El proceso de descrédito de los llamados partidos tradicionales no ha representado hasta ahora que éstos, que siempre han detentado el poder, sean desplazados del control del Estado en virtud de que no ha salido a la superficie una sola propuesta que tengan la credibilidad suficiente para producir un cambio en la sociedad dominicana.
Durante por lo menos el último año, es decir, desde el 2022, fueron inusitados los esfuerzos para que en el país se articulara una propuesta, sino de izquierda, por lo menos progresista, que dé al traste con el manejo improvisado y generalmente deshonesto de los intereses nacionales, lo cual ha sido más que imposible.
Aunque la razón no se pueda ver a simple vista, pero la realidad es que la causa de que la articulación de una propuesta fresca y viable no se haya concretado obedece, principalmente, a que el síndrome del individualismo se ha asentado en prácticamente todos los partidos pequeños que interactúan en la vida nacional.
De acuerdo a lo que se ve, la tendencia que queda para estas organizaciones que constituyen un verdadero fiasco nacional es buscar adherirse a los partidos grandes que tienen reales posibilidades de llegar al poder.
Convertirse en visagra de partidos que sustentan su plan de gobierno en un neoliberalismo salvaje, lo cual establece una diferencia de fondo con aquellos pequeños que dicen ser de izquierda y que se suman a sus propósitos de controlar el Estado para profundizar problemas como el de la deuda externa y el de la corrupción administrativa.
El último de estos partidos pequeños que, como resultado de su tendencia hacia el abismo, parece haber decidido, siempre de acuerdo con las versiones que circulan al respecto, es Alianza País, dirigido por un hombre como Guillermo Moreno, quien a pesar de haber logrado tener en un momento dado una importante penetración en algunos segmentos de la sociedad, ha sido levantado sobre la base de un liderazgo vertical y personalista.
Hubo algún momento que nadie dudaba de que Alianza País y Guillermo Moreno se ubicarían en un lugar privilegiado en el escenario político electoral del país, pero los errores cometidos y la rigidez de éste ha creado un retroceso en esa organización que la ha llevado a disminuirse para estar en la misma posición de aquellos que llevan años buscando sin lograrlo ubicarse en un lugar de preponderancia en la política nacional.
Alianza País podría aliarse con el Partido Revolucionario Moderno (PRM) para que su líder Guillermo Moreno asuma la candidatura a la senaduría por el Distrito Nacional, algo parecido a lo ocurrido con Dominicanos por el Cambio de Eduardo Estrella, quien parece que optaría por quedarse en el Senado a través de su reelección en el cargo por la provincia de Santiago, pero que los resultados no lucen tan buenos, aunque naturalmente se trata de una propuesta diferente.
Estos movimientos de la izquierda liberal que encabeza Moreno no representa más que un retroceso en las aspiraciones de organizaciones políticas que abogan por cambios más profundos en la democracia dominicana, pero que muchos de sus iguales no aceptan la forma de dirigir e incluso de la escogencia de las candidaturas en este litoral de los candidatos a los cargos de votación popular.
Lo cierto es que no resulta tan fácil predecir cómo podrían repercutir los acuerdos políticos de alianza País con el PRM, pero de lo que sí se puede estar seguro es que muchos de los que tienen como opción a esta organización abandonarían sus intenciones de votar o apoyar la propuesta de este partido para cambiar el país.
La otra cara de la moneda tiene que ver con el hecho de que Guillermo Moreno podría terminar fuera de la contienda si mantuviera una postura que no augura un futuro prometedor, dado de que hasta el momento no ha hecho lo correcto políticamente hablando y su futuro pende además de razones biológicas, cuyas dos de estas causas podrían llevarle a terminar en un rotundo fracaso.
Los llamados partidos alternativos caminan a propiciar su total expulsión del escenario electoral, ya que la mayoría de sus líderes rondan una edad que prácticamente imposibilita que mantengan en los próximos años una vida activa en la política nacional, lo cual no deja espacios para cometer errores y hacer lo incorrecto y por esa razón está prácticamente sellado su fracaso en su propósito de alcanzar el poder para instaurar una mejor y más justa sociedad.