Haití no bien sale de una tragedia entra en la otra, por lo que hay mucha gente que atribuye su maldición a algunas de sus creencias mágico- religiosas, la cual es una deducción caprichosa, pero lo cierto es que el impacto de los fenómenos naturales han causado daños irreparables.
La nación más pobre del continente sorprende al planeta con el asesinato inesperado de su presidente, cuyo magnicidio aun no tiene una explicación lógica y tras el acontecimiento todo sigue su curso como si nada hubiera ocurrido, pese a que acabó con la poca institucionalidad de un Estado que existe de derecho, pero no de hecho.

Ahora, hace apenas algunos días, Haití es golpeado por un terremoto por encima de los 7 grados que ha dejado una secuela de muertos que ya alcanza las 1,440 personas y grandes daños materiales a viviendas y edificios.
De repente la nación más pobre del hemisferio está también amenazada por la todavía recién surgida tormenta tropical Grace, la cual está señalada para golpear varios países del Caribe, entre ellos la República Dominicana.
Todo el mundo recuerda el gran terremoto que prácticamente acabó con Haití, el cual provocó miles y miles de muertos y destruyó edificios, incluido el Palacio Presidencial.
De manera, que así como Haití ha sufrido confrontaciones entre grupos rivales y la carencia de un Estado que pueda constituirse en un dique de contención para los que promueven la anarquía y el desorden, la naturaleza se ha empeñado en colaborar con los que no quieren el logro de algún nivel de orden y organización para mejorar la vida de esta pobre nación.
El dolor no para en Haití y muchas veces hasta la propia comunidad internacional ha dejado la idea de que se ha rendido ante los grandes problemas que aquejan a ese país, donde la pobreza campea por doquier.
La pobreza haitiana, alimentada por los grupos sin piedad que sólo buscan fortunas a cualquier precio, toma un giro que llena de pesimismo a países que tienen un compromiso histórico y moral con esa nación, como son Estados Unidos, Francia y Canadá.
La pregunta que está sobre el tapete es que si existe realmente alguna posibilidad de colocar a Haití en el punto de una nación viable que permita que su gente viva en por lo menos una elemental dignidad humana.
De no ser así, cuál sería la solución, porque la realidad es que parece que la carga más pesada de la crisis haitiana recae sobre la República Dominicana hacia donde huye su gente ante sus pocas posibilidades de sobrevivir.
La otra pregunta que se mantiene en el tintero es que si la masiva huida de haitianos hacia la República Dominicana no podría en algún momento crear una crisis social y étnica, sobre todo si se parte del hecho de que la parte correspondiente a lo que fue la colonia española de la isla no está en capacidad de manejarse con las necesidades de tantos miles de haitianos.
La respuesta al respecto no la tiene nadie por el momento y mucho menos el Gobierno que maneja el asunto con mucha superficialidad, porque así como no hay planes para afrontar los problemas de los dominicanos, mucho menos existe alguno para prever lo que puede ocurrir con la tragedia haitiana.