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Los grandes perdedores de la escogencia de los cinco nuevos jueces del Tribunal Constitucional (TC) son el Estado y toda la sociedad dominicana.

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Por Elba García

El peligro de la precaria institucionalidad de que adolece la República Dominicana se ha consolidado con la elección de los nuevos jueces del Tribunal Constitucional, porque se ha impuesto a través de algunos de ellos la partidocracia y la politiquería en el sentido más amplio de la palabra.

Este periódico siempre ha estado preocupado con el papel jugado por el Tribunal Constitucional desde su fundación en el año 2010, el cual durante la presidencia de Milton Ray Guevara no ha tocado ni con el pétalo de una rosa a los partidos políticos a pesar de que son los que más daños le hacen a la sociedad dominicana por su falta de transparencia.

Sin embargo, en lo que respecta a la nulidad o declaratoria de inconstitucionalidad de una serie de artículos de muchas de las leyes nacionales hay que reconocer que el Tribunal Constitucional ha jugado un papel muy importante.

En el país nadie se atreve a negar que la influencia de los partidos políticos fue decisiva en la conformación del Tribunal Constitucional, ya que fue el resultado del conocido “Pacto de las Corbatas Azules” entre Leonel Fernández y Miguel Vargas Maldonado.

Pero la escogencia de los nuevos miembros del T.C. deja mucho que desear, porque no hay mucha claridad sobre el nuevo presidente del órgano de justicia más importante del país, Napoleón Ricardo Estévez Lavandier, quien es en la actualidad juez de la Suprema Corte de Justicia y que el caso más conocido que ha manejado tiene que ver con los diputados perremeístas  supuestamente involucrados en recibir dinero del narcotráfico.

Por lo menos en lo que respecta a ese escándalo parece que no ha sido tan diligente para que el proceso camine y haya un desenlace, lo que ha permitido que estos legisladores hayan terminado el periodo para el que fueron elegidos sin que se haya llegado a un fin en torno a las acusaciones que pesan en su contra.

No obstante, hay un detalle que parece relevante y es que el candidato del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Abel Martínez, aunque no tiene la suficiente credibilidad para hacer denuncias como la que hizo, reveló que todo estaba montado para que precisamente el elegido fuera declarado como presidente del T.C.

Entonces con lo ocurrido parece que se ha tratado de una muerte anunciada, pero con el agravante de que el mismo candidato del PLD, que este periódico reitera que no tiene mucha credibilidad en la sociedad dominicana por sus andanzas, decía en su denuncia que este juez es un perremeísta camuflajeado.

Independientemente de lo que ha dicho Abel y de su precaria credibilidad, ha dado en el clavo y cuando se valoran una serie de detalles como que no cuadra la elección y hay serios indicios de que el Tribunal Constitucional no ha caído en las mejores manos.

En el proceso de elección, máxime en las entrevistas de los aspirantes a juez del T.C., había muchas personas calificadas y que definitivamente dejaban mejor parados a los que tenían la misión de cuidar una parte tan delicada del sistema de justicia nacional por el poder que implica el mismo.

El otro juez que también genera muchas dudas por venir de lo peor del partidarismo político  es Fidias Federico Aristy Payano, quien si no traiciona la memoria era primo hermano de un personaje siniestro de la politiquería nacional, Amable Aristy Castro, fallecido hace no mucho tiempo, pero que éste no se diferencia mucho de su familiar, no precisamente por su vínculo sanguíneo con éste, sino por su propia conducta en el submundo de la partidocracia.

Hay que recordar que este Fidias fue quien sustituyó a Aristy Castro como presidente de la Liga Municipal Dominicana (LMD), escogido por su primo cuando tuvo que decidir entre el Senado y la referida institución que agrupa a los municipios del pais y quien a su vez  fue acusado de muchas irregularidades en la entidad y además fue candidato vicepresidencial en la boleta en la que apareció como aspirante a la primera magistratura de la nación el padre de Luis,  Rafael Abinader.

En lo que respecta a los demás escogidos no hay mucho que decir a menos que no sea sobre su formación académica y desempeño en sus funciones públicas, pero no luce que la selección haya sido la mejor por las entrevistas realizadas por el Consejo Nacional de la Magistratura y la gran cantidad de profesionales del derecho experimentados que participaron de las mismas.

Los demás escogidos son Amaury Reyes, Sonia Díaz Inoa y Armi Ferreira, quienes tendrán la responsabilidad de acabar o fortalecer la poca institucionalidad con que cuenta el país o despejar con sus acciones cualquier duda que pueda existir sobre su compromiso con aquellas causas que lesionarían o beneficiarían  el derecho constitucional dominicano.

Cualquiera que sea la conducta de los magistrados escogidos, ya sea si  apegan a cualquier compromiso con el partidarismo político nacional y si no se actúa para adecentar estas organizaciones que muchos dicen que son el soporte de la democracia, sobre ellos recaerá la responsabilidad de la desgracia de la conducta de la partidocracia o la inclinación por el respeto de los derechos fundamentales de los dominicanos .

El manejo inescrupuloso de los partidos políticos, los cuales sustraen el dinero que reciben del Estado para financiar sus actividades y que además contaminan todo el sector público y privado de la nación,  sin que nadie actúe para enderezar esa parte de la democracia nacional, que anda manga por hombro, podría implicar una profundización del principal flagelo que padecen los dominicanos.

Que nadie ponga en duda que la principal misión del Tribunal Constitucional es perseguir mediante sentencias los delitos de los partidos políticos, los cuales son los responsables de que tanta gente del bajo mundo incursione en la actividad política y que la corrupción ocupe lugares preponderantes en la vida nacional.

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Simbolismos que envuelven muerte de chofer de camion recolector de basura entrañan que el Estado no es viable y fallido.

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Por José Cabral

La incursión violenta para quitarle la vida a un ciudadano en el entorno del Palacio de Justicia de Santiago revela el poco respeto que tiene el Estado dominicano frente a la ciudadanía.

La mala reputación de fiscales, policías y jueces, cuyos protagonistas no merecen la más mínima confianza para combatir problemas como la delincuencia y la violencia social generalizada que impacta a la sociedad dominicana, queda al descubierto con el presente caso.

Uno de los escenarios en el que se observa un total irrespeto por la autoridad es el tránsito, pero ello es el resultado de que la Policía más que a imponer la ley se ha dedicado a cobrar un peaje a todo aquel que viola norma sobre la materia.

Pero peor ocurre con los fiscalizadores de tránsito, los cuales son parte del Ministerio Público, quienes llegan al colmo de obstaculizar muchas veces hasta la presentación de una querella por parte de familiares de quien ha sido una víctima mortal de un accidente entre vehículos de motor, no sólo por negligencia e incapacidad, sino por intervenir algún soborno.

No deja espacio para las dudas de que el tránsito vehicular es el que acumula una mayor cantidad de tensiones y conflictos sociales, porque ciudadanos de diferentes procedencias, cuyas formaciones son muy disímiles e impactados por problemas familiares, de negocios y de otros tipos, van diariamente a las calles del país y si no hay una autoridad con la competencia y la responsabilidad necesarias entonces viene la violencia y la muerte.

En este contexto se inscribe el ataque violento en contra del chofer del camión recolector de basura de Santiago, pero el caso tiene otras aristas que revelan hasta dónde el Estado dominicano ha perdido totalmente su credibilidad, ya que el hecho se produce dentro del perímetro del Palacio de Justicia de Santiago, donde ejercen sus funciones los principales actores del sistema de aplicación la ley.

El acontecimiento trágico es propio de las naciones con una gran debilidad institucional, ya que difícilmente se produzca en un país donde el Estado juega mínimamente su papel, porque el que se inclina por este tipo de acciones ilegales cuando llega frente a los símbolos de la justicia o del poder público contiene sus impulsos porque de lo contrario tiene que acogerse a su fuerte régimen de consecuencias.

Sin embargo, en el caso de la República Dominicana hay una serie de escenarios que son una antesala de la violencia y la muerte, entre los que se pueden mencionar, el tránsito, pero además los préstamos informales, los cuales generalmente están avalados por un título auténtico falso o que no llena las formalidades de ley, pero que muchas veces terminan en una vía de ejecución al margen de la norma sobre la materia.

Otro escenario, aunque son muchos más, son las viviendas que se crean a través de las Leyes 5038 y la 108-05, cuyos condóminos viven lo que muy bien se puede llamar como un verdadero drama, en los que extraños toman el control de los mismos y se apropian del dinero que proviene de las reparaciones menores y mayores, así como del mantenimiento, quienes se apoyan en la violencia y el no respeto de derechos fundamentales como es el de la propiedad inmobiliaria.

Pero la lista de las razones de la violencia social que todavía no ha detonado totalmente es muy amplia, porque en lo que respecta a este fenómeno hay que incluir las instituciones sin fines de lucro, cuyo lugar protagónico lo tienen las cooperativas de ahorros y préstamos, las cuales han captado grandes recursos económicos, pero que también están impactadas por la ilegalidad y en consecuencia por la violencia.

La muerte del chofer del camión recolector de basura permite medir la credibilidad del Estado y en el que el ciudadano no está seguro en ninguno de sus entornos y cuya situación justifica la visión de que el dominicano es uno totalmente colapsado, no viable.

La lectura dada a ese hecho que tiene una enorme cantidad de simbolismos e interpretaciones que no distancian al Estado dominicano del haitiano, donde  las bandas armadas son las que tienen el control de las calles y no sienten ningun tipo de respeto por las entidades públicas, sobre todo de las que tienen la responsabilidad de imponer el orden y el respeto a la ley como la Policia Nacional, el Ministerio Público y el sistema de justicia.

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Irresponsabilidades fiscal, policial y judicial son causas determinantes de la violencia social que azota a la sociedad dominicana.

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Por Elba García

La ola de violencia social tiene que ver con la irresponsabilidad  por omisión de los órganos que tienen la misión de combatirla, los cuales no hacen caso a situaciones en las que se puede advertir que terminarían en una desgracia. La ola de violencia por conflictos sociales, que son manejados irresponsablemente por el Ministerio Público, la Policía Nacional y los tribunales del sistema de justicia, cuyo desenlace en Santiago ha dejado como resultado un chofer de un camión recolector de basura muerto, tiene como estímulo la dejadez, la negligencia y la incapacidad de fiscales, policías y jueces

Desde hace algún tiempo se observa un aumento preocupante de los actos de violencia por conflictos sociales, entre cuyos resultados está la muerte del chofer de un camión recolector de basura, identificado como Deivi Carlos Abreu Quezada, de 40 años de edad, quien recibió heridas punsantes de arma blanca propinadas por un grupo de motoristas que lo alcanzaron dentro del Palacio de Justicia de Santiago.

Los conflictos sociales, muchos de los cuales tienen que ver con problemas de tránsito y los que se producen en el entorno de los condominios, ya que este tipo de vivienda comunitaria son una fuente permanente de tensiones y de graves violaciones a la ley.

La muerte de Abreu Quezada es sólo una muestra de la increpación social que genera la violencia que regularmente termina con  confrontaciones trágicas, pero que los órganos que deben afrontar la situación se hacen de la vista gorda.

El caso del chofer del vehículo recolector de basura, que intentó pedir ayuda en un cuartel de la Policía Nacional y nadie le hizo caso, por lo que se vio obligado a seguir su marcha mientras sus asesinos lo perseguían hasta herirlo para perder la vida.

Otros conflictos que podrían terminar con la via de hecho, hacer justicia con sus propias manos por la defiencia del sistema legal y generar muertes son aquellos que se producen en los condominios de viviendas y comerciales, sobre todo porque la fiscalía maneja estos asuntos desde una perspectiva que nunca se ve el carácter criminal y penal de los casos.

El problema de la violencia toma mayor impulso cuando la autoridad competente no cumple con su rol y los que se inclinan por este tipo de conducta no reciben una respuesta que detenga sus acciones que lesionan la paz y armonía sociales.

En los actuales momentos los conflictos que provienen del tránsito vehicular, los condominios. y muchos otros de  diferntes variedad, que son los que revisten mayor peligro, dado que los mismos son vistos y manejados incorrectamente por los fiscales, la Policía Nacional y los tribunsales competentes.

Sin bien en las calles del país hay una serie de conductores desaprensivos y violentos, lo mismo puede decirse de los lugares donde operan los complejos habitacionales que se rigen por las leyes 5038 y 108-05, cuyos residentes son estafados mediante los gastos menores y mayores, así como con el dinero que se paga por concepto de mantenimiento.

Sin embargo, la ilegalidad también tiene el alcance de personas que se atribuyen una calidad que no tienen, pero que se insertan en este tipo de complejo habitacional y asumen roles que no les corresponden, lo que motiva conflictos que podrían terminar en una desgracia con pérdidas de vidas humanas, todo ello frente la indiferencia y el mal manejo de los fiscales ordinarios y especializados del sistema.

El hecho de la muerte del chofer del camión recolector de basura parece constituir un llamado a las autoridades para que asumen su papel para parar una ola de violencia que tiene perfiles muy preocupantes en razón de que provienen  de conflictos sociales  que pueden  ser resueltos con una intervención  más responsable e idónea de los órganos creados por el Estado para ese propósito.

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La colegiación profesional otro fiasco nacional como parte de todo el desastre que afecta a la sociedad dominicana.

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Por Elba García

Los colegios profesionales, que nacen en el mundo desde años muy remotos, se han convertido en otro gran fracaso en la República Dominicana, tal vez porque son el resultado de una cultura anárquica, caracterizada por la improvisación y el poco respeto por la institucionalidad.

Frente a este cuadro, el cual está explicado por un asunto profundamente cultural, puede decirse que esta figura jurídica representa un gran fracaso para los profesionales académicos que cifraron sus esperanzas en que los colegios serian una vía de solución de sus grandes problemas de seguridad social y ético-moral.

Pero en realidad los mismos son parte de un sueño que parece que no se concreta, ya que por lo que se ve no hay uno solo de los colegios profesionales que opere en función de la ley que lo crea, sobre todo por ser entes mediante los cuales el Estado se desplaza para que los profesionales del sector de que se trate se auto-regulen y al propio sean un soporte de la precaria institucionalidad que caracteriza al país.

Los colegios profesionales que proyectan mayor fortaleza en el país no es verdad que así sea, ya que los mismos son controlados por grupos que operan a lo interno de ellos, a los fines de satisfacer intereses particulares y no de la profesión que representan.

Los colegios profesionales, los cuales tuvieron un mayor proceso de constitución en la década de los ochenta, pese a que su nacimiento data de los 40 e incluso de la tiranía trujillista, son una expresión de lo que de manera integral constituyen los países que cuentan con un Estado no viable.

Entre los surgidos en el año 1983 están el Colegio de Abogados y el de periodistas, aunque éste último se desnaturalizó y en los actuales momentos no pasa de ser una asociación creada mediante una ley especial que está más en el contexto del derecho privado que del público, cuyo nivel de regulación es prácticamente nulo, aunque igual ocurre con los que tienen la facultad de hacerlo.

Hay otros colegios como el de Ingenieros y Agrimensores (CODIA) que data de la que se podría definirse como la tercera etapa de la creación de este tipo de organización en el país, pero prácticamente ninguno de ellos ha podido cumplir con el rol ético que está llamado a jugar este modelo de entidad que cuenta con poder público para regular la profesión.

Este tipo de institución ha corrido la misma suerte de aquellas impactadas por el fenómeno como el grupismo que se ha apropiado de ellas para desnaturalizarlas y no dejarlas cumplir con su rol, muchas veces por la politización que impacta negativamente a toda la sociedad dominicana.

E incluso el propio legislador ha cometido serios errores al momento de aprobar las leyes para la creación de cada uno de los colegios profesionales, ya que, por ejemplo, el de médico parece ser un hibrido de una organización gremial y las particularidades que tienen este tipo entidad, que rompe con los principios de igualdad y de razonabilidad que han sido muy trabajado en el proceso de constitucionalización del derecho en el país tras la entrada en el 2010 del neo-constitucionalismo.

Hay otros colegios que en las leyes que los crean el legislador se preocupó de establecer literalmente que no tienen carácter gremial, lo cual impacta de forma positiva el principio de igualdad y de razonabilidad, pese a que de ninguna manera se cumple con el mandato de la ley, máxime en lo que respecta al rol ético de este tipo de modelo institucional.

La cuestión es que el aspecto más importante de los colegios profesionales, como es el ético, porque impacta positivamente a la sociedad,  es muy poco el aporte de esta figura jurídica, la cual debe velar de que los egresados universitarios exhiban una conducta acorde con ese valor en el ejercicio de la profesión para beneficio de la sociedad.

Los colegios profesionales son parte de un problema nacional que está muy ligado a la cultura nacional, la cual parte de la improvisación y el poco respeto de la ley y de la conducta ética de todos los ciudadanos para conformar una mejor sociedad.

Uno de los mejores ejemplos en este campo es el Colegio Dominicano de Notarios, cuyos miembros, que son oficiales con fe pública, con el aval del Estado, porque son nombrados por la Suprema Corte de Justicia, emiten una serie de actos auténticos que no cumplen con las formalidades de la Ley 140-15, Orgánica de la entidad, pero  se conocen muy pocas las sanciones impuestas en contra de los que distorsionan sus funciones y ponen en peligro la seguridad jurídica.

Igual ocurre con los abogados, los médicos, los ingenieros y muchos otros profesionales colegiados, pero que todo es parte de un fenómeno general que explica la esencia de una sociedad no viable y carente de un régimen de consecuencia.

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