La tolerancia con los crímenes de carácter sexual en la sociedad dominicana tiene que llamar poderosamente a la atención, sobre todo porque las principales víctimas son niños y niñas de edades que los definen como verdaderos seres infantiles.
El Estado es el primero que en vez de diseñar políticas públicas para enfrentar el mal, lo que hace es estimularlo y hasta encubrirlo con medidas que nadie, absolutamente nadie, entiende.
La Junta Central Electoral acaba de crear el peligroso precedente mediante la resolución 77-2020 de dotar de la cédula de identidad personal y electoral a aquellas niñas de doce años que hayan sido víctimas de una violación o de un incesto.
Este documento para lo único que puede servir es para que esa niña declare a su hijo en las instancias correspondientes, pero a partir de ese paso que más puede hacer una bebé de 12 años con un documento que de acuerdo a ley emancipa al que la tiene.
Es en el fondo una forma de legalizar la venida al mundo de un niña o niña a través de una persona con una edad que todavía no se puede valer por sí misma y que ha sido violada con la secuela de traumas que ello implica, pese a que lo correcto fuera darle otro tipo de tratamiento al problema.
Porque se habla de una niña que no está en capacidad ni de amamantar a su bebé, mucho menos de asumir la responsabilidad frente a la presencia de una enfermedad o de cualquiera otra eventualidad peligrosa para su vástago.
Entonces el Estado aborda este fenómeno de una forma incorrecta, máxime que la mayoría de los niños envueltos en este tipo de problema son de la más baja escala de la pirámide social.
La primera acción del Estado debía ser localizar al adulto que cometió la violación y aplicarle todo el peso de la ley y lo segundo es diseñar políticas públicas para que esa niña violada recibe toda la asistencia psicológica y económica para disminuir los traumas que le acompañarán durante toda su existencia.
El trasfondo de la JCE con dotar de cédulas a niñas de 12 años que han sido victimas de violaciones por parte, la mayoría de veces, de un adulto es emanciparlas y lanzarlas a la dureza del mundo a pasar todo tipo de trabajo conjuntamente con su criatura.
Generalmente, ni se sale a buscar al violador para que pague por el crimen cometido, porque el hecho de entregarle una cédula de identidad personal y electoral libera al culpable del crimen cometido y en tal virtud el caso podría manejarse no como una violación, sino como una relación consentida entre un adulto y un menor emancipado.
Seria bueno que se explique con mayor claridad las razones de la medida, que a todas luces parece odiosa y reprochable por parte de un órgano del Estado que le da categoría institucional a una aberración sexual y social en la República Dominicana y en cualquier otro conglomerado social donde ocurra.