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Editorial

Los sofismas legales.

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El aspirante presidencial Ramfis Domínguez Trujillo ya comienza a dejar pistas de su verdadera concepción de la política y del manejo del Estado.

El hecho de que él quiera convertirse en candidato presidencial sin reunir las condiciones que establece la ley de leyes, envía el mensaje de que tal vez es tan manipulador como su abuelo.

El sabe muy bien que la demagogia y la mentira en esta sociedad no tienen consecuencias, por lo que puede decir todo lo que le venga en gana, pero la realidad es que comienza a dejar una imagen de manipulador hasta del ordenamiento jurídico.

A partir de su sometimiento de un recurso de amparo en el Tribunal Superior Electoral (TSE) habrán muchos que querrán ser graciosos con este hombre que podrá decir lo  que quiera, pero sus intenciones todo el mundo o buena parte de la sociedad se las sospecha.

Si él quiere entrar al ámbito político en el país lo primero que debía hacer es cumplir al pie de la letra con la Constitución y las leyes adjetivas de la Nación.

Los artículos desde el 18 hasta el 22 de la Constitución de la República dejan muy claro quien es y no es dominicano con pleno derecho de aspirar a cualquier cargo electivo, incluida la presidencia de la República, en los que se consigna que un hijo de dominicanos nacido en el extranjero debe renunciar diez años antes  a la ciudadanía de su lugar de nacimiento para poder optar por un cargo electivo.

Sin dudas de que Domínguez Trujillo es dominicano, pero no goza de pleno derecho hasta tanto no dé ese paso, lo cual no ha hecho, por lo que no luce muy bien que quiera forzar el mingo, como muy bien dice una expresión popular, para que se le acepte una candidatura que no cumple con el mandato de la ley.

A veces pienso que muchas de las cosas que dice Ramfis Domínguez Trujillo son como una especie de broma, pero la realidad es que para él combatir la corrupción en el país tendría que comenzar con su propia madre, Angelita Trujillo, que debe rendirle cuentas al país sobre algunas de las cosas que ocurrieron durante el gobierno de su padre.

En realidad, no queríamos tratar este tema, pero la manipulación que se quiere hacer con la Constitución por parte de este señor molesta, porque se trata de algo muy sencillo y es que si él quiere ser candidato que presente su renuncia a la ciudadanía estadounidense, lo cual no ha hecho.

Entonces es que pretende hacer como hacía su abuelo que la ley no significaba nada para él y la violaba de una manera descarada, aunque obligaba a los demás ciudadanos a respetarla a cualquier precio.

Ramfis Domínguez que se deje de pendejadas y que cumpla con la ley, porque de no ser así con qué moral va hablar de enderezar un país que está hecho pedazos.

La verdad es que después del Gobierno de Danilo y Leonel no es descabellado pensar  que un pichón de dictador, sin que hablemos necesariamente de Domínguez Tujillo, se encarame de nuevo en el Palacio Nacional y haga llorar lágrimas de sangre a los dominicanos.

Ramfis Trujillo parece que aunque tal vez no tenga la potencialidad para ser un dictador como su abuelo, pero por lo menos da señales de que promete y cree en aquellos que no es precisamente respetar las leyes nacionales.

Y eso es mucho decir.

 

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Editorial

Gobierno del PRM: Mucha espuma y poco chocolate

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Los dominicanos ya estamos acostumbrados a vivir de la percepción y del mucho hablar.

Los dominicanos ya estamos acostumbrados a vivir de la percepción y del mucho hablar.

Exactamente eso ocurre gobierno tras gobierno, cuyos logros se quedan en el contexto mediático.

El Gobierno del PRM y Luis Abinader no ha sido la excepción, ya que ha cumplido sus dos primeros años en los que ha habido muchos amagos, pero muy pocos logros.

Una de las cosas que puede exhibir este gobierno es en lo que respecta al Ministerio Público, pero todavía falta ver como terminan todos estos procesos legales, porque la experiencia nos dice que el órgano persecutor, por lo menos en otras ocasiones, ha sido deficiente para instrumentar expedientes que dejen buenos resultados.

Todo esto todavía está por verse, pero a pesar de que el presidente Abinader ha auspiciado ese Ministerio Público Independiente, lo cierto es que el mismo es un logro de la sociedad civil que se lanzó a las calles a exigirlo.

En lo que respecta al reculo de las autoridades en torno a una serie de medidas tomadas equívocamente, las mismas son una revelación de los niveles de improvisación que prevalecen en el Gobierno y  además  una expresión de que se teme a la reacción de la gente.

En último caso, el reculo también puede ser una forma de politiquería, a partir de que se busca vender la idea de que el Gobierno escacha al pueblo, aunque igual cosa no ocurre con los altos precios de la canasta familiar, cuyo fenómeno tiene un alto componente de especulación.

De manera, que a dos años del Gobierno del PRM y de Luis Abinader es muy poco lo que se puede exhibir y la sociedad dominicana parece estar estacionaria en los mismos atrasos y males que la aquejan.

Este periódico  no se crea muchas expectativas de cambio en un país que vive de la mentira y el engaño, pero además que los mismos  provenen de un partido inorgánico y sin ningún plan de progreso para el país.

Estos dos años han sido más de lo mismo, sencillamente.

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Editorial

El caso Donald Trump envía una señal equivocada de los Estados Unidos al resto del mundo.

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Este periódico desde que Donald Trump ascendió a la presidencia de los Estados Unidos ha sostenido que esta potencia ha sufrido un fuerte revés en su sistema institucional e incluso en una serie de valores cívicos y democráticos.

Trump ha sido un radical de ultra derecha que ha puesto en tela de juicio una serie de logros de la sociedad norteamericana en materia judicial y de sanción al delito político y común, cuyos tribunales  siempre ha dado ejemplos muy severos de no transigir ante los trogloditas que han intentado quebrantarlo.

Era prácticamente imposible imaginarse que los Estados Unidos iba a retroceder institucionalmente, sobre todo porque todo el mundo sabe que la operatividad de esa sociedad no es el resultado del capricho y la casualidad, sino de un desarrollo económico y social que dejó como resultado una clase muy consciente de su papel.

Sin embargo, el caso Trump parece como una negación de unos avances que de alguna manera impacta a todo el mundo, porque la principal potencia del planeta se la pasa al acecho de aquellos que quebrantan el orden democrático en cualquier lugar de todo el globo terráqueo.

Los partidos políticos de los Estados Unidos, el Republicano y el Demócrata, pero principalmente el primero, se dedica a buscar desacreditar  órganos con tanta credibidad en temas de investigación criminal como el FBI.

Cuando los miembros de este cuerpo policial llega a cualquier lugar crea miedo y temor, porque el mismo no da ningún paso hasta no contar con todas las pruebas pertinentes, lo cual ha ocurrido ante el secuestro por parte del exmandatario de una documentación muy sensible que debe permanecer en el entorno de la Casa Blanca.

Los republicanos lucen que no entienden las lamentables consecuencias que implica para la sociedad norteamericana los ataques despiadados para mellar la credibilidad del Departamento de Justicia y del FBI.

Evidentemente que la politiquería se ha puesto por encima de la vida institucional de los Estados Unidos, exactamente como ocurre en las naciones del tercer mundo, donde este fenómeno ha arruinado loa credibilidad de las democracias.

La ofensiva de la politiquería, sin lugar a dudas, arroja resultados destructivos de una de las democracias, sino la más fuerte e inquebrantable del mundo, por lo menos una de ellas,  cuyos protagonistas de la desviación son aquellos que debían preservarla.

Este diario considera que la justicia de los Estados Unidos es la que afronta el más grande reto para detener que este destructivo fenómeno termine con el crédito total del Estado y de la sociedad norteamericana, lo que impactará a todas las nacionales del mundo, grandes y pequeñas, ricas y pobres.

Quien se atreve a cuestionar que la vigilancia de la sociedad norteamericana al resto del mundo es un dique de contención a los abusos en el manejo del patrimonio público y de una serie de valores democráticos, pero a partir de lo que ocurre actualmente habría que preguntarse sin esta nación seguirá teniendo moral para ello.

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Editorial

La Izquierda es un simple sueño o realmente ha creado vocación de poder en República Dominicana.

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En el curso de los años los partidos de la derecha nacional han caído por su conducta en un total descredito, lo cual no tiene una mayor dimensión porque el clientelismo y las demás variantes de la corrupción han sido proyectadas como algo natural del activismo político en el país.

En los actuales momentos no hay un solo partido que tenga la suficiente credibilidad a partir de los cambios que necesita la República Dominicana para salir de sus bajos niveles de institucionalidad y además enrumbar la economía por el sendero del crecimiento y el desarrollo nacionales.

Sin embargo, los partidos políticos tradicionales, los cuales no pasan de ser instrumentos de sus dirigentes para buscar beneficios personales y grupales, no rectifican su conducta y no preconizan precisamente aquel comportamiento que ha dañado a la democracia.

Tal vez en el caso de estos partidos tradicionales se imponga la expresión de que árbol que nace torcido no hay quien lo enderece, lo cual se  traduciría en que los militantes y dirigentes de esas organizaciones nadie los sacará del interés personal e individual que caracteriza a estas organizaciones que muchos las llaman soporte de la democracia.

La realidad es que los partidos políticos tradicionales han constituido una verdadera desgracia nacional, ya que prácticamente todas las riquezas generadas por la nación han ido a parar, de una u otra forma, a sus arcas personales.

E incluso esta forma de hacer política ha impactado el país de tan mala manera que hoy es, sin lugar a dudas, parte de la cultura nacional, pero con el agravante de que quienes pueden confrontar esa realidad no cuentan con la fuerza y el vigor necesario para impulsar los cambios que demanda la sociedad dominicana.

La izquierda dominicana no luce con la vitalidad de otros lugares del hemisferio, en algunos de cuyos países,  ha logrado una interesante confrontación entre esta corriente y la derecha.

Lo preocupante de esa realidad es que la República Dominicana está amenazada de que los que hacen política  sobre la base de estar al servicio de lo peor y precisamente de la corrupción continúen con el control del Estado por muchos más años ante la debilidad que proyecta la izquierda nacional.

Es probable que algunos de los ensayos que se hacen en los actuales momentos puedan dar buenos resultados, naturalmente a partir de que se haga lo correcto políticamente hablando, a fin de que en el país surjan propuestas que no sean las convencionales.

Pero la pregunta que se impone es si la izquierda ha logrado dotarse de la madurez para articular una propuesta unitaria que permita integrarse al debate nacional y en consecuencia en la próxima contienda electoral, a fin de recibir un nuevo aire en el escenario nacional.

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