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Con Muchas Dudas e Incertidumbres Llega la hora cero de precampaña de mentiras y verdades.

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Por Elba García

La República Dominicana está a punto de salir de una precampaña de primarias abiertas caracterizada por la saturación y el hastío, en la que se presentan dos aspirantes en el litoral peledeísta, una agotada y con un alto nivel de rechazo y otra con manchas imborrables y perdurables en el tiempo.

Leonel Fernández y Gonzalo Castillo, el primero con grandes aires de grandeza y con un discurso que, aunque parece nuevo, muy viejo, caracterizado por decir lo que nunca ha hecho ni va a hacer y el otro el resultado de un país donde cualquier cosa puede ocurrir, como, por ejemplo, hacerse millonario bajo la sombrilla del Estado para cuyo fin habría que dotarse de una vocación verdaderamente mafiosa.

Esta lucha a muerte a lo interno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) inexorablemente se dirige a ser políticamente suicida, porque Leonel es odiado en el entorno del Palacio Nacional, mientras que su contrincante es bendecido con la disposición a su favor de toda la riqueza del Estado.

Son detalles que se podían ver a leguas, pero su auspiciador, el presidente Danilo Medina, otro experto en vender lo que no existe, lo cual en cualquier sistema jurídico es como una especie de estafa, proclamó en un discurso de cierre de campaña que su pupilo no necesita de su apoyo, pero la realidad es que ha puesto todo el poder del Estado a disposición de este improvisado aspirante.

Gonzalo con los recursos públicos ha saturado los medios de comunicación con su precampaña por la consecución de la candidatura presidencial del partido de gobierno, la cual luce mucho más ingeniosa que la de su contrincante Leonel Fernández.

La publicidad de Gonzalo está más focalizada en vender la supuesta humildad de este hombre que es acusado de una serie de bellaquerías en el Ministerio de Obras Públicas, donde lo último que ha salido a la luz pública es la entrega de cien millones de pesos por razones no muy convincentes a una joven hermana del procurador general de la República.

Esta aparece con una serie de cobros en las diferentes instituciones públicas de más de mil millones de pesos y la supuesta beneficiaria es vinculada sentimentalmente con el presidente Danilo Medina, lo cual constituye un escándalo que ya provocó el cierre de un programa de televisión de un periodista irreverente de nombre Marino Zapete.

Sin embargo, se debe reconocer que su precampaña ha tenido una parte de gran impacto a pesar de la saturación y de los dimes y diretes entre los peledeístas, y se trata de la narración de su vida de precariedad y pobreza en su natal Barahona, lo cual lo vincula con la gente que padece los mismos sufrimientos durante los gobiernos de su organización.

Naturalmente, Gonzalo Castillo no habla con lujo de detalles de una acusación que le persigue como la sombra como es la imputación de haber recibido dinero de Odebrecht y de poseer una fortuna que alcanza la suma de mil quinientos millones de dólares.

Pero esta fortuna, que permite que Gonzalo sea definido como un próspero empresario, también es el motivo principal para que la gente dude de su reputación, pese a que su contrincante no es calificado menos de ahí, ya que en su gobierno fueron muchos los que terminaron con riquezas que no pueden justificar.

De cualquier modo, este domingo termina una precampaña que deja claro hasta donde son capaces de llegar los que tienen el control del Estado para quitar de su camino a cualquier aspirante a desplazarlo del poder.

En esta contienda que tendrá su culminación en sólo horas habrá víctimas fatales y triunfos contaminantes para la democracia dominicana, porque cualquiera de las dos corrientes que se imponga en la contienda implica más corrupción y deterioro de los niveles de institucionalidad, cuya única garantía es de mayor impunidad para todo el que se roba un pedazo del Estado.

La segunda confrontación será con el que salga triunfante del principal partido de la oposición, el Revolucionario Moderno, que también celebra primarias, pero cerradas, para que en el año 2020 el pueblo escoja entre los más comprometidos con lo mal hecho y los que prometen grandes cambios que no parece que sea una posibilidad por su comportamiento ético en el escenario político nacional.

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Posición de R.D. sobre Venezuela es acomodamiento a su condición de sometida a nuevos requerimientos de Trump.

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Lo planteado por el Gobierno de Luis Abinader de que no comparte la elección de Delcy Rodríguez como presidenta transitoria de Venezuela tras el apresamiento de Nicolás Maduro,  revela que República Dominicana quiere incluso superar lo impuesto por Estados Unidos, pero siempre ajustada a los intereses de la potencia del norte.

La realidad es que la pregunta que se impone es y hasta dónde y quién ha dicho que el país tiene la facultad de objetar a una mandataria provisional escogida por el órgano competente y supuestamente sugerida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas conlleve algunos requerimientos democráticos.

Sin embargo, la posición dominicana implica la violación del derecho internacional, entre los que se encuentran el de soberanía y autodeterminación de los pueblos, así como la Carta de la ONU.

Evidentemente que el ingrediente introducido por el Gobierno dominicano resulta gracioso para los intereses foráneos que convergen en Venezuela, máxime los que están asociados a los Estados Unidos.

La contradicción dominicana con lo planteado en la Organización de Estados Americanos (OEA) y su práctica en política exterior, ya que el presente Gobierno siempre se inclina por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no deja la naci0n buen parada en la comunidad internacional.

Resulta poco entendible que la República Dominicana no haya apoyado abiertamente la incursión ilegal de Estados Unidos en Venezuela, pero que preste su territorio para el apoyo logístico de la acción.

Es una especie de doble moral, pese a que en su lugar debió mantener una posición aparentemente neutral, aunque de cualquiera manera ya estaba involucrada en una intervención armada que viola los principios fundamentales del derecho internacional

De lo que no queda ninguna duda es que el crédito internacional en política exterior del país ha quedado seriamente comprometido con una causa de la que ha sido una víctima en una diversidad de ocasiones como en el 1916 y el 1965.

La verdad que pretender una conducta diferente de la nación frente a la irracionalidad de Trump sería mucho pedir, sobre todo cuando otros países pertenecientes a la Unión Europea y otras superpotencias como Rusia y China también son tolerantes con la agresividad e intromisión del principal imperio del mundo.

 No obstante, desde cualquier perspectiva que sea vea el asunto la conclusión no puede ser otra que en la situación pesa más el miedo que la vergüenza y la dignidad del pueblo dominicano.

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La República Dominicana inhabilitada en política exterior en el nuevo escenario imperial de Trump

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La República Dominicana con una ocupación militar parcial de Estados Unidos, se proyecta como una presa sin libertad para expresarse libremente en política exterior.

La ocupación militar, aunque sólo se observa en el Aeropuerto Internacional de las Américas, abarca otros entornos que no son necesariamente visibles.

Pero la agresividad o poco disimulada intervención, deja el país y de igual modo a prácticamente toda Latinoamérica, a merced del capricho y la voluntad de los intereses de la nueva cara del imperio.

La República Dominicana ni por asomo se atreve a pronunciarse libremente sobre política exterior sin que esté a tono con la linea trazada o impuesto por la administración Trump.

La pregunta que subyace es si ese nuevo cuadro no implica también un trastorno del régimen legal, porque se podría estar en un escenario en el que los derechos fundamentales pasen a un segundo plano en el que el Estado Social Democrático de Derecho sea una expresión vacía y sin sentido.

Por razones geopolíticas y factores muy particulares, el país se asoma a un resquebrajamiento del proceso de constitucionalización del derecho a nivel interno y retroceder  la nación a épocas ya superadas.

La pregunta que se impone es si prevalecerá en el mundo el pregonado derecho internacional cuando las instituciones que lo enarbolan pierden autoridad moral frente a las violaciones provenientes de potencias como los Estados Unidos que ya ni siquiera guarda las apariencias

El problema, que tiene una dimensión mundial, pero impacta más severamente a los países del tercer mundo y que propicia la posibilidad del surgimiento de regímenes de fuerza, aunque con simulaciones democráticas.

La preocupación tiene que ver con el hecho de graves violaciones del derecho internacional en una época en que éste forma parte consustancial del derecho interno y entonces qué se puede esperar como resultado.

El retroceso de la línea trazada por Donald Trump representa una amenaza mundial contra los logros del derecho contemporáneo, no sólo en favor de las personas físicas, sino también de los Estados más pequeños y débiles.

Hay precedentes en esta materia cuando predominaba en el mundo el llamado constitucionalismo clásico, que dio paso a dictaduras como las Adolfo Hitler en Alemania y la de Benito Mussoline en Italia, cuyos resultados fueron realmente catastróficos para la humanidad.

La interrogante que permanece en el nuevo panorama mundial es si va a pesar más el miedo que la vergüenza y la dignidad de los pueblos del mundo.

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Donald Trump cumple su sueño de ser dictador aunque sea por un día.

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Por Elba García

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple su sueño de ser dictador hemisférico, aunque sea por un día.

La vocación dictatorial de Trump se ha expresado con mayor contundencia tras la entrada ilegal en territorio venezolano y apresar al jefe de Estado de ese país Nicolás Maduro y su esposa  Cilia Flores.

Tras este acontecimiento en momentos que se habla de la época del derecho constitucional, el cual incluye el derecho internacional, Trump ha anunciado su pretensión de convertir a Venezuela en una nueva colonia del imperio norteamericano.

El gobernante de los Estados Unidos ha adelantado que busca manejar la riqueza petrolera de Venezuela, una de las principales del mundo.

Pero la violación de Trump llega todavía más lejos al advertir a los demás países latinoamericanos a verse en el espejo de Venezuela.

Tromp hizo una alusión directa contra el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien dice podría correr la misma suerte de Maduro.

Anteriormente lo hizo con Brasil a propósito de la condena por conspiración del expresidente Bolsonoro.

Pero de igual modo se ha comportado con Honduras, donde en sus recientes elecciones presidenciales auspició uno de los candidatos y presionó con advertencias de actuar duramente contra los que estén en contra de sus designios.

Al fin impuso su voluntad, sin que haya reacción fuerte de rechazo a la vocación imperial del presidente de Estados Unidos.

No sé entiende por qué los países latinoamericanos no se unen en un bloque para rechazar la política de dominación y dictatorial de Donald Trump.

Incluso en el rechazo a la violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos pueden incluirse los países de la Unión Europea, que son permanentemente asediados y amenazados de imponerles aranceles y otros castigos como parte de la vocación dictatorial del mandatario norteamericano.

El chantaje de los Estados Unidos incluye también el otorgamiento de visados para ingresar al territorio de la potencia del norte.

La conducta de Trump es como si su administración haya borrado del mapa la supuesta clase gobernante que existe allí.

El problema se torna tan grave que la violación de derechos no solo se produce en Estados Unidos, sino en todo el mundo que parece haber retornado el derecho constitucional clásico, que fue sustituido por el derecho constitucional moderno en que los Estados grandes aplastan a los pequeños.

La época Trump prácticamente ha borrado el legado establecido por Estados Unidos a través del derecho constitucional difuso y sobre el equilibrio de los poderes.

Lo sorprendente de la era Tromp es que hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados  Unidos luce sometida a una cierta tolerancia del jefe de Estado de la potencia del norte.

Si la mayoría de los países no reaccionan a la política represiva y de dominación de Trump difícilmente pueda sobrevivir el sistema democrático, lo que puede crear serias tensiones y confrontaciones sociales y políticas en todo el planeta.

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