Opinión
Lenin, el capitalismo y la necesidad de organizaciones revolucionarias
Published
4 años agoon
Por Narciso Isa Conde
Hablo de una vanguardia compartida, unitaria, colectiva…, articuladora de las diferentes corrientes anti-sistema, antiimperialistas, anticapitalistas; portadora de un proyecto anti-neoliberal pero también pos-capitalista.
La necesidad de crear conciencia crítica y organización revolucionaria para transformar las sociedades capitalistas y derrotar el sistema imperialista nos remite inexorablemente a Lenin en lo relativo a espontaneidad y conciencia, masificación y organización, movilización por reivindicaciones y luchas con conducción estratégica y sentido de poder y de transformación revolucionaria anticapitalista.
Nos remite a la necesidad de estructurar y cualificar a los revolucionarios y revolucionarias pertenecientes a los movimientos sociales de avanzada en una fuerza política capaz de articular y conducir políticamente los diversos combates y las variadas formas de lucha hacia un proyecto de nueva sociedad, justa y solidarias.
Todo esto sin obviar los cambios acaecidos durante todo un siglo en la dinámica del capitalismo mundial, en su centro y su periferia, en la composición social de sus sociedades nacionales (dentro de sus variados niveles de desarrollo), en la cultura dominante, en el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico…para desde sus esencias válidas abrirle campo a las readecuaciones e innovaciones necesarias.
Por eso quiero detenerme, extrayéndolas con pinzas de su obra ¿QUE HACER?, en estas ideas expuestas por V.I. Lenin sobre esta temática; ideas a mí entender claves dentro sus convicciones teóricas y su exitosa práctica revolucionaria. Claves ayer y claves hoy, en tanto principios básicos del quehacer revolucionario, y estableciendo las diferencias respecto al contexto socio-político-cultural y a las condiciones específicas del capitalismo ruso al inicio del siglo XX y sin referir solamente a la clase obrera industrial.
«Hemos dicho que es preciso infundir a nuestro movimiento, muchísimo más vasto y profundo que el de los 70, la misma decisión abnegada y la misma energía que entonces. En efecto, parece que nadie ha puesto en duda hasta ahora que la fuerza del movimiento contemporáneo reside en el despertar de las masas (y, principalmente, el proletariado industrial) y su debilidad, en la falta de conciencia y de espíritu de iniciativa de los dirigentes revolucionarios. (V.I. Lenin.-Obras Escogidas. ¿Qué hacer?. Editorial Progreso, Moscú, pág, 138)
«La conciencia socialista moderna solo puede surgir de profundos conocimientos científicos… En efecto de modo que la conciencia socialista es algo introducido desde fuera en la lucha de clase del proletariado, y no algo que ha surgido espontáneamente dentro de ella.» (Obra citada, pág 146)
“Puesto que ni hablar se puede de una ideología independiente, elaborada por las propias masas obreras en el curso mismo de su movimiento, el problema se plantea así: ideología burguesa o ideología socialista.” (Obra citada, pág 147)
“La organización de obreros debe ser, primero profesional; segundo debe ser lo mas amplia posible; tercero, lo menos clandestina posible (aquí y más adelante me refiero, claro está, sólo a la Rusia autocrática). Por el contrario, la organización de los revolucionarios debe agrupar, ante todo y sobre todo, a personas cuya profesión sea la actividad revolucionaria (por eso hablo de una organización de revolucionarios socialdemócratas). Antes este rasgo común de los miembros de semejante organización debe desaparecer en absoluto toda la diferencia entre obreros e intelectuales, sin hablar ya de la diferencia entre las diversas profesiones de unos y otros. Esta organización debe ser necesariamente no muy amplia y lo mas clandestina posible.” (Obra citada, pág 205)
A mí me han ayudado mucho valorar sus reflexiones «Sobre la Reorganización del Partido» contenidas en su libro «Dos Tácticas de la Socialdemocracia en la Revolución Democrática, destinadas a cambiar modalidades organizativas del partido bolchevique en un periodo determinado, en las que Lenin plantea que la esencia de la vanguardia revolucionaria no reside en sus formas organizativas y sus métodos de trabajo y de lucha, cambiantes con las circunstancias, sino en su condición de fuerza consciente y organizada, integrada selectivamente por personas dedicadas a la emancipación de la humanidad oprimida por el capital.
Pensando este tema en los nuevos tiempos y partiendo de lo esencial en la teoría leninista de organización, comparto con un ustedes estas consideraciones sobre las vanguardias u organización de los/as revolucionarios/as en el contexto del capitalismo y el imperialismo actual y de los nuevos avances del pensamiento socialista.
Todo esto nos emplaza a la construcción de alternativas revolucionarias, de fuerzas alternativas, conscientes y organizadas; a la necesidad, por tanto, de las nuevas vanguardias revolucionarias como componentes estratégicos de los grandes frentes y movimientos transformadores; capaces primero de librar la lucha por una democracia participativa basada en un nuevo poder y una nueva institucionalidad para a continuación, creadas las premisas necesarias, avanzar en el proceso de socialización de la economía y del poder político.
Me refiero a la cuestión cardinal de la organización de los/as revolucionarios/as, de la vanguardia transformadora con capacidad de articular, hacer confluir y contribuir -desde la ciencia y al compás de las luchas- a elevar la conciencia y organización política de los pueblos y a convertir progresivamente en factor de poder a los sujetos sociales dominados, oprimidos y explotados por el capital.
Hablo de una vanguardia política revolucionaria en general, no solamente de una vanguardia obrera o de la clase obrera, porque las fuerzas del trabajo, las clases, sectores de clases, movimientos y actores sociales explotados, oprimidos y excluidos por el capitalismo en nuestra América y el mundo de hoy son mucho más diverso que el movimiento obrero industrial y, a veces, por períodos, algunos de ellos resultan ser más combativos que éste.
Hablo de una vanguardia compartida, unitaria, colectiva…, articuladora de las diferentes corrientes anti-sistema, antiimperialistas, anticapitalistas; portadora de un proyecto anti-neoliberal pero también pos-capitalista.
Me refiero a una fuerza conductora que les imprima cohesión, sentido político y vocación de construcción de poder a los movimientos y a las luchas de las clases explotadas, sectores oprimidos, fuerzas sociales excluidas, discriminadas, pueblo empobrecido y a otros sectores sociales dominados.
Me refiero a una fuerza política que pueda devenir en conductora de una gran parte de la sociedad, por la conciencia transformadora que sea capaz de crear en su seno, por la organización que construya, por las técnicas que domine, por las formas de lucha apropiadas que impulse y generalice, por la capacidad tecno-científica, teóricas y política capaz de trascender sus propias fronteras.
Sí, por su sabiduría para crear, construir, desarrollar y tomar el poder; por su capacidad para derrotar al enemigo, ya sea por su poder disuasivo o por su fuerza confrontativa y transformadora en todos los terrenos.
Por su autoridad política y moral ganada en gran parte de la sociedad; por lo que Antonio Gramsci llamó la hegemonía como autoridad bien conquistada: simpatía, organización, poder de convocatoria, liderazgo….
Vanguardias sin esos requisitos no son tales. Son aparatos políticos desvinculados del pueblo y de las clases y sectores dominados, explotados y oprimidos.
Por eso la condición de vanguardia no se decreta, sino que se gana; se conquista a través de un proceso de lucha e inserción en las bases de la sociedad, a través de una autoridad política sustentada en el respaldo voluntario de las fuerzas sociales alternativas.
· ·SELECCIÓN, ORGANIZACIÓN, CONCIENCIA.
El concepto vanguardia implica selección, formación, organización de lo más consciente, superación de lo espontáneo; conocimiento de la realidad, dominio de métodos de trabajo y los procesos de relación con el pueblo, capacidad de análisis científico, técnicas de investigación y de lucha, acumulación de conocimientos, recursos humanos y medios técnicos que posibiliten disputar poder y hegemonía en la sociedad civil, y en el Estado. Recursos y medios para librar las luchas civiles y militares, materiales e ideológicas necesarias.
En sociedades como las nuestras, todas las clases explotadas, todo el bloque social dominado no puede acceder espontáneamente a ese nivel cualitativo.
Es preciso primero organizar y formar lo más avanzado, sin desvincularlo del sujeto popular, sin separarlo del pueblo trabajador, de los movimientos sociales (feministas, juveniles, artísticos culturales…), de las clases y sectores excluidos y dominados por el sistema imperante; sin abandonar la relación directa con la cotidianidad de la gente, con sus luchas, con sus necesidades y anhelos.
· ·VANGUARDIA CAPITALISTA.
La necesidad de ese tipo de organización, la cual puede tener variadas formas y modalidades (según las circunstancias, los tiempos y las condiciones concretas en cada sociedad o región), tiene relación con el hecho de que el orden opresor tiene su propia vanguardia conductora, sus propias fuerzas organizadas, calificadas y conscientes para defenderse y reproducirse y atacar a sus adversarios.
Sí, el capitalismo y el imperialismo actuales tienen sus vanguardias para ejercer dominación: una vanguardia con un discurso esencialmente único, con una ideología dura (la neoliberal), con estructuras militares, con poder mediático, con capacidad tecno-científica, con medios materiales y espirituales, con capacidad de construir hegemonías y de reciclarlas.
El imperialismo y el capitalismo del siglo XXI han conformado su poder a tono con sus intereses y necesidades, procurando siempre reproducirlo y renovarlo a costa de una gran parte de la humanidad; recurriendo incluso a su estrategia de guerra global.
Tal realidad impone un enorme desafío imposible de alcanzar sin rebeldías justicieras, conciencia y organización de los/as de abajo.
Los gobiernos de ultraderecha podrán expulsar inmigrantes, quitar derechos y mandar las mujeres a cocinar y fregar, pero no ofrecerán solución a lo que realmente está causando malestar a muchas personas: la discrepancia entre el bienestar prometido y deseado, y las precariedades económicas existentes.
Por Rosario Espinal
A pesar del triunfo de Lula en Brasil, es evidente el avance de la ultraderecha en el mundo. Las causas son diversas, pero hay elementos en común: el hartazgo de muchas personas con lo existente y la búsqueda de chivos expiatorios para distraer la atención de los problemas de fondo.
Los chivos expiatorios permiten culpar a alguien (usualmente a un grupo vulnerable) de los males sentidos; males que muchos no comprenden y que unos pocos explican a su conveniencia para consumo masivo. De ahí que la ultraderecha se sustente en culpar a los inmigrantes, los gais, los trans, las mujeres, los ambientalistas, etc.
Ellos, según la agitación constante de la ultraderecha, son culpables del desempleo, del gasto en servicios públicos, de la delincuencia, de la pérdida de valores, del colapso de la familia tradicional, etc.
¿Qué hay realmente en el trasfondo? Sociedades que no han podido ofrecer el bienestar prometido a amplios segmentos de la ciudadanía.
En regímenes autoritarios no hay que inventar muchos cuentos porque las fuerzas represivas impiden o sofocan los brotes de insatisfacción. En sociedades con ciertas libertades públicas hay que identificar culpables para el desquite. De ahí que el auge de la ultraderecha se exprese actualmente en democracias longevas.
En el caso específico de las sociedades capitalistas hay un mal de fondo: la promesa de prosperidad que cundió por el mundo desde la década de 1980, bajo las premisas del neoliberalismo y la globalización, desencadenaron expectativas de bienestar para una gran parte de la población mundial que no se han concretado.
Tres factores claves lo han impedido:
Primero, el neoliberalismo con sus políticas de bajos impuestos al capital y la desregulación empresarial ha producido una gran desigualdad en la distribución de la riqueza: los que más tienen, tienen muchísimo más que los demás.
Segundo, la dificultad para desmontar servicios públicos establecidos después de la Gran Depresión. Si eliminan servicios hay más desigualdad y descontento. Si los mantienen, los gobiernos enfrentan mayores déficits fiscales porque han bajado los impuestos a los ricos o les perdonan la evasión.
Tercero, la inflación pospandémica, agravada por la guerra contra Ucrania y contra Irán aumenta los costos de la energía, devastador en el mundo.
Las protestas que proliferan actualmente, sea por la vivienda, el deterioro de la educación, el costo de la vida, o la corrupción reflejan el descontento. Ahí prolifera la ultraderecha con su recetario de chivos expiatorios (simples y claros) que mucha gente asume como explicación de sus males. El sistema en su último cuplé.
Los gobiernos de ultraderecha podrán expulsar inmigrantes, quitar derechos y mandar las mujeres a cocinar y fregar, pero no ofrecerán solución a lo que realmente está causando malestar a muchas personas: la discrepancia entre el bienestar prometido y deseado, y las precariedades económicas existentes. Esta discrepancia se presenta a través del mundo.
Cuando los gobiernos de ultraderecha arrasen con muchas de las conquistas de los últimos 70 años, dejarán detrás sociedades más desiguales y convulsas, sobre las que habrá que forjar valores de solidaridad y justicia, si es que la humanidad no ha sido vencida por los humanoides de la inteligencia artificial.
Por Miguel Guerrero
El problema eléctrico sólo se resuelve tomando al toro por los cuernos. Lo primero es reconocer que la presencia del Estado en el negocio es el principal escollo en la búsqueda de una solución a la crisis energética y su grave impacto en la economía nacional, el sosiego familiar, la estabilidad de los negocios, grandes, medianos y pequeños, y todo cuanto anhelamos con proyección al futuro.
Sin ánimo de enjuiciar la labor del actual gobierno, lo cierto es que la CDEEE es parte del problema. Para esta fecha se suponía que su papel habría dejado de ser determinante y que el Gobierno aceptaría su rol de regulador, fortaleciendo las instituciones públicas llamadas por ley a pautar las reglas del negocio. En lugar de afianzar esta irrenunciable y fundamental responsabilidad, la corporación estatal ha continuado asumiendo funciones propias de una rectoría del sector que no le corresponde.
En la medida en que ese papel se incrementa desciende el de la superintendencia y de la Comisión de Energía, supuesta esta última a pautar las políticas del sector. En un sistema bien estructurado, la CDEEE sería apenas otro agente del sector, no el ostentador de un liderazgo que no es suyo. Por esa distorsión, el sistema no funciona adecuadamente y la mejor demostración de ello son los apagones y el alza de las tarifas, que tienen al garete a la población y estrangulado a los sectores productivos.
Los gobiernos han evidenciado, además, su incapacidad para liderar el sector, se vieron obligados a recurrir a organismos internacionales en la búsqueda de una salida, después de interminables promesas de solución con plantas que nadie ha visto. Admito que es una decisión difícil para un Gobierno, pero a menos que no se delimiten claramente los roles, el sector eléctrico seguirá dando tumbos.
Por Rommel Santos Diaz
El Estatuto de Roma establece que la Secretaría de la Corte Penal Internacional , sin perjuicio de las funciones y atribuciones del Fiscal de conformidad con lo dispuesto en el artículo 42 del estatuto de referencia, estará encargada de los aspectos no judiciales de la administración de la Corte Penal Internacional y de prestarle servicios.
De conformidad con el Estatuto de la Corte Penal Internacional la Secretaría será dirigida por el Secretario, que será el principal funcionario administrativo de la Corte. El Secretario ejercerá sus funciones bajo la autoridad del Presidente de la CPI.
El Estatuto de la Corte Penal Internacional señala, además, que el Secretario y el Secretario Adjunto deberán ser personas que gocen de consideración moral y tener un alto nivel de competencia y un excelente conocimiento y dominio de al menos uno de los idiomas de trabajo de la Corte.
El Estatuto de Roma también establece que los magistrados elegirán al Secretario de la Corte Penal Internacional en votación secreta por mayoría absoluta y teniendo en cuenta las recomendaciones de la Asamblea de los Estados Partes. De ser necesario elegirán por recomendación del Secretario y con arreglo al mismo procedimiento, un Secretario Adjunto.
En cuanto al procedimiento de elección del Secretario de la Corte Penal Internacional, el Estatuto de Roma establece que el mismo será elegido por un periodo de cinco años en régimen de de dejación exclusiva y podrá ser reelegido una sola vez. El Secretario Adjunto será elegido por un periodo de cinco años, o por uno más breve, si así lo deciden los magistrados por mayoría absoluta en el entendimiento de que prestara sus servicios según será necesario.
Finalmente, el Secretario establecerá una Dependencia de Víctimas y Testigos dentro de la Secretaria. Esta Dependencia, en consulta con la Fiscalía, adoptará medidas de protección y dispositivos de seguridad y prestará asesoramiento y otro tipo de asistencia a testigos y víctimas que comparezcan ante la CPI, y a otras personas que estén peligro en razón del testimonio prestado . La Dependencia contara con personal especializado para atender a las víctimas de traumas, incluidos los relacionados con delitos de violencia sexual.
Rommelsantosdiaz@gmailcom
