Por Elba García
El programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acaba de dar a conocer los resultados de un estudio mediante el cual se ha determinado que el narcotráfico, la violencia, la corrupción generalizada y la capacidad coercitiva de los grupos criminales es una causa del aumento de una gran preocupación en la comunidad internacional.
Los flagelos mencionados más arriba, como el narcotráfico, ha recuperado su influencia desde mediados de la década de los 2000, cuyos principales impactados en el Caribe son la República Dominicana y Jamaica, según el PNUD.
El estudio dice que la alerta sobre los niveles tan altos del narcotráfico y la violencia en Latinoamericana y el Caribe es de que han sido la causa de la alta desigualdad y bajo crecimiento en por lo menos la República Dominicana y Jamaica, entre otras naciones del hemisferio.
En los últimos días han surgido una serie de escándalos con funcionarios electos vinculados al Gobierno, que pertenecen a grandes redes de narcotráfico internacional, cuyas acciones muchas veces son protegidas por la conducta de los partidos políticos de la República Dominicana que prefieren como candidatos a personas que han acumulado fortunas de forma muy cuestionable.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM), que no ha disimulado su inclusión en el Gobierno y en otros estamentos del Estado, principalmente en el Congreso Nacional, de personajes que son convictos por narcotráfico en los Estados Unidos.
La desesperación por la consecución de dinero lleva a la mayoría de los políticos a comportarse en función de unas aspiraciones individuales que dañan a la sociedad, lo cual se ha convertido en un serio problema para la transparencia y el combate de la corrupción, cuyo fenómeno proyecta la idea de que por la magnitud del mismo su investigación se llevará la mayor parte del presupuesto nacional.
El problema de la corrupción en sentido general, incluido la vertiente del narcotráfico, es que la persecución de este crimen no sirve de mucho en una sociedad donde se ha desarrollado toda una cultura de lo mal hecho para satisfacer aspiraciones personales de acumular dinero y poder.
El Informe Regional de Desarrollo Humano del 2021 del PNUD establece que el impacto del narcotráfico en el Caribe, que había dejado de ser importante tras el auge de la cocaína durante la década del 80, ha recuperado su influencia desde mediados del año 2000.
En opinión del órgano de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) todos los países de la subregión, sólo con la excepción de Barbados y Surinam, experimentaron un aumento en las tasas de homicidios y de los asesinatos relacionados con el crimen organizado durante la década del 2000.
América Latina y el Caribe sólo representan el 9 por ciento de la población mundial, pero tiene un 34 por ciento del total de muertes violentas, ya que los robos y agresiones físicas son generalizados, lo que convierte la zona en la que tiene más hechos de este tipo, según las estadísticas de crimen de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito.
La encuestadora Barómetro de las Américas determinó que entre 2010 y 2014 hubo un promedio de una de cada cinco personas consultadas que afirmó haber sido víctima de un robo en los meses anteriores
Otro factor analizado fue la violencia política, que incluye protestas violentas y estatal, como por ejemplo la brutalidad policial, ejecuciones extrajudiciales y represión contra defensores de los derechos humanos, activistas ambientales, políticos y periodistas.
La violencia sexual y la trata de personas entran en el terreno de los crímenes no letales con que luchan los países de la región, incluida la República Dominicana.
El ejercicio del poder hace que las desigualdades, el status social y los ingresos de algunos grupos de la población, como las mujeres y las minorías étnicas y de género, sean vulnerables a la violencia.
El PNUD señala que la violencia o la amenaza de violencia es moneda de negociación entre actores estatales y no estatales en diversos contextos para alcanzar acuerdos. El resultado del estudio diagnostica que: “la violencia es un factor común subyacente, que impulsa y es impulsado por la trampa de la alta desigualdad y el bajo crecimiento de la región”.