Opinión
Marcha Verde es todo pueblo con hambre y sed de justicia
Published
11 meses agoon
Por Edgard Paniagua
Marcha Verde fue un movimiento social que tuvo un origen espontáneo en las personas de Domingo Páez y Ricardo Nieves desde la emisora radial Z-101.
Este movimiento se fue desarrollando de esa misma forma en la mente y corazón de mucho pueblo.
Cuando llega el momento de la planificación de la Marcha, una persona donó a título personal 100 mil pesos, hasta donde he sabido, para temas de gorras, camisetas etc.
Y para evitar aportes que comprometiera, ni por te asomo al movimiento, en Asamblea se decidió no recibir aportes en dinero que sobre pasaran los RD$10 mil pesos.
Hubo aportes modestos de la diáspora, se hicieron rifas y esas cosas. Pero dinero directo de alguna ong’s local o extranjera no tengo registros.
Se designó un equipo de recaudación para que ejecutara las acciones pertinentes para obtener los fondos que cubrieran la actividad. El pueblo decidió aportar con sencillez y disposición de corazón.
Crecimiento
Marcha Verde prendió en el corazón de mucho pueblo, y a ella se fueron adhiriendo sindicatos, partidos de izquierda y partidos de derecha; iglesias evangélicas y católicos, la llamada sociedad civil en sus diferentes expresiones y colectivos, periodistas, etc. etc.
Todo pueblo con hambre y sed de justicia cerró fila con MV.
En la dinámica del movimiento se creó una estructura para organizar y coordinar ordenadamente las actividades. En esa estructura y con tanta diversidad política y de pensamiento se llegó al acuerdo de que nos unía:
- Lucha contra la corrupción
- Cero impunidad
- Justicia independiente
- Recuperación de lo robado.
Nadie se podía salir de esos 4 puntos que nos unían.
Sindicatos de choferes militaron y apoyaron.
El PRM militó y apoyó. El movimiento por el Cambio de Eduardo Estrella: el partido de Guillermo Moreno; el movimiento de Minou Tavares, Participación Ciudadana etc.
Todos apoyaron la Marcha y el Campamento que se montó frente al Congreso y la PGR.
Cómo se financia MV sus actividades? por la venta de productos y por la cooperación de personas. Hasta donde sé, se apoyaba en especias (agua, comida, transporte) no en dinero.
Se trató siempre que ningún partido ni sindicatos ni ideologías ni personas sobresalieran en el Movimiento. Solo debían sobresalir los 4 objetivos. Y la vocería sería rotatoria para evitar eso.
Sin embargo, era imposible que las figuras políticas de la oposición no sobresalieran por sí solas. Era inevitable que el PRM no capitalizara la mejor y mayor parte, pues era la única opción mayoritaria viable para sacar al PLD y tener mejores esperanzas.
Pero el PRM no era la mayoría, marchó cerca del millón de personas y el PRM no tuvo esa votación en sus elecciones internas. Pero era la única opción para sacar al PLD y a ellos el pueblo lo beneficio. Y ellos se beneficiaron de Marcha Verde.
El PRM empezó a ofrecer cargos a los voceros de MV, dieron carros a unos y a otros los encantaron con posiciones en el futuro gobierno.
Ya capitalizado con la MV el PRM se pone en mejor posición para las elecciones.
Pero dentro de MV, se había gestado un daño peor.
Un grupo sonsacó a las cabezas visibles (los que fungieron de voceros) para que renunciaran meses antes de las elecciones y conformarán un minúsculo grupo que se hizo llamar: Coalición Democrática.
Juan Bolívar Diaz lideró ese minúsculo grupo que en su salida a la arena política no pudo llenar el Auditorio Manuel del Cabral en la UASD.
Y de paso, en el mismo lanzamiento, con su moderador al frente (Ramon Colombo) se iniciaron los conflictos entre ellos mismos.
Pues Coalición Democrática, con la imagen de los voceros de MV que sonsacaron, les hicieron ver, hábilmente, al PRM que ellos le sumarían los votos que llevarían al PRM al poder.
Y así fue que todos consiguieron embajadas, direcciones generales y algunos carguitos de 4 y 5 categorías que le dieron a los antiguos voceros de MV
De ese minúsculo grupo de Coalición Democrática se siguió apostando a la desaparición de MV y así lo declaraban en sus charlas y conferencias. Querían dar paso a la ”Marcha Azul”
Actualidad
Ahora quieren penalizar a todo el movimiento de Marcha Verde por las acciones incorrectas del PRM y de los funcionarios que pertenecen a Coalición Democrática y que dañaron y traicionaron a MV desde dentro.
Las cosas no son así, como se dicen, y la verdad debe saberse.
Desde MV no se promovió a ningún partido ni a ningún candidato. Había un afán por no dejar sobresalir a nadie; excepto los 4 puntos que unía a la diversidad.
MV sigue siendo un Movimiento espontáneo que persigue todo lo que un ciudadano correcto e íntegro desea para su País, por tanto, MV es todo pueblo con hambre y sed de justicia.
No se puede minimizar a MV con el minúsculo y desaparecido grupo Coalición Democrática. Que solo se beneficiaron así mimos.
jpm-am
Opinión
La Corte Penal Internacional y la Justicia Internacional (3 de 3)
Published
5 días agoon
enero 4, 2026Por Rommel Santos Diaz
Se tiene reportado el uso de 250,000 niños soldados en cerca de 50 países. Para completar el panorama, se estima que 20 millones de niños han sido desplazados como consecuencias de las diversas guerras y catástrofes humanitarias, mientras que entre 8,000 y 10,000 niños mueren cada año como consecuencia de utilización de minas antipersonales.
Existen indicios de que la trata de niños en zonas de conflicto es una tendencia que va en aumento y esta vinculada a redes de delincuencia transnacional organizada.
La Corte Penal Internacional es el primer tribunal internacional cuyo Estatuto y Reglas de Procedimiento y Prueba brindan a las víctimas la posibilidad de participar en todas las etapas del proceso.
A diferencia de las actuaciones de las víctimas en otros tribunales internacionales, limitadas a reforzar los argumentos de la defensa o el Fiscal, la Corte Penal Internacional les reconoce derechos que les corresponden por ser quienes han sufrido la grave vulneración de sus derechos humanos y tienen la mayor expectativa de que se haga justicia.
El principal reto de la Corte Penal Internacional será demostrar que sus investigaciones y decisiones no están guiadas por móviles políticos o intereses ajenos a la justicia y la represión de crímenes internacionales.
Finalmente, en la medida en que este sistema se vaya consolidando, siguiendo los parámetros legales del Estatuto de Roma y de las Reglas de Procedimiento y Prueba, es posible que países hoy reticentes hacia la Corte Penal Internacional modifiquen su postura hacia una de ayuda y cooperación. Con esto se lograría tener un sistema penal internacional plenamente universal como complemento a las iniciativas locales por sancionar crímenes de genocidio, lesa humanida, guerra y agresión.
rommelsantosdiaz@gmail.com
Por Nelson Encarnación
El reciente escándalo de corrupción detectado en el Seguro Nacional de Salud (Senasa) ha acentuado la percepción o el convencimiento en algunos de que los políticos acceden a los cargos públicos con la intención de apropiarse de los recursos que manejan.
Ya en otras oportunidades se ha esparcido el mismo convencimiento, en ocasión de hechos judicializados que aún cursan en los tribunales sin sentencias firmes.
Estos y casos anteriores han servido de fundamento a quienes entienden que las formaciones políticas son nidos de bandidos con una amplia vocación hacia la depredación de los recursos públicos, dando lugar, al mismo tiempo, a la prédica contra los políticos y los partidos.
Sin embargo, existen argumentos y evidencias suficientes para desmontar la mala fama contra los políticos. Podemos afirmar, de manera categórica, que los políticos profesionales no roban.
Para remontarnos a los hechos más sonados de persecución a la corrupción, podemos referir el que ha sido, probablemente, el más sonoro de todos, es decir, el procesamiento judicial del expresidente Salvador Jorge Blanco (1982-1986), quien fue condenado a 20 años de prisión por hechos que, evidentemente, no cometió.
Jorge Blanco, que antes de ser político ya era un abogado prestigioso, murió en medio de precariedades materiales, una situación que no concuerda con quien supuestamente fue un corrupto.
Los hechos por los que se condenó al exmandatario no fueron cometidos por él ni por ninguno de sus seguidores con formación y compromiso político, sino por allegados que nada tenían que ver con el Partido Revolucionario Dominicano.
En el caso de los expedientes que todavía se ventilan en la justicia relacionados con hechos registrados—conforme las imputaciones del Ministerio Público—vinculan en primer plano a personeros relacionados al expresidente Danilo Medina, no a dirigentes conocidos del Partido de la Liberación Dominicana.
Y en el más reciente que ocupa la atención del país, es decir, el expediente Senasa, una simple identificación de los encartados permite concluir en que se repite el mismo patrón: los principales señalados no son políticos de militancia.
En consecuencia, si miramos los hechos con un sentido lógico y alejado de la intención de dañar a los partidos y sus dirigentes, podemos proclamar que los políticos profesionales, con formación en el servicio a la sociedad, con compromiso, no roban los fondos del erario. Ahí está la historia.
Por Isaías Ramos
Al despedir 2025 y abrir 2026, es fácil refugiarse en lo cómodo: deseos repetidos, frases bonitas, la ilusión de que todo cambiará solo porque cambia el calendario. Pero la República Dominicana no necesita otro brindis vacío. Necesita una sacudida de conciencia y un cambio de rumbo. Ese rumbo comienza cuando dejamos de mirar la política como un espectáculo ajeno y asumimos que la república —la casa de todos— se sostiene o se cae con la conducta diaria de su gente.
Durante más de tres décadas, una clase política dominante, reciclada en siglas, alianzas y narrativas, ha contribuido a degradar la vida pública. Se normalizó el privilegio. Se hizo costumbre la trampa. El clientelismo dejó de ser excepción y se volvió método. La impunidad dejó de ser temor y se volvió expectativa. El Estado, demasiadas veces, dejó de ser instrumento del bien común para convertirse en botín, refugio o escalera personal. Cuando lo público se vuelve mercancía, el daño deja de ser un asunto de élites y se convierte en una fractura moral, social y espiritual.
No se trata de negar que existan servidores públicos honestos ni ciudadanos decentes. Precisamente por ellos —y por los jóvenes que merecen un país digno— no podemos resignarnos. Los datos aportan contexto a una percepción extendida: el Índice de Percepción de la Corrupción 2024 asigna a la República Dominicana 36/100 y la ubica en la posición 104 de 180 países. El Rule of Law Index 2025 del World Justice Project sitúa al país en el puesto 76 de 143, y en el factor “Ausencia de Corrupción”, en 90 de 143.
La experiencia cotidiana confirma esa brecha. El trámite que solo “camina” por la vía indebida. El contrato opaco. El expediente que duerme. La sanción que nunca llega. Ese desgaste produce algo peor que el enojo: produce resignación. Y cuando una sociedad se resigna, la corrupción no se frena; se perfecciona. Así es como una república se vacía por dentro, aunque conserve su nombre y sus símbolos.
La historia política lo ha advertido con claridad: cuando los ciudadanos se repliegan en el interés personal y abandonan la vida pública, el Estado se debilita y queda a merced de los peores. Cuando un pueblo ama su país, respeta las leyes y vive con sobriedad cívica, es posible avanzar hacia el bienestar compartido. Cuando se instala la indiferencia, el interés particular aísla y la república se convierte en un cascarón.
Si 2026 será un año de esperanza, esa esperanza no puede ser pasiva. Tiene que ser esperanza disciplinada: la que mira el abismo, lo nombra y aun así decide construir un puente. Ese puente se llama Constitución. No como símbolo ceremonial, sino como norma viva. El artículo 6 establece su supremacía y declara nulos los actos contrarios a ella. El artículo 7 nos define como Estado Social y Democrático de Derecho. El artículo 8 fija como función esencial del Estado proteger los derechos de la persona y respetar su dignidad.
Honrar la Constitución no es citarla: es vivirla. Es aceptar que no puede haber Estado de derecho con corrupción estructural; que no puede haber democracia con clientelismo; que no puede haber justicia con privilegios. Honrar la Constitución es convertir el servicio público en honor y no en negocio; proteger el dinero del pueblo como sagrado; poner el mérito por encima del padrino; transparentar compras, obras y nombramientos; y asegurar consecuencias reales a quien robe lo común. Esa es la frontera entre república y fachada.
Por eso, en 2026, el Foro y Frente Cívico y Social debe reforzar en todo el territorio nacional un despertar de conciencia sostenido y pacífico que convierta indignación en organización y esperanza en disciplina. No se trata de incendiar el país; se trata de iluminarlo. No de sustituir instituciones, sino de obligarlas a cumplir su rol constitucional con presión cívica legítima.
La ruta es concreta y verificable: formación cívica territorial, veeduría social continua y defensa constitucional práctica, acompañando denuncias, dando seguimiento público a los casos y exigiendo consecuencias sin selectividad.
Nada de esto se logra solo con organizaciones. Se logra con el ciudadano común. En esta semana de cambio de año, vale la pena asumir un pacto sencillo: renunciar a pagar sobornos, a pedir favores indebidos y a justificar privilegios; comprometerse a informarse antes de opinar, a exigir rendición de cuentas en lo local y a participar más allá del voto. Un país cambia cuando cambia lo que su gente considera “normal”.
Imaginemos, con realismo, la nación que podemos construir si ese giro comienza: una donde no se necesita padrino para un servicio; donde un contrato público no es lotería para unos pocos, sino obligación transparente; donde el funcionario teme más a la justicia y a la vergüenza pública que a la pérdida del cargo; donde el joven respeta al competente y no admira al tramposo. Que Dios —y la conciencia despierta de cada dominicano— nos guíe y nos exija verdad, justicia y rectitud; que el amor a la patria sea conducta diaria; y que la defensa de la libertad sea nuestro sentir y nuestro hacer.
Cerramos 2025 con una verdad incómoda: hemos permitido demasiado. Abrimos 2026 con una verdad poderosa: todavía estamos a tiempo. Honrar la Constitución o perder la República: esa es la elección de nuestro tiempo. Salvemos la patria.
¡Despierta RD!
