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Opinión

La mezcla degradante de un sistema decadente

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Por Narciso Isa Conde

El centro del sistema se empeña en desplegar lujo y progreso, y esconder su degradación; mientras su periferia sigue sometida a una recolonización cada vez más alienante y destructiva.

En tanto una parte del mundo y amplios sectores de nuestra sociedad -bajo el abrumante y fatuo poder mediático del decadente imperialismo occidental y su expresión local- están saturados de una versión acaramelada del Presidente Abinader y su primera dama; catapultada recientemente desde la rancia monarquía inglesa, entiendo necesario dar a conocer o refrescar la memoria sobre su actual gestión de gobierno, de la mano de la Casa Blanca, del poderoso Grupo Vicini y los 10 principales multimillonarios seleccionados por la Revista FORBES.

A sus supuestos éxitos anti-crisis ahora le suman sus “logros” como modelos del buen vestir, en el marco de la competencia entre las élites del planeta que participaron en la Coronación del Rey Carlos III y consorte.

Paso entonces a recapitular, procurando siempre aproximarme a la verdad històrica:

– El ascenso de Luis Abinader al Gobierno el 20 de agosto del 2020 fue logrado mediante la victoria electoral del denominado Partido Revolucionario Moderno (PRM), continuador del viejo, corrompido y neo liberalizado Partido Revolucionario Dominicano (PRD); previamente asaltado por el Grupo Vicini y el club de los mega millonarios dominicanos y  tutelado por el Departamento de Estado, el Pentágono y la CÌA de EEUU.

-El derrotado fue el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), fundado por el fallecido Profesor Juan Bosch, y penosamente convertido durante sus 20 años de gestión en una corporación de la corrupciòn y mafias diversas, y en instrumento de la estrategia neoliberal de EEUU.

-El cambio del PLD por el PRM-ABINADER-VICINI ha resultado, en menos de tres años, una gran farsa montada sobre una mezcla degradante que viene gestándose y expandiéndose en no pocos países de la periferia del decadente sistema imperialista-capitalista occidental; gran parte de ellos impactados por la agresiva resistencia del Coloso del Norte a su declive, incluida su pérdida de influencia en Nuestra América.

Esa mezcla degradante ha emanado de un capitalismo dependiente sin auto determinación…de un lumpen capitalismo dependiente a su vez de un lumpen imperialismo súper violento y atracador.

Eso se traduce además en la gansterización de sus principales componentes, sus sistemas y sus instituciones; dominadas por un sistema de partidos que generó partidocracia y bajo la tutela de una gran burguesa local y transnacional a la que fundamentalmente le interesa multiplicar ganancias, concentrar y ostentar riqueza y detentar todo tipo de poder.

De esa realidad y de los requerimientos apremiantes de una civilización decadente, estremecida por una crisis múltiple (económica-social, ambiental, de salud, educación, alimentación, urbanística, política-institucional y de valores), se deriva la apelación desde esa dominación clasista a todas las opresiones y discriminaciones tradicionales, a los antivalores conservadores, a los fundamentalismos religiosos, al machismo, el racismo, la xenofobia y la homofobia.

Todo, por demás, es negocio, consumismo y banalidades desenfrenadas.

Incluso iglesias cristianas -muchas de ellas instrumentadas por EEUU e Inglaterra- se mercantilizan aliadas al capital privado, los partidos y el Estado,

En las últimas décadas la acumulación de esa mezcla de medievalismo, modernidad y postmodernidad capitalista, potencia un poder cada vez más concentrado y opulento; deslumbrante ante la ignorancia inducida y, en consecuencia, muy distante del resto de la sociedad

El centro del sistema se empeña en desplegar lujo y progreso, y esconder su degradación; mientras su periferia sigue sometida a una recolonización cada vez más alienante y destructiva.

Señales claras de un progreso empobrecedor concentrado en las elites del Estado, el empresariado, el generalato corrompido y la llamada “clase media-alta comparona”; expresiones además  una decadencia integral, acompañada de la progresiva descomposición de la dominación impuesta.

  • VIRAJE PROLONGADO Y NUEVO VIRAJE PRECIPITADO POR LA COVID 19.

La pandemia -y sobre todo el manejo de la misma por elites capitalistas-globalitas- impactaron dramáticamente sobre ese proceso de acumulación prolongada, relativamente lenta, de esa mezcla aberrante y degradante dentro de los modelos neoconservadores, llamados neoliberales.

Desnudaron la crisis sistémica y la agravaron a niveles sin precedentes.

Las recetas provinieron de los centros imperialista y fueron impuestas a costa de ocasionar innumerables sufrimientos a sus propios pueblos y a las sociedades del “Tercer y Cuarto Mundos”

Al prolongado viraje de la era neoliberal iniciada el siglo pasado, se le agregó entonces otro viraje brusco e intenso hacia el ultra conservadurismo y la ultra recolonización.

Luis Abinader y su entorno político-empresarial, resultaron el relevo ideal para este nuevo viraje que conllevaba el asalto directo del Estado por la cúpula empresarial, su privatización y su recolonización completa a nombre del “cambio”, de la lucha anticorrupción y del respeto a la institucionalidad consagrada.

Su ascenso resultó fácil. Trump, Pompeo, la oligarquía capitalista dominicana y gran parte de las derechas no perdieron tiempo en patrocinarlo y Biden por igual.

¡Hasta la “izquierda” que no es Izquierda y el progresismo poco progresista, respaldaron este proyecto y se incorporaron a la nueva farsa!

Privatizaciones, apropiación del patrimonio natural, enriquecimiento de las elites, conservadurismo ideológico, coloniaje y alineamiento con la guerra global infinita del Pentágono y la OTAN, asumieron una dinámica brutal y veloz dentro y fuera del gobierno, y en su accionar dentro y fuera del país.

Así vino el despliegue de préstamos amarrados, los proyectos de APPS, Fideicomisos, USAID, Comando Sur, FMI, BID, Banco Mundial… las diversas modalidades de privatización y desnacionalización de lo público y apropiación privada de la naturaleza.

A una creciente transculturación imperialista, se le agrega la radicalización de una perversa desviación del sentimiento patriótico-nacional para agredir, estigmatizar y condenar al pueblo haitiano; liberando de culpas a EEUU y embotando el antiimperialismo.

El tráfico de influencia pro empresarial, la sumisión al poder imperialista y el culto a lo fatuo y banal y la religiosidad oportunista, arropan al Estado y a la oligarquía capitalista, y se derraman hacia una sociedad presa del conservadurismo y el consumismo.

Las mentiras virtuales dentro de un gigantesco ejercicio publicitario del Gobierno y las grandes empresas privadas, no tienen precedentes en la historia reciente del país.

 La combinación ideológica descritas se constituye en fuente permanente de un ultra conservadurismo con vocación neofascistas, fenómeno propio de este tipo de crisis a escala local, continental y mundial.

La mezcla de lumpenizaciones genera una escala superior de Estado delincuente y de poderes privados mafiosos, legales e ilegales.

La decadencia imperialista, más el consumismo extremo, más la opulencia y el derroche sin límites, potencian la voracidad y la vocación ecocida empresarial.

La mezcla abigarrada de todos estos factores materiales e ideológicos determina la fusión Estado-partidos-religión-corporaciones y fuerzas militares, que procuran disfrazar el drama nacional y mundial con una  fantasía virtual impregnada de post verdad.

El concentrado de todo esto conforma un conjunto de empresarios metidos a políticos, políticos convertidos en empresarios al vapor; riferos, funcionarios sobornables, narco-legisladores multimillonarios y agentes de la colonialidad, ejerciendo funciones de Estado y controlando curules, alcaldías, negocios religiosos y entidades armadas que usurpan los poderes temporales y permanentes.

Así hay un país en el mundo –y muchos como él- con un pueblo empobrecido y una clase dominante-gobernante dispendiosa, en un territorio bajo un dominio colonial súper modernizado arriba, lleno de torres del lavado, celulares, softwares y cámaras espías, yipetas de lujo, equipos electrónicos y proyectos turísticos paradisiacos… solo para los ricos; con sus pequeñas NY en la Capital y Santiago, rodeado de un mar de barrios y campos empobrecidos habitados por los /as de abajo.

Exhibiendo penosamente una pareja presidencial fascinada por el lujo de la Corte inglesa, compitiendo en los primeros lugares con las excentricidades de la nobleza del capitalismo monarquizado y las elites burguesas del planeta.

Esto en representación de una hermosa isla caribeña, con lindas montañas y valles espectaculares, rodeada de playas blancas y mares verdi-azules, preñada de penurias humanas y amenazada de sucumbir por una dominación imperial ferozmente destructiva.

Vale si reconocer la astucia de la nobleza británica

En esta ocasión estímulo hábilmente, con esa invitación  a la coronación de su Rey y la Reina Consorte, la fatuidad del gobernador de colonia con título de presidente y de la denominada “primera dama” dominicana, cuyo gobierno ha sido colocado por conveniencia colonialista, en una burbuja mediática inmune a la desgarradora crisis que azota la humanidad y el planeta; para, entre otras ventajas banales, darse el lujo de vestir elegantemente y costosamente, fascinando a los cronistas sociales, expertos en modas  a nivel internacional y local.

Ambos reventaron de orgullo, exhibiendo el cobre de su alma oculto en un baño de oro y en simulaciones criollas.

Tanto, que obnubilados no pudieron darse cuenta, que mientras con trajes de Oscar de la Renta caminaban sonriente por la alfombra roja del palacio real, de las protestas del pueblo británico por el alto costo de la vida, diciéndole a Carlos III que ese no era su Rey y demandándole introducirse en su ilustre trasero su indeseable reinado.

Tanto, que se le olvidaron los padecimientos de gran parte de los pueblos que habitan esta isla a consecuencia de dominio imperialista y oligárquico que la pareja Abinader aupa sin dolores en sus corazones

Tanto, que olvidaron los 100 millones de personas asesinadas en la India por el imperialismo y hasta el reciente robo de las reservas de oro de Venezuela depositados en la banca del Reino Unido

Esta una de las revelaciones de esta mezcla degradante que no tiene otro destino que no sea colapsar.

Aunque ciertamente su caída definitiva, necesariamente deberá hacerse acompañar de una creación heroica, que para materializarse deberá vencer todos los miedos y burlar todas las amenazas.

Nada cae solo.

Este país, esta isla, esta América, este mundo, merecen otro destino,

Hay que atreverse a forjarlos, destituyendo y constituyendo.

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Opinión

Investigación  y  enjuiciamiento de la Corte Penal Internacional

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Por Rommel Santos Diaz

El Fiscal, después de evaluar la información de que disponga, iniciará una  investigación  a menos  que determine que no existe fundamento razonable para proceder a  ella  con arreglo en cuenta las  siguientes  circunstancias:

  1. a)La información de que dispone constituye  fundamento razonable para creer que se ha cometido  o se está  cometiendo un crimen de la competencia de la Corte Penal Internacional;
  2. b)La causa es o sería admisible de conformidad con el artículo 17 del Estatuto de Roma;
  3. c)Existen razones sustanciales para creer que, aun teniendo en cuenta la gravedad del crimen y los intereses de las víctimas, una investigación no redundaría en interés de la justicia.

El Fiscal, si determinare que no hay fundamento razonable para proceder a la investigación y la determinación se basará únicamente en lo señalado anteriormente, lo comunicará a la Sala de Cuestiones Preliminares.

Si, tras la investigación, el Fiscal llega a la conclusión de que no hay fundamento suficiente para el enjuiciamiento ya que:

  1. a)No existe una base suficiente de hecho o de derecho para pedir una orden de detención o de comparecencia de conformidad con el artículo 58 del Estatuto de Roma;
  2. b)La causa es inadmisible de conformidad con el artículo 17 del Estatuto de Roma ; o
  3. c)El enjuiciamiento no redundaría  en interés de la justicia, teniendo en cuenta todas las circunstancias, entre ellas la gravedad del crimen, los intereses de las víctimas y la edad o enfermedad del presunto autor y su participación en el presunto crimen, notificará su conclusión  motivada a la Sala de Cuestiones Preliminares y al Estado que haya remitido el asunto de conformidad  con el artículo 14 del Estatuto  o al Consejo de Seguridad si se trata de un caso previsto  en el artículo 13 del Estatuto de Roma.

Por otro lado, a petición  del Estado que haya remitido el asunto con arreglo al artículo 14 del Estatuto de Roma o del Consejo de Seguridad de conformidad con el artículo 13, la Sala de Cuestiones Preliminares podrá examinar  la decisión  del Fiscal de no proceder a la investigación de conformidad con  este mismo artículo  y pedir al Fiscal que reconsidere esa decisión.

Además la Sala de Cuestiones Preliminares  podrá, de oficio, revisar una decisión del Fiscal de no proceder a la investigación  si dicha decisión se basará únicamente en el párrafo 1 c) o  2 c)  del artículo 13 del Estatuto de Roma. En este caso, la decisión del Fiscal únicamente surtirá efecto si es confirmada por la Sala de Cuestiones Preliminares.

Finalmente, el Fiscal podrá reconsiderar en cualquier momento su decisión de iniciar una investigación o enjuiciamiento sobre la base de nuevos hechos o nuevas informaciones.

rommelsantosdiaz@gmail.com

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Opinión

El país que crece mientras se despoja

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Por Isaías Ramos

Mil doscientos millones de pesos para señalización turística. A la vez, se denuncian escuelas de jornada extendida con carencias de agua, baños, aulas, comedores y espacios adecuados.

No son partidas presupuestarias jurídicamente intercambiables. Pero sí revelan algo más profundo: qué problemas reciben recursos y urgencia del Estado, y cuáles continúan esperando.

La pregunta es inevitable:

¿Para quién está funcionando nuestro crecimiento?

La República Dominicana ha crecido. Negarlo sería absurdo. Han aumentado el turismo, la inversión extranjera, las exportaciones y el PIB. Pero durante más de tres décadas hemos confundido crecimiento con desarrollo, como si una cifra macroeconómica pudiera sustituir el bienestar de una familia.

Nuestra Constitución establece otra jerarquía. El artículo 8 dispone que la función esencial del Estado es proteger los derechos de la persona, respetar su dignidad y procurar su desarrollo dentro de un marco de justicia social y bienestar general. El artículo 217 ordena orientar el régimen económico hacia el desarrollo humano.

La Constitución no coloca al ciudadano al servicio de la economía. Coloca la economía al servicio del ciudadano.

El crecimiento es un medio, no el fin de la República. Podemos exhibir excelentes indicadores mientras demasiados dominicanos compran agua, pagan de su bolsillo educación y salud y viven en comunidades donde el progreso parece pasar de largo.

El modelo ha consolidado rasgos de rentismo, extractivismo y exclusión. Extraemos minerales, pero también obtenemos rentas del agua, las costas, el suelo y el paisaje. Facilitamos inversiones, concedemos incentivos y construimos infraestructura pública. Eso puede ser legítimo y necesario. La pregunta es qué recibe la nación a cambio.

Las playas muestran esa contradicción con claridad. El artículo 15 de la Constitución las reconoce como bienes de dominio público y de libre acceso. Sin embargo, en distintos lugares el ciudadano encuentra dificultades para acceder a costas rodeadas por proyectos que monetizan aquello que pertenece a todos.

La empresa construyó el hotel.

Pero no construyó el mar.

No creó la playa.

No produjo el paisaje.

Cuando un bien natural colectivo se convierte de hecho en atributo de exclusividad comercial, debemos preguntar quién captura la renta, quién asume los costos y qué pierde la nación.

El turismo no es enemigo del país. La empresa privada tampoco. Necesitamos inversión que genere empleos dignos, fortalezca proveedores nacionales, contribuya fiscalmente, transfiera conocimientos, respete el medioambiente y deje comunidades más prósperas.

No queremos menos crecimiento. Queremos crecimiento que produzca desarrollo.

No queremos menos inversión. Queremos inversión que fortalezca a la nación que la hace posible.

No todo incremento del PIB equivale a mayor bienestar ni necesariamente a mayor riqueza nacional neta. Si al crecer agotamos acuíferos, degradamos costas, acumulamos pasivos ambientales o convertimos privilegios temporales en derechos permanentes, podemos contabilizar como progreso la pérdida de nuestro patrimonio. Ninguna nación puede llamar desarrollo a aquello que mejora las cuentas de esta generación a costa de la siguiente.

El Estado no está ausente. Está selectivamente presente.

Construye carreteras, facilita inversiones, protege propiedades, concede incentivos y promueve destinos. Y debe hacerlo. El problema es que demasiadas veces no muestra la misma eficacia y urgencia para garantizar agua potable, educación, salud, seguridad, saneamiento y servicios públicos dignos.

Ese desequilibrio erosiona la esencia del Estado social y democrático de derecho.

No necesitamos escoger entre empresa y pueblo, ni entre inversión y justicia social. Esa es una falsa disyuntiva. Debemos medir el éxito nacional no solo por cuánto crece la economía, sino por cómo crece, quién recibe sus beneficios, quién asume sus costos y qué deja en el país.

Eso exige proteger el acceso público a los bienes comunes; condicionar los incentivos fiscales a resultados verificables; incorporar los costos ambientales; promover empleo formal, encadenamientos productivos y contribución fiscal; y someter las grandes decisiones al interés general.

Pero la transformación no corresponde únicamente al Estado. Requiere ciudadanos dispuestos a vigilar, participar, exigir cuentas y defender aquello que pertenece a todos.

La República Dominicana necesita más que corregir políticas aisladas. Necesita un proyecto de nación capaz de unificar esfuerzos, ordenar prioridades y fijar metas para saldar una deuda social acumulada durante décadas: un proyecto que convierta crecimiento en desarrollo, desarrollo en derechos y derechos en oportunidades reales.

Ese proyecto no supone renunciar al turismo, al capital ni a empresas prósperas. Supone ponerlos al servicio de algo superior: una economía al servicio de una nación.

Debemos reconocer una verdad incómoda: hemos sido mucho más persistentes construyendo crecimiento que construyendo desarrollo.

Es tiempo de recuperar la jerarquía constitucional:

Primero la persona.

Primero su dignidad.

Primero el bien común.

Y entonces el mercado, la inversión y el crecimiento como instrumentos para alcanzarlos.

Al final, la historia no nos preguntará cuánto creció la economía. Nos preguntará qué país dejamos.

Entonces tendremos que responder:

¿De qué sirvió crecer si, mientras crecíamos, fuimos perdiendo aquello que pertenecía a todos?

Ante esa pregunta, la indiferencia no debe ser una opción.

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Opinión

Ganaba 100 pesos mensuales (1973-76) y me sobraba dinero

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Por Oscar López Reyes

En 1976, en Barahona yo ganaba 100 pesos mensuales en dos trabajos –en el gobierno y en un medio de comunicación- cubría holgadamente los gastos de mi recién formada familia de cuatro miembros, y me sobraba dinero. Caminaba las calles del pueblo como un privilegiado, sin deudas ni estrés. Dormía como un lirón por el estilo de vida sobrio y albergaba una gran esperanza en el futuro.

Como en la mayoría de las casas, en la mía no había televisión, teléfono, nevera, aire acondicionado y mucho menos un vehículo de motor. Tampoco estufa, licuadora, inversor ni botellones de agua, porque por una tubería llegaba sin pagar un solo centavo, igual que la basura, y se pagaban chelitos por el consumo de luz. En el liceo no se cobraba.

En los patios de las dos casas alquiladas donde vivía, en las céntricas calles Colón casi esquina Duvergé y Jaime Mota casi esquina José María Cabral, había frondosos árboles de mangos y limoncillos (quenepas), y en la última anafres (hornillos para cocinar con carbón) y una letrina surtida con periódicos y fundas de papel –provenientes de colmados- para el aseo defecatorio.

Esos pliegos sanitarios representaban una muestra de progreso, porque en las afueras de la ciudad y en las lomas, como Chene, en Enriquillo, para la limpieza tras las necesidades fisiológicas se acudía, en los montes, a piedras, hojas verdes, tusas de maíz y troncos leñosos -en forma giratoria- que se ramificaban desde el suelo.

Entre 1973-1976 en colmados y almacenes –no existían supermercados- se compraban menos de 20 productos hogareños, con precios establecidos por la Dirección General de Control de Precios. Una libra de arroz costaba 8 centavos, una libra de habichuelas 7 centavos, una libra de azúcar 4 cheles, una libra de carne 10 cheles y una botella de aceite comestible valía 30 centavos.

A primera hora de la mañana y en la tardecita se vendía a 8 y 10 cheles una botella o litro de leche de vaca, bien pura, acabada de llegar en bidones desde fincas ganaderas de Amador Pons, Sarita Báez, Buchinche Pérez Espinosa, los hermanos Milongo y Napó (Napoleón) Pérez, los hermanos Dámaso y Zulema López (mis tíos) y otros.

Los gastos eran restringidos, y los regalos escasos, porque muy pocos celebraban cumpleaños o visitaban restaurantes. Predominaba el consumo de helados, principalmente los domingos, antes y después de las retretas del Parque Central.

Esos precios son recordados por mercaderes y amas de casa de la época, debido a que no existían estadísticas de la canasta básica de consumo en pesos dominicanos, en virtud de que, justamente en 1976, el Banco Central fue cuando inició la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares (ENGIH).

A la postre, la compra alimenticia mensual para ocho personas –porque había que separar manjares para los vecinos más cercanos y los padres de los esposos- ascendía a menos de 20 pesos mensuales. Otros gastos: Un par de zapatos de la fábrica gubernamental Fac Doc costaba 4 pesos, y cuando al prestamista “Viste Encuero”, muy conocido en el mercado público y los predios judiciales de Barahona, los días 25 –fecha de pago en el gobierno- le avanzaban 50 centavos de un crédito de 7 pesos, los aceptaba gustosamente.

En esos años, el peso dominicano tenía una paridad con el dólar estadounidense, o sea, uno por uno. Para las transacciones cotidianas, junto a las monedas de 5, 10, 25 y 50 centavos, la de un centavo circuló hasta 1987, con la efigie de Caonabo, cuyo poder adquisitivo fue anulado por la inflación, aunque no se conoce la emisión de una resolución definitiva del Banco Central que la despoje de su poder liberatorio.

Aquellos conmemorados, bien recordados y limpiecitos 100 pesos mensuales: 60 de la Corte de Apelación (no se registraba ninguna deducción de impuestos sobre la renta ni de seguridad social) y 40 pesos de Radio Barahona equivalen, a junio de 2026, a 125 mil 898 pesos con 56 centavos nominales, calculando el Índice de Precios al Consumidor, año por año, el valor del capital y el efecto inflacionario. A este último salario, la Dirección General de Impuestos Internos le reduce a 98 mil 400 pesos con 44 centavos, porque se le aplica un descuento de 27 mil 498 pesos con 12 por aportes de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) y el Impuesto sobre la Renta (ISR).

¡Ah, consumismo y lujos!

¡Uy, prima del dólar!

¡Guau, globalización!

Entre 1973 y 1976 yo andaba despacio, a pie, relax y divertido, de un sitio a otro por las calles de Barahona como un afortunado, porque en la Corte de Apelación (juicios penales y civiles) me desempeñaba como mecanógrafo y mensajero ocasional, ya que estaba responsabilizado de buscar, el 25 de cada mes en las oficinas de Correo, los cheques de los jueces Federico Neftalio Cuello López (Nene), Doro Buenaventura Vásquez, Máximo Deñó, Rafael Dotel Recio y David Vicente Vidal Matos, y el procurador general de ese tribunal, Secundino Gómez Pérez (Jumito), máximas autoridades judiciales de la provincia.

El día 25, los magistrados arribaban a la Corte más temprano que nunca, caminando desde sus casas, sin parafernalias. Recuerdo cuando los secretarios de la Corte, Rafael Alfredo Pérez Rocha (Fellito Tinina), y la Procuraduría, Alejandro Rocha Peña (Mingolito), les entregaban a los jueces los emolumentos que devengaban: unos 250 pesos. Fungían como alguaciles Rafael Matos (Alito), Ignacio Mota y Luis Marino Arias. De unos 20 empleados de ese tribunal, solo sobreviven este último, hoy notario público; el extogado David Vidal, la entonces escribiente Teresa Peña y este servidor.

Yo era el menor de edad y el de más bajo salario: 60 pesos mensuales, el mínimo estatal, y cumplía el horario de 7:30 a.m. a 1:30 p. m. En la segunda jornada laboraba, desde las 3 de la tarde hasta las 7 de la noche, como secretario auxiliar de Rodolfo Z. Lama Jaar, propietario de Radio Barahona, Radio Pedernales, Radio Jimaní y Radio Neyba. Redactaba cartas, anuncios y notas luctuosas, nutrido por mis primeras prácticas escriturales en los clubes culturales y en los murales de la Juventud Comunista (Pacoredo) del liceo secundario Federico Henríquez y Carvajal.

El 11 de febrero de 2026 -justo 50 años después, porque ingresé en el citado mes- volví a las oficinas de la Corte de Apelación de Barahona y la nostalgia me envolvió con los cambios experimentados: existía uno que otro escritorio de caoba, pero ni en sombra las máquinas mecánicas Olympia, Olivetti y Remington, y prácticamente todos los jueces y empleados de 1973-1976 viajaron a un espacio inhóspito. El salario mínimo es de 20 mil 500 pesos y los titulares de Corte de Apelación ganan desde 260 mil 859 hasta más de 362 mil 304 pesos.

Albricias: Aparecieron los datos de mi ingreso al Poder Judicial, y me expidieron la certificación pertinente. El juez presidente de la Cámara Penal de la Corte y juez coordinador del Departamento Judicial (Barahona, Pedernales, Bahoruco e Independencia), Joselín Moreta Carrasco, me dispensó la más esplendorosa atención. Lo que no dijo el texto fue que fui cancelado -el más próspero premio de mi vida, porque tuve que emigrar forzosamente a Santo Domingo- por negarme a ingresar al Partido Reformista del gobernante presidente Joaquín Balaguer. ¡Qué vida Balaguer!

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El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y comentarista de medios escritos, televisivos y digitales.

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