Por Elba García
La organización de la sociedad civil Participación Ciudadana acaba de realizar una encuesta en sociedad con la Unión Europea en la que se acaba de comprobar la baja aceptación popular de los partidos políticos.
En la investigación los partidos políticos dominicanos son las instituciones peor valoradas por la ciudadanía, ya que sólo reciben el apoyo del 20.4 por ciento en términos de confiar mucho o algo en ellos, mientras que el 43 por ciento evalúa a estas entidades con negatividad extrema, al sostener que no confía en nada de su trabajo.
Con el diagnóstico de Participación Ciudadana sobre el sistema electoral y de partidos en la República Dominicana se persigue la reforma de las leyes 33-18 y la 20-23 del régimen electoral.
La investigación, preparada por el politólogo y sociólogo Gustavo Alejandro Oliva Álvarez, con el auspicio de la Unión Europea, describe que los programas de gobierno de los partidos mayoritarios se centran en políticas transversales, que no generan división ni debate en la población.
La misma establece que éstos no presentan visiones, diagnósticos o soluciones alternativas a las problemáticas del país y, en cambio, afirma que los programas presidenciales y municipales formulan propuestas genéricas, enfocadas en temáticas de desarrollo (crecimiento económico, creación de empleos, calidad educativa, etc.), desconocidas para la opinión pública, difícilmente distinguibles entre sí y sin un peso importante en la conformación efectiva de las políticas públicas.
Otro hallazgo muy importante del informe es que la República Dominicana es el país de América Latina donde el vínculo entre los partidos políticos y sus electores está más exclusivamente basado en intercambios clientelares. “La estrategia predominante entre los partidos dominicanos para movilizar el respaldo ciudadano, consiste en ofrecer recompensas económicas individuales como bienes, dinero en efectivo y/o empleos”, precisa.
En el trabajo se describe que el modelo clientelista de representación democrática afecta la gobernanza y genera una rendición de cuentas perversa y que el cargo político no es evaluado por desempeño ni por resultados de políticas ejecutadas, sino, por cumplir las promesas de reparto del botín estatal entre su clientela.
Como se puede comprobar, la desgracia de los partidos políticos obedece a su comportamiento y no porque nadie atente en su contra, lo cual deja claro que no es verdad que las candidaturas independientes representen una amenaza para la partidocracia como invocan legisladores y otros actores del sistema electoral dominicano.
Sobre la base de un criterio que no se corresponde con la verdad, el Congreso Nacional discute un proyecto de ley para regular las candidaturas independientes, pero por el miedo existente en los partidos se ha querido violentar la sentencia del Tribunal Constitucional que en líneas generales estableció la forma en que debe operar esta figura jurídica.
Sin embargo, los partidos políticos con la alianza de la Junta Central Electoral han buscado incurrir en propuestas legislativas descabelladas que en nada contribuyen con la mejoría de la democracia nacional.
La encuesta de Participación Ciudadana deja lo suficientemente claro que el sistema electoral de la República Dominicana es de lo más corrupto de todos los países latinoamericanos, dado que utilizan como arma proselitista el clientelismo que consiste en la compra de votos y de otras travesuras que explican la razón de su descrédito.
Las candidaturas independientes, las cuales son una realidad sin importar las maniobras que use la partidocracia para desnaturalizarla y dañarla, su éxito está sujeto a que en el país se articule una propuesta para retornar la credibilidad en la política del pueblo dominicano.