Desde hace años la República Dominicana proyecta unos niveles de individualización y deshumanización que son más bien atribuibles a la entrada con fuerza en el país del neoliberalismo salvaje.
Un detalle que ha llamado a la atención es que la mayoría de los dominicanos ya se niegan a hacerle un favor desinteresado a cualquiera que lo necesite y de esa realidad es que surge la expresión donde está lo mío, aunque la misma se usa más regularmente en campo político.
Otro perfil de ese cambio operado en el dominicano tiene ver con la defensa de personas vinculadas al narcotráfico, que por el hecho de que siempre le da algún dinerito se vuelven ídolo en sus comunidades.
En el marco de ese proceso de deshumanización, quizás el más crudo y cruel, es que cuando una persona tiene un accidente automovilístico en cualquier autopista del país y que los residentes en el área acuden en masas, no para auxiliar al accidentado, sino para despojarlo de sus pertenencias.
La lista de cosas que se enmarcan en la nueva conducta del dominicano que dejó atrás el amor por el prójimo podría ser muy larga, pero la realidad es que es un fenómeno motivo de mucha preocupación y además indica lo tanto que hay que trabajar en el país para restablecer una serie de valores sociales y morales perdidos.
Ahora han surgido otras acciones del dominicano que tienen que ver con el coronavirus, ya que se ven protestas por doquier en contra de que se instalen centros para atender a los enfermos de la pandemia.
Tanto es así que hay ciudades como San José de Ocoa que muchos de sus ciudadanos se opusieron a que un nativo fuera enterrado en el cementerio municipal de allí porque murió del Covid-19.
Es algo difícil de entender la insensibilidad y la indolencia que se ha apropiado de la gente como si no entendiera que todos estamos expuestos a contraer una enfermedad.
Es como se contraer una enfermedad es sinónimo de cometer un delito, pero lo doloroso de esto que el fenómeno no se observa en ningún otro país, nisiquiera en los altamente desarrollados, donde la insensibilidad es mucho mayor y lo vemos sólo en la República Dominicana.
Los bloqueos de calles y avenidas y la quema de neumáticos para evitar que se creen centros de aislamientos para enfermos del Covid-19, nos dice que somos uno de los países con una situación más grave en términos de deshumanización, individualidad, falta de solidaridad, hermandad y reciprocidad con aquel que sin quererlo es víctima de la pandemia.
Este panorama debe ser abordado por los medios de comunicación, iglesias y todos los centros comunales para iniciar una campaña de humanización que permita que las personas entiendan que no son protagonistas de la película y que también pueden enfermarse como los demás con un un virus como el Covid-19 que no discrimina.
Los hechos más arribo expuestos indican que la peor enfermedad de los dominicanos, por lo menos de la mayoría, es más del corazón y del alma que de cualquier otra cosa y sacarla de esa situación implica la realización de un trabajo muy grande que involucre a los medios de comunicación, las iglesias y el sistema educativo nacional.
Es muy triste el comportamiento de mucha gente frente al coronavirus que sólo el que lo vive lo puede creer, que personas que también están expuestas a la enfermedad discriminen a los afectados sin darse cuenta que hoy puede ser una persona que tal vez ni conozca, pero que mañana podría ser su familiar o usted mismo.