Cualquier persona puede tomar un periódico de hace 30 años y se va encontrar con que las demandas sociales son prácticamente las mismas que ahora, lo cual indica que es muy poco lo que se ha solucionado en tres décadas, fruto de la cultura de la improvisación y también que la demagogia es parte del diario vivir en la República Dominicana
En una publicación del periódico El Nacional de Ahora del 17 de noviembre de 1999 se advertía de que los desprendimientos comenzaron el 12 de ese mismo mes de noviembre, a solo ocho meses de que fuera abierto el paso a desnivel, una “obra insignia” del entonces presidente de la República, Leonel Fernández.

Martin Concepcion Muños
En otra publicación del 4 de diciembre del 1999 por el periódico Última Hora, el presidente del Colegio de Ingenieros y Agrimensores (CODIA) en esa época, Martin Concepción, sugirió que el muro debía ser removido y reemplazado totalmente en virtud de que había sido afectado en esa época por las lluvias, cuyas recomendaciones no fueron escuchadas por nadie.
Muy recientemente o para ser más preciso el pasado sábado 18 de noviembre 2023 se produjo un aviso de tragedia cuando colapsó parte del muro del paso a desnivel de la avenida 27 de Febrero, esquina Máximo Gómez, dejando atrapados varios vehículos con personas en su interior, cuyos cuerpo fueron recuperados por Obras Publicas, la Defensa Civil, entre otras autoridades, pero luego de lo ocurrido tampoco hubo reacción.
Las advertencias, incluso de especialistas no han cesado, sobre todo en los últimos tiempos, pero la cultura de no mantenimiento y de construir a troche y moche no hay forma de que se detenga en el país, porque está asociada también al fraude de las altas inversiones públicas, en cuyo sector cuando se habla de mil millones de pesos probablemente el presupuesto real no supere el 40 por ciento de ese valor.
No han sido pocas las expresiones populares a partir del vaticinio de técnicos en la materia que han dicho que en cualquier momento todos los túneles del país pueden colapsar como si se tratara de una bola de nieves, fruto de los vicios de construcción de que adolecen.
Sin embargo, llegó lo peor y también las lamentaciones de lo que se había advertido hace décadas, pero es una cuestión general, porque igual pasa con las escuelas y los hospitales, porque todo el mundo lo que anda en busca de «lo mío», sin importar consecuencias.
Ahora el país ha vivido otra tragedia este pasado sábado cuando se derrumbó una de las paredes del paso a desnivel de la 27 de Febrero, Distrito Nacional, cuyo saldo fue de nueve muertos, y entonces salen a relucir las advertencias que habían sido hechas por técnicos en la materia desde hace más de 20 años.
El Colegio de Ingenieros y Agrimensores (CODIA) dio su diagnóstico de la obra que ahora termina en tragedia, la cual contiene fallas estructurales que originan una serie de consecuencias, entre las que se pueden citar corte de tuberías de drenaje pluvial de 48 a 36 pulgadas y adopción de una solución vía pozos filtrantes ineficientes para el caso,
Además, determinó el CODIA que en la obra hay ausencia de drenajes en los muros que revisten taludes y que el anclaje inferior de las vigas que componen el muro no presenta integración adecuada con su fundación, ni el mismo estaba dotado de anclajes superiores con escasa resistencia lateral y también de diseño, construcción y supervisión deficientes.
Los diagnósticos son muchos y las advertencias todavía más, pero las atenciones serias al problema muy pocas, lo cual indica que en un par de meses transcurridos todo se olvida y se volverá hablar del problema sin resolver al cabo de los años cuando llegue otra tragedia tal vez de mayor magnitud.
Por el momento no hay más responsables que los gobiernos que se pasan la mayor parte del tiempo en proselitismo político y la mayoría de los ciudadanos, que más que buscar mejorar el país donde vive y supuestamente ama, sólo persigue “lo mío”, mientras su entorno, dígase su comunidad o barrio, se cae a pedazos y su salvación depende de la voluntad divina, no de su voto y de la supervisión de los que tienen el privilegio de tener el control del Estado.