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Opinión

Los herederos de Trujillo

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Por Miguel Ceara Hatton

La población descendiente de haitianos, nacidas en el territorio nacional (durante más de 100 años) se integró y asumió plenamente como dominicana, pues la mayor parte de ellos se criaron y socializaron como tal.

MIGUEL-CEARA-HATTONjpeg2211En los 100 años de desarrollo de la industria azucarera (1880-1980) se utilizó intensamente a los braceros haitianos, viviendo confinados al Batey.

En la década del 30 del S.XX, la masacre de varios miles de haitianos durante la dictadura de Trujillo refuerza una activa construcción de la identidad dominicana como negación de lo haitiano. La raza negra del haitiano se le opone la “raza blanca del dominicano”, al  vudú se le opone el catolicismo y a la africanía a la hispanidad. Además, la “dominicanidad” se asumió como modernidad y progreso mientras que la “haitianidad” se asimilaba con el atraso y la barbarie. Para reforzar esta visión, Trujillo despliega una política de “blanquear la raza” mediante la promoción de migraciones de población blanca.

En las décadas siguientes (finales 1960 a finales del 1980) el tema se diluye, los elementos racistas estaban incorporados en la cultura dominicana, expresado básicamente en el antihaitianismo.

Tras casi un siglo de inmigración esencialmente indocumentada se produjo prácticamente tres generaciones de dominicanos descendientes de inmigrantes. La crisis de la economía azucarera de 1980 vinculó la inmigración haitiana y a los dominicanos de origen haitiano a la agricultura no azucarera, a la construcción y el sector informal urbano, haciéndose visibles para el resto de la población.

La población descendiente de haitianos, nacidas en el territorio nacional (durante más de 100 años) se integró y asumió plenamente como dominicana, pues la mayor parte de ellos se criaron y socializaron como tal.

En 1994 vuelve otra vez a tomar impulso la ideología del nacionalismo y racismo antihaitiano, pero esta vez impulsado por el Presidente Balaguer que se “inventó” un supuesto plan de fusión de la Isla, señalando que José Francisco Peña Gómez, el líder político de la oposición y de origen haitiano era el instrumento para ese fin.

Esa visión “ultranacionalista y racista” de la cuestión haitiana se refuerza en la campaña electoral de 1996, pero esta vez de la mano del PLD y de grupos de ultraderecha asociados a ese partido que volvieron a impulsar la xenofobia como parte de la campaña contra Peña Gómez. En los años siguientes, el PLD nunca se distanció de los nacionalistas de ultraderecha y asumió ese discurso como parte del suyo, para darle coherencia a su accionar político de derecha y exclusión social, del cual se ha convertido en su único heredero, empujando la desnacionalización de dominicanos de origen haitiano para continuar la “obra” de Trujillo.

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Opinión

URIBE-SANTOS-DUQUE… Y RD

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Por Narciso Isa Conde

El llamado “mundo libre” occidental, la denominada “comunidad internacional de naciones democráticas”, con EEUU a la cabeza, nunca admitió tan horripilantes culpas y hasta ideó, protegió y premió esa tragedia.

La toma multitudinaria de las calles y de las urnas por el pueblo colombiano en rebeldía, desgarró definitivamente el manto mediático perverso y el sistema mundial de información y opinión que encubrió y hasta exaltó ese Estado Narco-Terrorista disfrazado de democracia liberal, cruelmente tutelado por controles político-militares estadounidenses e israelí.

El ascenso del Pacto Histórico, encabezado por Petro y Francia, terminó de destapar esa olla pestilente. Ya no será posible ocultar las atrocidades cometidas en el pasado reciente y remoto. No será posible hacer creer tantas mentiras sobre la supuesta democracia de los Gaviria, Pastrana, Uribe, Santos y Duque… Solo mencionar por mencionar hoy unos cuantos y destacar los tres últimos jefes políticos de ese engendro sistémico y de esa gran farsa.

El énfasis focalizado responde a razones prácticas de comunicación, pero también –y sobre todo- a las altas responsabilidades de esos personeros en el endurecimiento de las políticas neoliberales, racismo, machismo, coloniaje…; en la intervención militar estadounidense, despliegue de paramilitarismo criminal, manipulación de narco-corrupción, conversión de fuerzas armadas y policía nacional en componentes del sistema de terror, saqueo ambiental, saboteo de procesos de paz, los abundantes asesinatos políticos, “falsos positivos” a granel, fosas comunes, moto sierras como medios de tortura y muerte, y en entronización de una corriente neofascista en el poder constituido y en los poderes fácticos.

A eso se agrega la inclusión de Colombia en una OTAN genocida y su transformación en una plataforma de agresión regional, de guerra sucia dentro y fuera de ese país, de emplazamiento militares del Comando Sur, y formación y exportación de paramilitares y mercenarios a países vecinos como Venezuela, Ecuador y Haití. ¿El Israel de América?

El llamado “mundo libre” occidental, la denominada “comunidad internacional de naciones democráticas”, con EEUU a la cabeza, nunca admitió tan horripilantes culpas y hasta ideó, protegió y premió esa tragedia. Sus cúpulas políticas, empresariales, culturales, ideológicas, religiosas-fundamentalistas, mediáticas, militares…ayudaron durante décadas al sostenimiento de esa dominación ominosa; realidades presentes en grados diferentes y con expresiones particulares, a nivel regional y mundial.

En ese mismo y perverso tenor nuestra país, su clase gobernante dominante, el CONEP, el sistema tradicional de partidos, sus grandes medios comunicación, su periodismo predominantemente al servicio la dominación imperialista occidental, sus jefes militares y policiales, sus gobiernos presididos por los Leonel, Hipólito, Danilo, Abinader… Lejos de ser excepción, ha sido aliado -o cómplice por omisión, acción, o algunos parecidos- de ese oprobioso régimen colombiano, que devenido en neofascista. !Y todavía ni golpes de pecho hay! Pero si demasiada incubación fascistoide y neocolonial.

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Opinión

Un legado de campañas electorales

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Por Miguel Guerrero

Una de las prácticas a evitar en los próximos procesos electorales es la de atiborrar la geografía nacional con vallas, letreros y afiches promocionales de los candidatos, que afean las ciudades y carreteras y crean contaminación visual, y en muchos casos un peligro para los conductores, cuando esa promoción oculta señales de tránsito. Finalizada las campañas los partidos incumplen con la obligación de limpiar las áreas embadurnadas con su propaganda, para facilitar, por lo menos el necesario tránsito hacia la normalidad.

En la mayoría de los países la difusión de este tipo de publicidad está muy controlada y la violación de las normas se paga a veces con la anulación de candidaturas o fuertes penalidades económicas. Ese control impone los lugares donde se permite el despliegue de material promocional y su volumen. También establece plazos para el retiro, y el incumplimiento de la norma implica también sanciones para aquellas autoridades responsables de hacerlas cumplir.

Nada de eso se observa en nuestro país, donde los partidos abusan de esa debilidad institucional y no se sienten obligados a respetar el entorno físico de aquellos a quienes cortejan por sus votos. Con frecuencia se alega que muchos candidatos ordenan a sus equipos el retiro de su publicidad promocional. Y eso me pareció un chiste, porque dos años después de las últimas elecciones, esa obligatoria tarea por tradición no se cumple, como puede verse todavía en calles y avenidas de pueblos y ciudades dominicanas.

La razón tal vez sea que a mucha más gente le importa un bledo que las paredes, los parques y los postes del tendido eléctrico de los sectores donde residen estén repletos de promoción electoral que el viento, la lluvia y el sol deterioran, afeando el ambiente en el que crecen sus hijos y nietos.

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Opinión

El Gobierno a medio camino

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Por Rosario Espinal

Inaceptable que, de 24 ministerios, solo en dos haya ministras. ¡Qué discriminación!

¡El tiempo vuela! Ya se cumplieron dos años del ascenso del PRM al poder. Aunque el inicio tiende a ser más fácil, no en este caso. El Gobierno ha estado administrando una crisis por la pandemia, y luego la guerra en Ucrania, que han generado muertes, inseguridad e inflación en el mundo.

En este contexto adverso, el PRM ha tenido algunos percances propios notorios: renuncia del ministro de la Presidencia, asesinato del ministro de Medio Ambiente, destitución del ministro de Educación. Pero los dominicanos se caracterizan por otorgar largos períodos de gracia a sus presidentes, igual a Luis Abinader.

El Ministerio Público sigue concitando gran apoyo en la población por los expedientes de corrupción a figuras vinculadas a la pasada administración. Ese es el pilar de la aprobación gubernamental. El combate a la corrupción fue la principal oferta electoral del PRM.

En lo económico, la República Dominicana se ha beneficiado de su estrecho vínculo con los Estados Unidos. Los subsidios allá por la pandemia derramaron muchas divisas acá vía remesas, turismo y exportaciones. De ahí, en parte, la estabilidad cambiaria.

Ahora comienza la segunda mitad del Gobierno, un período complejo por varias razones, entre ellas:

1) La gente espera resultados más que anuncios, 2) el poder adquisitivo ha mermado por la inflación y las medidas monetarias para enfrentarla frenan el crecimiento económico, 3) las finanzas públicas son precarias para cubrir subsidios y programas de desarrollo y no hay espacio político para aumentar impuestos (la reforma fiscal fue cancelada para evitar rechazo al Gobierno), y 4) los partidos de oposición se activarán con más críticas porque hay elecciones en menos de dos años.

Los temas que han dominado la preocupación de la ciudadanía son la inflación y la delincuencia. Sobre la inflación hay que esperar para saber si las medidas monetarias antiinflacionarias surtirán su efecto sin causar recesión. Por suerte ha bajado el precio del petróleo.

La delincuencia es un problema que fluctúa en la percepción de la ciudadanía dependiendo de cuánto suben y bajan los robos y asaltos más sonados. No es fácil enfrentarla porque ahí subyace la falta de oportunidades socioeconómicas juveniles, el narco y el microtráfico, y la corrupción policial-militar.

Cuando comience con fuerza la campaña reeleccionista, el Gobierno enfrentará otro desafío: cómo presentarle a la clase media una administración austera, honesta y eficiente que prometió, y a la vez, reeditar el clientelismo propio del Estado dominicano en tiempos de elecciones.

Un asunto que va y viene es que, por la composición social de la cúpula gubernamental, las alianzas público-privadas y los fideicomisos con empresarios para administrar bienes públicos, se ha ido sedimentando la idea de que el Gobierno es de ricos para ricos. Este tema podría resurgir con fuerzas más adelante.

Finalmente, es inaceptable que, de 24 ministerios, solo en dos haya ministras. ¡Qué discriminación!

Hacia el 2024, el PRM tiene a su favor que la oposición está debilitada por los escándalos de corrupción y dividida. No obstante, enfrenta el desafío de concretizar las expectativas de cambio que lo llevó al poder

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