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Editorial

 Si la letalidad Aumenta en Proporción a la Positividad el Gobierno Tendría Serias Dificultades.

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El Gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y de Luis Abinader había entrado en un proceso en que la gente hacía uso del dejar pasar y dejar hacer, mientras la pandemia toma cuerpo en el país, principalmente en lo que respecta al aumento de la positividad.

Ese crecimiento de los niveles de contagios está explicado por el hecho de que la gente no respeta el distanciamiento social y las demás medidas que evitan que el Covid-19 se expanda entre los dominicanos.

Ha habido una tolerancia peligrosa, por decirlo de alguna manera, pero por suerte el nivel de letalidad no ha ido de la mano de la positividad, que pudiera ser que una estuviera proporcionalmente igual que la otra.

Esa indulgencia frente a los factores que propician el contagio constituye un problema muy serio para el Gobierno, ya que la continuación de la tendencia de los niveles de positividad podría convertir la enfermedad, pero muy concretamente la letalidad, en un problema, ya que no sólo se amenaza  la vida de la gente y  lo económico, sino también  lo social y  lo político.

Todo el mundo sabe que en la República Dominicana y en muchos otros lugares del mundo la política es un negocio y que resulta muy difícil que la oposición esté verdaderamente interesada en que las autoridades de turno manejen con idoneidad las complicaciones de salud derivadas del coronavirus.

Probablemente hagan lo indecible para torpedear cualquier buena medida de las autoridades, pero que quede claro que esa actitud es propia de cualquiera que esté en la oposición, porque de lo que se trata es desacreditar al que tiene el poder, dado que es una lucha de quítate tú para ponerme yo.

Sin embargo, debe admitirse que la tolerancia del PRM o del Gobierno de Luis Abinader con la pandemia podría convertirse en una arma de doble filo, porque en esto hay mucho de populismo, lo cual podría ser una gran trampa política para los que ostentan el poder.

El asunto había tomado un giro preocupante hasta que se tomó la decisión de endurecer las medidas de restricción para controlar la propagación de la pandemia, por el riesgo que se corre de que la misma se pueda tornar en un problema político en razón de que el aumento de las muertes por esta causa puede ser atribuido a un mal manejo de los instrumentos cientٕíficos para combatir la enfermedad.

El aumento significativo de la letalidad generaría la pérdida de la confianza en un Gobierno que en algún momento ha dado la impresión de dar palos a ciegas y peor aun con la tendencia que hubo en las autoridades competentes de no hablar con claridad sobre el curso que toma en el país el Covid-19, sobre todo después de la aparición de nuevas cepas del patógeno en diferentes países del mundo, principalmente en Inglaterra.

La deficiencia comunicacional del Gobierno para informar a la gente con transparencia sobre la pandemia inició lo que parecería ser un proceso de atribuir a la irresponsabilidad y la incapacidad de las autoridades el aumento de los contagios y de las muertes que se produjeran en el proceso.

Lo único que sirve de atenuante al Gobierno es el hecho de que se trata de un virus que ha afectado a la mayoría de los países con una gran secuela de contagios y de muertes, pero el déficit acumulado en la eficiencia del sistema sanitario dominicano podría ser una causa más que suficiente para que convertido el asunto en político ello pueda generar una pérdida de la confianza de los ciudadanos en unas autoridades que todavía está por verse cuál es su aptitud para asumir el presente reto.

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Editorial

En hora buena.

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En todo el mundo la televisión digital y los medios de comunicación en general han pasado a jugar, aun con sus falencias, un rol protagónico en los procesos democráticos que viven los pueblos, porque de alguna manera las redes sociales están abiertas a todas las corrientes del pensamiento político, social y económico.

Ha sido una forma de cumplir con el sueño de que los receptores de los mensajes puedan reaccionar en contra o en favor de aquellas cosas que rechazan o comparten, es decir, que se produzca el famoso feedback.

Los medios digitales son una herramienta que rompe con la comunicación vertical para convertirla en horizontal, lo que en pocas palabras no es otra cosa que democratizar el mensaje que llega a los lectores o televidentes.

Por esta y muchas más razones tiene que ser motivo de satisfacción que muchos medios surjan para fortalecer la corriente de la democratización de la información y la comunicación, sobre todo si ello implica una mejoría de su calidad.

Todo el mundo sabe que antes del surgimiento o empoderamiento de las redes sociales los medios de comunicación tradicionales a través de las empresas periodísticas que son controladas por grupos económicos que manejan la información en función de los intereses que representan y por esa razón no se puede tener la certeza de que lo que dicen o dejan de decir obedezca a una verdad indiscutible.

La manipulación de la información no sólo tiene que ver con lo semiótico y semántico, sino también con la colocación o no de lo que ocurre, lo que ha provocado que los medios digitales hayan cambiado esa regla del juego.

De manera, que independientemente de la post verdad los medios digitales han traído más cosas buenas que malas, pero además en la medida en que lleguen propuestas en este campo que mejoren lo que no está bien, el papel de éstos será de mucho mayor importancia en favor de la sociedad.

Entonces, la llegada de los medios pertenecientes al Grupo Nacional Azul responde al propósito de sacarle el mayor provecho a la era digital y para que los medios de comunicación sean un instrumento para la mejoría de la democracia, ya que la República Dominicana atraviesa por un momento de una profunda crisis de credibilidad, lo cual ha dejado como consecuencia una falta de legitimidad, lo que desde cualquier perspectiva que se vea es una especie de bomba de tiempo.

Los dominicanos de aquí y los de allá, es decir, los que viven en el territorio nacional y los que están fuera del país pueden tener la seguridad de que seguiremos haciendo un periodismo que promueva el Estado Social Democrático de Derecho, exactamente como está consignado en el artículo 7 de la Constitución de la República.

Somos enemigos de la manipulación periodística para defender y proteger los intereses de grupos económicos que no ven más allá de la ganancia que obtienen y que representan, sin que les importe el dolor que causan a la sociedad dominicana, una retranca para el logro de una verdadera democracia.

En el país hay que revertir todo aquello que vende la idea de que las cosas tienen que verse desde una visión monetaria o material, sino que los medios como los de la Fundación Grupo Nacional Azul deben velar porque no prevalezca en la información un interés personal y grupal, porque al final los más indefensos son los que pierden, como las mujeres, los niños y los envejecientes.

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Editorial

Tres flagelos que nos golpean muy fuerte.

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Los feminicidios, los embarazos en adolescentes y la corrupción pública dejan huellas inborrables en la sociedad dominicana.

La consternación que ha traído consigo el asesinato de la joven modelo y locutora Shantal Jiménez es una expresión fiel del impacto de un fenómeno que deja heridas insanables en la sociedad dominicana.

Son heridas lacerantes que nadie podrá borrar del escenario nacional, porque la irracionalidad se ha apropiado de una buena parte de los hombres que se niegan a dejar volar libremente a la mujer que busca mejores horizontes.

Estos feminicidios se producen y dejan una estela de dolor, no sólo en el seno de los seres queridos de las mujeres asesinadas, sino también de las madres de los hombres que incurren en el error de eliminar físicamente a aquellas que también muchas de ellas son las progenitoras de sus hijos.

Es un drama que parece insuperable, que deja una secuela de heridas emocionales que difícilmente puedan superar los afectados  en el curso de sus vidas.

Todo ello requiere que el Estado tome las medidas pertinentes para enfrentar el mal, pese a que se entiende que el esfuerzo demanda de la inversión de muchos sacrificios para contrarrestar un flagelo que daña a toda la sociedad.

El problema se expresa cuando ocurre con niñas que se embarazan sin todavía estar preparadas para tener hijos, cuyo futuro se vuelve incierto, amén de que el fenómeno causa daños terribles, porque hay expertos que consideran que los embarazos en adolescentes es una fuente generadora de delincuencia y de otros problemas sociales.

Pero podría asumirse que todo ello, es decir los tres flagelos de que se habla en este editorial, tienen su razón de ser, máxime su aumento, en la irresponsabilidad con que los partidos políticos manejan el presupuesto general de la nación, cuyo punto 1-a es la corrupción administrativa, la cual también alimenta el mal a nivel privado, ya que arruina oportunidades de crecimiento a las niñas que pasan por el drama de engendrar un hijo a temprana edad.

No no se puede ser muy optimista con las medidas que puedan surgir desde el sector público para enfrentar estos flagelos, porque una de las cosas que alimentan estas distorsiones es precisamente la falta de planificación y la poca formación de los que tienen el control del Estado.

Nadie puede negar que como se ven las cosas, el país podría entrar en una verdadera crisis de violencia con el camino que llevan los tres flagelos escogidos por la República para intentar hacer sentir su voz de alarma al respecto.

La verdad es que la gente de buena voluntad y que realmente quiere lo mejor para el país no puede dormir tranquila con los efectos que producen los tres flagelos que se abordan en el presente editorial, los cuales tienen como agravantes la falta de planificación y el desorden que caracteriza al Estado dominicano.

Cualquiera podría preguntarse si realmente el país está preparado para elaborar una receta que vaya más allá del diagnóstico para, sino solucionar, por lo menos disminuir, el impacto destructor de los flagelos de los feminicidios, los embarazos en adolescentes y la corrupción administrativa.

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Editorial

República Dominicana en el “ojo del huracán”.

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Aunque el título de este editorial no busca sobreponer los huracanes a otro fenómeno natural como son los terremotos, pero el mismo sólo persigue darle la trascendencia que tiene el problema de la falta de prevención que caracteriza al país.

Sin lugar a dudas que lo ocurrido en Venezuela debe servir de voz de alarma para el país, máxime que los terremotos están asociados a una falla tectónica que también abarca a la República Dominicana.

La cuestión es que cada vez que hay un evento de esta naturaleza resurgen las advertencias sobre el peligro que amenaza a la República Dominicana, cuya deficiencia es parte de un todo que no hay forma de superar por razones profundamente culturales.

Pero es que en esta materia como en ninguna otra el país no ha desarrollado políticas públicas dirigidas a construir una cultura de prevención que por lo menos evite que cualquier tragedia como resultado de un fenómeno natural como los terremotos se pueda llevar de paro medio país.

Hace décadas que se repiten las mismas advertencias y alertas e incluso se han creado leyes para disminuir el impacto de un terremoto de alta potencia como el de más de siete grados ocurrido en Venezuela, pero las mismas, como prácticamente todas las del sistema jurídico nacional, son letra muerta.

De manera, que con el discurrir de los años las construcciones a troche y moche han seguido su curso como si ese comportamiento no tuviera ninguna importancia y sólo se esperan los daños como resultado de un terremoto de alta magnitud como se espera en algún momento en el territorio nacional.

Un buen ejemplo del descuido o negligencia de las autoridades edilicias y del gobierno central son las torres construidos en urbanizaciones como “La Trinitaria de Santiago”, pese a que ya los expertos han advertido de que las mismas se levantan sin tomar en cuenta en su diseño el tipo de suelo que hay en la zona.

Ya ha habido hechos que deben servir de escarmiento a las autoridades para que pare la imprudencia de construir sin miramiento, como fue el desplome de la construcción de un hotel en la calle Del Sol de Santiago por la misma causa del tipo de suelo, pero lo ocurrido sirvió de poco.

El problema está nuevamente sobre el tapete por la gran tragedia que se ha producido en Venezuela, pero la preocupación durará muy poco tiempo, ya que al cabo de los días ya se retorna a la normalidad acostumbrada y se olvidan las construcciones que amenazan la vida de mucha gente por tratarse de una imprudencia que no valora la advertencia de los expertos en la materia.

Sólo falta que la verdad, que ojalá Dios no quiera que así sea, le dé en la cara muy duro a las autoridades nacionales que no hacen el menor esfuerzo para evitarle un gran dolor de cabeza a la sociedad dominicana.

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