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Superpotencias en confrontación geopolítica por control del planeta promueven dolor, sufrimiento e irracionalidad.
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4 años agoon
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Elba GarcíaPor Elba García
Dice una famosa expresión que guerra avisada no mata soldados, pero la iniciada por Rusia en contra de Ucrania si surte un efecto demoledor, no sólo para Europa y el mundo, sino también por los países latinoamericanos.
Desde hacía muchos días que se advertía de la posibilidad de la intervención rusa en Ucrania, considerada como un territorio de la antigua Unión Soviética, lo cual coloca esta agresión armada en el contexto de la lucha geopolítica entre varias superpotencias con relación a una serie de pueblos que tienen vínculos económicos, sociales y culturales con algunos imperios.
Tal es el caso de Ucrania y Crimea con Rusia, pero lo propio ocurre con Corea del Sur y China y países latinoamericanos que son considerados como parte del entorno de los Estados Unidos, pero en esta lucha por la colonización y dominación política y económica por parte de las potencias que mantienen una batalla sin tregua por alzarse con su influencia en el mundo, hay mucho de irracionalidad y de conducta enemiga de la paz y de la convivencia pacífica.
Esta invasión rusa tiene la particularidad de que es una respuesta a los Estados Unidos por meter sus narices en unas naciones que formaron parte de la antigua Unión Soviética y que Rusia considera como parte de su entorno y bajo su influencia, dadas sus pretensiones imperiales.
Episodios parecidos se han vivido cuando China o Rusia han intentado aumentar su presencia en países de América, cuyas acciones han generado reacciones muy molestas de los Estados Unidos, como por ejemplo la decisión de países como la República Dominicana que en algún momento rompió sus relaciones con Corea del Sur para establecerlas con China Popular, hoy considerada una potencia en ascenso y que permanentemente está en la mira del imperio del norte.
Esta guerra multipolar se expresa de forma muy diversa, como la bélica, la tecnológica, la bacteriológica, la ideológica y ahora también la versión nueva conocida como la cognitiva, la cual es desarrollada por la Organización Atlántica del Norte (OTAN), el ala militar de los países occidentales como los Estados Unidos y de Europa.
Los países que no tienen aparentemente velas en ese entierro sufren las consecuencias de la guerra armada como la que se desarrolla ahora en Ucrania, país que ha pretendido unirse a los intereses occidentales, pero que sus antiguos aliados buscan resometerla a su total control como en los mejores tiempos de la existencia de la desaparecida Unión Soviética.
Las excusas para cualquiera de las potencias entrar a territorios de aquellos países que ellos entienden que les pertenecen, son muchas, sobre todo cuando se trata de alegatos como los enarbolados por Rusia con Crimea y Ucrania y también China en lo que respecta a su antigua provincia de Corea del Sur.
El hecho de estas potencias económicas, tecnológicas y espaciales contar con armas nucleares genera un respeto mutuo que muchos estiman que constituye un dique de contención para evitar la ocurrencia de una tercera guerra mundial o de enfrentamientos armados en diferentes lugares del planeta y de ese mismo modo existe como una especie de zonas blindadas cuando un país está bajo la influencia de cualquiera de las superpotencias, lo cual se pudo ver con lo ocurrido en Hong Kong, que antes era una colonia inglesa, pero que fue entregada a China por ser considerada de su pertenencia.
Estos celos se reproducen constantemente entre las diferentes superpotencias cuando en su zona de influencia incursiona una considerada su enemiga, cuya regla del juego generalmente es respetada, aunque las excepciones en este tema son Venezuela y Cuba, las cuales pese a estar en el patio trasero o delantero de la potencia del norte, mantienen relaciones primarias con gobiernos adheridos a los intereses de un imperio contrario y lo mismo se ha producido en el medio oriente, donde por lo menos Rusia y Estados Unidos se han repartido su territorio como zona de su influencia.
La realidad es, que los efectos de esta guerra o invasión a Ucrania constituye una grave distorsión o impacto negativo para los países latinoamericanos en virtud de que los precios del barril del petróleo y del gas se han disparado, lo que complica sus economías, sobre todo después de los golpes recibidos como consecuencia de la Covid-19 y que sin lugar a dudas tendrán situaciones muy complicadas a través de la inflación.
La guerra en Ucrania ahora se suma a la ola inflacionaria que repercute en todos los países pobres del mundo que no tienen el llamado oro negro, aunque el impacto será para todas las economías del planeta.
Países como la República Dominicana, donde el impacto de los precios del petróleo determina cómo se comercializa sus productos de la canasta básica y de otros renglones de la economía, sufrirán las consecuencias con la guerra desatada en Ucrania e incluso ya se ha experimentado un aumento del barril del petróleo de Texas, el cual es el que se compra en el país.
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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.
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1 día agoon
enero 8, 2026
Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro, revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.
La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.
Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.
Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.
La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.
Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.
Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional
De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.
La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.
No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.
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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump
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3 días agoon
enero 6, 2026
La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.
La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.
Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.
La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.
La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.
Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder la nación a épocas ya superadas.
La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias
El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.
La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.
El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.
Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.
La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.
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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.
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6 días agoon
enero 3, 2026Por Elba García
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.
La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.
El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.
Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.
Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.
Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.
Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.
Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.
No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.
Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.
El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.
La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.
El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.
La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.
Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.
Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.
