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La vida en República Dominicana se torna más compleja y difícil por la ruina de los valores morales.
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4 años agoon
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LA REDACCIÓNPor Elba García

Definitivamente hay que saber convivir con la desgracia y con los hechos que nadie puede negar que tienen un efecto depresivo aun en aquellos muy flemáticos y que han aprendido a sobrellevar su existencia con lo peor que nos otorga la vida.
La República Dominicana es un país abatido por muchas dificultades económicas, sociales y políticas porque son muy pocos los que quieren que las cosas caminen de una manera correcta, porque la gran mayoría de los dominicanos aprendió a sólo luchar por su propio bienestar, olvidándose del prójimo.

Esta conducta del dominicano, que cambió profundamente durante las últimas décadas por el bombardeo sistemático de corrientes del pensamiento económico, como el neoliberalismo, que son expertas en vender sueños individuales sin ningún miramiento hacia lo colectivo, constituye una verdadera desgracia nacional.
En la actualidad los dominicanos tienen que observar hasta con tristeza los senadores y diputados que nos gastamos, quienes exhiben como su mejor aprendizaje legislar para su propio beneficio y también en favor de lo más bajo que pare la sociedad, como lo es el crimen organizado.

La cuestión es que el ciudadano dominicano sólo tiene suerte para encontrar en su camino situaciones muy desagradables y sobrellevar los sufrimientos que generan las equivocadas políticas públicas de los gobiernos que se han sucedido en el país, las cuales no rebasan la corrupción y las deficiencias en la salud y la educación, entre otras.
Cada mañana el dominicano se levanta de su lecho lleno de incertidumbre porque cuando las puertas de sus casas se abren no sabe cuál es la sorpresa, si el alza de los combustibles, si más apagones, si algún aumento en los artículos de la dieta diaria o si sencillamente va a quedar atrapado en medio de una actividad delincuencial en la que puede perder hasta su vida.

Este miércoles la sorpresa para los dominicanos es la aprobación en segunda lectura de un nuevo Código Penal que ya cansa, porque los artículos que se le han agregado no constituyen una proyección de que la nación toma el sendero de la sensatez y la razonabilidad, lo cual no augura un futuro que pueda llenar de optimismo a la gente.
Sin embargo, los problemas de los dominicanos no se detienen ahí, sino que en estos momentos se ventila en los tribunales nacionales y los medios de comunicación casos que dicen qué tanto se tambalea la propia economía nacional con los saqueos de dinero público por parte de civiles y militares como si el fin fuera arruinar las arcas nacionales para que el criollo se vea en la necesidad, como ya ocurre, de deambular por el mundo para garantizar la comida de su familia.
De igual modo, en el camino se encuentra además un Poder Ejecutivo que prefiere satisfacer las apetencias de los grupos económicos de acumular mayores fortunas sobre la base de la protección oficial, sin importar las consecuencias que se deriven de esa mala acción.

Todo tiene una razón poderosa para que así ocurra y no es otra cosa de que mucha gente ha perdido la sensibilidad social y que la lucha por la superación individual ha llevado a un plano terciario el bienestar colectivo, el cual es el único que podría llevar armonía y tranquilidad a los que menos tienen.
El sistema de justicia no anda menos de ahí, el cual es una caja de resonancia de la politiquería y en cierto modo un soporte de la corrupción que destruye toda la base ética y moral de la sociedad.

En los tribunales del país los jueces, sobre todo de primera y segunda instancia, están sublevados en contra de la seguridad jurídica y en consecuencia de una serie de principios legales que son desacatados y que las victimas de esa conducta no tienen otra opción que acogerse a los procesos burocráticos y a las moras que proporciona de forma generalizada el sistema de justicia nacional.
En realidad, se trata de una sociedad entrampada en la deficiencia, la corrupción, los intereses particulares y la complicidad de los que tienen la sagrada misión de aplicar las normas jurídicas, quienes en la generalidad de los casos se consideran emperadores con una gran vocación trujillista.
Lo difícil del cuadro descrito es que no parecen existir las condiciones para cambiar ese panorama, porque incluso la propia gente luce cansada y enferma que prefiere asumir la actitud de que el asunto no tiene nada que ver con ella y dejar hacer, dejar hacer.
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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.
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20 horas agoon
enero 8, 2026
Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro, revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.
La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.
Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.
Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.
La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.
Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.
Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional
De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.
La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.
No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.
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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump
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3 días agoon
enero 6, 2026
La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.
La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.
Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.
La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.
La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.
Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder la nación a épocas ya superadas.
La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias
El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.
La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.
El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.
Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.
La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.
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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.
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6 días agoon
enero 3, 2026Por Elba García
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.
La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.
El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.
Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.
Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.
Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.
Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.
Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.
No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.
Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.
El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.
La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.
El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.
La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.
Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.
Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.
