Opinión
La O&M y su Escuela de Comunicación
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5 meses agoon
(Y segunda entrega)
Por Oscar López Reyes
Construyendo significados simbólicos en la rutina diaria, en casi todas las salas de redacción mediática, corporaciones estatales y privadas, provincias o territorios muy poblados de Estados Unidos laboran egresados de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Dominicana O&M, y son escasos los periodistas profesionales que no hayan impartido docencia o dictado conferencias en sus auditorios. La oficialización de la pasantía periodística, por primera vez en el país; el empleo de profesores experimentados y su inserción internacional son la elegancia de su ADN, y su empuje ascendente.
La Escuela de Comunicación Social de la O&M fue creada en 1986 por iniciativa de su fundador y rector, doctor José Rafael Abinader Wassaf, un convencido de la utilidad transformadora de la conexión con esos artilugios y sus audiencias: a mediados de la década de 1960 fue profesor de Economía del primer Departamento de Comunicación Social del país, el de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD); propietario en el ocaso del siglo XX del periódico El Porvenir, fundado en 1872 en Puerto Plata, y la Editora Panamericana; accionista del diario La Información, Santiago, instalado en 1915, y articulista de los matutinos Listín Diario y Hoy.
La primera investidura de la Escuela de Comunicación de O&M tuvo efecto el 20 de julio de 1990, con 12 graduandos: María Gómez, fundadora de la Dirección de Comunicación del Servicio Nacional de Salud; William Rodríguez, productor de televisión; Yanet Ventura, correctora de estilo; Sérbole Luna, periodista residente en Puerto Rico; María Magdalena Rodríguez y Rosa Elena Valdez, domiciliada en el exterior.
En esa ceremonia efectuada en la explanada de la sede central de la O&M del Centro de los Héroes, también se titularon los fenecidos Pedro Pascual Estrella, residente en San José de Ocoa; Daniel Martich Lorenzo y Rolando Guante Javier, en San Cristóbal; Edgar Reyes, en Monte Plata, primer no vidente titulado, y Roberto Burgos y Rafael Domínguez, en Puerto Plata. Un tributo post mortem para esos alumnos iniciadores.
Antes y ahora con el nuevo pensum de 2026, los beneficios de estudiar comunicación social en la Universidad O&M son los siguientes:
1.- Un programa sabatino, que representa ahorro de tiempo y recursos financieros, especialmente para los que trabajan y residen en pueblos del interior del país.
2.- Un pensum acabado y actualizado, con unas 50 asignaturas.
3.- Amplia experiencia profesional de su cuerpo profesoral.
4.- Soportes tecnológicos: a) salas de computadoras, b) un estudio de televisión, c) un estudio de radio, d) un canal de YouTube, e) una revista digital, y f) una muy nutrida biblioteca.
5.- Pasantía periodística, al término de 4 años de estudios.
La Escuela de Comunicación Social de la Universidad O&M, la primera de la República Dominicana en establecer oficialmente la pasantía periodística, ha graduado -desde 1990- a casi dos mil profesionales, que crean contenidos para visibilizar la información, gestionan la comunicación con visión crítica y estratégica, tanto en función de reporteros, productores audiovisuales, directores de unidades de comunicación, jefes de redacción o de secciones, y consultores.
En procura de que estudiantes y titulados de esta y otras unidades académicas del país amplíen su capacidad y liderazgo con mira a fomentar la convivencia e integración comunitaria, a través de ideas y proyectos para la cohesión y el cambio social, en el ocaso del siglo XX fue creada la Asociación de Egresados de la Escuela de Comunicación de la Universidad O&M, presidida por Claudio Toribio; en dos ocasiones ha presidido la Asociación Dominicana de Escuelas de Comunicación Social (AdecomRD) y en tres momentos la Asociación Dominicana de Profesionales de Relaciones Públicas (Asodoprep).
Igualmente, ha ocupado un asiento en la dirección para Centroamérica y el Caribe de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (Felafacs) y participa en equipos de investigación y de salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y en la Confederación Interamericana de Relaciones Públicas (Confiarp).
Siguiendo esas directrices, la delantera y conducción de sus licenciados ha sido puesta a prueba no solo en el campo laboral, sino también socio-comunitario. Un amplio segmento de ellos ha ocupado posiciones presidenciales en organizaciones gremiales y socio-culturales, como el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), la Asociación de Cronistas de Arte y Espectáculos (Acroarte), el Círculo de Periodistas de la Salud (Cipesa), la Asociación de Cronistas Sociales, la Asociación de Periodistas Turísticos, y otras. Testimonian, con orgullo, la calidad de la enseñanza de su alma máter, la O&M,
Ahora, ¿cuál es el campo de trabajo en comunicación social?
Los graduados en comunicación social están preparados para laboral en medios escritos, radiales, televisivos y digitales; en instituciones gubernamentales, empresas privadas, agencias de comunicación y publicidad, organizaciones de interés social, entidades empresariales, profesionales, gremiales y otras, con salarios conforme a su idoneidad competitiva. Pueden participar como presentadores de televisión, productores radiales, periodistas, entrevistadores, locutores, relacionistas públicos, creadores de contenidos digitales, redes sociales y diseño editorial.
Bien, y ¿qué tan manejable y comprensible es cursar esta carrera?
Aprender y ejercitarse, mediante la instrucción, la observación, la investigación y el análisis de esta carrera encuadran como interdisciplinarios y flexibles, en función de su concentración en las “habilidades blandas”. Esas destrezas: creatividad, expresión corporal y presencia escénica, innovación, perseverancia, escucha activa, empatía, emprendimiento, liderazgo, el pensamiento crítico y otras competencias interpersonales, abren la llave en el mercado laboral, en la exigencia digital global y empresarial.
Genéricamente, ¿cuáles son las ventajas para estudiar comunicación social?
Estudiar comunicación social permite a los estudiantes capacitarse para:
1.- Desarrollar habilidades para interrelacionarse en las esferas personales y profesionales, y dotarlos de los conocimientos teóricos y técnicos para la empleabilidad y el mejor desempeño laboral.
2.- Adiestrar en la práctica de redacción para la prensa escrita, la radio y los medios audiovisuales y digitales, en la más efectiva interconexión para la socialización, la integración, el cambio y el bienestar de la sociedad.
3.- Proporcionar los saberes histórico-culturales y científicos necesarios para poseer el privilegio de informar, educar y sensibilizar a la opinión pública sobre temas de alto interés nacional e internacional
4.- Proveer las capacidades para concebir y escribir mensajes que capturen la atención de los receptores y contribuir con la forja de valores humanistas y una conciencia crítica en la colectividad.
5.- Potencializar el pensamiento estratégico para diseñar campañas de comunicación y educación, aprovechando las innovaciones tecnológicas para ponerlas al servicio de la comunidad.
Los diplomados de la Escuela de Comunicación Social de la O&M se ganan espacios en los convergentes dispositivos mediáticos, por sus habilidades, auxiliados por las computadoras u ordenadores, en la redacción de narrativas, con adecuación conceptual y el enjuiciado colectivo. Se consolidan por su valoración profesional, y señalizan la funcionalidad y pertinencia de los estudios académicos en comunicación social. Aura, por los enunciados precedentes y axiomas argumentativos, como un referente histórico.
¡Loor para sus inspiradores José Rafael Abinader Wassaf y Zoraida Heredia viuda Zuncar, vicerrectora académica, y para los profesores fundadores: Rafael Núñez Grassals, Eleanor Grimaldi, Oscar López Reyes, Harlem Gómez, Abel Fernández Mejía, Francisco Pancorbo, Ana María Camacho, Nora Nivar, Reyna Patricia Carrasco, Leonel Fernández, Pascal Peña, Héctor Tineo y Huchi Lora. Homenaje, in memoriam, para los profesores Jimmy Sierra, Salomón Siguié, René Rodríguez Soriano, Luis Rodríguez Palmero, Leopoldo Grullón, Octavio Herasme, Claudio Toribio, Víctor Gulías, Junior Ramírez, y para unos 20 egresados idos a destiempo.
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El autor: director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Dominicana O&M 1987-2026.
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Opinión
El Consejo Nacional de la Magistratura y la partidocracia.
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6 días agoon
julio 17, 2026Por José Cabral
Siempre he dicho y he reiterado, pero que no se trata de ningún descubrimiento, que el sistema está concebido para responder a los intereses de los partidos políticos.
Los diputados y senadores provienen de ese entorno, el presidente de la República y el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), en el que se escogen los jueces, explica el desempeño de cada uno de estos poderes públicos
La conformación del CNM implica que todo el sistema, incluido el de justicia, obedece a los intereses que se expresan en este órgano.
De manera, que, frente a la confrontación del derecho con la política, el primero siempre tiene todas las de ganar cualquier batalla, máxime cuando se trata de aquella que se desarrolla en el campo legal.
Todo este cuadro permite establecer que resulta prácticamente difícil, por no decir imposible, que el derecho pueda salir triunfante frente a la política.
Sin ninguna duda, que ahí descansa la gran debilidad del proceso de constitucionalización del derecho que se produce en el país a partir de la entrada en vigencia de la Constitución del 2010.
Es hermoso en los textos el proceso de constitucionalización, pero el mismo resulta decepcionante en la práctica y cuando se choca con la realidad.
Nadie, absolutamente nadie, puede negar que una herramienta vital para cualquier democracia es una buena administración de justicia, pero en una nación donde la partidocracia es la dueña del sistema esto se vuelve prácticamente difícil, por no decir imposible.
El problema descansa en un Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), cuyo órgano tiene la sagrada misión de escoger los jueces del sistema de justicia nacional, lo que quiere decir que cuando se presenta un conflicto entre el derecho y la política éstos se inclinen por emitir sentencias en favor de la partidocracia.
Los hechos hablan por sí solos y el que no lo crea que revise la mayoría de las decisiones que conllevan sentencias que impactan los intereses de los partidos para que se puedan valorar los resultados.
Sin no se cambia la conformación del CNM es muy difícil que el proceso de constitucionalización del derecho y que tiene como base el respeto de los derechos fundamentales pueda cristalizarse en una sociedad como la dominicana, donde la política está presente predominantemente en todos los escenarios.
De tal forma, que hablar de una buena administración de justicia al margen de los intereses de los partidos políticos, resulta una quimera y que sólo una persona muy ingenua lo puede creer.
Opinión
Cuando el poder desconoce la Constitución, debilita la República
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7 días agoon
julio 16, 2026Por Isaías Ramos
Ninguna democracia muere el día en que se rompe la Constitución. Muere mucho antes: cuando quienes juraron defenderla comienzan a tratarla como un obstáculo y la ciudadanía empieza a acostumbrarse a ese irrespeto.
La Constitución no fue escrita para adornar discursos ni para ser invocada cuando conviene al poder. Fue concebida para limitar a quienes gobiernan, proteger a los ciudadanos y garantizar que ningún funcionario, partido, mayoría congresual o presidente coloque su voluntad por encima de la soberanía popular.
Por eso preocupa el rumbo de diversas actuaciones del Congreso Nacional y del Poder Ejecutivo.
En los últimos años se han aprobado normas luego anuladas, corregidas o seriamente cuestionadas por su compatibilidad constitucional. La Ley de la Dirección Nacional de Inteligencia motivó la intervención del Tribunal Constitucional por objeciones relacionadas con derechos fundamentales. La Ley de Facturación Electrónica también requirió su actuación para corregir una disposición que afectaba la privacidad.
Más recientemente, el nuevo Código Penal ha dejado de ser únicamente una inquietud jurídica para provocar un rechazo creciente en amplios sectores de la sociedad. Juristas, periodistas, profesionales, organizaciones sociales y ciudadanos hemos advertido que varias disposiciones, por su amplitud, ambigüedad o desproporción, podrían amenazar la libertad de expresión, la denuncia pública, el ejercicio profesional y la protesta pacífica.
Cuando una legislación penal provoca temor entre quienes informan, denuncian o protestan, el problema deja de ser técnico: amenaza la convivencia democrática.
Pero el caso institucionalmente más delicado es la respuesta legislativa posterior a la sentencia TC/0788/24.
Las decisiones del Tribunal Constitucional son definitivas, irrevocables y vinculantes para todos los poderes públicos. Cuando una legislación posterior genera serios cuestionamientos sobre si respeta materialmente el criterio fijado por el máximo intérprete de la Constitución, no estamos ante un simple debate político. Está comprometida la supremacía constitucional, la seguridad jurídica y la confianza ciudadana.
La preocupación no gira solo alrededor de una sentencia ni de las candidaturas independientes. El problema es más profundo: ¿puede el poder político redefinir, limitar o neutralizar derechos protegidos por la Constitución?
La Constitución dominicana no creó una democracia para beneficio de los partidos. Creó un Estado social y democrático de derecho, fundado en la dignidad humana, la soberanía popular, el pluralismo político, la separación de poderes y la protección efectiva de los derechos fundamentales.
El derecho a expresarse no es una concesión del Gobierno.
El derecho a protestar pacíficamente no es un favor del Congreso.
El derecho a elegir y ser elegido no pertenece a los partidos.
Son derechos constitucionales que ningún poder temporal puede apropiarse, reducir ni administrar según su conveniencia.
No sabemos si quienes gobiernan desconocen el espíritu de la Constitución o si, conociéndolo, han decidido apartarse de él. Lo evidente es que demasiadas decisiones han obligado al Tribunal Constitucional y a la sociedad a recordar principios que debieron orientar desde el inicio a los poderes públicos.
No afirmamos que la República Dominicana sea hoy una dictadura. Pero sería irresponsable esperar a que el autoritarismo esté consumado para denunciar las decisiones que pueden abrirle camino.
Las democracias rara vez desaparecen de un día para otro. Se erosionan lentamente cuando se relativiza la supremacía constitucional, se reducen los espacios de participación, aumentan las facultades del poder sin controles suficientes y los derechos fundamentales dejan de orientar la legislación.
Está en juego la República que dejaremos a nuestros hijos: una nación donde la Constitución gobierne al poder o un país donde el poder acomode la Constitución a sus intereses.
Todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo.
El pueblo dominicano ha demostrado paciencia, madurez y vocación democrática. Ha recurrido a los tribunales, promovido el debate público y utilizado los mecanismos institucionales reconocidos por la Constitución.
Pero la paz social no puede sostenerse indefinidamente si los reclamos constitucionales no encuentran respuesta. Cuando las instituciones dejan de escuchar, aumenta la presión social. Esa realidad no debe celebrarse ni provocarse; debe prevenirse mediante el diálogo, la rectificación y el respeto a la Constitución.
Este no es un llamado a la confrontación. Es un llamado a la rectificación.
El Congreso debe legislar dentro de los límites constitucionales. El Poder Ejecutivo debe ejercer sus facultades constitucionales con el mismo compromiso que juró al asumir el cargo. Y todos los poderes públicos deben recordar que las decisiones del Tribunal Constitucional no son recomendaciones: forman parte del orden que están obligados a respetar.
Cumplir la Constitución no debilita al Estado. Lo fortalece.
Respetar los derechos fundamentales no genera desorden. Construye paz.
Abrir la democracia no amenaza la República. La hace más legítima y fuerte.
Desde el Foro Cívico y Social lo afirmamos con claridad: la Constitución no pertenece al Congreso, al Poder Ejecutivo ni a los partidos políticos.
La Constitución pertenece al pueblo dominicano.
Defenderla por las vías pacíficas, democráticas y constitucionales no es un acto de oposición. Es el deber moral, cívico y patriótico de toda generación que aspire a entregar a sus hijos una República más libre, justa y fiel al Estado social y democrático de derecho.
Una nación puede sobrevivir a una mala ley y corregir una mala decisión. Lo que no puede permitirse es acostumbrarse a que el poder deje de obedecer la Constitución.
Por Oscar López Reyes
(A la 18:00 hora local del miércoles 24 de junio de 2026, Venezuela fue sacudida por dos terremotos: el primero en la escala 7.2 (duró un minuto) y 39 segundos después otro de magnitud 7.5 (se extendió por tres minutos), concentrados especialmente en la Guaira y Caracas, con un salto -hasta el 12 de julio de 2026- de más de 50 mil desaparecidos, según la ONU; cerca de 5 mil fallecidos, 20 mil heridos y 20 mil damnificados).
(I)
¡Oh, Venezuela!
Patria inmensa.
¡Caramba!,
Hermanos en Bolívar,
¡qué dolor soberbio!
que oprime las fibras de mi alma,
En tristeza de gritos que escapan
de escombros retorcidos
por furia de un suelo rebelde.
El telúrico conmueve en miradas
de arquitecturas sin piedras ni ventanas,
y melancolías de niños vagando en penumbras,
Sin padres ni estancias.
Y pone a temblar en rememoración de amor
su épica solidaridad y sacrificio de dignidad infinita
en épocas pretéritas, que configura
una vastedad de grandeza histórica
y el patriotismo compartido.
¡Oh, Venezuela, SOS!
(II)
Cuando no haya más lágrimas que derramar,
rebosantes las porcelanas de mortandad,
esa “Tierra de Venecia” y esa “Tierra de Gracia”
dejará de llorar y se levantará en cumbre de cerros,
contemplando
marchas fúnebres y entierros colectivos,
echando la vista a la resurrección de Cristo.
(III)
Heridos que sollozan en ruinas y hospitales,
sobrevivirán en sonidos de esperanza y el susurro
que late desde los vientos que soplan
de mares y montañas, para otro comienzo
de sonrisas en barcas de adversidad.
(IV)
Los fallecidos descansarán en púrpura palmera
y ecosistemas naturales con flores coloreadas
con toques de bellezas íntimas
que evocan la fragancia
en la eternidad de jardines
con pétalos de atardeceres versátiles.
(V)
Y los muchos desaparecidos fertilizarán
los predios erosionados,
para floración de hojas, frutos y plantas aromáticas,
que germinarán emergentes criaturas en vientres
de primaveras de Luna menguante
y otoños de Luna creciente.
(VI)
En su inocencia, niños huérfanos seguirán jugando
en noches tranquilas, abrazados de madres sustitutas
y nutrientes saludables,
que brotarán renovadas energías
en llanuras, bosques y lagos estrellados,
acariciados por paisajes de jazmines
y saltos que gimen en la nostalgia de edificios desplomados.
(VII)
Sumergidos en cenizas de techos agrietados
por terrestres sacudidas bruscas,
pequeños, adultos y veteranos
alzarán vuelos con recuperados bríos,
como aquel ave mítica y pájaro de fuego.
Tendrán casas alfombradas con claveles
y rosadas cestas colgantes,
en calles sin pedruscos y con Sol,
parques con glorietas y toboganes,
escuelas y parroquias para el cambio.
(y VIII)
En brisas de trompetas, hembras y varones
abatidos en estado emocional resurgirán
de pedazos de paredes rotas,
para reconstruir territorios asolados,
en el renacer de paz y progreso,
y entonces entonar, a viva voz: ¡felicidad, felicidad!
………………………….
El autor: Periodista, mercadólogo, catedrático, escritor y gremialista.
