨.
El objetivo de la disposición indicada anteriormente es brindar a los Estados Partes tiempo suficiente para capacitar a todo su personal militar sobre los requisitos del Estatuto con respecto a los crímenes de guerra, ya que algunas de las disposiciones del Estatuto de Roma podrían ser contrarias a las obligaciones nacionales existentes.
