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Opinión

La lectura que dejan las elecciones municipales.

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Por José Cabral

Casi llega a su fin el proceso electoral para escoger las autoridades municipales de la República Dominicana, dígase alcaldes, regidores, directores y vocales de los municipios y los distritos municipales.

Esta contienda electoral que involucra, principalmente al liderazgo municipal, no ha dejado dudas de la precariedad de que adolecen los partidos políticos, la mayoría de los cuales nisiquiera se ha preocupado por ofertar propuestas concretas y específicas al electorado.

Esta es una debilidad que envía el mensaje de que en el país no se ha avanzado en lo que respecta  a la conversión de la política partidista en favor de grupos y particulares para beneficiar  a  la mayoría, pero además que en términos cualitativos el país luce muy rezagado, aunque ocurre lo contrario  en lo cuantitativa.

Sin embargo, hay  que decir que en determinados candidatos ha habido una gran preocupación por presentar  proyectos de gobierno al electorado.

Pero en sentido general es muy poco  el interés de que los aspirantes a cargos electivos cuenten con un plan a seguir durante su gestión de resultar favorecidos por el votante.

Donde mayor se ha proyectado la idea  de no sólo quedarse en hacer un diagnóstico de la realidad de su demarcación, sino también ofrecer  la receta es, sin lugar a dudas,  el Distrito Nacional, donde los candidatos a alcaldes plantean soluciones a la deficiencia que impacta al principal ayuntamiento de la capital.

La realidad es que no ha sido mucho lo que se ha logrado en esta materia en la República Dominicana, lo cual plantea un serio problema para los municipios y distritos municipales que tienen la esperanza de resolver muchos de sus debilidades a través de la gestión local.

Lo bueno de todo es que de acuerdo a algunas encuestas,  el 72 por ciento de los votantes  de los diferentes municipios en que está dividida la capital espera propuestas programáticas de los aspirantes a alcaldes y regidores.

Ojalá esto tome cuerpo en todo el territorio nacional, porque nadie puede negar que la política clientelar se llevó de paro la ideológica y programática en la República Dominicana, donde el dinero es el elemento que más pesa cuando de ganarse un votante se trata.

Es una vergüenza que así sea, porque cuando un pueblo no exige a sus futuros gobernantes  que expliquen el manejo que pretenden dar a los recursos públicos, entonces es muy poco lo que se puede esperar de sus administraciones, lo cual   impacta negativamente la democracia.

 

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Opinión

Los Tribunales Militares y la Corte Penal Internacional

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Por Rommel Santos Diaz

Los tribunales militares, tal como los tribunales ordinarios, podrán procesar a los autores de un delito de la CPI. El Estatuto de Roma no hace ninguna distinción entre estos dos tipos de sistemas  y los Estados Partes pueden escoger libremente cuál tribunal nacional será competente para procesar un delito  de la CPI.

Un Estado Parte podrá decidir que los procedimientos relacionados  con el Estatuto de Roma  serán competencia de los tribunales ordinarios, de los tribunales militares, o de ambos, dependiendo de la organización general  de su sistema  judicial.

Sin embargo, los tribunales militares normalmente tienen  una competencia restringida. Solo pueden enjuiciar al personal  militar, y no tienen competencia  sobre los civiles.

Los crímenes de la competencia de la CPI , sin embargo, podrán  cometerse en tiempo de paz,  tanto por miembros de las fuerzas armadas , así como  civiles. Por ejemplo, la fuerza policial o grupos armados paramilitares pueden cometer crímenes de lesa humanidad, como un civil que participe reclutando niños o  niñas,  y que por ende cometa un crimen de guerra.

Los Estados Partes que deseen enjuiciar a los autores de un delito  de la Corte Penal Internacional  deberan, la mayor parte del tiempo , utilizar sus jurisdicciones  ordinarias, salvo que los tribunales militares cuenten con una amplia competencia  que cubra los crímenes cometidos en tiempo de paz y aquellos cometidos por civiles.

En muchos países, los procedimientos ante los tribunales militares son distintos a aquellos  ante un tribunal ordinario.

Los procedimientos son a veces  más expeditos ante un tribunal militar, y en algunas jurisdicciones el debido proceso puede que no se garantice al mismo nivel  que en los procedimientos penales comunes.

Sin embargo, la Corte Penal Internacional no puede admitir  un caso que se esté persiguiendo en una jurisdicción nacional, en el que el procedimiento a nivel nacional  tenga como fin proteger  de su responsabilidad penal o se esté llevando a cabo de manera contraria a la intención de llevar a la persona  ante la justicia.

Cualquier procedimiento militar que se  lleve  cabo de buena fe normalmente no será asumido  posteriormente por la competencia de la Corte Penal Internacional, sólo porque el proceso fue expedito.

Los tribunales militares deberán determinar la responsabilidad penal de un individuo tal y como lo describe el Estatuto de Roma, tomando en consideración a manera de lo posible, las definiciones de los delitos, los medios de defensa, y los principios generales de derecho penal descritos en el Estatuto de Roma.

El Estatuto de Roma no establece explícitamente las obligaciones de los Estados Partes  relacionadas a la dirección de sus ejércitos.Sin embargo, uno de los propósitos del Estatuto es asegurar un mayor respeto de las leyes de los conflictos armados al mismo tiempo que muchos de los crímenes de la CPI están relacionados a la práctica militar.

Cada prohibición que resulte de las definiciones de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra deberá  ser aplicable a los miembros de las fuerzas armadas de los Estados Partes.

Adicionalmente, los principios generales del derecho penal, y las ofensas establecidas en el Estatuto de Roma deberán incorporarse en los códigos militares.

 Finalmente, como medidas preventivas, los Estados Partes deberían incluir en su manual militar y adaptar la capacitación e instrucción de sus tropas, a medida de lo necesario,  con el fin de respetar la prohibición de utilizar ciertas armas establecidas por el Estatuto de Roma. La misma medida debería tomarse en relación con las cuestiones relacionadas a las órdenes de superiores.

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Opinión

¡Ojo con el plan en las EDE!

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Nelson Encarnación

El proceso de capitalización de las empresas públicas fue una iniciativa que, sin ninguna duda, estaba justificado desde el punto de vista gerencial, pues se suponía que el Estado se quitaba de las espaldas una pesada carga de subsidios a unidades “productivas” cuya permanencia solo se justificaba en el interés de disponer dónde acoger una empleomanía inútil. En lo concerniente al sector eléctrico, de una gigantesca Corporación Dominicana de Electricidad (CDE) surgieron ocho empresas y tres entidades, es decir, once espacios para albergar una plantilla de personal casi siempre superior al que existía antes de la capitalización.

El proceso en su génesis fue bueno, si lo vemos desde la perspectiva del ahorro para el Estado, pero fue desvirtuado en lo esencial, al asignar a las distribuidoras el papel de balones en la cancha pública, que pasaron del Estado al sector privado, volvieron al Estado, y ahora posiblemente regresen a ser administradas por particulares.

Es lo que prima en la lógica empresarial del licenciado Celso Marranzini, y parece que esa lógica cuajará, pues también es del agrado de algunos funcionarios, entre ellos el ministro de Energía y Minas, Antonio Almonte. Poner gerentes privados en las distribuidoras no sería nada nuevo, pues en su origen dichas empresas estuvieron dirigidas por ejecutivos privados —para colmo extranjeros— que cobraban un dineral con resultados financieros muy cuestionables.

Pero ya muchos años antes se había incurrido en un experimento similar, cuando en los albores del gobierno del presidente Antonio Guzmán en 1978, fueron designados numerosos empresarios privados como administradores en unidades de la entonces todopoderosa Corporación de Empresas Estatales (Corde), heredera del patrimonio corporativo del dictador Rafael L. Trujillo que fue pasado al dominio público.

¿Qué resultado obtuvieron esos administradores privados como gerentes de las empresas de Corde? Un fracaso absoluto. De modo que, como experiencia, esa fue bastante negativa.

¿Y qué decir de los socios estratégicos del Estado en la capitalización de la parte comercial del negocio eléctrico? Otro fracaso, sin decir que en algunos casos fue más bien un atraco.

La pregunta obligada es: ¿incurriremos nuevamente en la experiencia negativa del presidente Guzmán, del negocio de capar perros con Unión Fenosa o el fiasco de los administradores sudamericanos, caros e ineficientes? Con los pies se camina, pero también se tropieza.

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Opinión

Los temibles aficionados de la Scala

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Por Miguel Guerrero

¿Qué tienen o han tenido en común, además de sus esplendorosas voces, María Callas, Monserrat Caballé, Cecilia Bartoli, Katia Ricciarelli, Piotr Beczala, Roberto Alagna y Luciano Pavarotti, así como muchos otros grandes divos de la ópera anteriores a esa generación? En algún momento de sus brillantes y excepcionales carreras fueron o han sido víctimas de los crueles silbidos y abucheos de los implacables parroquianos de un área de la Scala de Milán, mundialmente conocida y temida por la élite de la lírica como el Loggione.

El gran Pavarotti pasó las de Caín con estos fanáticos en 1992 durante una representación de “Don Carlo”, de Verdi; y a la Caballé la llamaron “bruja” y estuvo a punto de una crisis de pánico, según se reseñó en la prensa europea, cuando tuvo un fallo en un Do sobreagudo diez años antes al interpretar “Anna Bolena”, de Donizetti.

Otra celebridad, la mezzo Cecilia Bartoli fue víctima de grandes abucheos y otras grandes, como Zinka Milanov , Teresa Stratas, Anna Moffo y Victoria de los Ángeles, solían, se dice, evadir a esos furiosos y crueles asiduos de ese gran templo del mundo lírico, espaciando sus actuaciones en la Scala.

A Roberto Alagna, una de las más formidables voces líricas de las últimas décadas, le tocó también su momento amargo, cuando fue silbado en enero de 2006 mientras interpretaba Radamés, el personaje principal de Aída, y se vio obligado a abandonar el escenario, experiencia que le hizo años después declinar una invitación para una serie de presentaciones que incluían obras de Verdi, Puccini y Massenet.

El hecho de haber caído en las fauces de los loggionistas no desmerita la calidad de sus víctimas, pues todos los que cantaron allí, grandes entre grandes como Fleta, Martinelli, Scapa, Gigli, Gedda, Corelli, Del Mónaco, D’Stefano y hasta Bjorling, fueron o pudieron ser objeto de rechiflas.

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