Por Elba García
El pueblo dominicano ha perdido la batalla en contra de la individualidad y la visión personalista que predominan en los actores de la vida política y social e incluso en los movimientos de diferentes caracteres que han surgido en el país.
Este fenómeno resulta tan peligroso que no hay una sola organización política o social en la que no predominan los intereses personales e individuales, los cuales desnaturalizan las razones que le dan sentido a la lucha por cambiar los paradigmas que se imponen entre los dominicanos.
Este flagelo tiene tanto peso en la vida nacional que se ha constituido en el principal obstáculo para lograr la aspirada unidad nacional a fin de sacar de la terrible situación que vive la sociedad dominicana, donde el antivalor del individualismo ha causado tragedias humanas por simples herencias que no representan ninguna garantía de cambio en la vida de sus protagonistas.
Este mal, que se puede comprobar en cualquier organización sin importar su naturaleza, impacta principalmente a los partidos políticos, que se han convertido en empresas personales de los que los dirigen o de los que los han creado.
Pero el asunto tiene un alcance que llega hasta los clubes, las cooperativas de ahorros y prestamos, entre otras, las cuales si bien nacieron con un sentido profundamente social han caído bajo el control de grupos organizados con el propósito de manejar a su antojo los fondos que tienen las mismas.
El fenómeno, que no es aislado, sino generalizado, ha creado unos obstáculos en la sociedad dominicana que el avance social y político se ha vuelto un imposible, porque, lamentablemente, la vida de la mayoría de la gente gira al alrededor de los pesos que se puedan conseguir sin importar los ejemplos que representa esa mala conducta.
La individualidad, que no es nada nuevo, pero que sí se puede asegurar que la misma se ha profundizado entre los dominicanos a raíz de la entrada al país del neoliberalismo salvaje que precisamente estimula este antivalor.

Universidad de Columbia de la ciudad de Nueva York
Incluso hace ya algunos años que la Universidad de Columbia de la ciudad de Nueva York hizo un estudio en el que se pudo comprobar que antivalores como el jefismo, el caudillismo, el machismo, el patriarcado y el amiguismo, entre otros, constituyen una retranca para el avance de la comunidad criolla radicada en este estado.
Allí también se han vivido serias repeticiones del impacto de esta aberración en las organizaciones de mayor poder social como el Desfile y Festival Dominicanos, el cual ha sido escenario de grandes batallas de ¨¨tigres¨¨ que se han atrincherados en esta organización para sacar provecho personal.
Son diversas las veces que las instancias públicas de la ciudad de Nueva York han tenido que meter sus manos para evitar que el Desfile y Festival Dominicanos sea un instrumento en favor de los intereses personales de los que lo dirigen, pero el problema todavía no ha sido totalmente superado.
En lo que tiene que ver con el ámbito político partidista, debe decirse que en el país llueven los proyectos políticos individuales, cuyos recursos adquiridos están bajo el control de los hijos y nietos de sus fundadores, como si se tratara de un patrimonio familiar y no de una entidad del derecho público que se alimenta de los recursos que provienen del pueblo dominicano y que se supone que su principal función es abogar por cambios profundos a través de los órganos y los entes que los conforman.
Este tipo de comportamiento de por si representa un escollo difícil de superar para mejorar la democracia nacional, porque el solo hecho de que no importen mucho los intereses colectivos, implica que todo aquello que esté en el entorno del Estado sólo puede ser usado para fortalecer el vicio analizado en el presente trabajo.
La preocupación mayor con el antivalor del individualismo es que el mismo tiene una serie de componentes profundamente culturales, los cuales complican y hacen más difíciles las posibilidades de erradicarlos del escenario nacional, el cual quita calidad a la democracia dominicana.
La expresión de que el que no sirve para servir no sirve para vivir es un enunciado que tal vez se inscribe más que nada en la doble moral que tienen como herramienta los que pregonan una cosa, pero que en la práctica hacen otra.